Tertulia con autores cepedanos edita un nuevo libro

DIVISIÓN DE OPINIONES es el título de un nuevo libro en el que se recogen textos de autores de la tertulia Arco Iris, en la que participan los cepedanos Eugenio de Nora, Rogelio Blanco y Ricardo Magaz. Éste último es quien ha coordinado la publicació

Madrid, 22 de octubre de 2001

DIVISIÓN DE OPINIONES es el título de un nuevo libro, editado por Lobo Sapiens, en el que recoge textos de autores de la tertulia Arco Iris, en la que participan los cepedanos Eugenio de Nora, Rogelio Blanco y Ricardo Magaz.

El libro lleva como subtítulo una tertulia literaria del siglo XXI y el listado completo de quienes presentan textos en el mismo es: Luis Alonso Luengo, Eugenio G. De Nora, César Aller, Francisco de Cadenas, Juan M. Martínez Valdueza, Rogelio Blanco y Ricardo Magaz. Se trata de una cuidada edición

Esta cuidada edición lleva como prólogo un texto de Francisco de Cadenas Allende, quien describe la tertulia madrileña e intenta definir a los tertulianos:

Creo que fue allá por el año noventa y cinco, quizá en primavera, tal vez al comienzo del estío, cuando Aller y Cadenas comieron un par de veces, mano a mano, en un restaurante del madrileño barrio de Argüelles.

Aunque, según me dicen, hablaron de muchos asuntos, la mayor parte de su atención hubo de centrarse, y cómo no, en dos temas: la Tierra de León y los literatos vinculados a ella, desde Juan Lorenzo Segura hasta los de hoy.

Durante el tercer almuerzo uno de los dos comensales, no recuerdo quién, tuvo una idea excelente: ¿por qué no llamar a otros escritores leoneses y animarles a que acudieran para compartir comida, bebida y conversación?

Así lo hicieron y de inmediato, tampoco recuerdo en qué orden, se unieron a la tertulia, Pereira, Nora, González-Guerrero y Magaz.

Un poco más tarde llegó Martínez Valdueza y Alonso Luengo y, finalmente, Rogelio Blanco. También han compartido allí algún almuerzo Miguel Crespo y Alfredo Alvarez.

En pocas palabras quiero presentarles ya a cada uno de los contertulios y ello para que se hagan ustedes idea de cómo se producen las reuniones; que es lo que más interesa aquí.

Es el primero Luis Alonso Luengo, a quién se ha llamado, con razón, patriarca de las Letras Leonesas. Presidente de Honor de la Peña, excelente persona y prolífico escritor, con Astorga siempre al fondo; hizo poesía de la prosa al redactar La invisible prisión y es, también, cumplido pregonero de nuestra patria chica y, en especial, de las tierras astorganas, de las que sabe todo cuanto se puede saber.

Antonio Pereira con el aticismo que le caracteriza y ese fino humor, entre leonés y galaico, o sea, berciano, con el que cuenta cosas que es una delicia oír y pone de relieve los matices más chocantes o festivos de cualquier realidad, matices que suelen pasar inadvertidos a otras personas, que no gozan de la exquisita percepción de este literato.

Eugenio García Nora, de ironía mesurada, con un comedimiento en verdad europeo, que se debió fraguar durante sus años de permanencia en Suiza, dedicado a la enseñanza. Allí, en la tertulia Arco Iris, sabe poner la anécdota adecuada en el momento preciso y, si los demás lo piden, habla de literatura y en particular de la novela; escucharle es sumamente enriquecedor.

César Aller en quien los colores del Arco se confunden y lleva, con la firmeza de las convicciones que no admiten dudas, la carga y el gozo de su soledad; fecundo en sus poemas sobre lo humano y la contemplación de la Naturaleza, asumida en sus esencias.

Paco Cadenas, uno de mis mejores amigos –por no decir el mejor- y, en todo caso, el más antiguo de entre los que tengo; puede salir por donde menos se espera; irónico unas veces, satírico otras y, en ocasiones, mordaz. Suele remachar, medio en serio, medio en broma, con sus apostillas, cualquier tema que se saque a discusión en las reuniones de la tertulia.

Martínez Valdueza con ese su filosofar atinado, y su ironía difícil, por oculta, sobremanera generoso cuando evalúa al prójimo. Buen conocedor de nuestra Historia, da, a veces, motivos para tener reflexiones muy serias, entre tantas cogitaciones regocijantes como se hacen, por manera habitual, en aquellas reuniones.

González-Guerrero, inspirado poeta; bardo y descriptor del Bierzo prerromano en su País de la Nieve, donde se muestra observador agudísimo; al tanto siempre de las últimas noticias que circulen por los mentideros literarios y siempre relatándolas a los contertulios con gracia y con oportunidad.

Rogelio Blanco, humanista cepedano, ya ha dejado claro que el hombre es un ser utópico, además de muchas otras cosas y, probablemente, cuando despliega su melena arropando las viandas en entretenida tertulia, en observación serena, más que hablar predique, más que escuchar aspire. Que de todos nosotros se queda con los ensueños, para mañana, quizás, recrearlos.

Y Ricardo Magaz, a quien tanta parte cabe en la publicación de esta Obra, el más joven y polifacético de la tertulia y quién, por lo tanto, debería oficiar allí de secretario, lo que no le molestaría, pues podría custodiar los sellos de la peña y estamparlos siempre y donde lo estimara conveniente con su acertado criterio. Es un buen novelista y conocedor de la sociedad actual y, por ello, galardonado escritor realista.

Cada uno de los tertulianos piensa a su manera, faltaría más, y se expresa como quiere. Todos se aprecian y respetan, sin perjuicio de bromear y de exponer sus respectivos puntos de vista, en general diferentes, a veces contradictorios, sobre cualquier realidad de la vida política, social, literaria, artística y hasta religiosa.

Cada polemista mantiene sus posiciones por aquello de sostenella y no enmendalla, pero en el fondo quizá estén más próximos unos de otros de lo que parece y aún de lo que suponen.

Por eso, el día de la comida es una fiesta, esperada por todos y, como dice Pereira, al terminar la reunión, quien más quien menos +lleva en el pecho un calorcillo suave, que el vino, por sí solo, no bastaría a justificar+.

Ya escribió al respecto César Aller :
Si en el figón no hay mesura,
al trasegar la bebida,
puede subir la factura
de manera desmedida.

Pero tampoco se hace mucho caso de estos sabios consejos.

¿Y ese nombre de la Tertulia?

Tiene su justificación en que allí, políticamente hablando, cada cual va por libre y unos escoran a babor y otros a estribor y, de entre los colores del Arco Iris, quizá convendría a cada tertuliano el suyo: rojo, anaranjado, amarillo... El más definido es, sin duda, Magaz, que concurrió como candidato al Parlamento Europeo y al Senado en pasados comicios.

Lo que importa, sin embargo, es que quizá sea esta la primera vez que los componentes de un grupo literario, en lugar de gastar sus fuerzas en sobrellevarse mutuamente, las han unido de forma altruista para hacer algo tangible, cuando lo habitual en otros mentideros es que cada uno tire por su lado

El tema que respectivamente han escogido los tertulianos para componer el libro, también difiere: Nora y Blanco se han inclinado por el ensayo, Aller por la poesía, Alonso Luengo por la crónica y Magaz, Valdueza y Cadenas por el relato.

Y aquí, lógicamente, sucede como en los periódicos y revistas: +cada uno es responsable de lo que firma+, publicado, eso sí, por riguroso orden de edad y con el mecenazgo de la Casa de León en Madrid, el Instituto Cepedano de Cultura y la Unión de Escritores y Periodistas Españoles

 

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