La sociedad de la extinción masiva

De 1970 a la actualidad, la población humana sobre la tierra se ha duplicado. En el mismo tiempo, la población de animales vertebrados se ha reducido a menos de la mitad. Los datos divulgados por WWF son escalofriantes.
La importancia de una abeja: La producción mundial de alimentos depende en gran parte de los polinizadores. La disminución de las abejas puede equivaler a extinción de especies… y hambre. Guiarte.com

Claudio Path. Guiarte.com. Madrid, 31/10/2018

La ecuación es dramática: a mayor presión humana sobre los recursos del planeta, mayor destrucción de vida.

World Wildlife Fund, Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) es la mayor organización conservacionista independiente en el mundo y acaba de publicar la edición 2018 del informe periódico “Planeta Vivo”, en la que destaca la evidencia de que es absolutamente urgente modificar la relación del ser humano con el planeta.

En actual modelo de desarrollo resulta destructivo e insostenible y por ello la organización conservacionista estima que es necesaria una acción a escala global –de personas, instituciones y estados- para revertir estas tendencias autodestructivas

Del Holoceno al Antropoceno

El actual es un tiempo de cambios planetarios rápidos y sin precedentes. Es tan radical que muchos científicos piensan que el consumo cada vez mayor y más desordenado, la mayor demanda de energía, tierras y recursos naturales está impulsando una nueva época geológica: el Antropoceno.

Drástica disminución de especies de vertebrados, entre 1970 y 2017. Informe Planeta Vivo 2018

“Es –sostiene el informe de WWF- la primera vez en la historia de la Tierra que una sola especie –el Homo sapiens– ha tenido un impacto tan poderoso sobre el Planeta”.

Al final de la última era de hielo, la Tierra ingresó en una nueva época geológica, el Holoceno. Este cálido período notablemente estable ha durado unos 11.700 años y se podría esperar que continuase otros 50.000, pero el cambio inducido por los seres humanos es tan grande que muchos científicos creen que estamos entrando en una nueva época geológica: el Antropoceno.

Aun no se sabe si este periodo alcanzará un estado estable, de momento no lo es. En los últimos 50 años, la temperatura media global se ha incrementado 170 veces más rápido que el ritmo natural. La acidificación de los océanos parece estar ocurriendo a una tasa no vista en al menos 300 millones de años. La Tierra está perdiendo su biodiversidad a una tasa experimentada solamente durante las extinciones masivas. Y es probable que se produzcan más cambios en la medida en que las personas estén liberando 100 000 millones de toneladas de carbono al sistema planetario cada 10 años.

Todo esto supone un gran peligro para el planeta. Según WWF, la Tierra ha perdido aproximadamente la mitad de sus corales en los últimos 30 años. Y parece que los arrecifes de coral de aguas cálidas –el más diverso de los hábitats marinos– no llegarán al final del siglo. Esto tiene graves consecuencias para los seres humanos, pues casi 200 millones de personas dependen de los arrecifes para protegerse contra las marejadas ciclónicas y las olas.

Presion pesquera sobre los océanos. Años 1970 y 2000. Fuente, Informe Planeta Vivo 2018

Se considera muy probable que el Ártico se quede sin hielo durante el verano antes de mediados del siglo. Este hielo refleja el calor hacia el espacio, pero a medida que se derrite quedan expuestas aguas más oscuras que absorben calor. Los investigadores están preocupados porque esto podría establecer un círculo vicioso peligroso, acelerando el calentamiento.

Recientes investigaciones están vinculando los cambios en el Ártico con un desplazamiento de las corrientes de aire que influyen sobre el clima del hemisferio norte, lo que puede explicar fenómenos anormales de sequías, heladas o la trayectoria inusual de los huracanes. Análisis iniciales indican además que este hecho ha contribuido a la ola de calor sin precedentes que recorrió el hemisferio norte en 2018.

Causas del cambio.

WWF sintetiza así las principales amenazas:

• La sobreexplotación y la actividad agrícola, impulsadas por un consumo desmedido.

• La degradación del suelo, que impacta gravemente el 75 por ciento de los ecosistemas terrestres, reduciendo el bienestar de más de 3000 millones de personas.

• Elementos críticos para la seguridad alimentaria mundial -como las abejas, otros polinizadores y los suelos- están bajo creciente amenaza.

• La pesca excesiva y la contaminación por plásticos están amenazando nuestros océanos.

• La contaminación, la fragmentación y destrucción de hábitats han resultado en disminuciones catastróficas de la biodiversidad de agua dulce.

La investigación demuestra cada vez más la incalculable importancia del mundo natural para nuestra salud, riqueza, alimentación y seguridad. La actividad económica depende en último término de los servicios suministrados por la naturaleza. Los sectores empresarial y financiero están empezando a cuestionarse cómo los riesgos ambientales globales afectaran el rendimiento macroeconómico de los países, sectores y mercados financieros, y los formuladores de políticas se preguntan cómo cumpliremos las metas de desarrollo sostenible ante la disminución de los recursos y la biodiversidad.

Los grandes frentes de la deforestación. Fuente, Informe Planeta Vivo 2018

El consumo humano desenfrenado es el motor que está detrás de los cambios planetarios sin precedentes que estamos presenciando, debido al aumento en la demanda de energía, tierra y recursos. Una evaluación reciente determinó que solo una cuarta parte de la superficie de la Tierra está sustancialmente libre del impacto de las actividades antrópicas. Las proyecciones indican que para 2050 habrá disminuido a solo una décima parte del Planeta.

La degradación del suelo a nivel mundial se ha desacelerado debido a la reforestación y las plantaciones, pero se ha acelerado en los bosques tropicales, los cuales albergan algunos de los niveles más altos de biodiversidad. Estudios recientes se han enfocado en las reducciones dramáticas de la cantidad de abejas y otros polinizadores y en los riesgos para la biodiversidad del suelo, esencial para sustentar la producción de alimentos y otros servicios ecosistémicos.

Sobrepesca y plástico

Los ecosistemas marinos y de agua dulce también están enfrentando grandes presiones. Desde 1950 se han obtenido de los océanos casi 6000 millones de toneladas de pescados e invertebrados.

La contaminación por plásticos se ha detectado en todos los ambientes marinos del mundo. Un reciente estudio mundial estimó que la masa de residuos plásticos originados en tierra que fueron vertidos al océano en 2010 oscila entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas.

Tortuga verde marina (Chelonia mydas) con una bolsa plástica, Arrecife Moore, Arrecife de la Gran Barrera, Australia. Informe Planeta Vivo 2018

El problema se agrava porque los plásticos de un solo uso están diseñados para ser duraderos y pueden permanecer en el océano durante años antes de desintegrarse o hundirse. Los desechos pueden ser fragmentos microscópicos (microplásticos) fabricados intencionalmente para productos como jabones, cremas, geles y pasta de dientes o descompuestos por la luz solar, el viento y las corrientes; así como desechos de mayor tamaño como bolsas, filtros de cigarrillos o pajitas. Se han detectado desechos plásticos en todos los ambientes marinos del mundo, desde el litoral y el agua superficial hasta las partes más profundas del océano, incluido el fondo de la Fosa de las Marianas.

Un estudio de 10 años sobre la tortuga boba mostró que un 35 por ciento de los especímenes analizados habían ingerido desechos y que casi todos eran plásticos. En un estudio realizado en el Mediterráneo, el 18 por ciento del atún y del pez espada tenían desechos plásticos en el estómago, al igual que el 17 por ciento del tiburón Bocanegra en las Islas Baleares: En un caso extremo se encontraron nueve metros de hilo de pescar, 4,5 metros de manguera, dos macetas y varias lonas plásticas en el estómago de un cachalote encallado. Incluso animales más pequeños, como mejillones, cangrejos comunes, salmonetes y lenguados que se alimentan del lecho marino pueden acumular grandes cantidades de microplásticos y fibras, mientras que se han encontrado bolsas de plástico y cigarrillos en peces pelágicos grandes.

La amenaza va en aumento. Actualmente, el 90 por ciento de las aves marinas del mundo tienen fragmentos de plástico en sus estómagos, en comparación con solo cinco por ciento en 1960. El impacto es mayor en el límite sur de los océanos Índico, Pacífico y Atlántico, una región que se consideraba relativamente limpia.

Los hábitats de agua dulce, como lagos, ríos y humedales están entre los más amenazados, principalmente afectados por factores como la modificación, fragmentación y destrucción de hábitats; especies invasoras; pesca excesiva; contaminación; enfermedades y cambio climático.

Con disponibilidad de grandes datos, las tecnologías sofisticadas y otras herramientas de rastreo y análisis, pueden contribuir a ayudar a frenar la pérdida de biodiversidad. Es una esperanza.

El Índice Planeta Vivo desarrollado permite identificar las amenazas a nivel de la población de cada especie. Este nivel de datos más detallados, por ejemplo, permite conocer las reacciones en diferentes especies de pingüinos en la Antártida occidental; pero junto a lo particular, el Índice permite registrar el estado de biodiversidad global al medir la abundancia poblacional de miles de especies de vertebrados en todo el mundo.

El último índice muestra una disminución general del 60 por ciento en el tamaño poblacional, ocurrido entre 1970 y 2014. La disminución de las poblaciones de especies es particularmente pronunciada en los trópicos, siendo América del Sur y América Central las regiones que sufrieron la disminución más dramática: el 89 por ciento durante el período.

La cantidad de especies de agua dulce también han disminuido dramáticamente; el Índice de Agua Dulce presenta una disminución del 83 por ciento desde 1970.

Para WWF, sin un cambio drástico va a continuar la disminución actual de los sistemas naturales que sustentan las sociedades modernas.

Los sistemas naturales, sustentan las sociedades modernas. WWF lo recuerda y pide un cambio drástico. Imagen de Guiarte.com

WWF está colaborando con un grupo de cerca de 40 universidades y organizaciones de conservación e intergubernamentales para lanzar una iniciativa de investigación denominada Revertir la Curva de la Pérdida de Biodiversidad. Este trabajo figurará en la Parte II del Informe Planeta Vivo, que será publicada a inicios de 2019.

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