Versos a Oliegos, cita con la memoria y el fuego

Los cantos a la tierra, el afecto a los que hace 70 años dejaron su tierra cuando las aguas anegaron el pueblo de oliegos, y el fuego, han sido protagonistas de Versos a Oliegos 2015.


Versos a Oliegos, en Sueros.

Sueros, 21 de julio de 2015
Nacido desde el pueblo y para el pueblo, Versos a Oliegos es sin duda el encuentro poético leonés más arraigado en la propia tierra. Sin patrocinios opulentos, sin apenas ayudas oficiales, sin la presencia pagada de poetas de relumbrón... pero con el pueblo y la poesía.

En Sueros se reunieron este año -y van quince ediciones itinerantes – más de 300 personas para escuchar versos, en un ambiente de música, cultura y amistad, donde no faltaron charangas ni pendones ni empanadas de sabor tradicional, como las de antaño.

Este año se celebraba el 70 años de la marcha, cuando en 1945 los vecinos de Oliegos se subieron al tren, en la estación de Porqueros, para avanzar hacia el sur, con sus aperos y yuntas, a fin de ubicarse en una tierra austera, lejos de las corrientes de agua del rio Valle y de las peñas y robles cepedanos. 

Cerca de 300 personas presenciaron la edición de 2015 de Versos a Oliegos.

Algunos de los que entonces se fueron estaban en este homenaje anual, compartiendo afectos con las gentes de la comarca, disfrutrando de este encuentro anual que une a todos los cepedanos con la referencia ya mítica del pueblo desaparecido bajo el pantano de Villameca.

Ignacio Redondo fue el encargado de coordinar esta edición que contó con el apoyo de la Junta Vecinal de Sueros y los ayuntamientos de Villamejil y Quintana. Él coordinó, con el tambien escritor cepedano Armando Ramos, una bella edición de escritos de gentes de la comarca y amigos, titulada «Entre Aguas» que recoge medio centanar de textos, de autores como los citados, Antonio Colinas, Tomás Alvarez, Rogelio Blanco, Angel Casado y un largo etcétera en el que hay sieste peresonas de la localidad que albergó el encuentro.

El libro se encabeza con una bella portada, pintura de una autora local, que recoge un paisaje de verdor y aguas, y se cierra con una fotografía de gentes del pueblo sentadas en el puente, justamente el día en el que se inauguró el pantano de Villameca, en 1946.

Pero junto a la alegría de la fiesta, la cultura y el reencuentro de los cepedanos, flotó en el ambiente el pesar por los incendios que asolan la comarca, y que han causado la indignción de todos, por la mala gestión de los montes que está llevando la administración. 

Este año, la cita se ha visto ensombrecida por el pesar por los incendios que asolan la comarca.

Al menos unas 3.000 hectareas de montes han ardido en la sierra cepedana, en un siniestro que cubrió parte de los municipios de Valdesamario y Quintana del Castillo, y que amenazó a algunas poblaciones, como Palaciosmil.

Los cepedanos están indignados por la negligencia de la administración que tiene abandonados los montes y cortafuegos. Una indignación que también comparten diversos sectores. La misma Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de Castilla y León denunció estos días la “inoperancia burocrática” de la Dirección General de Medio Natural de la Junta en la gestión del operativo contra incendios forestales.

El pavoroso incendio se inició el 13 de julio, hacia las 14 horas y llegó a destruir la autobomba de la mancomunidad de La Cepeda en un suceso que originó quemaduras a dos trabajadores de la mancomunidad. Luego amainaron las llamas y se aflojaron las medidas anti-incedios, pero el siniestro se renovó horas después con enorme virulencia. La gente de la comarca esta freancamente descontenta de la mala gestión. El alcalde de Quintana del Castillo, Emilio Cabeza, ha criticado a la administración "por no estar a la altura" y no poner todos los medios para evitar que se reprodujese el fuego. Recordó que los servicios de extinción abandonaron el terreno pensando que el fuego estaba extinguido pero sin enfriarlo totalmente y el incendio se reprodujo después.

A los daños en el paisaje y el bosque se une el hecho de que esta es una zona de un alto valor ecológico, en la que hay una excepcional variedad de aves, entre ellas el urogallo.

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