Sueño II

Santiago Somoza, colaborador de la página de La Cepeda en Internet, es autor de un bellísimo y extenso poema, Sueño. Sueño es un canto de altísima calidad en el que refulge el amor a la tierra: siento tu voz/ profunda que me llama, / esa vetus


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Y un nuevo ser surgió de entre los hielos.
Mi tierra lo soñaba. Fue cuando dio su abrigo
al animal más débil, la noche de los tiempos
poniendo por testigo, y la piel de sus fieras
como segunda piel,
república del cuero. El miedo inventó el fuego,
la piedra se hizo sable,
el frío aun más frío. Grafías indescifrables
vistieron sus entrañas
de un arte primigenio. El agua daba
su elegancia calcárea a la paciencia
de las estalactitas. Sus virginales frutos
desconocían el hambre, no había sed
en la plata de sus ríos caudales
y su aire, purísimo,
era añil
y era nácar. La vida,
una lucha constante y fatigosa
contra miedos gigantes y molinos
de viento: aquellos, colosales bestias
hoy extintas, semovientes montañas;
estos, supersticiones, prejuicios ancestrales
que aún impregnan el hoy.
El viento era un mugido de bisonte. La flecha
del ciervo surcaba como un rayo
las praderas y los caballos eran
pegasos en sus crines: animales modelos
de estudio involuntarios
a los que, involuntarias, las manos del artista
les abrían las puertas
de la gloria
y los libros de texto. Una segunda infancia
de helechos y resina gobernaba
mi tierra.

¡Qué difícil volver a la memoria
aquello que no vuelve, que se cierra
en lo incógnito, que se oculta en la ancha
infinitud del tiempo, que se escribe
sin luz y sin taquígrafos!
Pero algo hay invisible, insospechado que nos une:
acaso el seco olor de las gramíneas,
tal vez el miedo al rayo poderoso,
sin duda la llamada de la sangre. Hay algo.
 

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