La sociedad de hidalgos en La Cepeda

Con motivo de la edición de un libro relativo a los privilegios de los hidalgos cepedanos, titulado La Cepeda y los Reyes, Tomás Alvarez elaboró un documento en torno al papel de los hidalgos en la España de la decadencia, y su presencia en La Cepeda

La sociedad de hidalgos en La Cepeda

Por Tomás Alvarez

Con motivo de la edición de un libro relativo a los privilegios de los hidalgos cepedanos, titulado La Cepeda y los Reyes, he creído procedente participar en él con un documento en torno al papel de los hidalgos en la España de la decadencia, y su presencia en La Cepeda.

La edición de un libro relativo a los privilegios de los hidalgos cepedanos sirve para realizar una aproximación a algunas facetas de la realidad social del siglo XVII, pues en él se detectan aspectos vinculados al clima de desintegración social y evasión colectiva de responsabilidades históricas, propio, todo ello, de la España de aquel tiempo.

Para comprenderlo mejor, es necesario repasar primero algunas circunstancias históricas de esta durísima etapa de la historia del país.

En 1621 murió Felipe III, También falleció el archiduque Alberto, gobernador de los Países Bajos, y finalizó la tregua de los doce años entre flamencos y españoles. A partir de aquí se inició un periodo de luchas sostenidas por España contra los rebeldes de los Países Bajos, contra los príncipes protestantes, contra la Francia de Richelieu, contra Inglaterra, contra Dinamarca...

Son cuarenta años de enfrentamientos que terminan por agotar a España, hacerle perder su dominio militar, mermar su poder sobre territorios en Europa y de parte de América, e incluso propiciar secesionismos en Portugal, Cataluña, Aragón o Andalucía.

En esta época, con las finanzas absolutamente agotadas, el Estado suspendió varias veces los pagos a sus acreedores. La deuda superaba las previsiones de recaudación de varios años. En plena bancarrota, descendieron las remesas americanasЕ y llegó la miseria, el hambre y la desolación.

De 1647 a 1652 una peste diezmó gravemente la población española. En algunas zonas Цsin duda las más afectadas por las hambrunas- llegó a perecer hasta un tercio del censo. Un siglo antes había llegado otra que dañó especialmente los territorios de la submeseta norte

Según Vicens Vives: "...no estará de más achacar el auge de aquellas(las pestes) a la desertización del clima en los últimos decenios del siglo XVI y comienzos del XVII. La aridez determinó el fracaso de muchas cosechas y, por ende, la subalimentación, el triunfo de la peste y la despoblación. En este sentido, el siglo XVII fue como el XIV una centuria fatídica para la demografía española" .

Tal vez fue alguna de la pestes de los siglos XVI y XVII el origen del fin de ciertos pueblos de La Cepeda. No resulta muy arriesgado suponer que la despoblación de San Pedro, localidad ubicada entre Sueros y Donillas, tuvo lugar en estas fechas. Lo mismo pudo ocurrir con la localidad de San Cil, situada por encima de Quintana del Castillo, donde pervive la leyenda de la muerte de todos los pobladores, menos unas hermanas que estaban fuera de la localidad, por un ataque de la peste . Perales (entre Otero de Escarpizo y Fontoria) pudo quedar prácticamente deshabitado tras la peste de 1538-1540. De hecho, en 1591, se cita el lugar pero ya nadie habita en él.

Una sociedad obsesionada por la fama y la honra, más que por la riqueza y el bienestar, pasó por hambrunas que la realeza quiso resolver mediante el "pan barato" que ayudó a hundir a los labradores, mientras la iglesia distribuía una "sopa boba" que contribuyó a instalar una inmensa "clase mendicante" interesada en perpetuar el sistema. Algún visitante extranjero denominó al país "república ociosa y viciosa" una república de miseria sobre la que resbalaba el oro de América con destino a Europa.

Derrotas, miseria, pestes, despoblación generaron el hundimiento moral de un pueblo. Los escritores de la época se alejan de los estilos del renacimiento. Es la hora de la novela picaresca; porque es el momento de la supervivencia de los pícaros que, como Estebanillo González, desertaban del ejercito español para enrolarse con los franceses.

Desde el fin del XVI, diversos autores denuncian la decadencia. Francisco de Quevedo ve una España opuesta a la anterior, "pródiga del alma", pródiga de acción e inmolación, y critica la España de los plumíferos, diplomáticos negociadores y secretarios arribistas; una España burocrática y pasiva.

Otros destacados analistas de la decadencia son Pedro Fernández Navarrete, canónigo santiagueño, y Antonio López de Vega, jurista y escritor, contrario a la política bélica que acababa con los recursos del país.

Los habitantes de la Península Ibérica optaron en el siglo XVII por la picaresca y el escapismo. España se hunde; el hidalgo renuncia a participar en la defensa del país.

En los días en que se elabora el bello texto de los hidalgos cepedanos, en los que éstos no quieren prestar servicios militares, las tropas secesionistas portuguesas causaban sucesivas derrotas a las tropas de España. Del 1658 a 1663 se suceden los fracasos en Elvas, Ameixal y Villaviciosa, fracasos que ridiculizan las armas de la Corona de Castilla y que posibilitan la ruptura peninsular.

Los hidalgos españoles en el siglo XVII

Famosas son las palabras de Olivares al cardenal infante don Fernando, que pedía hombres para el frente: "No hay hombres, señor, y si no mire Usted que no hemos podido enviar más que un honrado caballero al cabo de un año". La nobleza baja, los hidalgos, rehuye sus deberes militares.

Frente al pechero Цque soportaba todos los impuestos directos- el hidalgo solía compensar esa evasión de responsabilidades económicas con el deber de prestación de servicios militares. No en vano, el origen medieval de los hidalgos estaba vinculado a los infanzones que atendían a la vida militar y cortesana de los señores. Los hijos de aquellos milites o infanzones pronto se integraron en una baja nobleza de los fijosdalgo o hidalgos, nobleza engrosada en fechas posteriores por gentes que podían contar con caballo para pelear como jinetes en los ejércitos del monarca.

Pero en el XVII, en plena crisis de fe en la institución militar, cuando ya no cabría el recurso de ganar gloria en Flandes, los hidalgos incluso rehusaron su tradicional oficio.

Es este un estamento que se muestra ocioso, miserable y a la vez celoso de su defensa de privilegios. La novela picaresca nos retrata de forma excelente al hidalgo pobre y orgulloso, más atento a marcar un rango que a fomentar otro tipo de actividades productivas.

Los hidalgos en La Cepeda

La comarca era una zona de abundantes hidalgos. Era habitual que pobres campesinos, artesanos, sastres, herreros o tejedores, incluso desprovistos de caballería, estuvieran en poder de esa categoría de hidalgos. Muchos tendrían derechos desde la Edad media, otros se los "apañarían". La hidalguía era algo notablemente pretendido y se falsificaron abundantes documentos, para liberarse de las obligaciones que recaían sobre los pecheros.

Ya en el código de las Siete Partidas se decía que la nobleza se adquiría por linaje, mérito o sabiduría. Pero los requisitos para acceder a la hidalguía no eran muy grandes. En muchos casos bastaba tener familia numerosa .

Los hidalgos tenían prerrogativas diversas: ostentar armaduras; contar con sitio reservado en la iglesia; fuero propio, ventajas apara acceder a cargos y determinadas exenciones tributarias. Pero los pobres hidalgos del norte de España -carentes de grandes recursos- estaban mucho más cercanos en su realidad social al pueblo llano que a los grandes señores.

Obviamente, existía una fractura social, entre hidalgos y pecheros, problema más acusado en la Merindad que en los señoríos de Valdemagaz y Otero, donde prácticamente llegó a desaparecer el grupo de los pecheros.

En La Cepeda esta baja nobleza estaba muy extendida, en consonancia con lo que ocurría en el resto de los territorios de la provincia de León. Las tres circunscripciones de la provincia leonesa(Asturias, Ponferrada y León) estaban en 1591 -junto con las zonas cántabra y del País Vasco- entre las de mayor porcentaje de hidalgos: 75 por ciento de los vecinos en el caso de Asturias, 44 en la demarcación de Ponferrada y 33 por ciento en la de León.

Para conocer con profundidad la presencia de los hidalgos en la zona, el documento más interesante es la Relación de vecindad de los reinos de Castilla la Vieja, Asturias, León y Galicia, realizada por la Corona al finalizar el siglo XVI, para organizar el repartimiento impositivo (Servicio Ordinario y Extraordinario) donde aparecen diversos datos del territorio cepedano.

Básicamente, la división política de la Cepeda al finalizar el XVI estaba así:

El señorío de Valdemagaz, con las localidades del actual ayuntamiento de Magaz de Cepeda;

El señorío de Otero, con Villaobispo, La Carrera y Palaciosmil;

La Merindad y Jurisdicción de La Cepeda, con los territorios de los actuales ayuntamientos de Valdesamario, Quintana del Castillo, Villagatón y Villamejil, excepto unos territorios del entorno de Manzanal, Villarmeriel y Riofrío, sujetos a la orden de San Juan de Jerusalén;

El alfoz de Astorga, donde se hallaban los pueblos del sur de La Cepeda: Brimeda, Sopeña y Carneros.

Zona de Valdemagaz:

En Valdemagaz existían entonces 180 vecinos, de los cuales 157 eran hidalgos, sólo 18 pecheros y cinco clérigos.

Zona de La Merindad y Jurisdicción de La Cepeda:

La Merindad y Jurisdicción de la Cepeda tenía entonces 919 vecinos, de los que 412 eran hidalgos, 484 pecheros y 23 clérigos.

Zona del señorío de los Alvarez de Escarpizo:

Otero de Escarpizo contaba con 24 vecinos, de los que 18 eran hidalgos, 5 pecheros y un clérigo. En La Carrera y Villaobispo habitaban otros 31 vecinos: 27 hidalgos y 3 pecheros, y un clérigo. En Palaciosmil, 23 vecinos, 21 pecheros, un hidalgo y un clérigo.

Zona del alfoz de Astorga:

El alfoz de Astorga, donde también había pueblos cepedanos (Brimeda, Sopeña y Carneros) contaba con 394 vecinos, de los que sólo 36 eran hidalgos, 350 pecheros y 8 clérigos .

Otras zonas:

Bajo la Encomienda de Puente de ”rbigo se incluyen Manzanal del Puerto, Montealegre, La Silva, Valbuena, Riofrío y San Pedro de Pegas(en la vega del ”rbigo) que incluyen 157 vecinos, con 135 pecheros, 17 hidalgos y 5 clérigos.

Aparece aparte "St Feliz de Escuredo, en la averiguación dióe San Feliz de las labranderas y Escuredo, que son dos lugares". Allí había 61 vecinos, de los que 44 eran pecheros, 16 hidalgos, y un clérigo.

Otro dato sorprendente es la aparición, fuera del listado de la Merindad, de Villamuxiel a quien identifican como Villamejil, que tendría 31 vecinos, de ellos 23 pecheros, 7 hidalgos y 1 clérigo .

De esta Relación de Vecindad se pueden extraer diversas conclusiones. La primera de ellas será la alta población de la Merindad, bastante superior a la de la ciudad de Astorga, e incluso superior a la de la ciudad de León

. Esto Цjunto a las débiles poblaciones de Valdemagaz y del alfoz de Astorga- y con los datos posteriores del Catastro de Ensenada, nos muestra que la zona de La Sierra cepedana(Valdesamario, Los Barrios, Requejo, San Feliz, Villagatón, etc.) era el espacio más poblado de la región analizada.

La estratificación social nos presenta una sociedad con un 46 por ciento de pecheros, un 50 por ciento de hidalgos y un 3 por ciento de clérigos, aunque su reparto es irregular.

Con relación a la estratificación de la población, destaca una dualidad: el concejo de Valdemagaz, el señorío de Escarpizo, al igual que Astorga, tienen un alto porcentaje de hidalgos; en tanto que la merindad de La Cepeda, junto con el alfoz de Astorga tienen mayoría de pecheros, es decir, individuos sin privilegio alguno.

Nos encontramos, de este modo con un territorio en los que sus habitantes soportan una desigual presión económica. Muchas poblaciones del Alfoz y de la Merindad de La Cepeda aportan a las arcas del Estado y del Señor unas cantidades notablemente desproporcionadas, en tanto que en Valdemagaz y el señorío de Otero las cargas son menores. De ello se puede deducir que el dominio de los marqueses de Astorga era más rígido que el ejercido por otras instancias en el resto de la comarca.

Comparativamente, también se aprecia que el número de religiosos para asistencia del vecindario era más alto en Astorga y Valdemagaz, en tanto que era relativamente bajo en la Merindad cepedana.

En el final del siglo XVI la población de la comarca de La Cepeda, incluyendo los territorios de Valdesamario, era de algo más de 6.000 personas . La de Astorga estaría en torno a las 2.650 personas. En el momento de la redacción del documento de los hidalgos, la población estaría previsiblemente por debajo de los niveles que acabamos de marcar.

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