Alfredo Omaña

Alfredo Omaña es un artista joven, nació Riofrío en 1968, pero en sus obras se encuentra una personalidad definida que le ha valido reconocimientos internacionales. En el 2004, sus obras se han mostrado en ArtePadova, Padua, Italia; Art-fair 2004, C
Castor y Polux,

Alfredo Omaña: la resurrección de la materia.

Alfredo Omaña es un artista joven, nació en 1968, pero en sus obras se encuentra una personalidad definida que le ha valido reconocimientos internacionales. Es un auténtico transformador de la materia, a la que transmite ritmo y poesía.

En el 2004, sus obras se han mostrado en ArtePadova, Padua, Italia; Art-fair 2004, Colonia, Italia; Poéticas interurbanas, Astorga, España; Desvelados, Salamanca, España, y Cinco artistas en Movimiento, Milán, Italia. Presentó tambien una notable muestra individual, “Materia nomade”, en Milán (noviembre-diciembre). En los últimos años, la obra de Omaña ha merecido diversos galardones, entre ellos la medalla de oro de la primera Bienal de Arte Contemporáneo de Florencia, Italia, en 1997.

Aferrado a la naturaleza.

El pintor nació en Riofrío, León, España, un pueblecito aferrado en la hondonada de un valle solitario. Tal vez en medio de aquella naturaleza austera aprendió el valor de la tierra, de la madera, del barro, la paja y los adobes que transformaría luego para darles una nueva vida.

“Nazco en una tierra fría y humilde como otras muchas tierras frías y humildes. De aquel lugar me queda todo, a pesar de no vivir en él. Es el lugar donde guardo toda mi memoria, lo que soy”, dice este hombre sencillo, aferrado al pueblo.

Pero la vida de un muchacho de los años sesenta, nacido en pleno hundimiento del ámbito agrario español, pronto encontraría nuevos derroteros. Continuó estudios de secundaria en el seminario de Astorga, y de allí pasó a Salamanca, donde obtuvo la licenciatura de Bellas Artes.

“Estudié Bellas Artes –dice- porque era lo único para lo que estaba preparado intelectualmente; no creo que hubiese podido terminar otros estudios. El arte, para mí, es una necesidad antes que un oficio o una actividad”.

Omaña dice que Salamanca es su tierra de acogida, aunque conserva intensos lazos de unión con su tierra original, que ahora es para él “un lugar espiritual, un refugio, un lugar donde se para el tiempo”.

Tal vez esa añoranza de sus raíces se sigue manifestando en su obra y su estilo de vida: “Desde hace cuatro años vivo y trabajo en un pueblo a doce kilómetros de Salamanca rodeado de naturaleza y paz, como en Riofrío. No soporto la ciudad como ámbito para vivir. El lugar que ocupo es un espacio industrial rescatado y adaptado a mis necesidades de artista; una nave de dos plantas con mucho espacio para pintar y para habitar, en un paisaje de la ribera del río Tormes”.

El significado de la obra.

Así como sus ancestros cultivaban los campos y construían aperos o viviendas de tapial con los elementos que tenían a mano, así él utiliza cajas, botellas, adobes, telas y las transforma en arte, en obras llenas de belleza y poesía.

Omaña es un amante de la observación y de la experimentación y da nueva vida a objetos materiales que tenían, hasta que llegaron a sus manos, otros significados, otra alma. Pero no le gusta expresar con palabras el significado de la obra, prefiere que el espectador analice sus composiciones, sus collages, y utilice su intelecto en la en la interpretación de las metáforas artísticas. “Tengo por costumbre –dice- no hablar del significado de mis obras, no por que no tengan un significado personal ,sino por que no quiero matar la posibilidad de que puedan significar otras cosas, y eso es algo que me interesa mucho”

Los materiales no son pobres ni ricos.

El artista dice que “materiales de desecho, materiales pobres...son conceptos técnicos para definir los diversos materiales con los que trabajan los artistas desde Picasso hasta nuestros días (...) estos materiales, para los artistas que trabajamos con ellos, no son ni pobres ni de desecho, mas bien todo lo contrario”.

Su obra tampoco responde a una idea de reciclar por reciclar... “En mi caso responde a cuestiones de energía, de dialogo con el material, de tal forma que éste pasa de objeto encontrado o de desecho a obra para un fin concreto como la de comunicar una idea por una simple decisión; lo que cambia es la percepción de ese objeto, descontextualizado”.

A veces, con barros o tabla construye campos de color o espacios vacíos, escenarios, sobre los que ubica y realza otros objetos. Él matiza: “Tu hablas de vacíos, pero para mi el vacío no existe; es un espacio mas lleno de otras cosas. Mis espacios no son los de Rothko ¡Qué más quisiera!. Son escenarios como tu bien dices”.

Su obra, original y poética es difícil de encajar con corrientes determinadas. “Mi trabajo encaja dentro de muchas corrientes y de ninguna. A veces no se si es una pintura o una escultura o las dos cosas a la vez. A mí me gusta el termino “informalista” por su carácter ambiguo”

En la vida diaria, Alfredo Omaña, se dedica a pintar y a desarrollar un proyecto en el campo de la plástica infantil desde hace mas de 10 años en Salamanca. Trabaja en “El Taller”, con niños de 5 a 14 años, amantes de la pintura. “El taller es un espacio independiente de todo organismo; funciona en horario extraescolar de lunes a viernes. Es un espacio equipado con los medios necesarios para desarrollar la actividad plástica de una forma digna y plena. Se trabaja con grupos reducidos y afines en edades y niveles”.

En el catálogo de su última exposición, “Materia nomade” (Movimento Arte Contemporánea. Milán, Italia), La historiadora de arte Victoria Fernández dice: “ Omaña hurga y revuelve en la tierra, la excava mientras se deja emocionar y se inspira con los objetos que encuentra, objetos olvidados que se transforman en la poética de su propio trabajo”

En el fondo, Omaña proporciona una resurrección a la materia encontrada y le transmite sensaciones ancladas frecuentemente en lo más intimo de sus vivencias, en las que está su mundo, su tierra, una tierra a la que retorna con frecuencia para descansar, para pasear, para reencontrarse con el calor de las gentes, el olor del fuego y el ambiente –también matérico- de las cocinas en las que florece la tertulia y descansa el fruto de la cosecha.

Tomás Alvarez

 

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