Santa Catalina, el “santo rostro” de Fillide Melandroni

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta en sus salas el resultado de la restauración de una de las obras más emblemáticas de su colección: Santa Catalina de Alejandría, de Michelangelo Merisi da Caravaggio
Santa Catalina de Alejandría (1598-1599) después de la restauración. Imagen Museo Thyssen Bornemisza

Artemio Artigas. Guiarte.com. Madrid, 18/12/18

Tras su paso por el taller, el cuadro se expone ahora en la sala 11, en un montaje expositivo del Área de Restauración. En la muestra se incluyen imágenes radiográficas y de infrarrojos que ilustran los aspectos más interesantes del trabajo realizado, y ponen de manifiesto la excelente calidad de la obra.

Santa Catalina de Alejandría (hacia 1598-1599) es una representación atemporal de la belleza en la línea de la mejor tradición del retrato. El lienzo presenta una magnífica imagen de la joven Fillide Melandroni, mujer cercana al círculo del artista, que se presenta ataviada con indumentaria de la época: camisa blanca de manga ancha ligeramente recogida, rematada con cenefa dorada en el escote, y corpiño, o vestido completo, de color pardo violáceo, adornado en los tirantes y en la parte delantera con galones de hilo dorado.

Fillide Melandroni aparece en otras obras del artista, como Retrato de cortesana, Marta y María Magdalena, Judit y Holofernes, realizadas entre 1597 y 1600. Se trata de una mujer de vida licenciosa, amante de Ranuccio Tomassoni, a quien mató el propio Caravaggio en 1606. La modelo muríó relativamente joven y la iglesia rechazó darle enterramiento cristiano.

Santa Catalina de Alejandría (1598-1599) antes y después de la restauración. Detalle. Imagen Museo Thyssen Bornemisza

En el cuadro restaurado, la mujer se presenta arrodillada sobre un cojín rojo y se inclina hacia el costado derecho apoyándose en la rueda dentada, símbolo del martirio. En las manos sujeta con delicadeza una espada cuya hoja está teñida de rojo en su extremo inferior, en alusión a la sangre derramada y entre los elementos iconográficos asociados al martirio, aparece una palma que se cruza con el extremo inferior de la espada.

El cuadro es un ejemplo de varios de los elementos esenciales en la pintura de Caravaggio: uno el realismo de sus figuras religiosas, para las que no dudaba en recurrir a modelos de las capas más bajas de la sociedad; otro, el brillante uso del claroscuro. La iluminación directa sobre la joven deja en penumbra el resto de la escena, acentuando la sensación de claroscuro y potenciando de manera abrumadora su imagen, en la que los blancos de la camisa y las carnaciones pálidas se recortan sobre el fondo, creando un efecto tridimensional, una innovación técnica imitada por muchos seguidores.

A medida que se retiran los barnices deteriorados, aparece un cuadro mucho más rico. Santa Catalina de Alejandría (1598-1599) en el proceso de restauración. Detalle. Imagen Museo Thyssen Bornemisza

La restauración de Santa Catalina de Alejandría ha estado centrada en la eliminación de capas sucesivas de barnices acumuladas con el paso del tiempo y que habían oscurecido la composición. La limpieza ha devuelto la unidad estética y la intensidad del claroscuro original; ha recuperado el movimiento de los volúmenes, la sutileza de las carnaciones y la delicadeza de las texturas. Con ello, el lienzo ha recobrado su equilibrio y una apariencia mucho más cercana a la de su momento original

En los trabajos se descubre un estrato de color rojo intenso correspondiente a la primera versión del vestido, versión que el pintor decidió cambiar por un color pardo más apagado; tal vez porque el cliente (el cardenal Francesco Maria del Monte) pudo demandar que la joven vistiera un atuendo más discreto.

La imagen que muestran los rayos X pone de manifiesto sutiles modificaciones. Las más significativas fueron realizadas en las manos de la joven. En un primer momento, el pintor las sitúa más elevadas y después rectifica su posición. Se ven asimismo numerosos dedos en torno a la mano izquierda, ya que Caravaggio fue probando distintas ubicaciones hasta ubicarlos en el lugar que hoy aparecen.

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