108 campanadas para fin de año

Las fechas de navidad y año nuevo en Japón están llenas de tradiciones, como las del sonido de las 108 campanadas de los templos budistas.

El barrio comercial de Tokio es Omotesando, donde la fiebre de las compras es también especial en estas fechas de cambio de año. Turismo de Tokio

Guiarte.com. Tokio, Japón, 18/10/17

El entorno del cambio de año tiene para el viajero que llega a Japón numerosos encantos de sabor tradicional, sorprendentes en un país situado a la cabeza del desarrollo y la modernidad.

El sonido de las 108 campanadas es una costumbre en los templos budistas. Con este sonido se despide al año viejo y se da la bienvenida al nuevo. Según esta religión, el ser humano nace con 108 deseos pecaminosos que torturan al hombre a lo largo de su existencia, y con este sonido de campanas se “limpian” los pecados para entrar en el nuevo año en buen estado espiritual

Gastronomía, rituales, oración en paisajes especiales y hasta competiciones religioso-deportivas dan unos matices especiales a este país que también se viste de luces de colores para el tránsito de un año a otro. Turismo de Japón nos recuerda por estas fechas algunas de estas particularidades insólitas:

El monte…o la playa

El amanecer en Año Nuevo es especial. Desde la era Meiji (1868-1912) existe la costumbre de rezar durante la primera salida del sol para tener buena salud y atraer el bienestar familiar. Multitud de japoneses se reúnen para orar en las cimas de las montañas o en playas con amplias perspectivas.

Uno de los sitios más destacados es el Monte Takao, situado a tan sólo una hora en tren de Tokio. Multitud de personas se unen para caminar hasta la cima, situado a 599 metros sobre el nivel del mar, donde esperan la llegada del primer amanecer. Con las primeras luces del alba, los sacerdotes del templo Yakuo-in, situado en la montaña, inician una oración para dar la bienvenida a la primera luz en un ambiente de júbilo y de cantos.

Rituales de fuego para la buena salud

En el barrio de Gion de Kioto se encuentra el Santuario de Yasaka, donde entre el 31 de diciembre y el 1 de enero se celebra el Festival de Okera Mairi. Esta celebración se centra en rituales tradicionales que se inician en la tarde del 31 con la inscripción de los buenos deseos en finos listones de madera que se queman al fuego en una ceremonia sagrada.

También es tradición que los visitantes enciendan al fuego el extremo de una fina cuerda de paja, que hacen girar después de forma circular, creando pequeños círculos de luz y energía positiva. Según la tradición, quienes utilizan esa cuerda y las brasas del fuego para cocinar en casa un plato de zoni (caldo de verduras y pollo) y mochi (pasteles de arroz), o para encender una vela, disfrutarán de un año de paz, salud y tranquilidad.

La suerte del Omikuji… y la bienvenida a los buenos espíritus

Si el 1 de enero del nuevo año es tradicional visitar un templo o santuario, también lo es adquirir en estos espacios un Omikuji. Es una tira de papel que se entrega en los santuarios sintoístas y templos budistas en Japón, cuando uno realiza una pequeña ofrenda. El texto contiene un mensaje, un poema con una explicación moral o una detallada descripción de las perspectivas de futuro.

Mascara para la danza del León, Shishimai, que celebra el triunfo del bien. Imagen Turismo de Japón

Entre los lugares más destacados de fin de año se encuentra el Santuario Meiji en Harajuku, un santuario sintoísta situado en Tokio que desde el 31 de diciembre hasta los primeros días del nuevo año, atrae a numerosos visitantes. Entre los templos budistas destacados de estas fechas se encuentra Narita-san Shinsho-ji, próximo al aeropuerto de Narita, y Kawasaki Daishi, en Kawasaki. En estos santuarios los visitantes rezan para atraer la buena suerte, la protección contra accidentes de tráfico o para evitar la mala fortuna.

Otro elemento típico en año nuevo en Japón es la danza del león, Shishimai, que propicia el triunfo del bien y ahuyenta a los malos espíritus. Un personaje disfrazado con túnica y máscara de cabeza de león danza en medio de músicas tradicionales.

Pasada la época de Navidad, las puertas de muchos hogares, tiendas y edificios están decoradas con unos adornos especiales denominados kadomatsu y elaborados con troncos de bambú y hojas de pino. Con esta decoración se da la bienvenida a los dioses sintoístas, cuyos espíritus divinos se cree que viven en los árboles. Además, simbolizan la fuerza y la virtud de superar las adversidades. Las casas están decoradas también con shimenawa, una cuerda trenzada, que igualmente significa que el hogar ha sido purificado para dar la bienvenida a los dioses.

Una pelota de la buena suerte

Al principio de año, el 3 de enero, en la prefectura de Fukuoka, en Kyushu, los pescadores y agricultores pelean semidesnudos por capturar una bola de 8 kilos de peso al grito de “Oisa Oisa”, para atraer la fortuna al equipo que pueda arrebatársela a los contrincantes y elevarla por encima de su cabeza.

La simboliza el Yang, que representa la masculinidad, mientras que la bola Yin, de la feminidad, permanece en el Santuario Tamatori Ebisu tras la ceremonia de bendición. Este festival se remonta a hace más de 500 años, cuando, según la leyenda, el dios Dragón (Ryujin) ofreció estos dos presentes a la Emperatriz Jingu. Los participantes se dividen en dos grupos: hombres dedicados al trabajo de la tierra y hombres dedicados al mar. El equipo que se haga con la pelota obtendrá una buena cosecha o grandes capturas durante el nuevo año.

Los demonios Namahage de Oga

En la víspera de Año Nuevo, los Namahage, deidades semejantes a feroces demonios visitan las casas de la ciudad de Oga, en la prefectura de Akita. Con grandes máscaras de color rojo o azul, vestimenta de paja y armados con cuchillos de madera, recorren las calles mientras gritan preguntando por los niños desobedientes. En cada casa les recibe el padre de familia, que les ofrece sake y mochi. Ante la buena hospitalidad, los Namahage bendicen la casa con buena salud, buena captura a los pescadores y buena cosecha para el nuevo año.

La sopa zoni, con pescado y verduras, y el pastel de arroz mochi son típicos en los días de fin de año en Japón. Imagen Turismo de Japón

Gastronomía tradicional

El 31 de diciembre los habitantes de Japón celebran durante toda la noche el cambio de año. Una de las costumbres más populares tiene su origen en el periodo Edo (1603-1868) y consiste en cenar o tomar como aperitivo (y nunca después de las 12 de la medianoche) fideos soba de trigo para tener una vida larga.

La comida familiar tradicional de estas fechas es la denominada osechi, y su origen está en las ofrendas a los dioses sintoístas. Además, está formada por alimentos que atraen la felicidad a la familia. Cada uno de los ingredientes tiene un significado especial, y los alimentos se preparan para que se mantengan durante todo el período de Año Nuevo, que dura casi una semana, y permitir así a todos los miembros de la familia disfrutar de las fiestas.

Muchos hoteles y ryokan de Japón sirven menús osechi durante los primeros tres días del año nuevo. Además, ofrecen programas especiales que incluyen actividades como una muestra musical de koto (arpa japonesa), y actuaciones de la danza shishi-mai o danza del león.

Otro de los platos imprescindibles de esta época es el Pastel de Navidad o Christmas Cake, un esponjoso bizcocho cubierto de nata montada y fresas que se come el 25 de diciembre.

Y luces y regalos

Miles de luces de colores y formas decoran las calles de cada ciudad, casas, tiendas y edificios. Entre los lugares para disfrutar del espectáculo de la iluminación navideña se encuentra Tokio Midtown, las ciudades de Kobe y Sapporo y el lago Yamanaka, frente al Monte Fuji.

Iluminacion de fin de año en el barrio de Marunouchi, en Tokio. Imagen turismo de Japón

Y al igual que en Occidente, en la cultura tradicional japonesa existe también un personaje encargado de traer regalos a los niños, es el personaje budista de la fortuna budista Hotei-Oso, gordito y sonriente, frecuentemente cargado de una bolsa con objetos, que inspira la alegría y la prosperidad.

Sin embargo, el la figura del Papa Noel occidental está presente en la mayoría de las celebraciones. La globalización es imparable.

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