En el texto, el novelista reflexiona sobre los avatare"> En el texto, el novelista reflexiona sobre los avatare" />

Elegía sobre ruinas

"Después de la sangre, lo más personal que puede dar el hombre es una lágrima de despedida", escribe Ricardo Magaz en un artículo preparado para el certamen poético "Versos a Oliegos", 2003.
En el texto, el novelista reflexiona sobre los avatare

DE CÓMO EL AUTOR CEPEDANO, DESPUÉS DE SALVAR LA VIDA, REFLEXIONA CON SU PROLE Y SE LAMENTA EN PROSA POÉTICA ANTE LAS RUINAS ANEGADAS DE OLIEGOS.

A Pablo. A Carlos

Quisiera erigiros un fortín donde la vida no os lastimara. Donde la existencia fuera jalea real y la felicidad, ese imposible necesario, os visitara a diario sin previo aviso. Donde una Kawasaki no osara descabalgaros traidoramente y con criminal intención. Quisiera alzaros un baluarte donde el catre sediento de un hospital no atinara a beberse el hálito vital de un cuerpo partido en pedazos. Donde el dolor no pretenda ser un amigo fiel. Donde la angustia tampoco se interponga como un muro entre dos jardines. Lo digo aquí, en la heredad de los amacos, frente a los vestigios embebidos de Oliegos, uno de los lares de mi estirpe.

A los viejos les suele esperar la muerte a la puerta de su casa; a los que aún no lo somos nos acecha emboscada sobre dos ruedas en el negro asfalto de cualquier miserable carretera o en la ambulancia con sirena yerma y estridente. Después de la sangre, lo más personal que puede dar el hombre es una lágrima de despedida. En ese preciso momento es cuando comprendes la nada de todas las cosas; pero vosotros, muchachos, aún no estáis en edad ni en situación de vislumbrarlo así.

El destino no es donde vas, sino donde acabas. Salvé por el casco, mi dios con contrato temporal por fin de obra. Las omnipresencias de Oliegos y del Cueto saben que mientras surcaba el aire caminito del pavimento homicida, acudisteis con las manos llenas de esta tierra a mi mente; no podía esfumarme de escena con el corazón desierto por falta de existencias.

Vivir alejado de tu sangre es un tributo sanguinario; vivir con escasas raíces, sin embargo, es andar desabrigado por el cosmos. El destierro es un cruel aliado. Por eso quisiera construiros un paraíso amurallado, cuan dique de pantano regicida, donde pasaran de largo los sinsabores y las calendas.

Todos llevamos dentro unas vidas que gastar; luego nos toca por sorteo una u otra. Las vuestras están todavía tan poco recorridas y son tan frágiles, tan vulnerables... Debéis saber que en realidad lo que importa no es ser el más fuerte, sino el superviviente. “Quien resiste, gana”, sentenció el Nóbel antes de dormir el sueño eterno bajo un árbol galaico del camposanto padronés de Iria Flavia. El sosiego del Oliegos irreductible en el tiempo lo evidencia.

Más allá de las montañas
más allá de las alas del viento, de la noche,
se levanta la torre luminosa
donde duerme el tiempo.
La meta del viaje
es entrar en su paz, en su sueño.


Fdo.: Ricardo Magaz
La Cepeda, tierra de los amacos, noche de San Juan de 2003

 

> > Volver a la guía de La Cepeda