EL MERCADO DE SUEROS

Hermosa descripción del ambiente ferial que rodeó a la población de Sueros, hasta que la despoblación cepedana y la mecanización acabaron con la tradicional feria. Crónica de Amando Alvarez Cabeza
Iglesia de sueros
Por Amando Alvarez Cabeza

Durante los años de 1930 a 1970, en lunes alternos, el mercado de La Cepeda era un acontecimiento de gran trascendencia para la comarca, especialmente en las jornadas de invierno.

ANTECEDENTES
La Cepeda es una comarca del entorno de Astorga. Sus valles y chanas se extienden hasta las estribaciones de los Montes de León. Es tierra de arroyos, praderas, bosques; de cultivos de patatas, cereales, alubias, algo de lúpulo, hortalizas, frutales; de hierbas medicinales, caza y pesca.

Es una comarca donde no se conocen los desastres naturales. Las heladas, a veces, dañan la cosecha, pero coadyuvan a dar un gusto exquisito a los embutidos, el jamón y la cecina. Es zona de cruce de caminos desde tiempos de los romanos, cuando éstos buscaban el oro; de paso de las merinas de la trashumancia; zona cruzada por el ferrocarril y la carretera de Madrid a Galicia donde en otros tiempos pernoctaron reyes y peregrinos.

Por la década de los treinta abundaban las familias numerosas y la población llegó a rebasar los 12.700 habitantes en el conjunto de los cuarenta y cuatro asentamientos. Cada labrador disponía al menos de una pareja de vacas; entonces, las veceras de jatos, caballos y burros aprovechaban los pastos comunales, y los rebaños de ovejas y cabras limpiaban el monte y las rastrojeras. Fue necesario buscar un enclave donde reunirse para intercambiar ganado y productos: mercar.

SUEROS DE CEPEDA
Pueblo grande, situado en el centro, con carretera(la de Astorga a Pandorado) y coche de línea regular; plaza amplia con agua potable y soportales. Ya de aquella había tiendas, talleres, cerámica, cantinas y posadas. Si hemos de tener en cuenta los anuncios en programas de fiesta del año 1857 los negocios alcanzaban la cifra de cuarenta y siete.

En Sueros pernoctaban los carreteros con carbón mineral de Valdesamario y Espina, así como los propios cepedanos del norte, productores de carbón vegetal obtenido de los tuérganos y del roble. A partir del año 1946, con el agua del pantano, aumentaron los productos del valle del Tuerto y el mercado creció. Desde aquella se echaron de menos a los de Oliegos.

MERCADERES Y FERIANTES
Además de cepedanos y cepedanas, acudían muchas personas de diferentes lugares. Muchas de ellas perduran en el recuerdo. Sería cuestión de otro capítulo. Venían vestidos con indumentaria tradicional; aún vimos algunos hombres con ataqueiras; se comunicaban utilizando su propio dialecto y se entendían a la perfección.

Acudía el pellejero de la Garandilla; el barrilero de Escuredo; los tratantes de Murias de Ponjos, Albares de la Ribera, y el de Benamarías, que de jovencito había servido de lazarillo a su abuelo ciego y que conocía de memoria muchos romances, refranes y cantares; todo un tipo simpático y condescendiente.

Acudía el charlatán, que daban un lapicero a quienes le enseñaran una peseta. Seguidamente solicitaba le dieran la peseta, para devolverla junto con dos lapiceros. A continuación pedía un duro a cada persona que confiase en él. Cuando le habían entregado los duros, les daba las gracias muy solemnemente. Entonces las personas presentes, que tal vez no disponían de un duro, se regocijaban socarronamente de aquellos infelices, o avaros, que se habían quedado sin la moneda de a cinco.

Al mercado llegaban carniceros, tenderos de muchas clases, mendigos, quincalleros, afiladores y engañabobos. También se veían sacerdotes, enfundados en sotana, a quienes besaban la mano los escolares. Acudían, cómo no, los veterinarios, los capadores y los artesanos. El fotógrafo de siempre era el de Sueros.

EL MERCADO
Los animales; intercambios, ventas y compras; bullicio, la cantidad de personas (cuanta gente) que acudía a observar, a charlar: el clima, la cosecha, los precios, la guerra, las penurias, insinuaciones de posibles bodas…

Los republicanos, los antifranquistas, especulaban, casi a escondidas, sobre la caída de Franco y las posibilidades de los maquis para entrar en Francia; todo de acuerdo a las noticias de Radio Pirenaica y Radio Moscú. Los presidentes de cada pueblo se referían a los concejos y a las posibles hacenderas para reparar fuentes o caminos comunitarios. Los escolares observaban todo con mucha atención, admirándose del aspecto de algunos forasteros.

COMPRAS
Los de Sueros, desde la mañana, sentían que era un día especial. Los ruidos, los camiones, carros caballerías, ladridos de perros, balidos de ovejas y cabras, rebuznos, gruñidos de cerdos, eran la premonición de los que pasaría un año más tarde.

Animales, cerditos de cría, patatas para siembra(con marchamo de calidad), cacharros de barro y los de perigüela, barrilas para el agua y botas para el vino, telas, vajilla, bacalao y pescado fresco; trillos y norias, aperos de labranza, unguentos curalotodo de charlatanes… madreñas.

VENTAS
Allí se vendían patatas de calidad para sembrar en otras regiones; animales, terneros de muy buena calidad, aves de corral, huevos, conejos y hierbas medicinales. Allí se mercaba el cuelmo, alubias, mantequilla o medias de lana hechas a mano.

TRUEQUE
Lo más importante consistía en el cambio pelo a pelo; el ¿cuánto me das a cambio?. Lana de oveja a cambio de cobertores, mantones o tapabocas, confecciones del Val de San Lorenzo. En otro tiempo se intercambiaba también fibra de lino.

EL TRATO
Toda una ceremonia, un rito, una provocación.

El ganadero sujeta a la vaca por un cornal. El comprador (tratante) se acerca:

-¿Quién vende?.

–Yo mismo, contesta el paisano.

Sin decir nada, el comprador examina al animal detenidamente, intentando conocer la edad y la dedicación. Examina las encetaduras que los aperos le hayan podido hacer. Marcha y al poco regresa:

-¿Cuánto pides?.

El dueño menciona una cifra y el tratante hace ademán de marcharse. Un observador, el mediador, lo detiene.

- No te puedes ir sin hacer una oferta, ¿o es que el animal no vale nada?.

El mediador acerca al vendedor y al tratante intentando que se estrechen la mano, estimulando al trato. Argumenta que ni uno ni otro tienen palabra de Rey y comenta en voz alta una cantidad promedio.

Continua la discusión sobre las cualidades del animal, los precios y acerca de quién abonará la conrobla. Al fin chocan la mano con decisión y el vendedor dice:

-Que t’apruveche, y con ello el trato queda cerrado, sin necesidad de papeles ni firmas.

Si el tratante es profesional, señalará a la vaca con la tijera. De todas formas reafirmarán el acuerdo en la taberna, tomando vino y una buena ración de lo que el cantinero les oferte.

El regateo rompe el hielo, crea ambienta para dialogar, permite la mentira piadosa, es un envite, nunca llega a la estafa.

Una vez, cuando un tratante salía del pueblo con una vaca, un muchachote observó que una mujer viuda iba detrás, acusando al comprador de engaño. El joven se interesó por la cuestión y se enteró del bajo precio pagado, le dijo al de la vaca que el trato no era válido, había que deshacerlo.. El tratante lo pensó bien y rápido y devolvió la vaca a la mujer. Se restableció la ley que marcan los cánones.

En la posguerra, en años de penuria, de racionamiento y estraperlo, continuó el mercado. A veces aparecían los de Abastos o de la Fiscalía de Tasas, para ver si decomisaban o requisaban algo.

La Guardia Civil, siempre presente, imponía orden.

En aquella época se vendían artículos intervenidos a precio de estraperlo a gallegos y asturianos; se compraba en la droguería sosa cáustica, con el fin de hacer jabón, utilizando el sebo de los animales sacrificados. Con los productos cepedanos se superaron las escaseces.

A medida que la tarde languidecía, la plaza quedaba vacía, con lodos, muñicas y silencio. Algunos jóvenes se apuntaban para arrear vacas y llevarlas a Astorga u otros lugares. Algunas personas que no habían comprado ganados, los rezagados, se metían en las cantinas a jugar a las cartas. Muchos mozos y alguna moza acudían a bailar en el salón o a ver comedias que representaban los aficionados.

El mercado de Sueros tenía muchas connotaciones con los de Benavides, Astorga, La Bañeza, León y con los del Bierzo.

EL FINAL DEL MERCADO
Los tiempos y las costumbres han cambiado tanto que nos parece imposible. Ya no hay parejas de vacas; todo es maquinaria moderna; los pastos ya no se aprovechan, la población disminuye alarmantemente. Hasta las escuelas se cierra por falta de escolares.

Aquel acontecimiento económico y social tuvo una gran influencia, positiva, entre los cepedanos y cepedanas: comunicación, conocimiento y cultura. El mercado afianzó la identidad cepedana; demostró el carácter abierto y predispuesto a la relación con otras gentes; con los del Órbigo, la Montaña, los maragatos, los bercianos; una relación abierta con todos, fueran de donde fueran, sin complejos de ninguna clase. La convivencia fructífera alcanzó a lo materia y a lo intelectual.

Amando Alvarez Cabeza.
 

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