Los nuevos monstruos

Atizados por un sistema de comunicación alienante, los consumidores estamos transformando la naturaleza en lo que algunos han llamado “basuraleza”.
Productos como bolsas de plástico o las toallitas higiénicas… son el nuevo monstruo de la naturaleza. Imagen tomada de www.Sidney Water

Y así, mientras nos maravillamos ante la imagen de una lejana playa de arenas limpísimas, la realidad es que hasta las costas de las islas más alejadas del océano está llegando sin cesar la contaminación y la basura de una civilización despilfarradora. La playa impoluta es ya una utopía porque en ella aparecen de forma habitual las basuras: bolsas de plástico, sandalias, televisores o toallitas desechables.

Una de las manifestaciones más habituales de la degradación del medio ambiente es precisamente un elemento aparentemente sencillo, útil y amable: “la toallita higiénica”

Pero cada pocas semanas surgen noticias de bloqueo de las cloacas de las ciudades con cientos de toneladas de toallitas, que deben ser extraídas como el carbón de las viejas minas… a base de picadores que han de destruir poco a poco el repugnante bloque de basura, a veces de cientos de metros de longitud.

Berlín, Roma, Valencia, Nueva York, Londres… protagonizan cada poco las páginas de sucesos para dar cuenta de esta nueva modalidad de desastre ecológico.

Preocupados por la limpieza personal… los consumidores estamos olvidando la higiene de nuestro planeta y transformando la naturaleza en lo que algunos han llamado “basuraleza”. En las ciudades, por debajo de nuestros suelos de cemento se acumulan bolas de cientos de toneladas de desechos de esa mal llamada “higiene” que acaban colapsando los sistemas de evacuación de residuos, o “navegando” por los océanos, en los que se empiezan a ver gigantescas islas de basura.

Urge poner coto a los usos destructivos del consumo. Mal se puede calificar de “higiénico” un producto contaminante y no desechable. En España, la organización de consumidores OCU, ha hecho estudios que revelan que esas toallitas vendidas como sustituto del papel higiénico, no son desechables, ni “higiénicas”, ni biodegradables. Ese producto masivo, vendido como “higiénico” y “perfumado”, es en realidad otro monstruo que ha creado la industria del consumo.

Hasta las costas remotas llegan los desechos de una civilización consumista y altamente contaminante. Imagen de WWF

Por fortuna, cada vez crece más la conciencia crítica ante el deterioro del planeta por el volumen creciente de productos como este. Desde las organizaciones ecologistas se está poniendo énfasis estos días en otro elemento que fue recibido con alborozo, pero que se ha revelado letal; las bolsas de plástico.

¡Ah los plásticos!

Millones de toneladas de plásticos llegan a nuestros mares y océanos, afectando a más de 500 especies que los ingieren o quedan atrapadas por ellos, envenenando y causando muerte a multitud de fauna, según señala Greenpeace.

Ya hay un Día Mundial sin Bolsas de Plástico que se celebra cada año el 3 de julio. Este día se recuerda que una bolsa de plástico, que tal vez sólo se utiliza una vez, puede tardar hasta 400 años en desaparecer.

Urge poner coto a estos usos destructivos del planeta.

> > Volver a la guía de La editorial