Incendios: medidas y responsabilidades

Los últimos incendios en Portugal y España, con docenas de muertos y muchos miles de hectáreas calcinadas exigen una nueva política en materia forestal.

Incendio del pasado abril en Montes de Valdueza (León) un paraje de altísimo valor ecológico. Guiarte.com

Guiarte.com. 16/10/2017

Todo el oeste de la Península Ibérica –Portugal, Galicia, Asturias y León- se caracteriza por una amplia superficie boscosa… y por un balance pavoroso de incendios, año tras año, lo que pone de manifiesto deficiencias en la política desarrollada en esta materia.

El efecto del cambio climático resulta innegable. Las temperaturas elevadas, las anómalas fluctuaciones de las mismas y las irregularidades en materia de las lluvias son evidentes. Pero a ello se añade otro factor gravísimo: el abandono del territorio y la despoblación.

El abandono de la explotación agraria implica la transformación de los campos roturados en zonas de matorral y bosque. Esto, unido a la falta de labores preventivas permiten desastres como el incendio de La Cabrera en León, que este año quemó 10.000 hectáreas, en un ecosistema de notable interés; por cierto muy próxima a la zona donde en 2012 se registró otro vastísimo incendio, el de los montes del Teleno, donde ardieron unas 12.000 hectáreas.

Lo curioso es que la Administración no se entera del problema. O no quiere enterarse. El inmenso incendio del Teleno llevaba cuatro días quemando miles de hectáreas de bosque, y los medios de España –diarios y televisiones- no dieron la noticia… hasta que televisiones del Reino Unido y Estados Unidos empezaron a dar imágenes de un inmenso fuego que estaban detectando en España los satélites artificiales que orbitan en torno a nuestro mundo.

Con una mirada corta, la sociedad parece más interesada en los espectáculos “virtuales” que en la realidad dramática del abandono del territorio a su suerte. Arde el país… y miramos hacia otra parte.

Y ahora… muchas declaraciones momentáneas de luto por los muertos… Han tenido que ser las imágenes lacerantes de los cadáveres las que lleven la atención a un problema que ya viene de atrás… ¿Será sólo una atención momentánea? Esperemos que se empiece a reaccionar; aunque sea tarde para los muertos, para ecosistemas de gran valía; para las colonias de osos de Asturias y León…

La organización conservacionista WWF advertía que “los incendios del futuro ya están aquí”: las condiciones del cambio climático, la falta de planificación y gestión y el abandono rural, y la cada vez más borrosa frontera entre lo urbano y lo forestal, nos está condenando a sufrir “superincendios” cada vez más difíciles de abordar por los medios de extinción. Por supuesto, a ello hay que añadir la altísima tasa de intencionalidad, pues los montes no arden espontáneamente: en el noroeste hasta el 70% de los incendios es intencionado.

La Administración debe tomar como prioridad abordar el problema social, económico y ambiental de los incendios. Guiarte.com

La Fundación Oso Pardo, destacaba hoy que al tremendo daño personal y material hay que sumar una también elevadísima pérdida en biodiversidad. Las llamas están afectando al Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias en Asturias, y al Alto Sil en León, áreas de una gran riqueza natural y hábitat fundamental del oso pardo en la Cordillera Cantábrica. Desde el concejo de Cangas del Narcea la Patrulla Oso de la FOP informa de la calcinación de robledales y arandaneras, fundamentales para el oso y para los últimos urogallos cantábricos. “Esta mañana no amanecía a causa del humo y no cantaban los pájaros. Parecía el fin del mundo”, ha descrito Elías Suárez integrante de la Patrulla Oso de la FOP

Desde Greenpeace se escribía que es fundamental que la Administración tome como prioridad un problema social y ambiental que además es particularmente grave en regiones como la nuestra que son más vulnerables al cambio climático. Y se piden medidas inmediatas, medidas antincendios, planes de protección… y que se persiga a los responsables de quemar los montes.

Lo grave, en este último caso, es que no solo hay responsabilidades en los pirómanos, sino en quienes no adoptan una política preventiva seria ante la catástrofe, ni en realizar una profunda investigación sobre quién provoca los fuegos.

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