El tapiz del caballero

El Museo de Santa Cruz de Toledo presenta la exposición "Don Quijote: tapices españoles del siglo XVIII" desde el 1 de diciembre al 19 de febrero

Amenos prados, montañas rotundas, exuberantes bosques, arroyos risueños... ¿Es esto, acaso el paisaje de La Mancha?

El IV centenario del Quijote ha generado magníficas exposiciones relativas al gran personaje cervantino; en ellas se ve cómo la iconografía del héroe de La Mancha es tan amplia variada como el elenco de artistas que ha interpretado sus andanzas.

Entre esas exposiciones conmemorativas ha habido espacio para las pinturas, los filmes... y hasta para los tapices.

Uno de los ejempplares de la muestra de Tapices Españoles del XVIII sobre el Quijote

El año se inició, a este respecto, con una muestra en el Palacio Real de Nápoles en la que se presentaron cartones que sirvieron para elaborar los tapices sobre don Quijote realizados en el siglo XVIII en las Reales Fábricas de los Borbones en aquella ciudad italiana.

...Y para el cierre, tambien en tapices, se presenta ahora Don Quijote: Tapices españoles del siglo XVIII, que antes de estar en España pasó por el Meadows Museum de Dallas, EE.UU., hasta el 13 de noviembre, programada por Seacex, sociedad española para la promoción exterior.

Palacios y tapices

Desde la antigüedad, era habitual que en monasterios e iglesias se emplearan tejidos con figuras geométricas o de otro tipo destinados a cubrir el altar o las paredes de los templos, especialmente en las grandes festividades. Ese lujo suntuario se llevó a los palacios de la nobleza y de las monarquías, y fue transportado al aire libre, para ornato de torneos, arcos de triunfo y colgaduras en desfiles militares o litúrgicos.

A medida que progresaba la habilidad artística, especialmente desde el Renacimiento, las figuras plasmadas en los tapices fueron adquiriendo más realismo, color y perspectiva. Los talleres donde se elaboraban llegaron a ser auténticos centros de arte.

Desde el siglo XV al XVIII, especialmente, reyes, nobles y dignatarios eclesiásticos rivalizaron en la adquisición de grandes tapices para cubir los muros de unas mansiones cada vez más amplias y lujosas, hasta que en torno al XVIII fueron perdiendo importancia, a medida que ganaba peso la decoración con grandes espejos, chimeneas, maderas, papel pintado e incluso porcelanas.

Los tapiceros flamencos tuvieron un prestigio internacional, aunque desde el XVII afrontaron una competencia francesa cada vez más dura, impulsada especialmente por el monarca Luis XIV. ¡A la muerte de éste, la colección real francesa acumulaba nada menos que 2740 tapices, de 234 series temáticas!

Tras la guerra de sucesión española, que cortó la relación entre la Península Ibérica y los Países Bajos, el nuevo monarca español, Felipe V, nieto del francés Luis XIV, logró llevar a Madrid a varios tejedores flamencos para poner en marcha la Real Fábrica de Tapices, que dirigiría Jacob Vandergoten el Viejo, oriundo de Amberes.

El Quijote, en paños

Don Quijote, que triunfó pronto como el primer gran superventas mundial, también lo hizo como motivo de tapiz.

Cervantes, a su muerte(1616) pudo conocer ya el Quijote editado en Londres y en París. Antes de muerto también pudo saber que sus héroes servían para ser representados en máscaras y chirigotas festeras en España y América. En el mismo siglo XVII, los personajes del libro cervantino también llegarían a ocupar los paños que decoraban inmensas salas palaciegas.

En materia de tapices, los gustos tradicionales fueron variados: escenas bíblicas, temas mitológicos, pasajes literarios de grandes obras homéricas o de novelas caballerescas... Pronto, el Quijote tomaría un protagonismo estelar.

Tapiceros de origen flamenco elaboraron en Londres, hacia 1670, los primeros trabajos en este ámbito relativos a la novela cervantina. Francis Poyntz y James Bridjes fueron los autores de esta serie, de la que se desconoce el nombre del cartonista. Se conservan cinco escenas en la actualidad.

En una fecha anterior a 1715 ya se elaboró en Bruselas una serie titulada La historia de Don Quijote, por los maestros Urbain Leyniers y Henri II Reydams, con cartones de Jean van Orley, en los que se denota el origen flamenco.

Los más famosos tapices dedicados al Quijote salieron de los talleres de los Gobelinos, Paris, cuyas obras se expandieron por toda Europa. Charles Antoine Coypel fue el autor de los cartones más famosos dedicados al héroe de La Mancha, cartones inspirados en autores italianos y en una escenografía cercana al arte elegante de Watteau. Coypel sería tambien clave en el ámbito de la ilustración, a través de sus grabados.

Las manufacturas de París eran conocidas en todas las cortes. El propio Pedro el Grande de Rusia visitó el taller de los Gobelinos, cuando se trabajaba en una de las tapicerías diseñadas por Coypel. El regalo de algún tapiz relativo a Don Quijote fue usual por la monarquía francesa. Los palacios de buena parte de Europa guardas aquellos testimonios... otros talleres de Francia, Bruselas, Nápoles y Madrid seguirían la estela francesa.

La iconografía del Quijote ha sido revisada a fondo en el 2205.

Tapices españoles

La exposición intenta reflejar algunos aspectos de esa aceptación generalizada a través de los tapices que se tejieron en Europa sobre el Quijote, especialmente los que Felipe V mandó realizar en la Real Fábrica de Madrid.

El rey, desde su juventud, había sido un admirador de la obra cervantina. En sus días de estudiante, cuando leyó el Quijote, lo glosó, lo continuó y lo dibujó. No es de extrañar, por tanto, que llegado el momento mandara tejer su historia, tal como había predicho Cervantes en el libro, por boca de Sancho Panza.

Es ésta la primera vez que los paños españoles se ven en su conjunto y se presentan junto a otros realizados en las manufacturas de los Gobelinos, en las de los Países Bajos y en las italianas, para que se puedan apreciar las diferentes maneras de dar vida a los episodios de la novela, según los gustos y estéticas de las distintas instituciones.

Completan esta muestra otros testimonios de la época: ediciones ilustradas del Quijote, estampas, cuadros, bocetos y cartones; planos y vistas de las fábricas y telares; los trabajos de Felipe V sobre el Quijote; grafidias, bordados, piezas en madera y otros objetos cotidianos como barajas, platos, jarras y porcelanas con motivos quijotescos. Todo ello con el objeto de resaltar la importancia de la obra de Cervantes y la magnificencia de los tapices.

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