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El retrato del Renacimiento

Madrid, junio de 2008
Más de cien obras de arte sirven de hilo conductor al visitante, que con una exhaustividad cronológica y geográfica inédita en los proyectos dedicados hasta la fecha al género, podrá contemplar las creaciones de grandes artistas del Renacimiento como Jan van Eyck, Rubens, Piero della Francesca, Durero, Tiziano, Rafael, Botticelli, Lorenzo Lotto, Holbein o Antonio Moro.

Nunca antes se había reunido una representación tan nutrida de retratos renacentistas, ni de tantos autores y naturaleza tan dispar. En total 126 obras (70 autores) compuestas principalmente por pinturas, pero entre las que también se encuentran esculturas, dibujos, medallas o grabados.

La muestra explora cuestiones fundamentales del retrato, el parecido, la memoria, la identidad... pero también hay lugar en ella para el estudio de los encargos de retratos relacionados con la amistad, el amor y el matrimonio; y se incluyen autorretratos, como el de Durero, que permiten apreciar las distintas formas de enfoque personal que los artistas adoptaron ante la representación de su propia imagen.

La evolución del retrato de corte brinda al espectador la posibilidad de ver reunidas pinturas y esculturas de grandes artistas como Tiziano o Antonio Moro, que a mediados del siglo XVI fijaron un modelo que habría de mantenerse durante dos centurias.

En contraste con los grandes personajes para los que a menudo trabajaron los pintores, se encuentra el "contrarretrato" o la representación del "antiideal". Una sección que incluye retratos de bufones, enanos o representaciones satíricas en las que los artistas podían mostrar sus habilidades y lograr el parecido, alejándose de las restricciones impuestas por la idealización.

La exposición inicia su recorrido haciendo mención a los elementos que contribuyeron al surgimiento del retrato moderno: de un lado la tradición medieval, representada por las series dinásticas, los iconos y el naturalismo del arte gótico; y del otro el redescubrimiento del mundo clásico.

En la muestra se revelan dos constantes en la evolución del retrato. Primera, su progresiva “democratización”. Si al principio sólo se retrataba a individuos pertenecientes a estamentos privilegiados, al final el género acabó abarcando gran parte del espectro social. La segunda es su aumento de tamaño. Hasta muy avanzado el siglo XV el retrato rara vez se colgaba en las paredes o se utilizaba como elemento decorativo. De hecho, los primeros ejemplares estaban concebidos para contemplarse y después ser guardados.

La realización del retrato o el papel de la imprenta en su difusión también son temas tratados en una exposición destinada a mostrar que el Renacimiento no fue sólo un período de inicio y maduración para el retrato, sino también de sofisticación y pleno desarrollo, hasta el punto de explorar y agotar muchas de sus posibilidades formales y conceptuales.

Más información en:
Museo Nacional del Prado

El Cardenal. Rafael. Óleo sobre tabla. Museo del Prado

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Autorretrato. Alberto Durero. Óleo sobre tabla

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Baco y Ariadna. Tullio Lombardo. Mármol. Viena Kunsthistoriches Museum

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Micer Marsilio y su esposa. Lorenzo Lotto. Museo del Prado

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El Emperador Carlos V a caballo. Tiziano. Museo del Prado

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El Sastre. Giovanni Battista Moroni. National Gallery de Londres

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