La Magia del Verano, en La Cepeda

Los cepedanos ho decían junio... sino San Juan, y no hablaban de julio, sino de Santamarina. El catedratico cepedano Germán Suarez Blanco, nos lleva a tiempos cercanos... y pasados.

Iglesia antigua de Donillas. Imagen de guiarte.com

El artículo, publicado en la revista La Cepeda, de la Asociación Rey Ordoño I, dice así:

"LA MAGIA DEL VERANO

San Juan está tan identificado con la llegada del verano, que nuestros campesinos desconocían el nombre del mes: no hablaban de Junio, sino de Sanjuan, al igual que a Julio lo llamaban Santamarina.

La noche de San Juan coincide casi exactamente con el solsticio de verano. Por ello los Santos Padres pretendieron cristianizar en ella todas y cada una de las tradiciones paganas vinculadas al solsticio y, en consecuencia, al dios del sol.

El sol es fuente de luz y de calor. Por lo tanto estará vinculada con él, por una parte, la duración de los días: el hombre primitivo ha ido viendo, desde diciembre, crecer los días, hacerse cada vez más grandes, lo que le permitía luchar con éxito contra las alimañas y contra sus enemigos. Por ello el sol luz es el dios bueno, el protector, mientras que el dios tinieblas es quien encierra todos los peligros, todas las limitaciones, todo lo negativo.

En consecuencia, los antiguos celtas, que vieron cómo el dios luz ganaba hora a hora, minuto a minuto su batalla a las tinieblas, encienden grandes hogueras cuando llega el solsticio de verano, para ayudar a que la luz venza definitivamente a las tienieblas: al fin y al cabo ya sólo eran seis horas de tinieblas las que quedaban en nuestra España norte. Con un poco de ayuda el dios bueno vencería al de las tinieblas.

Pero el sol es también fuente de calor. El hombre primitivo no se entera, quizá, de que la luz es quien hace crecer las plantas, quien comunica la fuerza vital a toda la naturaleza, pero sí siente el frío intenso del invierno y goza cuando los rayos del sol animan sus músculos, le permiten recoger los frutos del campo e invitan a corretear a los cachorros de ciervo o bisonte con cuya carne se alimenta.

El coche de Samuel... bien ocupado, como era tradicional. Imagen de guiarte.com

Por otra parte, este mismo hombre ha encontrado en el fuego a su mejor aliado contra las fieras que le atacan y contra las inclemencias del tiempo. ¿Qué mejor obsequio puede hacer al dios sol que un buen fuego, diminuto hijo de aquel dios, al fin y al cabo?

He aquí, pues, una explicación lógica de por qué encienden las hogueras en la noche que marca la llegada del verano.

La llegada del Cristianismo trajo consigo el intento de cristianizar cada una de las costumbres paganas. En consecuencia asignaron a San Juan Bautista, de quien Cristo dijo las máximas alabanzas, el papel que antes tenía la divinidad del sol.

Además, por lo de "bautista", encajaba también en las tradiciones "del agua" (flor del agua, la rosada, etc.) que los celtas añadían a los ritos del fuego en la mágica noche. ¿Qué mejor santo podían elegir los evangelizadores del pueblo astur-celta?

Si en San Juan concentra el campesino la confluencia entre la verde y florida primavera y el tórrido y fructífero verano, no podían faltar tampoco las plantas a la cita: coronas de flores, plantas medicinales, ramas de árbol, la hierba mojada por el rocío, todo contribuye a realzar el momento culminante del vigor vegetal. Los dioses de la vida tienen aquí su imperio: ninfas, trasgos, remolinos, ... hasta el Diañe, todos se tornan benévolos en la noche mágica.

Fiestas en Magaz... con toros y toreros. Imagen de guiarte.com

Los romanos nos dirían que Proserpina, la queridísima hija de Ceres, ha conseguido escapar al secuestro de Plutón y se enseñorea de la tierra. Los celtas, indoeuropeos como los helenos y latinos, también participan de esta misma mitología y rinden culto al triunfo de la vida sobre la muerte.

Por eso es en la España Norte la madrugada de san Juan el momento propicio para cortar el orégano medicinal y culinario, recoger ramas de saúco (sabugo o sabubu), del trébol y tantas otras plantas utilizadas en medicina, ensalmos, sahumerios, hechizos y demás ritos ancestrales.

Navidad marcará el solsticio de invierno y de allí comenzaremos de nuevo a ver crecer las horas de luz hasta un nuevo San Juan:

"De San Juan a Navidad
medio año justo va."

Canoas en el Tuerto. Villamejil. Imagen de guiarte.com

SAN LORENZO

Sin embargo, en la zona norte de la Cepeda, dada su altitud, no coinciden con San Juan los calores estivales.

El día 10 agosto es la fiesta de San Lorenzo, patrono contra los incendios que, con notable frecuencia arruinaban casas y cosechas, y también protector de muchas cosas más. No olvidemos que, dada su altitud, el ciclo estacional llega con unas cuantas semanas de retraso. Suele coincidir con la época más seca y tórrida del verano. Por eso quizá van unidas a ella una serie de costumbres locales que en otras partes se asocian a la festividad de San Juan.

ORÉGANO: Este arbusto, de uso medicinal y culinario, suele ocupar un lugar en la orilla de todos los huertos. De él se recogen los tallos floridos. Pero la corta ha de hacerse en la mañana de San Lorenzo, antes de que les dé el sol. Solo así tienen toda su virtud, tanto en los usos medicinales como gastronómicos.

AGUA: Antes de que salga el sol y se quite “l’orbayo”, el ama de casa ha de coger del río unos cuantos calderos de agua, con los cuales lavará ese mismo día los jamones que tiene curados en su despensa. Así los protegerá contra el moho, lacouza y contra los gusanos de todo tipo. En las últimas décadas, unos polvos de droguería llamados borraz (borax) o una buena untura con aceite y pimentón parece que resultaban más eficaces que “l’agua de San Lorenzo” que, indudablemente, era más útil que el no lavarlos. Recuerdo que terminó imponiéndose la untura, previo el lavado y secado.

FELECHES: Los helechos crecen espontáneamente en buena parte de las tierras de cultivo, causando grave deterioro a lo que se siembra en ellas.

Aparte de la labor de sacar sus raíces dejándolas encima de la tierra, expuestas al sol, cuando se va arando, con el fin de que se sequen, una corta de las plantas (a ser posible, con una azada para sacar parte de la raíz), cuando apenas tienen un palmo de altura, castiga severamente la proliferación de las mismas.

Estampa antigua de Palaciosmil. Imagen de guiarte.com

Era tradicional la creencia de que, cortando los feleches en la mañana de San Lorenzo, se descastaban de la finca. Por eso, mientras la madre se afanaba con el agua y los jamones y el padre cortaba las flores del orégano, los chicos de la casa recorrían las tierras más infestadas de feleches con una azada o una hoz para cortarlos.

Aparte de las creencias religioso-supersticiosas, resultaba muy oportuna, para castigar la proliferación de estas perjudiciales plantas, una corta en los días más calurosos del año. Sin duda, se me olvidan unas cuantas de las tradiciones vinculadas a las fiestas de San Juan o San Lorenzo, pero estas ilustrarán a los más jóvenes y los animarán a preguntar a sus abuelos qué recuerdan de esto.

Villarmeriel, 2013. Germán Suárez Blanco

Trilla, en La Cepeda Alta. Imgen de guiarte.com

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