Una fiebre (del oro) que mata

Millares de buscadores ilegales de oro, garimpeiros, están penetrando en el territorio de los yanomamos causando graves daños en sus tierras y poniendo en peligro la supervivencia de las tribus.
Uno de los numerosos asentamientos ilegales de buscadores de oro en territorio de los yanomamos. © FUNAI

Según denuncia Survival Internacional, organización internacional para la defensa de los pueblos indígenas, hasta 10.000 garimpeiros han invadido la tierra de los yanomamos en el norte de Brasil, propagando a su paso la malaria por la región y contaminando con mercurio muchos de los ríos.

Muchos de los grupos de yanomamos mantienen contacto con la sociedad no indígena, pero según Survival, se sabe que un grupo no contactado habita en el área que está siendo invadida y las autoridades investigan señales de hasta otras seis comunidades no contactadas que podrían vivir allí.

Los líderes indígenas locales denuncian que “los mineros están levantando asentamientos y pistas de aterrizaje, envalentonados por el respaldo del presidente Bolsonaro a los invasores de tierra, y los constantes ataques a los pueblos indígenas”.

La asociación yanomami Hutukara denuncia la devastación que provocan sobre la pesca y la caza de las que dependen para su modo de vida.

El pueblo yanomamo

Unos 35.000 yanomamos viven a ambos lados de la frontera entre Brasil y Venezuela. Un 20% de la población yanomami de Brasil ya murió por enfermedades que propagaron los buscadores de oro que invadieron su selva a finales de los 80 y principios de los 90.

Tras una larga campaña internacional liderada por el líder yanomamo Davi Kopenawa, Survival y la Comisión Pro Yanomami, la tierra de los yanomamos en Brasil fue demarcada como “Parque” en 1992. Las tierras de los yanomamos en Brasil y Venezuela juntas conforman el mayor territorio selvático indígena del mundo. Por este territorio se desplazan los grupos nómadas, que van cambiando de un territorio a otro para establecer huertos de cultivos y explotar la caza (con arcos y flechas) y pesca del entorno. Su sistema de vida –autoconsumo- les permite vivir aislados del resto del mundo, sin relaciones comerciales; de modo que se sabe de la existencia de grupos “no contactados”.

En la Amazonía perviven pueblos indígenas aislados en una grave situación de vulnerabilidad, ante el brutal avance de lo que algunos llaman “civilización” © G. Miranda/FUNAI/Survival

Davi Kopenawa señala: “Cuatro de nuestros ríos, Uraricoera, Mucajaí, Apiaú y Alto Catrimani, están contaminados. La situación empeora, más mineros están llegando y no traen nada [bueno], solo problemas y enfermedades mortíferas”

El director de Survival International, Stephen Corry, ha criticado duramente al gobierno de Brasil: “la fiebre del oro que se vive en el norte de Brasil (…) está devastando a los yanomamos, que ya fueron atacados y masacrados hace treinta años durante un brote similar. A Bolsonaro no le importa permanecer al margen y ver cómo mueren personas y se destruye la selva: solo una oleada de indignación pública en Brasil e internacionalmente pueden detenerlo”.

La denuncia de Survival es importante. Es preciso que los pueblos que quieren mantener su propia existencia se vean apoyados por la comunidad internacional. La ambición por las riquezas no legitimiza el aplastamiento de los núcleos humanos que viven un modo de vida tradicional ni el envenenamiento de los recursos del planeta. Por otro lado, está demostrado que los pueblos indígenas son los mejores guardianes del mundo natural.

Es algo que no sólo va lo los yanomamos.

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