Viaje al arte monocromo

Este otoño, la National Gallery nos acerca a la tradición de la pintura en blanco y negro, que se prolonga desde la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días.

Panel de cristal con canteras y cabeza femenina. Hacia 1320-4. París. Grisailla en vidrio con mancha de plata. © Victoria and Albert Museum, Londres

Guiarte.com. Londres, 8/09/2017

La exposición se presentará del 30 de octubre al 18 de febrero de 2018, bajo el título de “Monochrome: Painting in Black and White” y aborda unos trabajos en los que los artistas han desplegado su maestría, pero que no han protagonizado en conjunto una gran exposición sobre el tema.

Con obras sobre vidrio, papel, cerámica, seda, madera y lienzos, de artistas como Ghirlandaio, Rembrandt, Picasso o Gerhard Richter, los visitantes podrán acercarse a las técnicas y la filosofía del arte en blanco y negro.

Para conseguir este objetivo, las pinturas de los maestros antiguos como Jan van Eyck, Alberto Durero, Rembrandt o Ingres aparecerán junto a obras de algunos de los autores del último siglo, como Kazimir Malevich, Gerhard Richter, Chuck Close y Bridget Riley. Como colofón, una instalación de luz del artista danés Olafur Eliasson “Habitación para un color”

Lelia Packer y Jennifer Sliwka, comisarios de “Monochrome” afirman que los pintores reducen su paleta de colores por muchas razones, pero principalmente como una forma de enfocar la atención del espectador en un tema, concepto o técnica particular. “Sin las complejidades de trabajar en color, se puede experimentar con la forma, la textura, o la simbología…”

La exposición costa de siete ámbitos en los que se enfocan distintos aspectos de la pintura en negro, blanco y gris, que aunque no llena las salas de los museos, fue muy utilizada desde la Edad Media.

Panel de cristal con canteras y cabeza femenina. Hacia 1320-4. París. Grisailla en vidrio con mancha de plata. © Victoria and Albert Museum, Londres

Lo religioso

Los artistas medievales utilizaron esta técnica que genera una imagen escultórica, tanto en dibujos preparatorios como en la iluminación de libros, marcos y dorsos de retablos. La grisalla también resultó muy habitual en el arte del vidrio.

Durante un tiempo, el trabajo en grisalla recibió una función religiosa. Las primeras obras supervivientes del arte occidental hechas en grisalla fueron realizadas en la Edad Media con fines devocionales, para eliminar distracciones y enfocar la mente. Como el color impregna la vida cotidiana, blanco y negro puede señalar un cambio hacia un contexto sobrenatural o espiritual.

Frente a la orgia del color de la vida real, la grisalla presenta un mundo más ascético, propicio para la meditación. Por esto fue asociada por la liturgia católica al tiempo de cuaresma y por eso se potenció por órdenes religiosas que practicaban un ascetismo estético. Así lo hicieron los monjes cistercienses en el siglo XII que presentaron vitrales en grisalla como alternativa a las vibrantes ventanas coloristas. Este uso ascético del color se propagó a otros ámbitos religiosos, tal como se expone con el panel de ventana hecho para la abadía real de Saint-Denis, París (siglo XIV) del Victoria and Albert Museum.

Hendrik Goltzius. Sin Ceres y Bacchus, Venus se congelaría, 1599. Tiza, tinta y aceite sobre papel. The British Museum, London. © The Trustees of The British Museum

El Renacimiento

A partir del siglo XV, muchos artistas hicieron estudios en blanco y negro para trabajar sus composiciones. La eliminación del color permite a los artistas concentrarse en la forma en la que luz y sombra inciden en una figura o escena antes de abordar en el lienzo el uso del color. El hermoso estudio de Ghirlandaio sobre los ropajes (tal vez para una obra de San Mateo y un Ángel, de 1477) perteneciente al Kupferstichkabinett, Staatliche Museen de Berlin, pudo ser una plantilla utilizable en pinturas de distintos tonos.

Con el avance del tiempo, cada vez se conocieron más pinturas en grisalla como obras de arte independientes. En una sección también se explora este ámbito artístico. La "Santa Bárbara" de Jan van Eyck (1437, Museo Real de Bellas Artes de Amberes) es el primer ejemplo de un trabajo monocromo. Aunque ha habido un debate sobre si un maestro colorista como van Eyck pretendía "Santa Bárbara" como un boceto en preparación para una pintura en color o como un dibujo acabado, el panel fue admirado y recogido ya en el siglo XVI, lo que sugiere que el gusto por las imágenes monocromas existió desde una fecha temprana.

Jean-Auguste-Dominique Ingres y taller. Odalisca en grisalla. Hacia 1824-34. The Metropolitan Museum of Art, New York, Catharine Lorillard Wolfe Collection, Wolfe Fund. © The Metropolitan Museum of Ar

Pintura y grabado

A partir del siglo XVI, los pintores desarrollaron ingeniosas maneras de competir con los nuevos desarrollos del grabado. Una obra excepcional es la grisalla de Hendrik Goltzius, “Sin Ceres y Baco, Venus se congelaría” (1606, el Museo Estatal del Hermitage, San Petersburgo). El trabajo deslumbró a los espectadores que no podían imaginar cómo se hacía una impresión así, aunque la realidad es que se dibujó a mano sobre tela preparada. El tema fue popular en el Renacimiento y viene a ser una alegoría de que sin comida (Ceres) ni bebida (Baco) el amor (Venus) se enfría.

En la era de la fotografía y el cine

De manera similar, la invención de la fotografía en 1839, y la del cine mucho más tarde, incitaron a los pintores a imitar los efectos de estos medios, para competir con sus cualidades particulares. Gerhard Richter empleó una fotografía de prensa de una prostituta que había sido brutalmente asesinada como origen de su pintura Helga Matura with Her Fiancé (1966, Museum Kunstpalast, Düsseldorf). La paleta gris - para Richter –“el color ideal para la indiferencia” - elimina cualquier sentimentalismo sobre el asesinato de Helga. Al desenfocar deliberadamente la fotografía, el artista hace que el espectador se dé cuenta de que se trata de una imagen alterada, que contrasta con la nitidez y aparente objetividad del original.

Los artistas abstractos y de la instalación se han acercado también a menudo al blanco y negro. Cuando los artistas tienen acceso fácil a todos los tonos posibles, la ausencia de color puede impactante y provocadora. En 1915, Kazimir Malevich pintó la primera versión de su obra revolucionaria, la “Plaza Negra” (en la exposición se encuentra la versión de 1929 de la Galería Estatal Tretiakov, Moscú), un cuadrado negro que flota en un marco pintado de blanco. Obras de Josef Albers, Ellsworth Kelly, Frank Stella y Cy Twombly ejemplifican también el uso de un color mínimo para un impacto máximo.

Olafur Eliasson pone fin a la exposición con su instalación de iluminación inmersiva a gran escala, “Room for one color” (1997). En una sala iluminada con lámparas de monofrecuencia de sodio amarillo, todas las demás frecuencias de luz se suprimen y los visitantes deambulan en un mundo monocromo.

Exposición organizada por la Galería Nacional en colaboración con el Museo Kunstpalast, Düsseldorf.

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