Almagro recupera valiosos restos del pasado

Las obras de recuperación del palacio de los Torremejía, en Almagro, han sacado a la luz un patio tardogótico, restos de un hospital renacentista, artesonados mudéjares y pinturas murales de valor excepcional
Almagro es una localidad con un excepcional patrimonio. En la imagen, la emblemática Plaza Mayor. Imagen de F. Martínez Carrión

Almagro (Ciudad Real) 17/09/2019.

Por F. Martínez Carrión.

Anda revolucionado Almagro (Ciudad Real) con la iniciativa del millonario empresario mexicano Mauricio Fernández, quien acaba de comprar a los dominicos el palacio de los marqueses de Torremejía (S XIV-XVIII) para convertirlo en un restaurante de referencia internacional, en un pequeño hotel de superlujo, museo y residencia privada del propietario. Las obras de restauración están dirigidas por el restaurador mexicano Manuel Serrano Sanz.

Los últimos marqueses de Torremejía donaron a comienzos del siglo XX su casa solariega de Almagro a los dominicos al morir sin descendientes directos. A su vez, los dominicos entregaron el palacio a unas monjas dominicas, que lo dedicaron a escuela hogar y centro de enseñanza hasta finales del siglo XX. Tanto los dominicos como las dominicas abandonaron Almagro hace ya unos años y pusieron a la venta todos sus bienes, incluidos el soberbio palacio de Torremejía, ubicado en el barrio noble y que ocupa unos dos mil metros cuadrados, toda una manzana.

Las monjas dominicas acertaron al conservar el palacio tal y como lo recibieron de los marqueses. Apenas levantaron unos tabiques y poco más. Adaptaron los espacios al nuevo uso sin destruir nada. Mantuvieron intactas gran parte de las estancias palaciegas como si los marqueses fueran a regresar en cualquier momento. Se conservó el mobiliario, las vajillas, los cuadros, fotografías, la capilla y hasta las cortinas.

Mauricio Fernández posa ante el palacio de Torremejía/Lanzadigital

La marcha de las monjas hizo peligrar la conservación de este palacio. Hasta que llegó una oferta irresistible del millonario mexicano Mauricio Fernández. No se ha hecho pública la cantidad desembolsada para la compra, pero es lo de menos. Lo importante es la clara decisión del empresario mexicano de restaurar, recuperar y poner en uso este palacio.

Las obras han comenzado y han empezado a desvelar algunos secretos de la construcción.

Al retirar algunos tabiques ha aparecido el patio original tardogótico del palacio (S. XIV), con finas columnas de piedra, rematadas con capitales con los símbolos de los marqueses. También se han recuperado restos del antiguo hospital para pobres de la Cofradía de las Ánimas (S.XVIII), incorporado hace doscientos años por los marqueses a su palacio. Asimismo, se han recuperado los suelos originales y gran parte de los artesonados de madera de pino sin sangrar, ocultos en los techos por cielos rasos de yeso.

Otro de los grandes descubrimientos son las pinturas murales que han aparecido en las paredes de las salas nobles de la parte alta del palacio. Unas pinturas que se conservan perfectamente debido a que sobre ellas se pusieron papeles pintados con escenas filipinas, a gusto del siglo XIX.

El propietario, Mauricio Fernández, ha obligado a todos los trabajadores que en estos momentos se ocupan de las obras de restauración del palacio a firmar un compromiso de confidencialidad, por lo que no se conocen detalles de los descubrimientos artísticos que se están llevando. Sólo se sabe lo que Mauricio Fernández desvelaba hace unas semanas al semanario Lanza de Ciudad Real en la única entrevista concedida a un medio provincial. “Estamos descubriendo verdaderos tesoros”, aseguraba Fernández, sin concretar detalles. Asimismo, confirma el mexicano que los artesonados del siglo XVI aparecidos sobre los falsos techos de yeso que los cubrían “están en un estado de conservación estupendo”.

Mauricio Fernández desvelaba también los motivos de las pinturas murales en vía de recuperación. Se trata de composiciones con motivos coloniales, la imagen de un puerto y barcos portugueses, escenas de estilo pompeyano y, la joya de la corona, escenas chinescas en papel de arroz. “Es una joya de las pocas que hay en el mundo, como una que hay en El Escorial”, aseguraba Fernández a Lanza.

También se limpiará y restaurará el gran escudo de la Casa de los Torremejía que corona la artística portada labrada en piedra de entrada al palacio.

De Almagro a México, y viceversa

La llegada de Mauricio Fernández a Almagro no ha sido casual. La relación se remonta al momento en que compró a los herederos del multimillonario empresario norteamericano William Randolph Hears (el cinematográfico Ciudadano Kane) decenas de barriles en los que se almacenaba un artesonado del siglo XVI procedente de España, concretamente de la iglesia renacentista de la universidad de Almagro (S.XVI-S.XIX). Fernández logró reconstruir el puzle de aquel monumental artesonado mudéjar y hoy es una de las piezas principales de su enorme colección de arte, que conserva en el pueblo mexicano de San Pedro Garza García. El artesonado está instalado en el techo del salón de su casa mexicana.

En 2014, Fernández quiso conocer el origen del magnífico artesonado y viajó a Almagro, donde fue recibido con la tradicional hospitalidad manchega por los responsables municipales y por los vecinos. Tras aquel primer viaje, en Mauricio Fernández maduró la idea de compensar de alguna manera a Almagro. Y ahora se está haciendo realidad con la recuperación, restauración y puesta en valor del palacio de los Torremejía.

Autoridades y vecinos de Almagro han acogido con expectación y esperanza esta iniciativa empresarial. Por de pronto, Fernández ha dado prioridad a los vecinos del pueblo para trabajar en este proyecto, medida que ha sido aplaudida de forma unánime.

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