Notre Dame: la joya gótica resiste

La catedral parisina de Notre Dame, el más popular de los templos góticos franceses ha sufrido un pavoroso incendio que ha agitado los corazones de los amantes del arte y el patrimonio.
El edificio gótico de Notre Dame, en llamas. Imagen https://www.gouvernement.fr

Claudio Path. Guiarte.com. Paris, 16/04/2019

El incendio que se declaró ayer tarde (15 de abril) afectó masivamente a la techumbre, destruyó la aguja central y dañó diversas vidrieras, aparte de causar otra serie de destrozos que se irán concretando a partir de ahora. Numerosos tesoros han sido salvados merced a la rápida acción de equipos de bomberos, personal del Arzobispado y del Ministerio de Cultura. Entre ellos, el más emblemático tal vez, la Corona de Espinas, conservada hasta el siglo XIX en la Sainte-Chapelle. Esta y otras piezas notables se pudieron trasladar rápidamente al Ayuntamiento de París, edificio cercano al templo.

El momento más más dramático de los noticiarios de televisión ha sido el de la caída de la flecha que se elevaba sobre el transepto, un añadido del siglo XIX que alcanzaba los 90 metros de altura sobre la base del templo y cuya función era básicamente estética, un ornato consumido como una espectacular falla valenciana.

El incendio se declaró en torno a las siete de la tarde en la techumbre, sostenida por un conjunto enorme de vigas de madera. En la zona se trabajaba en un proceso de restauración que se habría de prolongar hasta el año 2022.

La caída de la flecha que coronaba el transepto de la catedral parisina, fue un momento especialmente dramático.

El impacto emocional del incendio ha sido inmenso, no sólo por la calidad del edificio, sino porque Notre Dame es una de las imágenes icónicas de la capital francesa, popularizada en innumerables escenas fílmicas y hasta en famosas obras literarias, especialmente la de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París, donde narra el amor de Quasimodo hacia la gitana Esmeralda.

Toda esa proyección icónica y artística sitúa a la catedral parisina como el monumento francés más visitado; por encima de los 10 millones de personas cada año. Es también un icono del gótico francés, aun cuando a tan solo medio centenar de kilómetros de París se halle Chartres, con una catedral de una calidad artística insuperable en la que el gótico alcanza su cima, con su espectacular estructura, sus pórticos y extraordinarias esculturas, así como el conjunto de vidrieras más importante del mundo medieval.

En la Isla de la Cité, sobre el lugar donde los normandos habían destruido la catedral precedente, se inició en 1163 la obra de Notre Dame. Los trabajos se desarrollarían esencialmente hasta el 1345. En la construcción aun late la concepción del románico normando, fundida con la grandeza del nuevo estilo gótico que se expandía por Occidente.

El edificio sufrió diversas alteraciones a lo largo del tiempo, entre ellas una “barroquización” en el siglo XVII, y un expolio en la Revolución Francesa, cuando desaparecieron piezas y tesoros y acabó siendo trasformado en un almacén.

Era tal la destrucción que en 1805, para el acto de la coronación de Napoleón como emperador, prácticamente se recubrió de telas, tapices y banderas, a fin de disimular su estado lamentable.

El monumento fue recuperado por Eugene Viollet-le-Duc, a partir de 1844, durante más de dos décadas de trabajo. Este arquitecto destacó por su teoría de restauración en la que propugnaba la recuperación de los edificios siguiendo las directrices de los maestros que los idearon. De este modo, se retiraron añadidos de estilos ajenos al gótico original. No obstante, el arquitecto también recibió críticas por “inventarse” elementos no históricos que hacen perder la autenticidad a los monumentos. Uno de esos añadidos, la flecha que ahora ardió, erigida sobre el transepto catedralicio.

La zona de la fachada se ha salvado de los daños, aunque el fuego alcanzó a una de las torres. Imagen de archivo de Guiarte.com

También modificó Viollet-le-Duc buena parte de la obra, especialmente en las capillas; añadió gabletes; un rosetón, y numerosas gárgolas que se han popularizado como un elemento típico del monumento.

Para el visitante del siglo XXI, el conjunto catedralicio asombra por su grandiosidad, con sus cinco naves, en una planta de 130 metros de largo por 48 de ancho. Y por la armonía de su fachada principal, de tres plantas, y torres cuadrangulares unidas por su hermosa galería calada.

En la mañana del día 16 el incendio se dio por extinguido y se iniciaron las labores para evaluar y controlar los daños de la estructura. El temor aún es lógico entre los expertos, tal como advirtió el ministro de Cultura francés, Franck Riester, quien señaló que la bóveda está muy agujereada, y que es posible un “efecto dominó”, dado que el gótico es un estilo en el que funciona un equilibrio de fuerzas que si se daña en parte puede perturbar al resto de la construcción.

Las reacciones en todo el mundo tras el impacto de la noticia han sido de dolor por el daño del edificio y solidaridad ante la catástrofe. Sin embargo, todo da a entender que Notre Dame ha resistido y se recuperará de esta grave incidencia.

Es más; hechos como estos contribuyen a expandir la fama de una obra o monumento. Es el caso de la Gioconda, protagonista de obras literarias, debates sobre la modelo del pintor e incluso un robo que la hizo desaparecer durante dos años en el siglo XX. Algo parecido sucedió en la antigüedad con la catedral de Chartres, protagonista de devastadores incendios en los que se salvó “milagrosamente” la túnica de la Virgen… Relatos que han corrido de boca en boca y que han agrandado la imagen de obras que –aún sin tales peripecias- son realizaciones magníficas del genio humano.

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