Por Tomás Alvarez
Desde hace una década, Ítalo Chiodi, ha sembrado de arte montes, bosques y lagos de la comarca de la Cepeda, en el interior de la provincia de León. Es un arte efímero, Art Land, hecho con maderas recogidas del campo; arte que el propio tiempo condena a la desaparición.
Chiodi forma parte del grupo de artistas que durante el verano se reúnen en Cogorderos, León, en la casa/taller del ceramista Antonio Soriano, para crear y experimentar con nuevos materiales.
Al creador italiano le entusiasma pasear y trabajar en esta tierra tranquila, de magnifica naturaleza; una zona de paso entre las cuencas del Duero y el Miño/Sil, por la que desde la antiguedad discurrieron mercaderes, peregrinos y guerreros, al ser este el territorio por donde se cruzan los Montes de León por su cota más baja.
Nacido en 1961 en Villa d'Ogna (Bérgamo, Italia), se formó en Bérgamo y en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán. Obtuvo un máster y el doctorado en la Universidad Alonso Cano de Granada. Desde el año 2000, imparte clases de Dibujo y Lenguajes Artísticos en la prestigiosa academia milanesa, fundada en el siglo XVIII por María Teresa I de Austria. Desde 1995, trabaja en pintura y escultura, y realiza obras de art land.
El tiempo y el arte
El tiempo ha sido implacable con sus obras, como la corona de ramas hecha en el embalse de San Vicente, para contemplar por su círculo interior la salida del sol; como el barco plantado en un pico rojizo y barroso de Cogorderos, a modo de Arca de Noé sobre un Ararat hispano, o el cohete que desde el suelo penetraba por la pared de un barranco, saliendo por la superficie superior de las barreras de San Martín.
Pero este año, Ítalo Chiodi ha querido hacer una obra que permanezca en su puesto, ajena a las inclemencias metereologicas. Desde hace una semana luce en la sala de la Casa del Concejo de Villamejil, su instalación “DIALOGHI AMOROSI”, en la que une unos medallones con dibujos florales, en los que al artista refleja las flores del entorno de su taller de Bérgamo (Italia), con grupos de ramas recogidas en los bosques leoneses; ramas de pino, roble o salguero, presentadas al lado de cada uno de los medallones. “con ello quiero unir en una obra permanente dos tierras a las que amo”, afirmó Chiodi.
**Un diálogo amoroso **
Afirma el artista que esta última instalación busca crear una serie de diálogos que se entrelazan en diferentes niveles. Aunque aparentemente tienen puntos de encuentro distantes, precisamente por eso buscan generar relaciones y combinaciones que ofrezcan perspectivas poéticas poco convencionales, estimulando a la mirada para identificar nuevos puntos de vista, y desarrollar la capacidad creativa y poética de contemplar el mundo de una manera novedosa.
El primer diálogo se despliega en el espacio. La obra se compone de varias piezas y dos series: una de dibujos, en la sección superior, realizados a lápiz sobre una superficie negra, ovalada, realizada de cola y grafito, donde se representan “flores recogidas durante excursiones de verano en la zona de Bérgamo, donde resido”. La otra consiste en pequeñas esculturas. composiciones hechas con ramitas recogidas en los álamos y robledales del municipio de Villamejil. “Aquí, los dos espacios, tan distantes físicamente entre sí, se hacen presentes simultáneamente en la mirada poética. Las flores buscan dialogar con las pequeñas esculturas que se encuentran debajo, en el espacio del muro que las alberga”.
“Los dibujos forman parte de una serie de obras que he estado desarrollando recientemente. Describen mi mirada, que habita el paisaje que me rodea. En muchos casos, son elementos delicados, pero tienen el poder de inspirar la visión. Las flores siempre han sido ricas en referencias simbólicas y en poderes farmacológicos, como lo es una obra de arte en su persistencia perceptiva. Recuerdo una frase de John Berger, quien dijo que la poesía, y yo añadiría el dibujo, es una forma de cuidar a los heridos”, dice Chiodi.
“Fuerza y delicadeza - Añade- habitan el mismo cuerpo de la naturaleza, belleza y armonía, fragilidad y obstinación. Muchas de estas flores viven, a menudo casi invisibles, en lugares abandonados, entre aceras o rocas, entre muros de piedra seca o en la naturaleza menos antropizada".
"El diálogo que buscan establecer es con un territorio completamente distante espacialmente; una tierra con la que estoy conectado emocional y artísticamente, representada en la sección inferior a cada uno de los óvalos por una pequeña escultura hecha de ramitas recogidas de la tierra que me acogió durante muchos años. Son parte de una naturaleza que he recorrido en innumerables paseos veraniegos o que ha servido de escenario para algunas de mis instalaciones en años anteriores”.
“Con estas pequeñas esculturas -afirma Ítalo Chiodi- deseo evocar algunas de las instalaciones que creé hace años entre los álamos y en las aguas del lago, en los robledales y barrancos de esta tierra. Es una inmersión en la memoria que ha permanecido muy viva en mis recuerdos y afectos. Tiempos hechos de silencios y reflexiones, huellas y signos que se han convertido en obras específicas del lugar, con materiales recogidos del propio paisaje".
Los signos del pasado y el presente
El deseo es dejar una obra que conecte esta memoria con el presente, los signos del pasado con los de hoy. "Siempre me ha apasionado crear texturas culturales en mis obras, significados duales que se funden en la mirada del espectador, dos direcciones, aparentemente distintas, que convergen en la percepción y las referencias de quienes observan la obra".
Un dialogo amoroso… esta vez bajo cubierto; al abrigo de los temporales.
El óculo del lago, para ver la aurora. una creación de Ítalo Chiodi. Imagen de Oscar Benavides, Fox
un navio encallado en un Ararat de barro rojo, en Cogorderos. Imagen de Tomás Alvarez
Un díalogo amoroso de Bérgamo y las tierras leonesas
Construyendo un cohete en las barreras de Cogorderos. Imagen de Tomás Alvarez