El último ventero

Ha fallecido Paco el Ventero. Un recuerdo emotivo a este personaje, que ya es historia, de la mano de Tomás Alvarez.

Paco. El último ventero. Imagen de Tomás Alvarez

Adiós al último ventero

Por Tomás Alvarez

A Francisco García Mayo le conocíamos todos como “Paco el Ventero”, y ese alias tenía sólidos fundamentos porque él era un personaje que habría de pasar a la historia como el último ventero de la Cepeda.

Hoy, 24 de septiembre de 2016, reposará su cuerpo bajo la tierra rojiza, barrosa, del cementerio de Cogorderos, tras 90 años de vida en esta geografía dura de la Cepeda, donde se ha ganado día a día el pan, el respeto y el afecto.

En esta Cepeda austera, esforzada, seria y silente, Paco destacaba por su amor a la tertulia y a la sonrisa. Siempre tenía para el viajero que se cruzaba con él alguna pregunta, buenas palabras, una sonrisa y alguna historia.

Paco vivió en un lugar emblemático; en el mayor cruce de caminos de la Cepeda de antaño.

Desde tiempos romanos, una vía unía Asturica Augusta (Astorga) con Flavionavia (Santianes de Pravia-Avilés). Esta llegaba a la costa asturiana tras cruzar la Cordillera por el puerto de Mesa. Otra ruta clásica era la que llegaba del Órbigo por Benavides a Cogorderos para seguir hacia el Bierzo por Manzanal o Cerezal de Tremor.

Ambas vías se cruzaban en el monte de la Chana, a la altura de Cogorderos, allí hubo hasta el siglo XX una venta que hoy sólo es recuerdo. La Venta de la Perdiz. Paco fue su último ocupante. En el final de los años cuarenta la abandonó para asentarse en el valle.

Los mayores aún hablan del trasiego de la venta. Los carros subían y bajaban desde las Omañas o la sierra Cepedana hacia Astorga; otros circulaban entre la Cepeda o el Bierzo y el Páramo... Y en el cruce de ambos caminos estaba la Venta de la Perdiz, donde reposaban los viajeros y los animales. Es fama que en sus mejores momentos cada día se mataba un carnero para atender la demanda de los transeúntes.

El propio Paco me explicó hace años, con un lenguaje fluido y cargado de experiencias, el trasiego que atendió un tiempo pasado, un tiempo de cambios.

Sí; el siglo XX fue un tiempo de cambios. El valle del Tuerto se convirtió en un “goloso” vergel tras la llegada de las aguas de Oliegos; la carretera de Pandorado desplazó la circulación del monte al valle; los trenes, autobuses y camiones relegaron al carro y a las caballerías; el uso del carbón en los hornos de panadero del Páramo y el Órbigo acabó el tráfico de retamas y urces de la sierra… Y la Venta perdió su esencia de nudo viario secular.

Entonces Paco bajó a Cogorderos, y el tiempo se encargó de acabar con su antiguo hogar. Se derruyeron las paredes de tapial, se cegó el pozo que sació siglos de sed… y a la vera del camino, entre las tierras de secano apenas quedaron unos montones de tierra testimoniando que allí hubo algo. “Es la venta”, recuerdan los más viejos.

Y Paco, ya en el valle, siguió contando a quien se acercaba a él, con ánimo curioso, historias de carros y caballos; de viajes y viajeros; recuerdos de maquis, guardias civiles y falangistas, experiencias de una vida dura, llevada con una sonrisa en los labios.

Seguro que en “otro lado” –si lo hay- a estas horas estará contando alguna de sus cosas… y con una sonrisa.

(La foto de Paco fue hecha hace más de una década, por el autor de estas líneas, al lado del embalse de Antoñán, cerca de donde se hallaba la Venta de la Perdiz. Fue publicada en una enciclopedia sobre el siglo XX en los pueblos de León, editada por el Diario de León, en el que viene una amplia referencia sobre este hombre que ya es historia de La Cepeda)

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