Trashumancia. Cultura, cañadas y viajes

Cerca de la milenaria Vía de la Plata discurren las antiguas cabañas ganaderas. Un acercamiento a esta cultura ganadera, siguiendo los estudios de Manuel Rodríguez Pascual.
Imágenes de un rebaño de trashumancia, en tierras de León. Fotografía de Edilesa. Copyright

León, 24 de marzo de 2002. Por Gema Villegas, para guiarte.com

Una vida de cultura milenaria, tradición transmitida de padres a hijos y, lo más importante, amor a la naturaleza y al oficio bien cumplido. Una vida incesantemente repetida que ahora, tras siete siglos de historia, parece estar llegando a su fin

La tarde está cayendo y el pastor se da prisa para que la noche no le pille desprevenido. Nubes del norte amenazan lluvia con lo que, recoge su rebaño con la ayuda del mastín y acude al viejo refugio. Es hora de descansar pues, mañana le espera una nueva y dura jornada.

Es la vida del pastor trashumante. Por un lado, un viaje continuo en busca de tierras más cálidas, un regreso primaveral al hogar abandonado, una vida de sacrificios, soledad y miseria. Pero, por otro, una vida de cultura milenaria, tradición transmitida de padres a hijos y, lo más importante, amor a la naturaleza y al oficio bien cumplido. Una vida incesantemente repetida que ahora, tras siete siglos de historia, parece estar llegando a su fin.

SOLEDAD Y SU DESTIERRO

La trashumancia se extingue, o al menos se transforma, a una velocidad de vértigo. Los largos recorridos a pie son sustituidos por rápidos viajes en camión, las estancias pastoriles ya no son tan precarias como fueron en su día y los teléfonos móviles llegan a la montaña desterrando la soledad. Sin embargo, la evolución también paga su precio, un alto precio: la pobreza sigue siendo habitual entre los pastores, el medio ambiente se deteriora y la tradición agoniza ante la pasividad general.

Que el paisaje de las montañas desaparezca, que las aguas se contaminen y que aumenten los incendios no es simple casualidad. Es la naturaleza, que pasa factura.

Pero no todos permanecen indiferentes. Algunos, como Manuel Rodríguez Pascual, son conscientes de ello y luchan contra el reloj para evitar la tragedia, o cuando menos para rescatar algo importante para la historia. En su libro "La Trashumancia. Cultura, cañadas y viajes" (Edilesa) Manuel da el grito de alarma o al menos quiere dejar constancia indestructible de lo que un día existió. "En 1987, y casi por casualidad, tuve la suerte de acompañar a uno de los últimos rebaños que venían de la montaña. Me interesó tanto que comencé a tirar del ovillo. Este libro es el resultado de más doce años de duro trabajo".

Es un libro peculiar. Lejos de los sesudos tratados escritos tras intensas sesiones de trabajo bibliográfico, el autor ha optado por el acercamiento empírico. "He intentando acercarme lo máximo posible a los pastores. Al principio es difícil, pero cuando ganas su confianza, no dudan en abrirte las puertas de sus casas, de sus recuerdos y de sus tradiciones. A mí esto es lo que más me interesaba, dar una visión humana, el reflejo de cultura que se muere".

Y es que, cada vez quedan menos de esos pastores de cuento tradicional.

Siglos de costumbres ganaderas, y de historia. Fotografía de Edilesa. Copyright
Lejos de los prejuicios sociales, el pastor clásico nada tiene que ver con la incultura y la tosquedad. Pero su vasta cultura no guarda relación con los libros (aunque la mayoría saben leer y escribir). La transmisión oral y hereditaria de sus tradiciones les ha llevado a lograr un nivel preciso de su oficio. "Encontré en los pastores un poso de sabiduría muy importante. Muchos podrían sentarse en un foro universitario sin ningún complejo, compartiendo parte de sus conocimientos" comenta Manuel Rodríguez.

"Lamentablemente, cada vez quedan menos pastores de verdad. Muchos de los actuales, aunque sin generalizar, se relacionan con la marginalidad o con la falta de empleo" continúa el autor.

LA TRADICI”N EXPIRA

Por desgracia, el tiempo corre en contra de la trashumancia. Parte de los pastores ha cambiado sus rebaños de ovejas por vacas, más fáciles de manejar. Otros, optan por la trashumancia corta o trasterminancia. Y los pocos que todavía hacen lo que sus padres les enseñaron, quizá porque son demasiado mayores como para aprender de nuevo, desaparecen día a día. "Mientras escribía el libro, tenía la impresión de trabajar contrarreloj. Algunos de los pastores que colaboraron conmigo ya han desaparecido y seguramente con ellos se ha perdido un poco de su cultura. El resto son muy mayores, y la edad comienza a hacer estragos en su memoria".

Pese a lo que pueda parecer, la trashumancia es algo tan complejo que difícilmente se puede abarcar en un solo libro. Sin embargo, este tratado nació con la intención de tratar, aunque fuese de pasada, todos los aspectos que se relacionan con la vida pastoril. Desde sus remotos orígenes, al área geográfica en la que se desarrolla, incluyendo las enfermedades más comunes que padece el ganado y las leyendas pastoriles que, de generación en generación, se han trasmitido frente al calor de la lumbre. "Sobre este asunto hay bastantes libros, pero yo quería aportar algo más. He tratado de abarcar todos los aspectos. Aunque hacerlo en profundidad habría sido casi imposible, al menos sí de forma somera".

Nos encontramos ante una obra destinada a todos los públicos: para el humilde pastor que quiere ver su historia reflejada, para los curiosos que quieren saber algo más sobre ella y para las personas ya iniciadas que ansían completar su formación.

Pese a las innegables dificultades expuestas, la vida del pastor tiene su atractivo, su misterio. Una paz y una belleza que engancha a quien se molesta en indagar en ella. Manuel Rodríguez lo sabe bien y no duda en internarse con la cámara en la mano y sus hijos como compañía en este universo bucólico. Más de 700 fotografías ilustran este análisis y son sólo una selección de entre las más de 10.000 diapositivas que el autor posee.

La imagen fotográfica y las palabras de "La Trashumancia" ayudarán, en pequeña medida, a rescatar del olvido esta parcela de nuestra cultura.

Pero no todo es pesimismo cuando todavía hay tiempo para apelar su sentencia de muerte. "Hoy en día necesitamos una trashumancia moderna, apoyada por la administración. Las nuevas tecnologías y avances deben ser utilizados para arropar a los pastores, para revalorizar una profesión tan importante como la suya", apunta el autor. Y esto hay que hacerlo con celeridad, porque la trashumancia agoniza. "La sociedad no se da cuenta, no ven ese poso de conocimientos que desaparecen día a día".

Quizá así, la sabiduría arrinconada en las vetustas cabezas de nuestros pastores y resignada a desaparecer ante la pasividad general de la sociedad renazca con nuevos bríos.

Por GEMA VILLEGAS. Fotos del propio libro, publicadas por cortesía de Edilesa.

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