El gran laberinto subterráneo

Un laberinto subterráneo inundado, de unos 347 kilómetros, ha sido detectado en México. En su interior hay importantes vestigios humanos y de fauna ya extinta.

Detectan un sistema subterráneo inundado, de unos 347 kilómetros, con vestigios humanos y de fauna ya extinta. Imagen Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)

Guiarte.com. Ciudad de México. 21/02/2018

Este Gran Acuífero integra a los sistema subterráneos denominados Sac Actún y de Dos Ojos que –según se ha descubierto- están conectados, lo cual ha abierto una nueva perspectiva del esta red de cavernas inundadas que corre bajo el suelo de Quintana Roo, México, y que se califica como la más grande del planeta. No se descarta que el conjunto de cavidades interconectadas tenga conexión con otros sistemas aledaños, con lo que podría alcanzar hasta un tamaño de mil kilómetros.

Según informa el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), no sólo asombra el tamaño de esta red, sino el hecho de que en su seno se hallan restos humanos y faunísticos de distintas épocas.

Estas informaciones fueron divulgadas por el arqueólogo Guillermo de Anda Alanís, director del Proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), iniciativa de investigación multidisciplinaria que coordina el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en colaboración con la National Geographic Society.

En conferencia de prensa realizada en el Museo Nacional de Antropología, el doctor Roberto Junco, subdirector de Arqueología Subacuática del INAH, también anunció la intención de promover la declaración de este sistema subterráneo como Bien Mixto del listado de Patrimonio de la UNESCO, porque aúna un inmenso componente natural pero también cultural.

Detalle pun?o Dios maya del comercio. Foto Archivo Gran Acuifero Maya, INAH.

El trabajo interdisciplinario de investigación ha permitido confirmar que se está ante “el sitio arqueológico sumergido más importante del mundo”, en el cual se distribuyen contextos de los primeros pobladores del continente americano, de megafauna pleistocénica y más de un centenar asociados a la cultura maya.

Este sistema es como un enorme “pulpo” de piedra caliza y agua dulce, cuyos tentáculos podrían desplegarse hacia otros tres sistemas de cuevas subacuáticas de Tulum. A lo largo del mismo se han localizado 248 cenotes que sirven de entrada; y 198 contextos arqueológicos, de los que 138 parecen estar vinculados a la civilización maya y al menos dos, a restos óseos de individuos pre-cerámicos con una antigüedad mínima de 9,000 años.

El descubrimiento se ha conocido –según el doctor Anda- merced al trabajo de los buzos profesionales que conforman su equipo de exploración, concretamente a su director, Robert Schmittner, un alemán avecindado desde hace dos décadas en las playas de Quintana Roo, y quien ha persistido a lo largo de 14 años en descubrir los túneles y galerías del laberinto acuático, en inmersiones que pueden dilatar seis horas, a mínima visibilidad y en profundidades que van de los 20 a los 100 metros.

Robert Schmittner se hallaba sólo el pasado 10 de enero, cuando el leve sonido de una corriente lo alertó de la existencia de una conexión a otro sistema de cavidades.

Vasija sumergida. Foto Archivo Gran Acuifero Maya, INAH

“Cuando en 2004 empecé a explorar Sac Actun, quedé fascinado por su belleza rodeada de estalagmitas y estalactitas. Entonces sólo se conocían 17 kilómetros del sistema de cuevas inundadas. Ahora, después de buscar otras conexiones en eso que yo equiparo con un “collar de perlas”, alcanza 347 kilómetros”, dice Robert Schmittner.

En 2017, junto con los buzos Marty O Farrell, Jim Josiak y Sev Regehr, que conforman el equipo de exploración, Schmittner intentó buscar la conexión entre Sac Actun y Dos Ojos en otra zona donde había 15 cenotes vírgenes para la exploración; y a inicios de 2018 esa búsqueda se vio recompensada con la conexión entre ambos cenotes.

Según datos del Quintana Roo Speleological Survey, solo en el norte del estado se distribuyen 358 sistemas de cuevas sumergidas, lo que representan cerca de 1.400 km de pasajes inundados de agua dulce. Hasta ahora, el sistema Ox Bel Ha, al sur de Tulum, era el más largo de los conocidos, con 270 kilómetros.

Estos cientos de kilómetros de pasajes subterráneos se han convertido en verdaderos túneles del tiempo y resguardan, entre otras cosas, la historia remota y reciente de Quintana Roo.

A finales de la Era de Hielo, el nivel del agua estaba 100 metros debajo de la superficie actual. El deshielo provocó la subida del mismo e inundó las cavidades que originalmente se encontraban secas, es por ello que en su interior y bajo condiciones idóneas, se preservan restos de megafauna extinta del Pleistoceno.

El Proyecto Gran Acuífero Maya trabaja actualmente en la selección de cinco contextos que por su importancia o incluso su vulnerabilidad, deben ser documentados bajo una metodología que abarca la creación de modelos digitales, un detallado registro fotográfico susceptible y la obtención de muestras de algunos materiales, entre ellos óseos de individuos que se suponen precerámicos, para realizar pruebas arqueométricas.

Un par de sitios localizados en Sac Actun, en los que se observan fragmentos de restos óseos humanos que corresponderían a individuos con más de 9, 000 años de antigüedad, serán registrados este 2018. Se trata de un cráneo concrecionado y el esqueleto de individuo, al parecer completo, pero que se halla disperso.

Escaleras que dirigen al cenote. Foto Archivo Gran Acuifero Maya, INAH.

A estos se sumará otro contexto relacionado con accesos en superficie donde se hallan modificaciones: muros, pasajes y altares, que fueron usados por los mayas, pero que podrían datar de épocas anteriores a su ocupación de la zona. También destaca un contexto funerario de origen maya, como lo atestigua la presencia de restos humanos y una ofrenda cerámica asociada.

Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)En otra sección del sistema se encuentran fragmentos de un incensario tipo Chemul que al parecer posee la representación del dios maya del comercio, Ek Chuak, parte de una ofrenda vinculada con una estructura maya del periodo Posclásico, cuyas escalinatas circundan el espejo de agua, lo que refiere a un culto al cenote, y un patrón de asentamiento asociado al mismo.

La siguiente fase de este ambicioso proyecto comprende el análisis de la calidad del agua del sistema Sac Actun, así como el estudio de la biodiversidad que depende directamente de este acuífero, y por supuesto su adecuada conservación; además de dar continuidad al mapeo.

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