Plasencia

Ciudad episcopal, provinciana y tranquila, Plasencia alberga una buena colección de atractivos monumentales, y un entorno especialmente bello en primavera.
La catedral de Plasencia aúna elementos románicos y góticos. Foto guiarte
Asomada sobre un espigón de la montaña, en un meandro del Jerte, Plasencia se presenta al viajero como la mayor urbe de la Extremadura del norte, donde confluyen tres magníficas y bellas comarcas: los valles de Ambroz y del Jerte y La Vera.

Una vez superadas sus insípidas barriadas desarrollistas, donde campea un urbanismo impersonal, el viejo corazón de la ciudad histórica se abre, apacible y acogedor, invitando al caminante al reposo y al paseo sosegado en búsqueda de ese espíritu indefinible que aún atesoran algunas viejas ciudades.

Plasencia fue refundada por Alfonso VIII en 1186, para agrado de Dios y los hombres (Ut placeat Deo et hominibus). Hoy, más de ocho siglos después, la urbe conserva un conjunto monumental magnífico que merece la pena conocer:

Plaza Mayor y Ayuntamiento del siglo XVI
Catedral Vieja(siglos XII al XIV) y Nueva(del XVI)
Murallas
Iglesias y casonas nobiliarias
El ayuntamiento, con el popular abuelo Mayorga, que toca las horas. Foto guiarte

Plasencia tiene una buena oferta hotelera que permite reposar en la ciudad y detenerse en ella una jornada adicional para hacer una excursión por el valle del Jerte, especialmente atractivo en los días de abril, cuando florecen sus ejércitos de cerezos sobre las empinadas laderas. La zona más bella es la de Tornavacas, porque la parte inferior está bastante desmejorada por modernidades que quitan tipismo a los pueblos antaño bellos.

Cerca está La Vera, donde es recomendable llegar hasta Cuacos de Yuste, donde se halla el austero monasterio en el que se retiró a morir el emperador Carlos V. La visita al Palacio-monasterio, del siglo XV y XVI es recomendable.

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