Argantonio Rey de Tartessos

Durante el año 2000 está recorriendo distintas ciudades españolas, primero Sevilla, luego Madrid y posteriormente Alicante, una interesante exposición titulada Argantonio, Rey de Tartessos.
Tesoro del Carambolo, en Sevilla.


Guiarte.noticias

Madrid, 1 de julio de 2000-07-15

Durante el año 2000 está recorriendo distintas ciudades españolas, primero Sevilla, luego Madrid y posteriormente Alicante, una interesante exposición titulada Argantonio, Rey de Tartessos, en la que se pone de manifiesto la elevada civilización del pueblo que habitó en la antigüedad el cuadrante suroeste de la Península Ibérica.

La exposición Argantonio, Rey de Tartessos, muestra 173 piezas entre las que figuran las de los tesoros de El Carambolo, Sevilla, y Aliseda (Cáceres), del siglo VII antes de Cristo.

Tartessos, cuya civilización se extendió entre el siglo IX y el siglo IV antes de Cristo, es el nombre que dieron los griegos al área occidental del Mediterráneo, donde, según el mito, Hércules había librado una batalla con el gigante Gerión, antes de que reinara Argantonio, el único rey de esta cultura citado históricamente.

Distribuidas en diez áreas, la muestra presenta joyas, ajuares, vajillas de bronce, armas, estatuas, cerámicas, estelas que representan figuras de guerreros o letras de su abecedario, maquetas de algunas de sus construcciones, etc., procedentes de museos y colecciones de España, Portugal, Inglaterra y Francia.
Desde antes de la edad de oro tartésica, en el territorio se apreciaba una estructuración social marcada, en detalles como las estelas. Ésta es de La Solana, Cáceres.


Se trata de la primera exposición global sobre la cultura de Tartessos y la de sus vecinos fenicios y griegos, manifestó la comisaria de la muestra y profesora de la Universidad de Valencia, Carmen Aranegui. El 90 por ciento de las piezas han sido exhumadas en el suroeste de la Península, desde el eje marcado por el Guadalquivir hasta Extremadura y el sur de Portugal.

Tartessos fue el nombre dado por los griesos al área occidental del mundo conocido en la antigüedad, en torno al territorio del bajo Guadalquivir y cuencas cercanas como Guadiana y Guadalete.

Se trata de una tierra con alta riqueza de minerales y una marcada estructura social. Esto permitió a la civilización de Tartessos destacar entre otras cosas por un avanzado tratamiento de los metales, sobretodo la plata y el oro, como demuestra el yacimiento de El Cerro Salmonó (Riotinto).

Tambien se aprecia una notable estructura urbana, con ciudades amurallas y casas separadas por calles rectilíneas, como la de Tejada la Vieja, en Huelva. Santuarios como el de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena, demuestran como contaron asimismo con espacios de representación y cohesión social.

Las joyas -collares, pendientes, anillos etc- de los tesoros de El Carambolo, Sevilla, Aliseda o Baiao(Portugal) demuestran una sociedad estratíficada, cuyos guerreros cuentan con un elevado nivel de vida, lo que queda patente en los objetos bellamente decorados con ciervos o flores simbólicas, así como el descubrimiento de perfumadores o lechos adornados con figuras de notable perfección.

Sus cementerios suelen aparecer en túmulos o enterramientos cubiertos por un montículo de tierra como el de Setefilla, en Lora del Río, siempre fuera de las ciudades y generalmente cerca de un río y su rito funerario más frecuente era la cremación, seguida de la deposición de ofrendas de categoría en razón de la importancia del difunto.

Los hombres de Tartessos tenían un alfabeto, con signos similares a las del alfabeto fenicio y al ibérico.

Parece que los declives de la civilización fenicia y de la expansión de los focenses –pueblos muy relacionados con Tartessos- unido al avance celta hacia el sur de la penísnula Ibérica, en búsqueda de minerales, debieron ser decisivos en el hundimiento de esta cultura avanzada, cultura no sólo importante por los hitos que alcanzó sino por ser tal vez la más alejada conocida respecto a los focos culturales del mediterráneo oriental.

Es una lástima que no se haya dedicado una mayor inversión económica ni se haya dado más publicidad a esta exposición que está pasando notablemete desapercibida, pese a su evidente interés.

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