Los devoradores de oropéndolas

Las personas sensibles tienen dificultades para sentirse bien en una sociedad en la que aflora por doquier la brutalidad y la barbarie.

La espectacular oropéndola pertenece a una familia de origen tropical. Foto Animals And Birds

Los medios informativos presentan cada día detalles que llenan de amargura a los ciudadanos que conservan la racionalidad: el drama de los refugiados, la caterva de gobernantes corruptos, las mafias que controlan sociedades y países y la proliferación de esquilmadores del patrimonio histórico y natural.

Una de las temáticas de Guiarte.com es la defensa del patrimonio, tanto artístico como natural… Y cada día llegan a nuestra redacción notas que nos hablan de insensibilidad. Hoy mismo, BirdLife International anuncia la incautación en Jordania de 7.000 aves muertas y congeladas… es un asunto que revela un tráfico nauseabundo.

Aprovechando el paso de las aves por el desierto de Jordania, especialmente en los momentos migratorios, el autor de la fechoría capturaba pajarillos silvestres que luego congelaba para enviar a continuación a los países del Golfo, donde se consumirían como manjares exquisitos.

La mayoría de las aves requisadas eran currucas capirotadas, oropéndolas y tórtolas senegalesas. La diminuta curruca apenas tiene unos 15 gramos de peso… El comensal que la ingiere no lo hace por necesidad alimenticia… ni por su sabor, sino porque es un ejemplar exótico en su plato, y porque tiene suficientes ingresos como para comerse lo que le apetece… 

Los hábitos esquivos de este pájaro lo mantienen fuera de la vista del observador. Imagen de http://www.seo.org

Los delincuentes no sólo son los que indiscriminadamente, sin licencia, sin reparar en el momento de la caza, matan, transportan, comercian o cocinan animales silvestres… los mayores delincuentes son quienes con su dinero corrompen a toda la sociedad generando actividades ilegales y creando redes criminales de exterminación de especies.

Y estas redes criminales no actúan únicamente en el ámbito de los animales silvestres, sino del patrimonio artístico e incluso de los órganos humanos. En los conflictos de Oriente se han asaltado museos o yacimientos arqueológicos de los que “desaparecen” piezas que luego aparecerán en Londres o California… de los bosques selváticos desaparecen los pangolines porque se sirven como plato de lujo en China.

No es un problema para los conservacionistas. Es un drama para el Planeta. Combatir esta lacra es un desafío para los gobiernos, un desafío en el que cada uno de los ciudadanos tiene mucho que decir. Denunciando a los casos de expolio, criticando a aquellos que se ufanan de sus actividades furtivas, rechazando el consumo de animales de procedencia ilegal y exigiendo siempre a las autoridades medidas ejemplares para los violadores de nuestros ecosistemas.

Todos podemos hacer algo para aumentar la sensibilización social ante el problema. Aunque la resolución total del problema no la vamos a ver jamás, porque el hombre-esquilmador, el potentado devorador de currucas u oropéndolas es una especie que por desgracia no está en peligro de extinción.

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