El Arte y los Braghettone

Los informativos nos bombardean cada día con noticias de hechos en los que se reprime la exhibición del cuerpo humano de una forma vergonzante. Es un problema moral que viene de muchos siglos atrás.


La Maja Desnuda de Goya, sometida a la censura. Foto Guiarte Copyright.

Los amantes del Arte conocen especialmente el caso del pintor italiano Daniele da Volterra, quien en el siglo XVI fue encargado por el papa Pio V de cubrir desnudeces de la obra de Miguel Ángel y que por tal trabajo pasó a la historia con el apodo de il Braghettone.

Pero ese “tapar desnudeces” sigue en el siglo XXI, y ya no sólo hablamos de iluminados y talibanes. Hoy mismo se anuncia que la Fiscalía de Japón multó con 800.000 yenes (6.000 euros) a la artista Megumi Igarashi por la reproducción pública de sus propios genitales.

Hace escasos días, con motivo de la visita a Roma del Presidente de Irán, Hasan Rohani, se taparon las esculturas de los Museos Capitolinos que mostraban el cuerpo desnudo, tras cajones de madera blanca, para no turbar a la delegación iraní.

Lamentable.

En una civilización en la que la cultura audiovisual nos mete por los ojos cada instante, en nuestro propio hogar, infinidad de historias de crimen, corrupción y violaciones de derechos… se tapa por pudor la obra de artistas que muestran el cuerpo humano como es.

En un continente "civilizado" que ve cómo en el año 2015, según Europol, desaparecieron 10.000 niños refugiados de las guerras de Oriente muchos en redes de tráfico humano… buena parte de la sociedad sigue con la obsesión por la visión de unos pechos desnudos. Es algo delirante.

El concepto de arte es cambiante. Antes consistía en la reproducción de un modelo, pero en el siglo XIX el artista empezó a construir su obra sin esa obligación, intentando inducir al espectador a un diálogo, a una lectura compartida, cómplice... o provocadora. Andy Warhol juntó un día un montón de cajas del detergente Brillo y dijo que aquello era una composición artística... Más osado aún había sido Marcel Duchamp, quien, en 1917, tomó un inodoro, le dio la vuelta y lo presentó en una muestra con el título de Fuente.

Frente a la concepción tradicional, hoy se considera que es arte alguna obra o hecho que encarna un pensamiento, que transmite un mensaje. Incluso es arte la exhibición de un objeto que la naturaleza moldeó y que el artista recoge (objet trouvé) aportando una nueva visión del mismo.

Es necesario defender el arte en toda su amplitud. Nuestra cultura tiene que permitir que el artista muestre un inodoro o una caja de jabón o sus propios genitales. Es el espectador quien debe tener la libertad para “comprar” ese arte o decir que eso es una imbecilidad.

Y nuestra civilización debe defender la tolerancia. Ni podemos tapar una Venus porque venga algún visitante que tiene otra concepción del mundo; lo mismo que no debemos exigir que cuando nuestros gobernantes vayan a Oriente se obligue a la mujeres de allá a retirar el chador o el burka, aunque a nuestros ojos occidentales repugne el hecho de "esconder" a la mujeres con túnicas que incluso ocultan hasta los ojos.

Lo que está fuera de toda comprensión en la cultura occidental es el trabajo de los “braghettones” del siglo XXI, en nuestra propia casa.

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