Qué Ver en Roma

Con casi tres millones de habitantes, Roma es una de las ciudades del mundo que atesora en sus distritos mayores testimonios de arte e historia.

El Capitolio

La colina sagrada de la antigua Roma era el Capitolio, que los italianos llaman ahora Campidoglio, y cuyo centro es una plaza diseñada por Miguel Ángel.



Estatua de Castor, en la parte superior de la Cordonata, en el Capitolio. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

Desde un principio, el lugar estuvo ligado a Saturno, la divinidad principal de Roma. También fue una zona dedicada a Júpiter y en general a la triada Capitolina (Saturno, júpiter y Minerva)

La Cordonata, obra de Miguel Ángel, es la gran escalera que desde el oeste permite el acceso a la plaza del Capitolio, centro neurálgico de la zona. Muy cerca de la misma arranca la escalera Aracoeli, que conduce a la iglesia de Santa María Aracoeli, donde parece que hubo antes un templo dedicado a Juno y una abadía de la época bizantina. La iglesia actual se erigió en la Edad Media. En ella se conserva importante obra del Renacimiento, aparte de las reliquias de santa Elena, la madre del emperador Constantino.

La plaza del Campidoglio
Al ser una zona emblemática del paganismo romano, siempre estuvo descuidada tras la instauración del cristianismo en el Imperio, de forma que al final de la Edad Media se la conocía como Colina de las Cabras.

En el siglo XVI, el papado quiso remozar la zona, ante una visita de Carlos V y encargó a Miguel Ángel la reforma de este entorno que tan solo servía como lugar de pasto de animales. 

Acceso a la plaza trapezoidal del Campidoglio. Al fondo, el palacio Senatorio, sede de la alcaldía de Roma. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

El genio renacentista organizó una plaza trapezoidal en torno a la cual alineó tres palacios, uno de los cuales, el Palazzo Senatorio, sirve actualmente como sede de la alcaldía, y en el que  se firmó el famoso Tratado de Roma que dio origen la Comunidad Económica Europea.

El Palacio Senatorio se asienta sobre el Tabularium, archivo de la Roma imperial. Miguel Ángel diseñó una armónica fachada frente a la plaza trapezoidal del Campidoglio, realzada por una escalinata de doble rampa  con las estatuas del Nilo y del Tíber, traídas de las termas de Constantino.

A un lado y otro del palacio Senatorio están dos grandes Palacios.

El Palazzo Nuovo, Palacio Nuevo, fue proyectado por Miguel Ángel, pero realizado por los hermanos Rinaldi. Se halla enfrente del palacio de los Conservadores y oculta a la iglesia de Santa María Aracoeli, que queda a su espalda. 

Restos del Tabularium, en la parte superior el palacio Senatorio. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez

El Palacio de los Conservadores recibe su nombre del hecho de que allí trabajaban los Conservatori (magistrados) de la ciudad. Miguel Ángel rediseñó el edificio, armonizándolo con los otros palacios de la plaza, obra que acabó Giacomo della Porta.

Al sur del palacio se halla la llamada Roca Tarpeia, donde en la antigua Roma se despeñaban a los traidores. El nombre recuerda a Tarpeya, la vestal traidora que abrió las puertas a los atacantes sabinos y que fue arrojada en represalia desde aquella altura.

Museos Capitolinos
Los palacios Nuevo y de los Conservadores albergan una extraordinaria colección artística, fruto de donaciones papales y de otros dignatarios, así como de diversas excavaciones.

  En el palacio Nuevo se puede ver magnificas obras escultóricas romanas y griegas, entre ellas una gran colección de bustos de filósofos, la extraordinaria estatua ecuestre de Marco Aurelio (siglo II), un discóbolo y una extraordinaria copia del Galo Moribundo, obra griega del siglo III. 

Palazzo dei Conservatori – Venus Esquilina. museicapitolini.org

Entre las esculturas, el delicado Spinario, del siglo I, y la famosa Loba Capitolina, que se ha considerado obra de la antigüedad romana, aunque otros autores sostienen que es medieval.

El Foro Romano

Roma es una ciudad en la que las ruinas representan incontables páginas de historia. El Foro Romano es un punto especial.



El bello Arco de Tito es una de las obras mejor conservadas del Foro Romano. Imagen de guiarte.com/Raquel Álvarez

En Roma hubo en la antigüedad varios foros, pero este era el Forum Magnun, y constituía un lugar clave de la ciudad. En torno al mismo fluía la vida oficial, el negocio, el mundo del poder político o religioso, la justicia y hasta la prostitución.

El entorno era un terreno pantanoso, enmarcado por los altos del Capitolio, Palatino y Esquilino que se drenó en tiempo de la monarquía merced a la cloaca Máxima y que luego recibió sucesivas modificaciones, por lo que los edificios se sucedieron unos encima de otros, hasta que la decadencia romana convirtió todo aquello en un espacio de ruinas dedicado a zona de pasto para los animales, tal como se recoge en grabados de la época del Renacimiento. En realidad a esta zona se le denominó en ese período de destrucción “Campo Vaccinio”, campo vacuno o bovino, por el ganado que pastaba en él.

Guerras, el paso del tiempo, las destrucciones deliberadas para obtener piedras para nuevos edificios o sencillamente para elaborar cal habían destrozado la magnificencia de este enclave, que sólo empezó a ser excavado en el siglo XIX.

Desde el entorno del Capitolio se tiene una buena perspectiva del Foro, con el Coliseo como fondo.

Accediendo desde la vía dei Fori Imperiali, los puntos más notables que podemos ver son:

Etienne Dupérac realizó en el siglo XVI este grabado con el Foro Romano, convertido en zona de pastos.

Iglesia de san Lucas y santa Martina
Si algo tiene que ver esta iglesia con la romanidad es que está dedicada a santa Martina, mártir del siglo III, en cuya memoria se hizo el templo primero en el siglo VII. Luego la iglesia se puso también bajo la advocación de san Lucas, porque dependía de la cofradía de artistas de la Academia de San Lucas.

En el siglo XVII la iglesia fue reformada por Pietro da Cortona, con el mecenazgo de importantes personajes ligados al papado. Lo más sobresaliente de la misma es su portada, dividida en dos cuerpos y con formas curvas, con un abombamiento central. Otro elemento importante en este templo, con plano de cruz griega, es el protagonismo de la cúpula.

El arco de Septimio Severo, en el Foro Romano. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez

Arco de Septimio Severo y otros restos
Casi delante de la iglesia está el arco de Septimio Severo, edificado en el 203 para conmemorar una campaña contra los Partos.

El monumento, de mármol, tiene un gran arco central enmarcado por otros dos laterales, con una fachada ricamente decorada. En origen estaba coronado el conjunto por una cuadriga de bronce que guiaba el propio emperador. Se dice que este arco sirvió de modelo al dedicado a Constantino.

Al lado del arco aparecen las ruinas de la plataforma empleada para los discursos públicos del foro (rostra) y las ocho columnas que restan del templo de Saturno, edificio que es original del siglo V a.C aunque remozado en el I a.C. Muy cerca están las tres columnas corintias que testimonian la existencia del templo dedicado a Vespasiano, del siglo I, en origen una edificación con seis columnas en la portada.

Columna de Focas
Frente a estos monumentos se desarrolla la vía sacra, en cuyo entorno podemos ver la columna de Focas, ubicada ante los rostra (tribuna de oradores). Su valor es más histórico que artístico porque se puede decir que es el último monumento imperial romano.

La obra fue erigida en tiempo del emperador bizantino Focas, en el año 608. Se trata de una columna corintia de unos 14 metros de altura con un pedestal de mármol blanco, que se asienta sobre ladrillo. En origen, el ladrillo no se veía porque quedaba debajo del suelo de entonces que ya se había elevado bastante respecto al de la época de Augusto.

Foro Romano. En primer término, Vía Sacra y restos de la basílica Julia y al fondo tres columnas del templo de Cástor y Pólux. Imagen guiarte.com/Raquel Álvarez

Basílica Julia y templo de Castor y Pólux
Al mediodía de la columna de Focas están los restos de la basílica Julia, que lleva este nombre porque fue construida por Julio César, reemplazando otra anterior, emprendida por Tiberio Sempronio Graco. Era un gran edificio dedicado a los tribunales de justicia, que sobrepasaba los cien metros de longitud.

Del templo de Cástor y Pólux -originario del siglo V a.C.- quedan tres orgullosas columnas corintias. En origen tenía ocho de frente por once de lado. Cerca de él se hallan los escasos restos del erigido en memoria de Julio César, en el 29 a.C, en el mismo punto en el que fue incinerado tras su dramática muerte.

Basílica Aemilia y Curia
La cercana basílica Aemilia es otro gran edificio, del 179 a.C. edificado por la gens Aemilia.

Muy próximo a la basílica está la Curia Julia, antigua cámara del Senado, de tiempos de Julio César.

Restaurado por Diocleciano, este edificio de ladrillo estaba en su origen recubierto de mármol y se ha conservado casi íntegro merced a que en la antigüedad se reacondicionó como iglesia cristiana, San Adrián, en el siglo VII.

Un templo muy bien conservado es el de Antonio y Faustina. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

Templo de Antonio y Faustina
Otro edificio muy bien conservado es el cercano templo de Antonio y Faustina. Y la conservación obedece a la transformación de la estructura en iglesia, dedicada a san Lorenzo.

La sencillez y severidad del edificio junto con su estado de conservación le hacen especialmente notable.

El templo fue mandado construir por el emperador Antonio Pio en el año 141, tras la muerte de su amada esposa Faustina. Una vez muerto el emperador, el Senado decidió dedicarlo a los dos esposos. Tras el conjunto de columnas, la fachada de la iglesia es barroca, de 1602.

Templo de Rómulo y basílica de Constantino
Si avanzamos hacia el este, el siguiente templo que llama la atención es el de Rómulo, del siglo IV. No se sabe con certeza a quien estuvo consagrado pero se cree que es de época constantiniana.

Destaca por su planta circular y su puerta flanqueada por sendas columnas. Este pequeño edificio fue utilizado a partir del siglo VI como atrio de la iglesia de los santos Cosme y Damián.

Grandiosos restos de la Basílica de Constantino. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

La basílica de Constantino es el siguiente gran edificio, en el que destacan los magníficos restos cuyas grandes arcadas dan una idea de la grandiosidad de la obra, iniciada en el año 306, en los tiempos de Magencio, y terminada en la época de Constantino.

Tenía este edificio tres naves, la central con 35 metros de altura, y una longitud de 80 metros. En algún sentido puede decirse que fue un modelo para las posteriores grandes iglesias cristianas.

Santa Francesca Romana y Templo de Venus y Roma
Cerca de este punto se halla también la iglesia de santa Francesca Romana, conocida también como santa María Nova obra original del IX. A su lado está el Antiquiarium Forense, museo que recoge elementos recogidos en excavaciones del Foro.

La iglesia es originalmente románica, con reformas en las épocas gótica y barroca. En su interior se alberga la Virgen Glycophilousa (Virgen de la Dulzura), icono muy famoso del siglo V.

La iglesia de santa Francesca Romana, en el Foro Romano, conocida también como santa María Nova. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

El convento de santa María Nova se edificó sobre los restos del templo de Venus y Roma, uno de los mayores de la antigua Roma, con 145 metros de longitud. Había sido realizado por mandato de Adriano sobre la Domus Áurea de Nerón. La obra se inició en el año 121 y se terminó 20 años más tarde, ya en el mandato de Antonio Pío.

Las ruinas aún testimonian la grandeza de aquel edificio.

Arco de Tito
Junto al espacio que antaño ocupó el templo de Venus se alza el arco de Tito.

La bella arcada se asienta en sendos pilares decorados con dos pares de columnas y ventanas ciegas. Se hizo para conmemorar las victorias de Tito sobre los Judíos, donde se representa la entrada triunfal de los romanos en Jerusalén. Una escena famosa es aquella en la que los soldados portan el candelabro de siete brazos del templo judío.

Arco de Tito, en el Foro Romano. Cerca de él perviven las ruinas de la casa de las Vírgenes Vestales. Guiarte.com/Raquel Álvarez.

Templo de Vesta y casa de las Vestales
Y para terminar este recorrido, no lejos del arco de Tito, frente a la Regia, oficina del Pontifex Másimus, al sur de la vía Sacra, nos centraremos en el templo de Vesta, uno de los más antiguos de la ciudad. Era pequeño, circular, y en su interior se conservaba encendido permanentemente el fuego sagrado de Vesta, diosa protectora de Roma.

Sobre un podio de unos 15 metros de diámetro se hallaba este bello templo, rodeado de columnas corintias y con un techo provisto de una abertura para que por él saliese el humo de aquel fuego sagrado, personificación de la propia diosa protectora. Ese fuego sagrado pervivió hasta que el emperador Teodosio asentó la primacía del cristianismo, en el fin del siglo IV.

El pequeño templo, parcialmente reedificado, era un centro emocional de la ciudad. Su llama eterna era como el símbolo de la vida de Roma. Así como en las casas se mantenía el fuego del hogar, así se hacía en la ciudad con el fuego de Vesta, porque se identificaba la fortuna de la ciudad con la pervivencia de la propia hoguera.

Para cuidar el fuego estaban las vestales, que en el origen del culto eran muchachas vinculadas a la propia realeza de la ciudad. Y al lado del templo de Vesta se hallaba la casa de las Vírgenes Vestales. Se trataba de un palacio de tres alturas donde existía medio centenar de dependencias para estas sacerdotisas, en torno a un patio alargado.

El Palatino

Una de las colinas romanas más ligada al origen mítico de la ciudad. Según la leyenda, allí habitaron Rómulo y Remo amamantados por la loba y fundaron la Ciudad Eterna.



La colina del Palatino, desde el Foro Romano. Guiarte.com/Raquel Álvarez

Con una altura de unos 40 metros sobre el cercano Foro Romano, parece que este fue un punto donde en la antigüedad se asentaron los pastores que habitaban en el entorno, protegidos de las crecidas del cercano Tíber. Las investigaciones arqueológicas han sacado a la luz cabañas de hace casi 3.000 años.

En tiempos de la República, esta colina pasó a ser el centro residencial de las grandes familias. Augusto, Tiberio, Nerón y otros muchos tuvieron allí su residencia señorial, su palacio (palabra derivada del nombre del lugar).

La decadencia de la ciudad y el traslado de la residencia imperial fuera de Roma trajo consigo la ruina de las edificaciones hasta que en época del Renacimiento las grandes familias romanas reocuparon la colina y edificaron residencias campestres y huertos, recuperando muchos de los vestigios del pasado.

Domus Augustana y palacio de Septimio Severo, desde el Circus Maximus. Guiarte.com/Raquel Álvarez

Entrando desde la zona del Arco de Tito, se pasa ante los huertos de los Farnesio, Orti Farnesini, que se hallan sobre las ruinas del palacio de Tiberio, para llegar a los restos del Templo de Cibeles, que es el primer vestigio de la introducción en la Ciudad Eterna de un culto oriental. Corresponde al 204 a.C.

La siguiente parada es la Casa de Livia, esposa de Augusto, una construcción relativamente bien conservada aunque de apariencia sencilla. Es interesante su visita porque nos acerca a lo que era una residencia privada de aquel lejano tiempo, con sus frescos y mosaicos. Cerca está la Domus Flavia con los restos de su notable fuente ovalada. Esta residencia oficial imperial fue creada por Domiciano.

La Domus Augustana, el estadio, las termas y el palacio de Septimio Severo completan este impresionante conjunto cuyas ruinas siguen impresionando al viajero sensible.

El Coliseo

Otra visita ineludible en la Ciudad Eterna es la del Coliseo, el gran anfiteatro que se creó por orden de Vespasiano entre los años 70 y 72 de nuestra era.



El edificio del Coliseo de Roma, desde el exterior. Imagen de Guiarte.com/ Manuel F. Miranda

Fue erigido con el botín de guerra que Vespasiano trajo de su campaña en territorio judío, y para ello utilizó parte de los terrenos en los que Nerón había edificado su Domus Áurea. En realidad se denomina Coliseo, porque allí estaba la estatua colosal de Nerón.

Esta ha sido considerada como una obra cumbre de la ingeniería romana en este tipo de construcciones, y en sus gradas se podían acoger hasta 55.000 espectadores.

Es un edificio también muy ligado a la historia del Cristianismo, pues en él murieron incontables mártires; porque los emperadores romanos “divirtieron” al pueblo con espectáculos que ahora nos parecen de una crueldad despiadada, tales como la lucha a muerte entre los gladiadores o la entrega de prisioneros o delincuentes a las fieras. Hay que recordar que los cristianos eran considerados enemigos de Roma por su oposición a reconocer la divinidad del emperador.

Se ha calculado que en la sangrienta historia del Coliseo se contabilizarían en torno a 200.000 personas muertas en este tipo de “juegos”.

Vista interior del Coliseo, en la que se aprecia el subsuelo que estaba bajo la arena. Imagen de Guiarte.com/ Manuel F. Miranda

En el edificio también se celebraron incluso naumaquias, batallas navales, para lo cual se contaba con buenos sistemas de aporte de aguas y grandes cloacas de evacuación. Su “modernidad” era tal que hasta tenía un sistema de mástiles y poleas que permitía desplegar sobre el recinto una cubierta de tela, para que los espectadores gozasen de la sombra en los días excesivamente calurosos.

La fachada está articulada por cuatro niveles, los inferiores con decoración de arcadas y el superior a modo de pared con ventanales. El número de arcadas, de los tres niveles, es de 80. Las de abajo estaban numeradas y por ellas entraban los espectadores que llegaban a sus asientos por medio de escaleras que conducían a los vomitorium, las salidas existentes en cada nivel.

La belleza del edificio sería impresionante cuando estaba recubierto de mármoles que fueron rapiñados en el curso del tiempo para obras o simplemente para transformarlos en cal.

En la actualidad, al contemplar el Coliseo desde el interior, sorprende toda esa base agujereada. Esa base tiene forma de óvalo, con 75 metros en su parte más larga.

En la antigüedad estaba provista de una gran plataforma de madera cubierta de arena. Por debajo de ella estaba el entramado de celdas y pasillos (visibles ahora) que servía para mantener en el edificio a los condenados y a las fieras. Diversas trampillas en esa plataforma permitían la salida a la arena de unos y otros.

El Coliseo sufrió diversas reparaciones y modificaciones, para recuperarlo de sus achaques motivados por el paso del tiempo, los terremotos, incendios o guerras, y estuvo activo casi 500 años. Aún tras la caída del Imperio de Occidente hubo allí espectáculos. Luego sería fortaleza, habitáculo para gentes sin casa, recinto de una orden religiosa y hasta cantera para obtener piedra para otros edificios.

Arco de Constantino

Casi inseparable de la imagen del Coliseo es la del bello arco de Constantino, erigido en el año 315 para conmemorar la batalla de Puente Milvio, donde Constantino derrotó a Majencio.



El arco de Constantino, junto al Coliseo, es bello, pero sus relieves son de calidades muy diferentes. Imagen de Guiarte.com/Manuel F. Miranda

El monumento se halla entre el Coliseo y el Palatino y se trata del último de los arcos honoríficos construidos en la Roma antigua.

Entre sus particularidades está el hecho de haber sido hecho en buena parte reaprovechando restos anteriores, lo que da una manifiesta desigualdad de calidad en los relieves.

Entre los despojos reutilizados se puede ver obra de monumentos de Trajano, Adriano y Marco Aurelio; en general de calidad superior a los relieves de la época de Constantino.

Son de la época de Constantino los relieves que están inmediatamente por encima de los arcos, con sus frisos; muy inferiores en calidad a los del ático, de una obra de Marco Aurelio, o los medallones, que son de un arco de Adriano. Las estatuas de los pedestales proceden del Foro de Trajano.

El arco está realizado a imitación del de Septimio Severo (en el Foro Romano), con sus tres puertas, las columnas adosadas y un ático con la dedicatoria.

El arco de Constantino mide 21 metros de alto por 25 de ancho. Cuenta con una gran arcada central de 11,5 metros de alto y dos arcadas laterales menores.

Monumento a Víctor Manuel II

Al lado de las grandiosas ruinas romanas del Capitolino, en el siglo XX se añadió un monumento moderno, de rutilante color blanco, que no deja indiferente a quien lo contempla: el Altar de la Patria.



El monumento a Victor Manuel II no deja indiferente a ningún espectador. Imagen de guiarte.com/Manuel Fernández Miranda

Esta construcción, monumento en honor de Víctor Manuel II, el primer rey que gobernó sobre la península italiana tras su unificación política, se hizo siguiendo un diseño del arquitecto Giuseppe Sacconi.

El monumento fue inaugurado en 1911, aunque  se culminó totalmente en los tiempos de Mussolini. La estructura no pasa desapercibida por su deslumbrante mármol blanco.

Fuentes, columnas, cuadrigas y estatuas contribuyen a generar una cierta aparatosidad. El tamaño es grande: casi 140 metros de largo por 70 de alto.

En este edificio, en el que está la tumba al Soldado Desconocido, se alberga también el museo del Risorgimento, dedicado a la unificación del Estado. Lo mejor… las terrazas desde las que se contempla esta parte de la Ciudad Eterna, con el Foro, el Palatino o el Coliseo ante los ojos del viajero.

Las críticas a esta construcción han sido permanentes. Popularmente se le ha denominado a veces “el pastel”, “la tarta de bodas” o “la máquina de escribir”. Se le critica su abusiva presencia en un espacio histórico, dado que en los días bonancibles y soleados la blancura de la construcción llega a molestar a la vista.

También se criticó que para su edificación se ocupara una parte de la histórica Colina Capitolina, donde se hallaba un barrio medieval. 

Monumento a Victor Manuel II. Detalle. Imagen de guiarte.com/Manuel Fernández Miranda

Foros imperiales

La calle que va del Coliseo hasta el monumento a Víctor Manuel II se denomina vía de los Foros Imperiales, porque coincide con una serie de ampliaciones del foro, realizadas por diversos emperadores.



Foro de Augusto. Detrás, Casa de los Caballeros de Rodas. Imagen de Guiarte.com/Manuel F. Miranda.

Aunque hay foros de Nerva, César, Augusto y Trajano, es este último el más espectacular. Realizado después de retornar de la guerra contra los partos, fue construido por Apolodoro de Damasco, entre el 107 y 112. Al mismo se accedía por un arco coronado por la estatua del emperador.

Junto a la inmensa plaza, rodeada de establecimientos, se alzaba también La basílica Ulpia, otra obra de Apolodoro. Tenía cinco naves y unas enormes dimensiones. 

En este entorno cabe destacar el extraordinario mercado de Trajano, en realidad el primer centro comercial cubierto de la historia, donde se albergaban 150 locales comerciales en un poderoso edificio de seis plantas, cuya solidez sigue asombrando. En el mercado está el Museo de los Foros Imperiales. 

Columna Trajana. Imagen general y detalle. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Por el lado norte de la basílica estaba otra plazoleta con un templo dedicado al emperador y dos bibliotecas, además de la grandiosa columna de Trajano, que aún sigue en pie.

La columna conmemora la victoria del emperador sobre los dacios. Tiene unos 38 metros de altura y  unos relieves que la recorren en espiral. En ellos se  narran las proezas del emperador y su ejército.

Puesto en línea recta, el friso alcanzaría unos 200 metros de longitud, y tiene escenas muy valiosas que sirven para documentar aspectos históricos e incluso etnográficos de hace casi dos mil años. 

En esa crónica en piedra, aparecen unas 2.500 personas, y se narran batallas, construcciones, escenas campamentales, etc. El emperador aparece más de medio centenar de veces.

La columna tuvo en su cima una estatua del propio Trajano, pero en el siglo XVI se reemplazó por otra de san Pedro.

El Panteón

La supervivencia de El Panteón muestra la calidad de esta prodigiosa obra que se hizo en los inicios del siglo II por el emperador Adriano.



Exterior del templo de Adriano. Frente a él un obelisco de Ramsés II. Imagen de guiarte.com/ Manuel F. Miranda

En realidad, el templo reúne dos obras. El pórtico es parte de un templo períptero creado por Agripa en los inicios del siglo I, templo en el que había estatuas de Augusto y Agripa, pero que quedó severamente dañado en tiempos de Trajano.

  Ya en los días del emperador Adriano, y tal vez bajo la dirección de Apolodoro de Damasco, se rehízo el templo aprovechando parte del anterior, de Agripa, y construyendo una grandiosa cella redonda. Formada mediante un cilindro cubierto de una semiesfera.

El conjunto es extraordinario. Esta cella tiene unas medidas armónicas con una altura igual al diámetro del cilindro, con lo que en la sala se podría inscribir de forma perfecta una esfera de 150 pies (43 metros). 

Interior del Panteón, en Roma. Imagen de guiarte.com/Raquel Álvarez.

La cúpula es un prodigio, por su duración -19 siglos- y por su tamaño, lo que es una proeza técnica.

En el cilindro, desde el interior, se contemplan dos niveles. El primero con una serie de exedras y edículos, y el superior con ventanales cuadrados que coinciden con los elementos citados del nivel inferior. La cúpula se divide en cinco círculos de casetones y un gran óculo central.

El monumento ha tenido una gran trascendencia en la historia del Arte. Brunelleschi lo estudió antes de hacer la cúpula de la catedral de Florencia, También interesó a Miguel Ángel y a otros grandes autores como Palladio. Entre todos ellos este diseño se ha difundido por todo el orbe.

Castillo y puente de Sant´Angelo

Este castillo impresionante y su puente de acceso constituyen otros de los puntos clásicos de la visita a Roma.



El castillo de Sant´Angelo, desde el puente, en el que observan las estatuas de la escuela de Bernini. Guiarte.com/Raquel Álvarez

El castillo de Sant'Angelo fue en su origen un mausoleo edificado a la orilla del Tíber por Adriano para sí y sus sucesores y se halla enfrente justo de la Ciudad del Vaticano, con la que se comunica por el puente Aelio o puente de Sant'Angelo.

La obra es del año 135 y se componía de un edificio cuadrado rematado con un monumental tambor, rematado en origen por una estructura cuadrada coronada por una cuadriga.

En la actualidad, un ángel de bronce corona la estructura. Se debe a que en el siglo VI, durante una epidemia de peste, el papa Gregorio I tuvo la visión de un ángel con una espada sobre un castillo, como anunciador del final de la plaga. Primero se puso allí una estatua de piedra que en el siglo XVIII se reemplazó por una de bronce realizada tomando como modelo un dibujo de Bernini.

Tras su construcción, durante más de un siglo, el edificio sirvió de panteón para los dignatarios imperiales, pero luego pasó a ser un bastión fortificado y en ocasiones prisión. En 1525 fue allí donde se fortificó el papa Clemente VII cuando las tropas españolas de Carlos V entraron en la ciudad, el famoso “Saqueo de Roma”.

Aparte de las dependencias interiores, el edificio tiene una terraza desde la que se tienen interesantes vistas sobre la ciudad, el Tíber y San Pedro

Un ángel corona el castillo de Sant´Angelo. En la antigüedad había una cuadriga de bronce conducida por Adriano. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez

El puente
En 134 se edificó el puente que une el mausoleo con el Campo de Marte, el actual puente de Sant'Angelo. De la estructura original aún perviven tres arcadas

Este bello puente tiene una longitud de 135 metros y cruza el Tíber en un lugar en el río toma una dirección zigzagueante que le da cierta belleza. En el siglo XVI se pusieron en él las estatuas de san Pedro y san Pablo, pero en el año 1669 Clemente IX encomendó a Bernini la colocación de una serie de ángeles que portan los instrumentos de la pasión, obras que hizo con la colaboración de sus ayudantes. 

Uno de los ángeles que portan elementos de la Pasión de Cristo, en el puente de Sant´Angelo. Detalle. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez

Ciudad del Vaticano

La Ciudad del Vaticano es un pequeño estado con soberanía propia, incrustado en la misma ciudad de Roma, desde donde se gobierna el ámbito de la iglesia católica.



La gran cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma, obra de Miguel Angel. Imagen Guiarte.com/Raquel Álvarez.

Cuajado de historia y arte, este microestado apenas mide 44 hectáreas y está poblado por un millar de personas. En ese corto espacio se encuentran dos elementos de notabilísimo interés: la iglesia de San Pedro, con su espectacular plaza, y los Museos Vaticanos, llenos de elementos artísticos de primer orden.

Este pequeño estado surgió en 1929, por el pacto de Letrán, que restituyó a la iglesia católica una pequeña parte de los territorios que antaño tuvo y que fueron incorporados al reino de Italia, por la fuerza, por los partidarios de la unificación italiana en el tramo final del siglo XIX.

El mandatario que rige los destinos del microestado es el papa o Sumo Pontífice de la iglesia Católica.

La existencia del estado papal arranca del siglo VIII. Dominó buena parte del centro de la península Itálica, aunque padeció diversas guerras. De hecho, Napoleón hizo prisionero al papa en tiempos de la Revolución Francesa, y de 1860 a 1870 las tropas de Víctor Manuel II acabaron apropiándose de la totalidad de los Estados Pontificios. 

Estatua de Mitra en los museos vaticanos, un ámbito que no se puede dejar de ver en Roma. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Aparte de los 0,44 Kilómetros cuadrados del Estado, el papa tiene también jurisdicción sobre el palacio de Castel Gandolfo, residencia de verano cercana a la Ciudad Eterna, y las basílicas de San Pablo Extramuros, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán.

La Guardia Suiza es el “ejército” de este país desde el siglo XVI. Los papas acudieron a los mercenarios suizos por su bravura, puesta de manifiesto especialmente en el saqueo de Roma por Carlos V, cuando lograron proteger la vida del papa, en un momento en el que gran parte del grupo perdió la vida defendiendo al mandatario romano.

Merece la pena planificar con antelación la visita. No llevar bolsos grandes y ser muy precavido en las aglomeraciones. Hay puntos en los que la gente se junta en exceso y donde los ladrones actúan con eficacia. Por ejemplo, ante la Piedad de Miguel Angel.

Para llegar, puede utilizar el metro (estaciones de Ottaviano y Cipro) o alguna línea de buses. Hay al menos una decena. Recuerde que hay dos puntos de acceso para este Estado: Al norte, para acceder a los museos y por el Este, para ingresar a San Pedro. 

Plano del entorno del Vaticano. http://mv.vatican.va/

San Pedro

El centro neurálgico de la Ciudad del Vaticano es la Basílica de San Pedro, erigida sobre el cementerio en el que se enterraron los restos del apóstol.



Imagen de la plaza de San Pedro, al anochecer. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Sobre la tumba, redescubierta en el siglo XX durante unas excavaciones, se alzó ya en tiempos romanos un notable edificio de tres naves construido por mandato del propio emperador Constantino.

Durante la crisis del Cisma de Occidente el edificio quedó en un relativo abandono, y los papas pensaron en renovarlo, lo que se haría en los siglos XVI y XVII, con diseños de Bramante y Miguel Ángel, autor de la grandiosa cúpula. El conjunto de las obras se cerraría con la intervención de Bernini.

La basílica es la mayor iglesia cristiana del mundo, con 193 metros de largo por 45 de anchura, y una superficie total de 23000 metros cuadrados, aunque es su grandiosa cúpula la que le da una preminencia especial. Es, por esencia, una iglesia santa, que ha recibido el cuerpo del apóstol Pedro y de una gran cantidad de papas. De todas formas, esta no es la catedral de Roma, sino San Juan de Letrán. 

Interior de la basílica de San Pedro. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Aunque iniciada la remodelación de la iglesia paleocristiana en el siglo XV, no sería hasta 1506 cuando se abordarían definitivamente las obras, con el plano que propuso Bramante. Fue el papa Julio II el que impulsó decididamente la tarea con un proyecto netamente renacentista. El arquitecto propuso una planta de cruz griega inscrita en un cuadrado cubierto de cúpulas. San Marcos de Venecia y el Panteón estaban en la retina de Bramante, cuando inició el proyecto que contó con la desaprobación de diversos arquitectos y humanistas de su tiempo, por lo que significaba de derroche y de destrucción de una gran iglesia paleocristiana.

A la muerte de Bramante, Rafael y Sangallo fueron continuadores de la obra. Sangallo reformó el plano, para darle forma de cruz latina. Pero las obras recibirían definitivamente el sello de Miguel Ángel cuando en 1546 se le entregó la dirección de la empresa. 

La cúpula vista desde el interior de la basílica de San Pedro. Guiarte.com/Raquel Álvarez

Otro arquitecto que trabajo posteriormente en el edificio fue Carlo Madero, autor de la portada, cuya gran personalidad radica en su articulación basada en pilastras y columnas de orden gigante.

Gian Lorenzo Bernini remataría el conjunto con su proyecto de la plaza con la imponente columnata y la profusión de estatuas sobre todo el conjunto, incluida la fachada. También se responsabilizó de la decoración interior, donde su pieza más destacada es el inmenso baldaquino.

Del templo, el viajero debe tomar nota especialmente de diversos detalles. El primero de ellos es la cúpula, de 130 metros de alta, una obra magnífica de Miguel Ángel. Se puede subir para verla. Desde la misma hay unas vistas espectaculares, especialmente de la Plaza de San Pedro. Debajo de ella está el altar papal, construido con mármol del foro de Nerva y con el espectacular baldaquino de Bernini. Justamente, bajo este altar se hallan las grutas vaticanas con la tumba de San Pedro, aunque hay aún discrepancias entre los expertos sobre la identidad de los restos. 

La famosísima Piedad, de Miguel Angel. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Otro punto que no pasa desapercibido es la Piedad del joven Miguel Ángel, de 1499, obra de la que Vasari dijo que resultaba perfecta. Es la capilla primera del lado de la epístola.

Entre las obras que perviven de la basílica paleocristiana cabe citar la gran estatua de bronce del apóstol san Pedro, de Arnolfo di Cambio (en la nave central, prácticamente debajo de la Cúpula) y la llamada puerta de Filarete (la del medio en la fachada).

Los Museos Vaticanos

Al lado de la Iglesia de San Pedro, en la parte posterior, se halla un complejo de edificios que alojan las dependencias de los extraordinarios Museos Vaticanos.



Una rampa de acceso puede ser también arte. Esta es la de los Museo Vaticanos, en Roma. Guiarte.com/Manuel F. Miranda

Con una colección papal básica, la de Julio II, los museos han ido creciendo en contenidos hasta constituirse en un centro artístico de gran importancia mundial, albergado en distintas colecciones y dependencias de los edificios vaticanos.

Palacios renacentistas y construcciones de le época barroca se integran en un valioso conjunto, en el que también se cuenta con la Biblioteca Vaticana y la famosísima Capilla Sixtina.

Las estancias se alinean básicamente en torno a diferentes patios (cortile) el más famoso de ellos el de la Piña, conocido por su enorme piña de bronce procedente de alguna antigua fuente romana. Son notables también dos escaleras: la Bramante en el siglo XVI y la rampa-escalera que conduce a las salas, y que es obra del XX, así como el Atrio de las Cuatro Puertas, del siglo XVIII, entrada primitiva a los museos.

Los museos reúnen piezas sumamente variadas. El Pío Clementino, tiene una excepcional colección de obra griega; la Galería de los Candelabros cuenta con excelente estatuaria; el Pio Cristiano cuenta con extraordinarias antigüedades cristianas; la Pinacoteca reúne pinturas que van desde el medievo hasta el XIX; el Egipcio cuenta con un material excelente de sarcófagos y esculturas; el Etrusco cuenta con buen material de esta cultura y el Chiaramonti conserva estatuaria muy notable de la época romana. 

Rafael Sanzio, La escuela de Atenas, en una de las estancias vaticanas. Guiarte.com/Manuel F. Miranda.

Pero hay mucho más. Las estancias de Rafael, la Sixtina… sin olvidar la extraordinaria biblioteca en la que se hallan unos 8.000 incunables.

Hay muchas obras maestras, desde los Evangelios de Lorsch, de la época carolingia, en la Biblioteca; el Laocoonte y el Apolo de Belvedere, del Pio Clementino; el Dorífero del museo Chiaramonti; obras de Giotto, Fra Angelico o el delicioso Ángel de Melozzo da Forli, en la Pinacoteca; la escuela de Atenas, en las Estancia de Rafael...

Pero el emblema de este emporio del arte es la Capilla Sixtina, hecha en tiempos del papa Sixto IV (fin del siglo XV). El recinto es conocido por ser el lugar del conclave que reúne a los cardenales electores para nombrar nuevo papa… pero sobre todo por albergar en su interior los frescos pintados por Miguel Angel, con sus grandiosas escenas de la Creación, la Caída del hombre y Juicio Final.

El recorrido de los museos se hace en una dirección y la entrada (16 euros en 2015) sirve para los museos y la capilla Sixtina.

Como consejos, vestir bien pero con calzado cómodo. Llévese una botellita de agua y pase por los baños antes de entrar…

Información más concreta sobre colecciones, entradas, etc. en http://www.museivaticani.va/ 

La Creación. Un derroche de genialidad de Miguel Angel, en la Capilla Sixtina de Roma. Guiarte.com

Las basílicas papales

Cuatro son las basílicas papales de Roma: las de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros, y la de San Pedro, ya explicada en otro punto de la guía.



Interior de San Juan de Letrán. Al fondo el baldaquino de Arnolfo di Cambio. Imagen http://www.vatican.va/

San Juan de Letrán
El nombre real es “archibasílica del Salvador y de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista”, aunque es conocida como basílica de San Juan de Letrán. Juan por el Bautista y el Evangelista, y de Letrán porque se edificó en un terreno de una familia poderosa romana, los Laterani, donde ya había un palacio que fue sede oficial del papado hasta que este se marchó a la ciudad francesa de Aviñón.

Este es un punto esencial del catolicismo. La iglesia es realmente la catedral de Roma, ciudad de la que es obispo el propio papa. Junto al templo hay otros elementos notables: el palacio de Letrán, donde residió el papa hasta el Cisma de Aviñón, y el baptisterio de época romana.

En torno a este conjunto, ubicado en la plaza de san Giovanni in Laterano, aún hay otras citas, entre ellas la Scala Santa y un magnífico obelisco. La Scala Santa, en un edificio contiguo, parece ser que fue traída de Jerusalén por Santa Elena, madre del emperador Constantino y es la escalera por la que subió Jesús para ser juzgado en el palacio de Pilatos.

El obelisco, el más elevado de los que quedan en pie en el orbe, procede del templo de Amón en Karnak. Alcanza 45 metros de altura con su base.

Esta iglesia, propiedad de la Santa Sede, surgió en el siglo IV d.C. y sufrió diversos avatares. El aspecto actual une parte de la obra paleocristiana, con la reforma barroca que le hizo Borromini en el siglo XVII. Alessandro Galilei es el autor de la portada, un siglo posterior, que copia bastante a la de la basílica de San Pedro. De Galilei es también la elegante capilla Corsini, a la izquierda de la entrada del templo.

Otros puntos que cabe destacar son el altar papal con el baldaquino; la tumba de Martín V, el papa que recuperó el papado para Roma tras el Cisma de Occidente, con obra de Donatello; y los portones de la entrada, procedentes de la Curia del Foro Romano. Al lado de la iglesia hay un claustro del siglo XIII que también merece la visita.

Santa María la Mayor es la más sencilla y armónica de las basílicas papales. Imagen http://www.vatican.va/

Santa María la Mayor
Es esta una de las mejores iglesias de Roma, en la que hay obra romana, románica y barroca, principalmente.

Cabe destacar en primer lugar su antigüedad. La fundó el papa san Liberio en el siglo IV y felizmente conserva su magnífica planta paleocristiana. Es también el primer templo dedicado la Virgen, después de que el concilio de Éfeso dictaminara la maternidad divina de María.

La estructura de tres naves y algunos elementos, como los mosaicos del arco de triunfo son del siglo V. El magnífico suelo de mármol y el campanario son del XIII y los artesonados del techo, del Renacimiento. Las fachadas y cúpulas son barrocas.

Históricamente, esta iglesia también tiene gran importancia. Los papas vivieron en Letrán, hasta el Cisma de Occidente. A su vuelta el palacio de Letrán estaba en mal estado y pasaron a residir en el complejo religioso de Santa María la Mayor, hasta que el Vaticano estuvo en condiciones. Por esa razón en el templo se hallan tumbas papales.

Entre los aspectos de mayor interés, los citados mosaicos paleocristianos, y los de la coronación de la Virgen, del siglo XIII, ubicados en el ábside. Es interesante también la Capilla Sforza, diseñada por Miguel Ángel, por lo que tiene de anticipo Barroco.

Santa María la Mayor conserva cierto aire de sencillez, frente a la opulencia barroca de muchos otros edificios religiosos. Una sencillez que se ve también en la tumba de Bernini, a la derecha del altar Mayor.

Desde el exterior, lo más llamativo, aparte de la Columna que sostiene a la Virgen, procedente de la basílica de Constantino, es el bello campanario. Tiene de unos 75 metros de altura y es la mayor torre religiosa de Roma. 

La Basílica de San Pablo Extramuros, es un espectacular espacio columnado. Imagen de http://www.vatican.va/

San Pablo Extramuros
La Basílica de San Pablo Extramuros, con su imponente estructura bizantina, es la mayor iglesia romana después de la del Vaticano, con 132 metros de longitud por 60 de ancho y 30 de altura. Tiene cinco naves

Tras el incendio de Nerón, san Pablo fue uno de los que padeció las iras de los perseguidores de los cristianos, a quienes se acusó de iniciar el fuego. En torno a la tumba de Pablo pronto se originó una peregrinación. Fue allí donde se erigió una iglesia en tiempos del emperador Constantino, iglesia que se amplió al final del mismo siglo, en tiempo de Teodosio.

Modificada ampliamente en el siglo VI, en el siglo XIII se le añadió un delicado claustro.

La mayor desgracia para el monumento ocurrió en 1823, cuando apenas se salvaron unas paredes y el claustro. La restauración duró prácticamente un siglo y resultó excesiva. Aun así, impresiona el “mar” de columnas que nos recuerda lo mejor del edificio del siglo IV.

En el espacio actual cabe destacar como elementos de alto interés la tumba de san Pablo; el mosaico del ábside, reproducción del original, del XIII; el notable Candelabro Pascual, también del XIII; la puerta Bizantina, a la derecha de la central, y el claustro, obra de los Vassalleto, del siglo XIII también. Fuera, el cuadripórtico de acceso es también de gran atractivo.

La iglesia queda fuera de las rutas tradicionales de los turistas, por estar alejada del centro, pero es fácil llegar hasta ella en metro (Estación Basilica de San Paolo).

Espacios urbanos

Cuajada de grandes monumentos, Roma destaca también por sus atractivos espacios urbanos, en los que apetece pasear, gozar del arte o simplemente sentarse y descansar.



La iglesia de Trinità dei Monti, ante la escalinata. Imagen de Manuel F. Miranda

La plaza de España
La iglesia de Trinità dei Monti preside uno de los espacios urbanos más célebres de Roma, frente a la escalinata de la plaza de España.

La iglesia, del siglo XVI, es de apariencia sencilla pero guarda buenas pinturas de Daniele da Volterra, Zuccari y Andrea Pozzo. Ante la fachada hay un obelisco que no es egipcio, sino italiano, del siglo XVIII. Es el último obelisco que se plantó en Roma.

Una escalinata barroca salva la distancia entre el templo y la plaza de España, llamada así porque allí estaba la embajada española. Al pie de la escalinata, la fuente de la Barcaccia.

También está allí la estatua de la Inmaculada, Virgen de neta vinculación al catolicismo español, muy cerca del colegio de Propaganda Fide, con su gran fachada, obra de Borromini 

Siempre está animada la plaza de España, y en especial la escalinata barroca. . Imagen de Manuel F. Miranda

Esta es una zona que siempre ha estado muy animada. Hay buenos cafés y negocios comerciales. La propia escalinata cuajada de animación, con jóvenes de todas las edades es una cita indispensable de la estancia en la ciudad.

A la plaza llega la vía Condotti, donde se encuentran tiendas diversas, elegantes…y caras. La Vía del Corso, perpendicular a Condotti, está siempre animada, con cafés, tiendas de moda y almacenes comerciales. Es una arteria vital de la urbe.

Quirinal
Si avanzamos hacia el sur, desde la zona de la Plaza de España, podemos llegar al Quirinal pasando por un montón de callejas que nos conducen entre otros lugares a la Fontana di Trevi. 

La Fontana di Trevi es el prototipo de fuente barroca, donde lo de menos es ya el agua. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez

Trevi, deriva de tres vías, porque son tres las calles que confluyen ante esta aparatosa fuente, en la que Océano conduce un carro tirado por caballos, en medio de un ambiente marino.

Nicola Salvi es el autor de esta obra, prototipo de fuente barroca, en la que lo de menos es el agua. En realidad se trata de una inmensa fachada palaciega, ante la que se planta una escenografía mítica.

Esta es una zona de pequeñas iglesias en las que se esconden a veces interiores ricos, como la de San Marcello al Corso, que posee una buena crucifixión de Van Dyck.

Cerca de todo ello, el palacio del Quirinal, inmenso edificio que antaño habitaron los papas y luego paso a ser residencia del presidente de la Republica de Italia.

En la plaza, ante el palacio, un gran obelisco entre las estatuas romanas de Cástor y Pólux, procedentes de las termas de Constantino.

Avanzando hacia Plaza Venezia llegaremos a la zona del Palazzo Colonna, con la iglesia de los Santos Apóstoles, en las que se albergan las reliquias de Felipe y Santiago el Menor, pero sobre todo allí hay un soberbio sepulcro de Clemente XIV, obra de Canova.

…Y en la Galería Colonna, una selección extraordinaria de arte: obras de Ghirlandaio, Bronzino, Tintoretto, Carracci, Guido Renni, Ricci, Claudio de Lorena

Plaza Venezia
Desde el palacio Colona ya se ve la Plaza Venezia, a la que se asoma el palacio Venecia, residencia papal, luego embajada de Venecia y en el siglo pasado, durante el gobierno fascista, centro político del dictador Benito Mussolini, quien reunía a sus adeptos en la plaza y les arengaba desde este severo palacio.

Esta es una zona de encuentro de las Romas de distintas épocas, a la que se asoma el monumento a Víctor Manuel II e incluso el Foro Trajano.

Tras el palacio Venecia está la Iglesia del Gesú (del Sacro Nome di Gesù) que es la iglesia central de la Compañía de Jesús. Es importante desde el punto de vista artístico por su estructura barroca que se difundiría por toda América y buena parte de Europa.

Es obra Jacobo Vignola y Giacomo della Porta. Se trata de una iglesia que asume el ideario de Trento, suprime el Nártex y da una preminencia total al altar. El barroquismo interior es notable, y muy interesantes también las pinturas del techo.

Luego, cerca del templo de Gessù, el viajero entra en la zona de la Rotonda, donde se puede encontrar tanto el extraordinario templo del Panteón (explicado en otro punto de la guía) como el Palacio Doria, con la conocidas Galería de los Espejos, y su magnífica Capilla. 

El palacio Doria Pamphilj acoge una gran colección de arte cuya estrella es el retrato que Velázquez pinto a Inocencio X. Imagen http://www.doriapamphilj.it/

El palacio, propiedad privada, acoge una grandiosa colección artística cuya estrella es el retrato que Velázquez pinto a Inocencio X, retrato que ha servido de modelo a otros grandes pintores.

Y ante el Panteón, la plaza de la Rotonda, ofrece un magnífico punto para sentarse y descansar del paseo, en torno a un café, en esta bulliciosa y artística plaza.

Plaza Navona
No lejos del Panteón se halla la plaza Navona, que en realidad es el espacio en el que estaba el Estadio que Domiciano construyó en el siglo I d.C.

Es un punto esencial de Roma, sólo tranquilo en algunas horas de la noche. Turistas y romanos aman el paseo por esta plaza alargada que fue un inmenso campo de ruinas desde el final del imperio, del que se sacaban mármoles y piedras para construir iglesias y edificios de todo tipo.

En el siglo XV se instala aquí un mercado, y la zona revivió para ser escenario en los siglos siguientes de festejos, carnavales, torneos e incluso festejos navales, en los que se adornaba el espacio con grandes decorados efímeros.

Alargada y relativamente estrecha, la plaza es peatonal y llena de bullicio, rodeada por edificios relativamente armónicos y amenizada por sus fuentes, la central con el obelisco que ubicó allí Bernini. Esta, la fuente Fiume, presenta alegorías de los grandes Ríos: El Ganges, el Nilo, el Danubio y el de la Plata. 

Imagen nocturna en la plaza Navona. Fuente de los Cuatro Ríos, con la iglesia de Sant´Agnese in Agone al fondo. Imagen de Guiarte.com / Manuel F. Miranda

Enfrente, está la iglesia de Santa Inés en Agonía (Sant'Agnese in Agone) obra de los Rainaldi y Borromini, con su elegante fachada cóncava.. Desde aquí se puede avanzar hacia el sur para encontrarnos con dos palacios notables. El primero de ellos el de Cancellería.

El palacio de la Cancellería es una magnífica obra barroca. Andrea Bregno y Bramante son sus autores. El nombre del palacio se debe a que en él se ubicó la Cancillería del Vaticano. Goza de extraterritorialidad, es decir, sigue perteneciendo al Vaticano. Es sobrio y armónico.

Campo dei Fiori
El espacio más pintoresco de esta zona romana, también animada por el comercio y el turismo, es Campo dei Fiori, una plaza, rectangular que acoge los días laborables un mercado popular, en el que se venden desde flores a legumbres o pescado.

Esta plaza ha sido un centro popular de Roma desde el siglo XV, cuando fue construida. También ha sido un centro de acogida de peregrinos, pues en torno a ella se alineaban las posadas. También fue punto de ejecución de reos. Aquí fue quemado, en 1600, Giordano bruno, filósofo acusado de herejía. 

La bellísima fachada del palacio Farnese. Imagen de www.turismoroma.it/

Más cercano al Tíber se halla el Palacio Farnese, Es el más bello palacio renacentista romano y contó con arquitectos como Sangallo, Miguel Angel y Giacomo dalla Porta.

Alberga buenas pinturas de Anibal Carracci en la extraordinaria Gran Galería, la mejor sala. La soberbia fachada principal da a la plaza Farnesse. Es obra de Sangallo y Miguel Angel, quien “animó” el diseño de Sangallo con la espectacular cornisa y el vano sobre la puerta de acceso.

El interior es principalmente de Miguel Angel. La plaza Farnese cuenta con fuentes que provienen de las termas de Caracalla.

Otro palacio notable es el Spada, a pocos metros del Farnese. Es también notable por su fachada manierista y por un una obra maestra de Borromini, un trampantojo de columnas donde que crea artificialmente una larguísima perspectiva.

La colección de pintura es extraordinaria, con obra de Reni, Tiziano Andrea del Sarto, Brueghel el Viejo...

Boca della Verità
La zona de la Boca della Verità es también muy conocida. Tiene muchos restos de la antigüedad, entre ellos un relieve circular (puede ser una fuente o una tapa de alcantarilla romana) en la que se representa una máscara. La pieza está asociada a leyendas antiguas que afirmaban su capacidad para detectar la mentira.

La pieza está en el pórtico de la iglesia de Santa María in Cosmedin, del siglo VI, con reformas posteriores, muy cargada de historia, que alberga entre sus reliquias el cráneo del patrón de los enamorados, San Valentín. La iglesia es muy visible por su altísimo campanario románico. Ante ella aparecen dos pequeños templos romanos. 

En el antiguo Foro Boario, perviven los templos de Hércules y el de Portunus. Imagen de Guiarte.com/Raquel Álvarez.

Esta es la zona del llamado Foro Boario, en un ámbito muy activo en la roma antigua, al lado del puerto fluvial y la Isla Tiberina, que facilitaba el cruce de la corriente.

El Foro Boario significa algo así como mercado de bueyes, y en torno a este ambiente comercial se instalaron muchos mercaderes extranjeros, sobre todo griegos.

Siempre exigieron lugares de culto en este espacio, por eso aún podemos ver allí los templos de Hércules y el de Portunus, salvados en la Edad Media por su transformación en logares de culto cristiano. El de Hércules es circular, rodeado de columnas, en tanto que el de Portunus es rectangular, con cuatro columnas en el frente y siete en sus lados.

El amante del arte encontrará poco más al sur, también cerca de margen oriental del Tíber, la iglesia de Santa Sabina, de un marcado sabor paleocristiano, es del siglo V.

Y mucho más…

En el curso de esta guía hemos visto multitud de lugares de interés en Roma… pero es imposible agotar las citas.



Plaza Colonna. Columna de Marco Aurelio. Imagen de Guiarte.com/Manuel F. Miranda

El viajero tal vez no quiera marcharse de Roma sin ver la Iglesia de San Pietro in Víncoli, en el Esquilino, que alberga en Moisés de Miguel Angel. O tal vez desee ver la plaza Colonna, donde desde el siglo II se alza la columna de Marco Aurelio.

Tal vez, el viajero quiera acercarse al Trastevere, donde la iglesia de Santa María conserva magníficos mosaicos del siglo XII. Desde allí puede ascender al Gianícolo para ver una buena perspectiva de la ciudad y luego acudir al palacio Corsini, de aire barroquizante, para ver arte, obras de Fra Angelico, Ribera o Caravaggio.

Aunque hablando de Iglesias, en Roma las hallará de todo tipo, como la que Miguel Angel hizo en el interior de las inmensas ruinas de las Termas de Diocleciano: Santa María de los Ángeles y de los Mártires. 

Termas de Diocleciano, con la entrada a la iglesia de Santa María de los Ángeles y de los Mártires, en primer término, fuente de las Náyades. Guiarte.com/manuel F. Miranda.

En el ámbito de los palacios, cabe recordar también el palacio Barberini, al norte del Quirinal. En el edificio trabajaron Maderno, Borromini y Bernini. Allí se atesora una magnífica colección de arte, en la que hay cuadros de El Greco, Holbein, Caravaggio y un largo conjunto de grandes artistas, especialmente italiano.

Más al norte, en los jardines de Villa Borghese hallaremos la galería Borghese, que conserva una gran parte de los tesoros artísticos de colección familiar, entre los que faltan obras de autores como Rafael, Rubens o Ribera.

Por no hablar de fuentes, porque en la mayoría de rincones con sabor no falta una fuente, la más de las veces de una opulencia barroquizante. A veces están en medio de las plazas, otras ocupando auténticas fachadas, como en el caso de Trevi o de la de Moisés, que llevaba a los barrios del norte de la urbe el agua del acueducto Alessandrino, llamado así en memoria del emperador Alejandro Severo, que lo mandó hacer en el siglo III. 

Obelisco dedicado a Ramsés II, uno de los más altos de Roma, en la plaza del Popolo. Imagen de Guiarte.com/Manuel F. Miranda

La lista sería inabarcable porque aún habría que hablar de Villa Médicis, las Termas de Caracalla, de la plaza del Popolo, de Vía Véneto….

…Y aún habría otra cita para muchos viajeros cristianos: las catacumbas, muy vinculados a los tiempos de clandestinidad de un cristianismo naciente. La Vía Apia nos proporciona varias de gran interés: San Calixto, San Sebastián y Domitila.

Y más…


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