Rheintal: El Rin más romántico

Hay un tramo del Rin especialmente pintoresco, territorio ensalzado por escritores y ensoñado por leyendas, paisaje cultural acogido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2002.

Se trata de un país de pequeñas ciudades, colinas, roquedos de pizarra, castillos y viñedos, en el que zigzaguea el Rin, mientras sube hacia el norte desde el entorno de Rüdesheim hacia Coblenza.

Una guía realizada con textos de Artemio Artigas y fotografías de guiarte.com y GNTB/Turismo Alemán

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El Rin zigzaguea entre pequeñas ciudades, colinas, castillos y viñedos, mientras sube hacia el norte desde Rüdesheim a Coblenza.

El Rin hasta Basilea

El Rin nace en Suiza y desemboca en el mar del Norte, después de pasar por varios países y recorrer 1300 kilómetros de longitud, drenando una cuenca de cerca de 200.000 kilómetros cuadrados.

El Rin en las catararas de Schaffhausen, las mayores de Europa. Imagen de guiarte.com

Pero hay muchos Rins. En su origen es un curso de agua salvaje, limpio, sonoro; que desciende con urgencia desde los Alpes, donde nace a más de 3000 metros de altitud, en el cantón de los Grisones.

Desde aquella altura, el río avanza vigoroso hacia el territorio germánico, en este primer tramo desciende 2600 metros de altura hasta hallarse en el Lago Constanza.

Pero aún se aprecia esa furia saltarina pocos kilómetros más abajo, al pasar por Schaffhausen, donde el agua se transforma en soberbias espumas, al caer por las mayores cataratas europeas.

Es a partir de Basilea, cuando el río se despide de Suiza, donde la corriente se hace pausada y solemne. Aún faltan 800 kilómetros para el mar y el cauce es una pista para los barcos que recorren sus aguas de norte a sur, de sur a norte. Basilea, merced al Rin, es el puerto de Suiza.

Una torre asoma a la rápida corriente del Rin, en Rheinfelden, Imagen de guiarte.com

Hacia el norte

Durante muchos kilómetros, desde Basilea hacia el norte, el río avanza en dos corrientes.

El Rin se serena al llegar a Basilea, última ciudad suiza en su camino. Imagen de guiarte.com

Una "la domesticada", empleada para la navegación y las explotaciones hidroeléctricas; la otra, la salvaje, como un entorno natural en el que se puede ver de nuevo el viaje del salmón, extinguido hacia la mitad del siglo XX y ahora reintroducido. El río, antaño cloaca de la Europa industrializada, va recuperando dignidad.

Luego, la corriente avanza por el ancho valle que divide la Selva Negra y los Vosgos, en medio de pueblos llenos de encanto y ciudades magníficas: Colmar, Estrasburgo, Friburgo... En estos lugares, el viajero puede reposar y comprobar visualmente cómo ésta ha sido una tierra en encuentro de culturas, pasillo de recorrido del conocimiento, del arte.

Avanza hacia el norte y la densidad histórica y artística continúa, a su lado, o en las inmediaciones, perviven urbes como Spira, Heidelberg, Worms, Maguncia... Su nombre nos suena a historia con intensidad.

El siguiente paso es especialmente famoso. De Rüdesheim a Coblenza, el río serpentea en medio de un paisaje de verdor, montes y castillos. Con razón este tramo es Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO.

Luego se va a abriendo de nuevo el paisaje, y el río se serena en dirección a Colonia y Dusseldorf, donde las chimeneas fabriles nos hacen pensar menos en la historia y más en las luchas del proletariado por el pan y la dignidad...

Y al fondo ya se divisa la apacible Holanda, la de los tulipanes y diamantes. Pensamos ya en Ámsterdam.

Un navío de contenedores viaja hacia el norte por el Canal de Alsacia, tras pasar la esclusa de Kembs. Imagen de guiarte.com

El Rin Central

Hay un tramo del Rin especialmente famoso y pintoresco, territorio ensalzado por escritores y ensoñado por leyendas, paisaje cultural acogido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2002.

Castillo de Stolzenfels, cerca de Coblenza. GNTB /Messerschmidt, Joachim

Se trata de un país de pequeñas ciudades, colinas, roquedos de pizarra, castillos y viñedos, en el que zigzaguea el Rin, mientras sube hacia el norte desde el entorno de Rídesheim hacia Coblenza; recorrido de unos 65 kilomteros de longitud.

Este valle, estrecho, recorrido una y otra vez por ejércitos y culturas, conserva un aspecto particular que transmite un sentimiento romántico, con sus paisajes dominados por fortalezas y cubiertos por viñedos; un paisaje que desde hace siglos cantan poetas y trovadores.

Desde lo alto, desde castillos y riscos, la vista es magnífica; entre estos puntos el Loreley, la montaña símbolo del Rin romántico, en la que Heine soñó una doncella que cantaba melodías embriagadoras mientras, sentada, peinaba sus cabellos dorados.

El ámbito afectado por la declaración del Patrimonio de la Humanidad está incluido en los estados federales alemanes de Renania Palatinado y Hesse.

Cuando la UNESCO atribuyó la categoría de Patrimonio de la Humanidad a este corredor de 65 kilómetros, destacó que este valle ha sido paso de las culturas entre el norte de Europa y el sur; es importante por sus características peculiares, formadas por el geomorfismo del territorio y la ocupación y explotación humana durante dos mil años; ejemplo de las modificaciones de los modos de vida tradicionales y del transporte en un estrecho valle fluvial; y ámbito de interés por su vinculación a la historia, el arte y la literatura.

Historia del valle del Rin

Desde la última era glacial, el valle conoció población humana, pero el territorio entró con fuerza en el ámbito de la historia con la llegada de los romanos en el siglo I a.C., que hicieron de esta parte de su imperio un país frontera.

Por la orilla oeste, los romanos construyeron una vía de transporte que enlazaba con las populosas poblaciones más norteñas y que complementaba la vía fluvial.

Tras el hundimiento del imperio romano, desde el siglo V, el país quedó sumido en una época más oscura hasta que fue integrado en el territorio de los reyes francos y luego del imperio carolingio, aunque buena parte de la zona fue quedando progresivamente en manos de la iglesia y las órdenes monásticas.

El ámbito descrito, tras la partición del Imperio, quedo afectado a distintas dominaciones y a medida que avanzaba la Edad Media, fueron construidas por aquí diversas fortificaciones (unas cuarenta) que mostraban el poder señorial y, a la vez, controlaban el transito comercial.

Castillo Marksburg, sobre Braubach. GNTB/ Scherf, Dietmar
Catedral de Maguncia. Rin. GNTB/Marth, Gundhard
Ubicada la zona en el corazón del Imperio romano-germánico, cuatro de los siete electores tenían algún enclave en este entorno del Rin, donde se reunían para tratar temas de la sucesión imperial.

En la región hay excelentes muestras artísticas, no en vano se ubica entre los importantes centros culturales de Colonia y Estrasburgo. Hay excelentes muestras góticas que lo demuestran.

Hasta la Guerra de los Treinta Años, la zona tuvo una importancia notable como región vinícola. Bacharach fue importante mercado de este producto. A partir del XVII el medio Rin fue permanentemente campo de luchas, tradicionalmente por invasiones de Francia. Muchos de los castillos fueron destruidos en el conflicto de 1688-1692.

La zona llegó a caer en la órbita francesa hasta que la rescató Prusia, desarrollando un periodo de progreso comercial con la introducción de la navegación a vapor y los ferrocarriles. Los románticos - y la restauración de algunas fortalezas- pusieron en valor este paisaje, que en el siglo XX conoció un gran desarrollo turístico.