Puerto Lápice-Belmonte

De Puerto Lápice a Belmonte, pasando por Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, El Toboso y Mota del Cuervo.
La magnífica plaza de El Toboso, patria de Dulcinea. Guiarte.com

Elegimos Puerto Lápice como arranque por estar a la vera de la autopista que une Madrid con Andalucía. Es pues un lugar de fácil acceso, en las estribaciones de los Montes de Toledo, cuando éstos han perdido prestancia y no son otra cosa que cerros coronados por molinos de viento o antenas de telefonía.

El Nombre de Puerto Lápice deriva de su cualidad de suave paso de esta zona de baja montaña y su característica geológica de ser tierra de piedra lapícea. Aquí estaban las ventas de Puerto Lápice, que se convirtieron en municipio en el final del siglo XVIII, en tiempos de Carlos III.

Junto a su Iglesia Parroquial, de Nuestra Señora del Buen Consejo, se puede ver una sencilla escultura de Don Quijote, al lado de una magnífica venta que lleva el nombre del Hidalgo, y que es del siglo XVII. En ella abundan las referencias al personaje cervantino. En el mismo patio, al lado de un brocal de pozo y un bebedero de piedra, hay una estatua metálica del caballero, que nos hace recordar el momento del inicio del periplo de Don Quijote y su graduación como caballero andante:

“Autores ay que dizen que la primera aventura que le avino fue la del puerto Lapice, otros dizen que la de los molinos de viento; pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que el anduvo todo aquel dia, y al anochecer, su rozin y el se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, mirando a todas partes por ver si descubriria algun castillo o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiesse remediar su mucha hambre y necessidad, vio, no lexos del camino por donde iva, una venta...”

En aquella venta –que él imaginó fortaleza- fue nombrado caballero por un ventero –que él imaginó gran señor- en presencia de dos “mozas de partido” que iban camino de Sevilla.

De Puerto Lápice sale una carretera hacia el oeste, en dirección a Alcázar de San Juan. El primer pueblo es Herencia, que en el pasado conquistó fama como tierra de azafrán y donde se hacía buena ropa para religiosos. Destacan en el lugar varios edificios vinculados a la religión: La iglesia de la Inmaculada y el antiguo convento mercedario.

Poco más adelante está Alcázar de San Juan

Alcázar de San Juan tiene unos 25.000 habitantes, y es un lugar de larga historia, que creció en tiempos de Roma a la vera de la vía que unía Mérida y Zaragoza. El museo Municipal, cerca de la plaza de España, centro del lugar, alberga mosaicos de aquella lejana época.

En tiempos árabes la población destacó por su riqueza de salitre, y la palabra árabe al-kazar quedó en el nombre del lugar. El “apellido” de San Juan se refiera a su pertenencia a la orden de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, de quien dependió en el siglo XIII.

En el siglo XIX creció merced a la construcción del ferrocarril que distribuye la comunicación del centro de España hacia Valencia y Andalucía.

Aunque la villa tiene algo de destartalada por su crecimiento urbanístico descontrolado, en el plano cultural atesora elementos de interés. Hay viejas construcciones y casonas donde aflora una bella piedra de color rosado y que atestiguan la pertenencia a destacados señoríos.

Hay una polémica que afecta al lugar y es que éste compite con Alcalá de Henares en ser el lugar natal de Miguel de Cervantes. En 1748 se descubrió en la Iglesia Parroquial una partida de bautismo de un tal “Miguel de Cervantes Saavedra”. El conocimiento de Cervantes del entorno y los personajes manchegos avalaría este origen también.

Como lugar de visita se recomienda la visita al torreón del Gran Prior, airosa torre de piedra rosada, del entorno del siglo XIII. Junto a ella está la iglesia de Santa María la Mayor, donde se detecta la huella del románico al barroco. Era parroquia en el siglo XIII, cuando arribaron aquí los caballeros de San Juan.

Al lado de los elementos anteriores está el Cubillo, resto de elementos defensivos medievales, tal vez el palacio del Prior. Las iglesias de la Trinidad, Santa Quiteria y San Francisco, dan fe de la importancia del lugar en el pasado.

No faltan en el lugar algunas casas manchegas con valor, ni algún cerro coronado con el emblemático molino manchego.

La gastronomía es la típica de la Mancha: tiznaos, pistos y asados. Tienen fama las tortas de alcázar, salidas antaño de las cocinas del convento de santa Clara, postre basado en harina, huevos y azúcar.

Siguiendo en dirección este, a unos siete kilómetros está Campo de Criptana. Es una parada obligada.

La imagen de Campo de Criptana nos recordará al Quijote. Sobre el otero que domina al pueblo aparece un magnífico conjunto de molinos de viento, una de las imágenes más famosas del territorio.

El lugar tiene unos 13.000 habitantes y surgió en torno al castillo de Chitrana, derruido en los días de los Reyes Católicos. Fue un importante centro de molienda de cereales en el que hubo, al parecer, hasta cuarenta molinos de viento. Hoy quedan diez, algunos de los cuales tiene ya unos quinientos años. Se dedican a varios aspectos. Uno de ellos está dedicado a un personaje popular del lugar: la actriz Sara Montiel.

Cerca de la zona de los molinos hay una serie de casas, de blanco y azul, que tienen indudable belleza plástica.

En el lugar, aparte de cierta arquitectura religiosa, destaca el Pósito, del siglo XVI.

Imagen del castillo de Belmonte. Un magnífico lugar histórico.Imagen de http://perso.wanadoo.es/belmonte/

Saliendo hacia por la carretera a Pedro Muñoz, a unos dos kilómetros aparece el santuario de la virgen de Criptana, donde estuvo el castillo, y en cuyo entorno se han hallado restos provenientes hasta de la prehistoria. A su lado surge una carretera que va en dirección hacia el norte, que nos permitirá llegar a otro pueblo mítico: El Toboso.

En el medio del camino, el viajero se sorprenderá al pasar ante una inmensa granja de avestruces, que lejos de llevarnos el pensamiento hacia los días de Cervantes nos lleva a los ámbitos centroafricanos. (Aunque el avestruz aparece varias veces en el libro, en labios del Quijote y de Teresa Panza, e incluso al referirse cervantes al Qijote apócrifo escrito por un individuo de Tordesilla, con pluma de avestruz grosera")

El Toboso es un lugar de mucho encanto, no sólo por ser un lugar cuidado, sino –sobre todo- por ser la cuna de Aldonza Lorenzo, la “princesa Dulcinea del Toboso”.

Don Quijote pensó que un caballero sin amor era como un árbol sin fruto o un cuerpo sin alma. Según el relato, en un lugar cerca del suyo hubo una mujer, Aldonza Lorenzo, de quien él un tiempo estuvo enamorado. La llamó Dulcinea del Toboso, señora de sus pensamientos.

La patria de Dulcinea, apenas tiene ahora unos 2.000 habitantes. En ella el viajero verá la casa de Dulcinea, que para los lugareños es el lugar donde habitó la princesa de los sueños del loco caballero. Se trata de un noble edificio del siglo XVI, que alberga un museo de carácter etnográfico.

En las cercanías está el convento de las trinitarias, de sencilla y austera arquitectura herreriana. También está próximo el de las franciscanas, con aire recoleto. En la magnífica plaza un Don Quijote metálico se humilla en amores ante la princesa local.

Está bien cuidada la plaza, con bellos edificio, entre ellos un museo cervantino, y con la poderosa iglesia parroquial de San Antonio Abad. Del siglo XVI, y de notable grandeza.

El pueblo está cuidado, y agrada la blancura encalada de sus casas.

Siguiendo en dirección oeste, a unos doce kilómetros podemos llegar a Mota del Cuervo, donde nos encontraremos con otro buen conjunto de molinos, en un cerro dominante, a la manera de los de Consuegra o Campo de Criptana.

En Mota hay una gran tradición alfarera, en la que eran las mujeres las artesanas, las cantareras.

En lo que respecta a la arquitectura, lo más destacado es la iglesia parroquial de San Miguel, construida entre el XV y el XVII. De fuerte torre y sendas portadas.

El punto final de esta primera etapa es Belmonte, un lugar de unos 2.000 habitantes pero que conserva huellas de un pasado ilustre, en el que se incluye su cualidad de villa natal de Fray Luis de León.

Lugar íntimamente vinculado al marquesado de Villena, creció a la vera de poderosos castillo y la iglesia colegiata.

El castillo, visitable, es del siglo XV, construido sobre otra fortaleza medieval anterior. Tiene aires góticos y mudéjares. Se conserva en buen estado.

La colegiata de san Bartolomé, es gótico-renacentista, un buen coro, retablo barroco e interesantes obras de arte y orfebrería.

Aquí nos encontraremos aún con elementos defensivos medievales, con el palacio del infante Don Juan Manuel, la casa de Fray Luis de León y otros edificios religiosos.

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