Entre el oso y el águila

Estonia, Letonia y Lituania: las Repúblicas Bálticas buscan su camino alejadas de Rusia y de Alemania

Texto y fotografía de Miguel Moreno Gallo

Cuentaviajes Entre el oso y el águila

Relato de viaje a Entre el oso y el águila

Pasado y presente

Los tranvías y trolebuses que recorren las calles de Tallín (Estonia), Riga (Letonia) y Vilnius (Lituania) nos evocan una imagen romántica de transporte colectivo que hace tiempo perdimos en las calles españolas.

Pero si nos fijamos un poco más en las carrocerías de algunos vagones vetustos, veremos que han sido repintados con la marca roja de coca-cola sobre el gris soviético que dominó durante décadas.

A los habitantes de las repúblicas bálticas les pasa lo mismo que a sus tranvías. Hoy son furibundos nacionalistas, fervientes europeos, aunque las reminiscencias comunistas siguen aflorando tan pronto como se rasca la superficial capa de pintura capitalista.

Típico edificio “soviético” en Riga, reminiscencia de varias décadas de dominio ruso. Imagen de Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

¿Cómo es posible que las ciudades bálticas estén llenas de coches de lujo y vacías de utilitarios? ¿Por qué la gente sobrevive gracias a tener tres empleos? Seguramente porque las empresas hacen como que pagan, y los empleados hacen como que trabajan. La corrupción, las mafias (algunas transferidas a España), la nomenklatura, siguen mandando a orillas del Báltico.

La decoración de los templos católicos lituanos recuerda mucho al barroco polaco, tan cromático y lujoso. Imagen de Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

    

Encantados de conocerse

ENCANTADOS DE CONOCERSE

Estonia, Letonia y Lituania siempre han girado en la órbita de Alemania (el águila), de Moscú (el oso), o de Polonia (la cruz). Apenas han disfrutado de periodos de independencia: un leve soplo después de la Primera Guerra Mundial, y una reciente fuga de la Unión Soviética en 1991 para incorporarse con prisa a la Unión Europea.

Ahora bien, estonios, letonios y lituanos no pueden verse entre sí, como buenos vecinos que son. Los Países Bálticos nunca fueron reinos, ni siquiera países, apenas condados satélites de diferentes potencias, pero han sabido encontrar la referencia negativa en los demás para demostrarse a sí mismos lo importante que es ser estonio, letonio o lituano (táchese lo que no proceda).

La especulación está rodeando el casco histórico de Vilnius, en Lituania, pero aún se conservan amplios espacios verdes en el centro de la ciudad. Imagen de Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

Otro problema importante de los Países Bálticos es su diversidad poblacional. Si bien el Lituania el 80 por ciento son lituanos, y no se detectan problemas de convivencia con otras minorías, en Estonia sólo son estonios el 68 por ciento (26 por ciento de rusos), y en Letonia los oriundos son poco más de la mitad de la población (52 por ciento), frente a un 34 por ciento de rusos y un 16 por ciento de otros orígenes.

Vista de Vilnius (Lituania). Las iglesias dominan el entramado urbano. Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright
En Letonia, según cuentan, los rusos no quieren aprender el idioma, miran más a Moscú que a Riga, y creen que en cualquier momento va a volver la Unión Soviética. A cambio, los letones discriminan a los rusos negándoles el pasaporte (seguramente será el país con mayor número de apátridas del mundo), el voto y la voz. Es decir, que a los rusos de Lituania les ocurre como en la época soviética, que siguen sin tener libertad de movimientos, ni libertad de elección, ni prácticamente libertad de expresión.

    

Monotonía rural

LA MONOTONÍA RURAL...

El paisaje de las Repúblicas Bálticas es liso, monocorde, muy poblado (repoblado) de árboles, principalmente pinos, que convierten cualquier viaje en una pesadilla repetida, en una sensación de “dejá vu”, que diría un francés.

Apenas hay leves ondulaciones, colinas, ninguna montaña, ríos que prefieren los meandros y algunas zonas abiertas en las que los agricultores se empeñan en sacar rendimiento a unas arenas grises procedentes de la última glaciación europea. Las granjas salpican el campo, pero no ofrecen ninguna visión agradable a pesar de la proliferación del cultivo de flores, al que tan aficionados son.

Desde el aire, las repúblicas bálticas ofrecen una imagen rural llana, sin relieves, verde incluso en verano. Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

     

Buenas ciudades

Las buenas ciudades...

Las cosas cambian cuando se llega a las ciudades. A pesar de los largos ańos de dominación soviética, de los barrios-dormitorio prefabricados en hormigón, de las monumentales sedes del Partido Comunista, del abandono del culto en las iglesias, en general se conservan buenos conjuntos urbanos.

Por una parte, la ausencia de especulación ha permitido conservar amplias zonas verdes en el centro de las grandes urbes. Por otra, la carencia de recursos económicos ha obligado a mantener viejas construcciones de madera que han sobrevivido milagrosamente al paso de los ańos y de los hielos.

Los espacios verdes embellecen las capitales bálticas. En Riga, el antiguo foso de la muralla se ha convertido en un canal festoneado de jardines. Miguel Moreno. Guiarte.com
Por último, cabe destacar que la indiferencia ante el hecho religioso (la práctica católica u ortodoxa no estaba prohibida, sino mal vista) ha fosilizado también numerosos templos, y de alguna manera los ha preservado del gusto –mal gusto- desarrollista de la segunda mitad del siglo XX.

     

Tallín

Tallin, capital de Estonia

El resultado es que en Tallin (Estonia) aún se puede disfrutar de una ciudad medieval amurallada, con buena parte de los edificios originales, rodeada de zonas verdes.

Se conserva el trazado, incluida la calle llamada "Pata Larga"; las casas y los edificios públicos se han restaurado, y el empedrado, seguramente de mediados del siglo XX, aporta un aire antañón al conjunto.

Tallin está dominada por un recinto amurallado en el que tradicionalmente vivían los más acaudalados. A los pies se despliega el barrio de los comerciantes y de la burguesía. Hoy en día, los coches de lujo parecen haber unificado ambos distritos.

Iglesia ortodoxa en Tallin. La restauración de monumentos ha devuelto el esplendor a los templos abandonados durante el régimen soviético. Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

     

Riga

Riga, la capital de Letonia, se encuentra relativamente cerca del mar, si bien sus calles más importantes van a morir al navegable río Daugava, desde el que Rusia exportó sus mercancías durante siglos.

La época de esplendor fueron los primeros años del siglo XX, y eso se nota incluso sin estudiar su historia. Basta con recorrer las calles principales, donde los centenares de edificios modernistas recuerdan el flujo de dinero dedicado a la ostentación.

La estatua de la libertad, en el centro de Riga. Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

Pero Riga tiene otros lugares de interés, como la amplia zona ajardinada junto a las antiguas murallas, las iglesias góticas que salpican el casco antiguo, o el mercado central que ha aprovechado la estructura de los hangares de los antiguos zepelines alemanes.

     

Vilnius

Vilnius, la capital de Lituania

Más al sur, Vilnius, la capital de Lituania, es una prolongación de la vecina Polonia. Las torres de las iglesias compiten con las colinas de la ciudad y en general se respira un aroma religioso -muy barroco, eso sí- en el que resulta muy agradable sumergirse. Cualquier esquina puede depararnos la sorpresa de una perspectiva en fuga hacia una cúpula o una fachada.

En el interior de las iglesias no es difícil encontrarse con estatuas que se salen de su marco, con policromías teatrales, con incienso y cánticos celestiales. En paralelo, la ciudad profana disfruta de la cerveza, del consumismo y del baloncesto, deporte en el que el país es una potencia. Algunos turistas llevan unas camisetas en las que se lee el lema de Lituania: las tres B: beer, basket y BMW.

Las iglesias barrocas de Vilnius tienen orientadas sus fachadas hacia arboledas y calles con perspectiva. Miguel Moreno. Guiarte.com. Copyright

     

Datos. Estonia

Los datos de Estonia...

Estonia

Superficie: 45.227 kilómetros cuadrados (Menos que Aragón).

Población: 1.350.000 habitantes. (Como la Comunidad de Murcia).

Capital Tallin: 400.000 habitantes.

Estonios: 68 por ciento.

Rusos: 26 por ciento.

Ucranianos: 2 por ciento.

Bielorrusos: 1 por ciento.

Finlandeses: 1 por ciento.

Religión: luteranos (mayoritarios), ortodoxos, baptistas y metodistas.

La remodelada plaza del Ayuntamiento de Tallin, lugar de encuentro de los turistas.Imagen de Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

     

Datos. Letonia

Los datos de Letonia...

Letonia

Superficie: 64.600 kilómetros cuadrados (Como Extremadura y la Comunidad Valenciana juntas).

Población: 2.400.000 habitantes (como la provincia de Valencia).

Capital Riga: 810.000 habitantes.

Letones: 52 por ciento.

Rusos: 34 por ciento.

Ucranianos: 4 por ciento.

Bielorrusos: 5 por ciento.

Religión: luteranos evangélicos (mayoritarios), otros cristianos.

Edificios modernistas bálticos de Riga en plena restauración.Fotografía de Miguel Moreno. guiarte.com. Copyright

     

Datos. Lituania

Los datos de Lituania...

Lituania

Superficie: 65.200 kilómetros cuadrados (Como Extremadura y la Comunidad Valenciana juntas).

Población: 3.465.000 habitantes (Como Extremadura y la provincia de Valencia).

Capital Vilnius: 578.000 habitantes.

Lituanos: 80 por ciento.

Rusos: 8,5 por ciento.

Polacos: 7 por ciento.

Ucranianos, judíos y bielorrusos: 5 por ciento.

Religión: católicos (mayoritarios), ortodoxos y otros.

El catolicismo impera en Lituania. Al norte del país se encuentra la llamada colina de las cruces, en la que abundan los signos cristianos a modo de exvotos. Fotografía de Miguel Moreno. guiarte.com.