Hacia el sol de medianoche

Rodeada por los oceános Glaciar Ártico y Atlántico, y Suecia, Noruega es un país que destaca por su vigorosa naturaleza ...y sus precios.

Es un cuentaviajes de Javier París Larrea, joven periodista navarro, que realizó un largo recorrido por los territorios del norte de Europa.

Cuentaviajes Hacia el sol de medianoche

Relato de viaje a Hacia el sol de medianoche

Paisaje y hombre

Tras 13.500 kilómetros recorridos en su mayor parte en tren, por media Europa, a lo largo de un mes, al viajero le queda la sensación de una dicotomía entre bellas ciudades como:

Urbanidad y naturaleza en un mismo viaje en el que el protagonista aprecia que lo mejor no está en el paisaje sino en las personas que lo habitan. Por ello, se recomienda escoger una de las dos caras de una misma moneda para saborear las diversas vistas que ofrece Europa.

Anochecer en el Norte. Fotografía de Javier París/guiarte.com

En esta ocasión, el viajero se decanta por la naturaleza con una parada prolongada en Noruega, país de 4,5 millones de habitantes, independiente de Suecia desde 1905. Es la tierra del explorador polar Roald Amundsen, del jefe vikingo Erik el Rojo, del pintor expresionista Edvard Munch o de la actriz Liv Ullman.

Paisaje en el trayecto Bergen-Oslo. Foto Javier París/guiarte.com
¿Las razones, para centrarse en la naturaleza? Evidentes: fiordos, salmón, nieve en pleno verano, sol de medianoche, cabo Norte, litoral, montaña y unos noruegos orgullosos de serlo.

El inconveniente mayor, quizá uno solo: el precio de la vida. Aunque ahora ya sea en euros, el nivel es extremadamente alto y la estancia en el país se antoja breve a no ser que se disponga de dinero suficiente como para multiplicar por tres el precio de cualquier necesidad básica en España.     

El mítico camino hacia el norte

La época aconsejada para viajar es julio pero, ojo, no acudir a finales porque nos perderemos uno de los más bellos espectáculos: el sol de medianoche.

Un fenómeno por el cual el sol no se oculta en las 24 horas del día, escena que, a medida, que avanza el mes de julio, sólo se puede apreciar si se sube hacia el norte.

Antes de adentrarse en tren en el país, hay que estudiarse bien el plano de comunicaciones ferroviarias porque, si bien, cuenta con trenes modernos y eficaces, también es cierto que Oslo se convierte en el nudo donde convergen todos los destinos.

Si uno quiere ir de Bergen a Stadvanger o a Trondheim tendrá que pasar antes por Oslo.

     

Oslo, esculturas vivas

El viajante entró al país, lógicamente, por Suecia, pero procedente de Malmoe y Goteborg. La primera parada es Oslo.

De parecido estilo a lo que posteriormente se aprecia en el resto de capitales escandinavas, pero sin derrochar la elegancia de Estocolmo, la calidez de Copenhague o la amabilidad de Helsinki. Sí, características normalmente unidas a las personas pero que en estos casos, como se decía al comienzo, se extienden a sus lugares de cobijo.

Parque de Vigeland. Oslo. Fotografía de Javier París/guiarte.com

El principal destello de luz de la capital noruega no se encuentra para el protagonista en sus edificios, ni en sus monumentos, que los tiene, ni en los museos, que también. Más bien se haya en el Vigelands Parken, un parque situado en las afueras y que concentra una fantástica colección de esculturas y conjuntos escultóricos sobre la vida y la muerte, sobre las relaciones personales y familiares, desnudas, sin ningún tipo de artificios, realizadas por Vigeland en la posguerra.

     

Bergen, el mar atrapado

El siguiente rumbo es claro: el paisaje en forma de fiordo, apreciable en varias zonas de la costa noruega.

Fiordo. Fotografía de Javier París/guiarte.com

Bergen concentra varias características en este sentido: ciudad costera, con su mercado diario donde se vende salmón fresco, muy fresco, se encuentra a escasos kilómetros en tren de los fiordos, originalmente creados por la erosión que el hielo ejercía sobre la tierra y que tras la era glacial fue cubierta por el mar, y que en ocasiones se adentra en tierra firme 200 kilómetros con una profundidad máxima de 1.350 kilómetros...

Existe la posibilidad de escoger en la oficina de turismo del lugar un viaje de un día de duración por los fiordos, una combinación altamente recomendable.

Anochecer en bergen. Fotografía de Javier París/guiarte.com
Combina el viaje en tren hasta Myrdal, otro en un tren más panorámico y espectacular hasta Flam y, allí, recorrido en barco por parte del Sognefjord durante dos horas en las que permite apreciar la inmensidad de este fiordo de 204 kilómetros de longitud y observar cómo las gaviotas comen de la mano al turista.

Después viaje en autobús por desfiladeros hasta Myrdal y vuelta en tren hasta Bergen. El precio, desde luego, no es bajo, pero ¿a qué se ha venido a Noruega?

    

El Norte, un poco de todo

Como queda dicho, para subir hacia el norte, hay que llegar hasta Oslo de nuevo y partir hacia Trondheim.

No os apene porque el recorrido en tren entre estas dos ciudades, las mayores del país, es otra maravilla, con paisajes a ambos lados de las ventanillas dignos de mención: lagos, montañas y nieve en medio de un clima que en julio llega a ser cálido (sin alcanzar las cotas españolas, claro está).

Trondheim. Noruega. Fotografía de Javier París/guiarte.com

Una vez en Trondheim el tiempo cambia y se torna gris y algo lluvioso. El viajero teme perderse el espectáculo del sol de medianoche como así será. Aquí destaca la Nidarosdomkirken, la catedral, erigida sobre la tumba de San Olav y donde coronan a los reyes noruegos.

La ciudad se visita a pie y con dedicarle un día es más que suficiente.

Se sigue subiendo con la esperanza de apreciar el sol de medianoche pero, mientras, todo hay que decirlo, el paisaje deja al visitante extasiado.

En especial, las islas Lofoten son muy recomendables. A medida que se acerca uno al Cabo Norte la vegetación disminuye... y las líneas ferroviarias, y las poblaciones también.

    

Y ...Finlandia

Una vez visto este cabo, el consejo es bien claro para el neófito:

llegar como mucho hasta Tromso y, de ahí, descender hasta alcanzar Finlandia, Lulea y atravesar este país desconocido para los españoles de Norte a Sur.

No merece la pena perder dos o tres días en alcanzar el Cabo Norte. Mejor, comprarse una postal.

Finlandia, Joansuu. Anochecer. Fotografía de Javier París. guiarte.com