La isla de Santa Catarina

Decenas de miles de turistas llegan cada año a Santa Catarina, atraídos por la fama de sus playas norteñas. Pero la gran parte de ellos regresa a sus lugares de origen sin haber visto lo mejor.

Playa de Canasvieiras. Imagen de Guiarte.com

El norte de la isla tiene el famoso “binomio” de sol y playa… Pero afortunadamente Santa Catarina es más, mucho más.

La isla, de unos 500 kilómetros cuadrados, tiene forma alargada, con más de 50 kilómetros en línea recta desde su extremo norte hasta el sur. Y está bastante poblada, porque en el centro de la misma, frente al continente, se halla el cogollo de la ciudad de Florianópolis, capital del estado de Santa Catarina, que llega desde el Atlántico hasta el noreste de Argentina.

La población de la isla, unos 300.000 habitantes, se distribuye muy irregularmente, pues buena parte del espacio geográfico aún está ocupado por la Mata Atlántica, la selva primitiva que cubre gran parte de la zona montuosa, y de forma especial el entorno de la Lagoa da Conceióao y la parte sureña.

La Isla de Santa Catarina. Guiarte.com

Santa Catarina pertenece administrativamente al municipio de Florianópolis y se divide en doce distritos. Además de la propia Florianópolis, están los de Barra da Lagoa, Cachoeira do Bom Jesus, Campeche, Canasvieiras, Ingleses do Rio Vermelho, Lagoa da Conceióão, Pвntano do Sul, Ratones, Ribeirão da Ilha, Santo Antonio de Lisboa y San Joao do Rio Vermelho.

Desde la capital, Florianópolis, hay tres puentes para llegar al continente: el más famoso de ellos lleva el nombre de Hercilio Luz, ahora está fuera de servicio, aunque es el icono local. Los otros dos -ponte Colombo Salles y ponte Pedro Ivo Campos- acaparan la amplia circulación rodada que fluye entre la isla y el continente, generada en buena parte por el turismo. Argentinos, paraguayos y uruguayos, además de los brasileños, abarrotan en verano las playas más concurridas del norte, y muchos de ellos utilizan el vehículo propio.

La isla de Santa Catarina se une al continente, en Florianópolis, a través de tres puentes. Guiarte.com

Sin embargo, conducir por la isla es un martirio. Malas carreteras, colapsadas, mal trazadas, mal firme… y para colmo una serie de bandas elevadas, anárquicamente dispuestas, mal construidas, peor mantenidas y desastrosamente señalizadas, que transforman el viaje en una expedición de riesgo.

Durante mi larga estancia en la isla, en Ribeirao da Ilha, contemplaba perfectamente el tráfico aéreo del aeropuerto, porque estaba a una distancia real de cuatro kilómetros del mismo. Sin embargo, el día que abandoné el lugar tuve que salir con tres horas de antelación, y aun así en algún momento vi peligrar el plan de viaje. Para llegar al aeropuerto había que hacer más de 20 kilómetros por una carretera colapsada (a veces cortada) en un rodeo ridículo, máxime cuando hay una carreterita cercana a la costa que lo evita …pero cuyo tráfico está vedado a la generalidad de la población, por estar en terreno militar.

Casas de aire azoriano, en Ribeirao da Ilha. Guiarte.com

Sin embargo, vale la pena soportar el abandono a que está sometida la isla, especialmente por su enorme encanto natural.

A lo largo de sus 500 kilómetros cuadrados se hallan numerosos montes, el más de elevado de los cuales es el de Ribeirao, con unos 530 metros de altitud. Hay también dos bellísimas lagunas. La mayor, es la Lagoa da Conceióão, de agua salina y situada hacia el centro de la isla; la otra, de agua dulce, es la Lagoa do Peri. Una naturaleza magnífica y salvaje rodea ambos espacios.

A varios lugares de la isla es imposible llegar con vehículos de ruedas. No hay carreteras en gran parte de la zona sur, y también son escasas en el entorno norte de la Lagoa da Conceióão. Y lo deseable es que no se hagan, porque la situación actual ha permitido una extraordinaria conservación del hábitat. Allí donde no se llega con el automóvil es posible acceder a través del algún sendero o mediante el uso de embarcaciones.

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