Qué ver en Guimaraes, Cuna de Portugal

Visitas y monumentos y otras cosas que hay que ver en Guimaraes, Cuna de Portugal

Para ver

La ciudad de Guimaraes, patrimonio de la UNESCO, es activa pero suficientemente tranquila como para permitir un agradable recorrido al viajero.

En Guimaraes, como en tantos otros sitios, la evolución de la historia se puede ver a través de las curvas de nivel. En el punto más alto y más antiguo es el Castillo; un poco más abajo, está el barrio medieval, y en la vega la ciudad moderna, los edificios presuntuosos, los ensanches.  

El Castillo

Domina la ciudad y da porte al perfil urbano de Guimaraes. La torre del homenaje, del siglo X, con 28 metros de altura, destaca sobre una fortaleza que conserva los bastiones del siglo XV.

Siete torres cuadradas, construidas sobre la roca, arropan a la torre del Homenaje. Aunque el conjunto es híbrido, el resultado es homogéneo, porque las torres cuadradas y las almenas devuelven una imagen tradicional de castillo de libro.

Lo que más sorprende, sin embargo, es el recorrido por el patio, asentado sobre un roquedo que aflora en lugar del pavimento, y que proporciona una sensación de fortaleza por antonomasia.

Al pie del castillo se yergue la iglesia de San Miguel (del Castillo, claro), románica del siglo XII que habla del tamaño reducido de la población en aquellos momentos de la Edad Media. Tiene la pila bautismal en la que recibió las aguas Alfonso Enriquez, quien cimentaría el reino portugués.

El Castillo, visto desde la iglaesia de San Miguel. Miguel Moreno. guiarte.com

Iglesia de San Miguel

La iglesita de San Miguel forma con el castillo y el Palacio de los duques de Braganza en conjunto evocador del cerro que corona el entramado urbano.

Pila en la que fue bautizado Alfonso Henriques. Guiarte.com. Copyright

Es un diminuto templo de estilo románico, realizado en el entorno de principios del siglo XIII, cuyo suelo está cubierto de viejas losas funerarias.

La pequeña capilla, de escaso contenido artístico, alberga una pila bautismal, recogida tras un enrejado, en la que se dice que fue bautizado Alfonso Henriques, quien luego llegaría a ser rey de Portugal.

Aunque la iglesia sería posterior a la fecha del bautismo del noble, esa vinculación histórica y el hecho de estar entre el Castillo y el Palacio de los duques de Braganza, le otorga un contenido emocional, y hace que sea muy visitada.

Imagen de la pequeña capilla de San Miguel del Castillo. Guiarte.com. Copyright

El Palacio de los Duques de Braganza

Casi en línea recta, hacia el sur, este Palacio, del siglo XV, nos ofrece ya una imagen distinta, palaciega, europea. Fue construido por el primer duque de Braganza.

Aunque fortificado, el palacio enseña los tejados apuntados y las altas chimeneas – un total de 39- que recuerdan los castillos franceses. En sus mejores momentos fue una de las residencias más nobles de la Península Ibérica. Ha sido restaurada en 1933.

En su interior, lo mejor son los techos y los tapices. Tambien tiene interesante amueblamiento.

El magnífico palacio ducal. Miguel Moreno. guiarte.com
 

Centro histórico

Una vez vistos los principales monumentos, lo más interesante de Guimaraes es el callejeo por el conjunto urbano.

Se podrán ver la iglesia de San Dámaso (del siglo XVII), el Convento de Santa Clara (del XVI), los Pazos municipales, el Salado (que conmemora la batalla del mismo nombre de 1340) o la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira, del siglo XIV.

Todos ellos son edificios solemnes, hermosos, a veces reconstruidos por el tiempo y convertidos en venerables ruinas. Pero el conjunto arquitectónico permanece agradable.

Plaza de Santiago. Miguel Moreno. guiarte.com

Ruas, praças y largos de Guimaraes

Bajando desde el castillo, la capilla de San Miguel y el Palacio se llega al centro histórico a través de la calle de Santa María, siglo XII, que une la zona fortificada con la parte baja del pueblo.

Cabe detenerse después en el Largo Martins Sarmento, en Joao Franco, en el Largo Condessa do Juncal o en la Alameda de San Dámaso y plaza del Toural, que ofrece un armonioso conjunto de edificios que han sustituido a las viejas murallas y sirven hoy para reflejar el sol sobre los jardines públicos próximos.

Una de las características más sobresalientes de Guimaraes es la trabazón urbana, su carácter asequible y permeable, con arcos que permiten el paso de la plaza de Santiago al Largo de Oliveira, y la pervivencia de comercios antiguos que hacen abrir aún más los ojos de los turistas asombrados.

Al fondo, la iglesia de San Gualter. Miguel Moreno. guiarte.com

Otro de los placeres visuales de la ciudad es la articulación del casco antiguo con el ensanche. En muchos lugares del mundo, el centro histórico es un foro degradado, que a veces no sabe mostrarnos con dignidad las traseras de sus edificios. En Guimaraes, la periferia del antiguo amurallamiento se ha convertido en una sucesión de fachadas nobles que dan vista a una nueva ciudad, a veces separada por jardines y parterres. Así las iglesias de San Pedro, la de San Francisco (los franciscanos, siempre en las afueras) o la de San Gualter, se levantan a cierta distancia de la ciudad, protegidas por zonas verdes.

Mención especial merece la iglesia de San Gualter de los siglos XVIII y XIX. Su carácter neo barroco se aprecia no sólo en el abombamiento de su fachada, que parece ir a estallar en cualquier momento, sino en la sucesión de colores de los materiales –piedra y enfoscado- y sobre todo en la perspectiva urbana, en el acompañamiento frontal de un jardín con estatuas que permite su contemplación desde la distancia y recuerda modelos de iglesias de peregrinación, en las que tan importante es el acercamiento paulatino al edificio.

Los templos de Guimaraes

El principal edificio religioso de la ciudad es el de Nuestra Señora de la Oliveira, pero también merece la pena visitar el Padrao do Salado, la iglesia de San Francisco, la de Santa Marina y la iglesia de Gualter.

La airosa iglesia de San Gualter. Guiarte.com. Copyright

El monumento nació como un monasterio fundado por la condesa Muñadona. Pero en el siglo XIV, el rey Juan I reedificó el templo en cumplimiento de una promesa a la Virgen, tras la batalla de Ajubarrota, frente a las tropas de Castilla. La dirección del proyecto correspondió a Juan García de Toledo.

Hay obras posteriores,. Del XVII y XVIII. La poderosa torre cuadrada, de tres niveles, es del siglo XVI. La iglesia -de tres naves- tiene un altar es barroco, en el que se alberga una imagen de la patrona de la ciudad.

Frente a la iglesia de la Oliveira se halla un edículo gótico denominado Padrao do Salado. Se trata de un airoso monumento erigido en el siglo XIV para conmemorar la victoria en la batalla del Salado, una de las grandes luchas del siglo XIV, en las que los soldados de las coronas de Portugal, Castilla y Aragón, destrozaron a los benimerines, que controlaban la España musulmana. El crucero existente debajo es de la misma época; una donación de un negociante local.

La iglesia de de Nuestra Señora de la Oliveira, y ante ella, el monumento a la batalla del Salado. Guiarte.com. Copyright

Otra de las iglesias mejores de la urbe es la de San Francisco. Conserva su cabecera gótica, pero como en numerosos templos, se perciben las remodelaciones barrocas.

Lo mejor del templo de San Francisco es su monumentalidad interior, los magníficos retablos barrocos, los profusos adornos rococós que le otorgan un sello de riqueza y poder. Hasta los bellos azulejos combinan en ese despliegue barroquizante que atrapa al visitante.

La iglesia más airosa es la de San Gualter, barroca, del siglo XVIII, obra de André Soares, con una fachada abombada que parece acercarse al espectador. Las airosas torres laterales son del siglo XIX y encajan perfectamente con el conjunto, al igual que la bella escalinata de acceso.

Dentro del templo, un retablo de inspiración clásica y coloristas vidrieras representando la Pasión de Cristo.

Entre los edificios religiosos cabe citar al convento de Santa Marina, que se asoma sobre una ladera montuosa en las afueras de la ciudad con su poderosa fachada barroca, actualmente reconvertido en centro hotelero (Pousada). En el interior se conservan destacados elementos barrocos.

Otro templo, más atractivo por su ubicación que por el arte, es el de la montaña de la Peña, en un bello enclave paisajístico que domina el entorno urbano, y al que se puede acceder por un teleférico que recorre 1,7 kilómetros para alcanzar la cima de la montaña.

Los palacios municipales

Hay en la ciudad de Guimaraes (Portugal) dos palacios, "pazos", municipales o del Concejo.

En la plaza de la Oliveira, cerca de la colegiata, se encuentra una bella edificación, el antiguo Palacio del Concejo, que se alza sobre soportales. Es del siglo XVI

El palacio actual del Concejo de Guimaraes es un antiguo convento, uno de los más ricos del norte de la ciudad, dedicado a Santa Clara.

Este convento fue instituido en el siglo XVI, por un canónigo de Guimaraes, y el edifico actual tiene una buena fachada barroca, presidida por la estatua de Santa Clara. Las viejas pertenencias artísticas se trasladaron al museo Alberto Sampaio.

El magnífico edificio municipal, en el antiguo convento de Santa Clara. Guiarte.com. Copyright

Museos y colecciones

Algunos edificios nobles de Guimaraes ofrecen también buenas colecciones artísticas.

Museo Alberto Sampaio, en Guimaraes. Imagen guiarte.com

En las Capillas de los Pasos de la Pasión de Cristo se conservan cinco grupos escultóricos procesionales, cada uno de un barrio, que hablan de la religiosidad de la Semana Santa portuguesa.

El museo de arte Primitivo y Moderno se encuentra en los antiguos pazos del Municipio, muy céntricos; y el Museo de Alberto Sampaio, creado hace menos de un siglo, guarda los resultados de diversos expolios y desamortizaciones de la ciudad, con colecciones de escultura, pintura, armaduras y orfebrería, tal vez esto último lo mejor del conjunto.

El Museo Arqueológico Martins Sarmento ha servido para proteger los resultados de las principales excavaciones en los castros del norte de Portugal, que comparten características con los de Galicia y nos hablan de otros tiempos de luchas y supervivencia al límite antes de la colonización romana.

En torno a la ciudad

Sin grandes desplazamientos, en las proximidades de Guimaraes hay interesantes visitas.

El Convento de Santa Marinha da Costa conserva la iglesia rococó, esculturas, azulejos y otros elementos decorativos, pero la parte nueva ha sido convertida en hotel.

La Montaña de la Peña, sobre la ciudad, tiene un santuario, un camping de montaña, un hostal y un área recreativa que incluye bares y restaurantes. Se puede llegar en coche o a través de un moderno teleférico.

Bom Jesús, con su larga escalera. Miguel Moreno. guiarte.com

En San Torcuato, a una legua de Guimaraes, se ha levantado un monumento conmemorativo de la batalla de Ataca que permitió a Alfonso Henriques hacerse con las riendas de Portugal. El pueblo ofrece también interesantes restos de molinos centenarios y un santuario en el que se conserva el cuerpo momificado de San Torcato.

El Castro de Briteiros puede ser el complemento perfecto para el museo arqueológico Martins Sarmento. Se mantienen algunas cabañas circulares y restos de las murallas y de las vías de acceso.

Otra visita que no tiene desperdicio es el santuario de Bom Jesús, con una escalera barroca doble y cruzada que sube en zigzag para ayudar al peregrino a controlar sus sentidos y adquirir las virtudes cardinales.


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