Qué ver en Évora

Évora, Patrimonio de la Humanidad en la lista de la UNESCO, es una de las más bellas ciudades portuguesas, con sus casas encaladas, sus calles estrechas y sus monumentos que testimonian un pasado rico en historia.

El templo romano de Évora

Tradicionalmente se le identifica como Templo de Diana, aunque esa dedicación es pura invención. Lo más probable es que fuese un lugar de culto imperial.

Templo romano de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Se halla en medio de lo que era en foro de la ciudad, en la cima de la colina en la que se asentaba la urbe romana. Fue construido en el siglo I y parcialmente destruido en las invasiones de los pueblos germánicos.

Sobre un podio relativamente conservado, de quince por veinticinco metros y una altura de algo más de tres, se presentan las columnas coronadas por capiteles corintios.

La relativa conservación de estos elementos fue posible porque quedaron incrustados en un edificio medieval. Esa estructura medieval se demolió en el final del siglo XIX y afortunadamente se reconstruyó en parte el antiguo monumento, del que falta la escalinata y el pórtico hexástilo.

El material empleado para las columnas es mármol de Estremoz.

El conjunto, en medio de una explanada a la que se asoman edificios medievales y renacentistas, es absolutamente evocador.

La escalinata y el pórtico del templo romano de Évora se perdieron por las distintas destrucciones. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Catedral de Évora

Desde el exterior, la catedral de Évora tiene aspecto de fortaleza.

Catedral de Évora, portada. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

El templo es de un gótico primitivo, oscuro, en el que destaca la pesadez de la piedra.

Las torres de la portada tienen escasos vanos y semejan sendas torres del homenaje de algún castillo medieval, y la cubierta del templo está incluso almenada.

En el aspecto exterior destaca también el poderoso cimborio adornado por una teoría de pequeños campaniles.

Es una construcción iniciada en el XII, que se desarrolla en un gótico que no ha perdido el espíritu del románico. Se dedicó a la Virgen María y fue consagrada en 1204.

Catedral de Évora, vista desde la terraza del claustro. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

La portada occidental, de arco ojival y seis arquivoltas, se cobija bajo un poderoso pórtico y nos recuerda la entrada de un recinto amurallado, flanqueado por torres. La decoración es mínima, reducida al conjunto de los apóstoles.

En el interior, un tanto oscuro en relación con la claridad gótica, se ve una planta de cruz latina, con 3 naves. La central cuenta con un bello triforio. Una elegante cúpula cubre el crucero. Posee una excelente sillería y algunas imágenes de notable belleza, como la Virgen encinta que está en un altar barroco, a la izquierda de la nave principal, o el arcángel san Gabriel, que está casi enfrente. Ambas, bellamente policromadas, son obras góticas.

El claustro, del XIV, es elegante pero tiene la misma característica general del conjunto: la pesadez de la piedra. Posee varias estatuas góticas.

Se puede ascender a la terraza que está sobre el claustro, que proporciona una excelente vista sobre la propia ciudad y su entorno, y una excelente perspectiva del conjunto catedralicio.

Catedral de Évora., Estatua de la Virgen encinta (siglo XV). Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Iglesia de San Francisco y Capilla de los Huesos

Un monumento singular de Évora es este templo gótico, con una dependencia anexa, la capilla de los huesos.

El extraño pórtico de la iglesia de los franciscanos de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

El convento de los franciscanos fue demolido en el siglo XIX, salvándose el templo, gótico en el que destaca un bello pórtico que aúna arcos de medio punto, ojivales y de herradura, que protegen una bella portada manuelina dividida por un parteluz.

El templo es básicamente gótico. Sobresale la altura de la nave, y la riqueza de las capillas, entre ellas la de la Orden Tercera, de notable barroquismo.

Iglesia de San Francisco. A la izquierda de la imagen, la suntuosa capilla barroca de la Orden Tercera. A su desecha se aprecia parte del retablo de la Capilla Mayor, de época más tardía. Imagen de Gu

Junto a la capilla Mayor, sendas ventanas permitían la contemplación del culto a los miembros de la familia real, que en el siglo XVI tenían a este templo como capilla palatina.

El retablo principal es de mármol, y corresponde al siglo XVIII.

Iglesia de los franciscanos de Évora. Cristo en el sepulcro. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Capilla de los Huesos
Uno de los puntos famosos de Évora es esta camilla perteneciente al convento franciscano, construido en los siglos XVI y XVII, utilizando los huesos de los difuntos de la ciudad.

Las paredes y columnas están recubiertas de calaveras y huesos humanos; todo con el fin de promover en quien contempla esta teoría de huesos un pensamiento sobre lo efímero de la existencia mundana, sintetizado en una inscripción que aparece en la entrada “Nós ossos que aqui estamos pelos vossos esperamos”

Évora: capilla de los Huesos. Hasta las columnas están forradas de huesos de difuntos. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

La capilla tiene casi 20 metros de largo por 11 de ancho, y está escasamente iluminada, Las nervaduras del techo están decoradas también con cráneos humanos y pinturas hechas con un color del tono de la sangre.

Para más dramatismo, en una parte del paramento, hacia la zona delantera derecha, aparecen colgados dos esqueletos, uno de ellos correspondiente a un niño…

Dos esqueletos, uno el de un niño, cuelgan junto a la pared derecha de la capilla de los huesos. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Otros templos de Évora

Aun con los destrozos del tiempo, Évora conserva numerosos monumentos religiosos de interés, herencia de un pasado rico.

Portada de la iglesia de los Loios. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Entre los edificios religiosos de la ciudad también cabe citar las siguientes:

Convento de los Loios
En la zona alta de la ciudad, enfrente del templo romano, está el convento de los Loios, ahora convertido en establecimiento hotelero

El centro conventual estaba dedicado a san Juan Evangelista y quedó gravemente dañado en el terremoto de Lisboa (1755) época en la que se cambió la fachada. La iglesia tiene una suntuosa portada del gótico final, y en el interior hay una excelente azulejería. Las dependencias conventuales, ahora convertidas en una pousada, son del final del gótico. Destacan también la sala capitular y el claustro.

Portal dos nós. Iglesia del Carmen. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Iglesia del Carmen
Los Carmelitas se instalaron en el siglo XVI en Évora, pero se reubicaron en el siglo XVII sobre un palacio de los Braganza.

La iglesia del Carmen es del XVII y tiene interesantes elementos barrocos, así como una notable cúpula sobre la capilla Mayor. Posee una interesante portada, el llamado Portal dos nós, símbolo de la casa de Braganza y buen ejemplo del arte manuelino.

La iglesia de la Gracia, en Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

La iglesia de la Gracia
Otro de los monumentos interesantes de la ciudad de Évora es la iglesia de la Gracia (Convento de Nossa Senhora da Graça) pues se trata de una joya renacentista.

El convento fue proyectado por un arquitecto de la casa real, Miguel de Arruda, en 1511, quien incorporó en la construcción notables elementos renacentistas. Arruda más tarde trabajó en la torre de Belém (Lisboa) y el monasterio de Batallha.

El pórtico clasicista se culmina con un doble frontón, con cuatro atlantes en los extremos.

La riqueza interior del templo se ha perdido en gran parte, debido a la exclaustración de 1834 y al paso del edificio a las fuerzas del ejército portuguesas. Algunos de sus altares han pasado a la iglesia de San Francisco. Pese a todo aún conserva algunas dependencias conventuales, como el claustro.

Palacios

La riqueza de la época dorada de la ciudad ha permitido la pervivencia de numerosas edificaciones palaciegas que hacen sumamente agradable el recorrido por Évora.

Palacio de los duques de Cadaval. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Palacio de los duques de Cadaval
En la parte alta de la ciudad podemos ver, junto al Largo Conde de Vila Flor (al lado del templo romano y del convento de los Loios) el palacio de los duques de Cadaval, protegido por torres almenadas. En él residieron algunos reyes de Portugal.

Se asienta sobre los restos de una fortaleza de origen romano visigótico y en él se conservan importantes piezas medievales y documentación histórica. Los Cadaval son una rama de la familia de Braganza.

Bellas ventanas de la casa de los condes de Portalegre. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Casa de los condes de Portalegre
Descendiendo desde la Catedral en dirección a la universidad, otra casa de bello aspecto es la de los Condes de Portalegre, ubicada en el alto recinto de la ciudad romana, y con un alegre aspecto de aire renacentista.

Palacio de los condes de Basto
Esta casa señorial es de lo más destacado de Évora. Se asienta también sobre las viejas murallas romanas y visigóticas y está detrás de la catedral.

El conjunto engloba restos romanos, visigóticos y árabes y perteneció a la orden de Calatrava tras la reconquista de la ciudad, llegando a servir también como palacio real. Perteneció a diversas familias nobiliarias, entre ellas los Basto, que tuvieron una destacada importancia en la península Ibérica durante el siglo XVI.

Palacio de los condes de Basto. Patio de San Miguel. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

El palacio se integra por diversas edificaciones y patios, en las que afloran varios estilos, principalmente galerías y portadas de la época renacentista, con frescos también en el interior.

Palacio de Don Manuel
Cerca de la iglesia de san Francisco están los restos de un palacio real construido por Alfonso V y habitado por varios monarcas, que se ha destruido por diversos avatares; el último, un incendio ocurrido en el inicio del siglo XX.

Del magnífico palacio resta una bella torre de aire manuelino y la llamada galería de las damas (siglo XVI). Es un punto de notable interés histórico, pues en él se entregó a Vasco de Gama el mando de la flota que llegó a la India, entre otros eventos históricos y culturales.

Palacio de Don Manuel, en Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

La universidad

La sede de la universidad de Évora se halla en la parte superior de la ciudad, a espaldas de la catedral.

Claustro de la universidad de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Se trata de la segunda universidad creada en Portugal, tras la de Coímbra.

En el momento de esplendor de la ciudad -siglo XVI- surgió esta institución, dirigida por los Jesuitas. La expulsión de estos del país motivo el cierre del centro docente, que ha vuelto a reabrirse en 1973, en la misma sede.

Merece la pena acercarse a la sede de la universidad, y contemplar el magnífico claustro, con su doble galería de arcadas renacentistas y el salón de actos.

El templo de la Universidad, la iglesia del Espíritu Santo, es del siglo XVI.

Portada de la universidad de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Murallas de Évora

La ciudad de Évora se muestra al visitante prácticamente rodeada su altivo cercado... aunque este, a lo largo de los siglos, se ha sido modificado.

Portas de Alcouchel. Murallas de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

En la antigüedad romana se cercó lo que es la acrópolis, donde perviven los principales monumentos de la urbe. Luego los visigodos y árabes reforzarían estos muros. La Puerta de Moura -a apenas 100 metros al suroeste de la catedral- era entonces una entrada meridional a la ciudad.

Luego las murallas se ampliaron notablemente en el XIV, en el comienzo de una época de gran desarrollo, en la que se rehízo el antiguo acueducto romano que traía el agua el centro de la urbe.

De nuevo en el siglo XVII se ampliaron los muros, adecuándolos para la nueva potencia de las piezas de artillería, especialmente en el sur y el este.

En este cerco de más de 4 kilómetros de longitud se abren diversas puertas que permiten la entrada al laberinto de calles estrechas, en las que es recomendable olvidar el automóvil propio y callejear (o usar el taxi) porque apenas hay lugares para aparcar.

Plaza Giraldo

La plaza Giraldo es un espacio típico de la ciudad de Évora, lleno de tráfico y turistas, que reposan en los cafés tras el cansancio de los paseos urbanos.

Carruaje de caballos, ante el banco de Portugal, en la plaza Giraldo de Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Se trata de un espacio alargado, rectangular, al que se asoman soportales de tiendas y cafés, y donde se ubican unas animadas terrazas que permiten al viajero contemplar el tráfago urbano y el movimiento de taxis y carros de caballos.

En una ciudad cargada de arte, el valor de la plaza se relaciona más con el ajetreo urbano que con el contenido artístico. El viejo ayuntamiento manuelino se derribó antaño para hacer la agencia del banco de Portugal, un sencillo edificio de dos plantas con aire afrancesado; y la iglesia de Santo Antao carece del interés artístico de otras del lugar. El templo es del XVI y cuando se procedió a su erección hubo que derribar un arco triunfal romano.

Un elemento destacado de la plaza es la gran fuente ubicada ante el templo. Es del siglo XVIII.

Desde el medievo, cuando era centro de comercio y feria, la plaza fue centro de vida social y política, en ella se hicieron autos de fe, torneos y corridas de todos… Hoy sigue siendo centro de la vida urbana.

Plaza Giraldo. Al fondo, la iglesia de Santo Antón. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

Largo Porta de Moura

Otra de las plazas más llamativas de Évora es la de Porta de Moura, presidida por una bella fuente renacentista de estanque cuadrado, con una esfera de mármol blanco.

Largo Porta de Moura, presidida por una bella fuente renacentista, en Évora. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

En la plaza hay una serie de edificios de interés, entre ellas la casa Cordovil, con su curiosa terraza de arcos geminados y la iglesia del Carmen, con su puerta manuelina; más arriba, en la esquina, está la casa Soure, que formó parte de un palacio vinculado a la monarquía, y que presenta diversos elementos manuelinos.

Aún más adelante, las torres de la Porta de Moura y al fondo la casa de García de Resende, un notable humanista -poeta y cronista- que nació y murió en Йvora (1470 - 1536) y desempeñó algunos cargos al lado de los monarcas lusos. La casa, reconstruida en el XIX, conserva unos magníficos ventanales que se deben a Diogo de Arruda.

Largo Porta de Moura, a la izquierda de la fuente, las torres de la puerta medieval, al fondo, la catedral. Imagen de Tomás Alvarez/Guiarte.com

El acueducto de la Plata

Uno de los grandes acueductos portugueses es el de Évora, obra del siglo XVI que transporta el agua a la ciudad desde una distancia de una decena de kilómetros.

Acueducto de Évora: numerosas casas se han adosado al mismo, creando una simbiosis atractiva

Uno de los grandes acueductos portugueses es el de Évora, obra del siglo XVI que transporta el agua a la ciudad desde una distancia de una decena de kilómetros.

Túneles, canales y acueductos excelentes permitían el flujo de la corriente que desembocaba en la misma plaza de Giraldo, centro neurálgico de la urbe.

Cuando el turista llega a la ciudad puede ver en su exterior la gran arcada que alcanza los muros y penetra hacia conjunto urbano. Dentro, puede seguir perfectamente su itinerario y comprobar cómo a medida que se acerca a su fin va menguando la altura del monumento.

Numerosas casas se han adosado al mismo, creando una simbiosis atractiva, aunque el tipismo de la imagen queda frecuentemente devaluado por un halo de abandono. Se puede ver especialmente en las rúas do Cano y la do Salvador.

Acueducto de Évora. La “caja de agua” renacentista parece un diminuto templo romano adosado a las edificaciones

Fue en tiempos de Juan III, cuando se decidió que se hiciese esta obra que aporta el agua desde la Ribeira do Divor, y fue precisamente Francisco de Arruda, autor del soberbio acueducto de Elvas y de la Torre de Belém, el elegido para este proyecto, en 1531. En sus tramos más altos, ya cerca de la ciudad. Las arcadas llegan a superar los 25 metros

La obra quedó dañada en la guerra de la Independencia de Portugal, apenas cien años después de su finalización. Évora fue una ciudad disputada por los ejércitos de Portugal y España, y ambos maltrataron este sistema de aprovisionamiento durante la lucha.

Posteriormente fue reparado, pero ya no llegaron las aguas a la plaza de Giraldo. Poco antes de llegar a esta plaza se puede ver aún la “caja de agua” renacentista, que parece un diminuto templo romano adosado a las edificaciones.


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