En Toledo, por el túnel del tiempo

Toledo merece una visita especial. Arte, culturas y leyendas envuelven a esta –tambien- ciudad eterna.

Llegamos a Toledo de la mano de Alfredo Alvarez, joven escritor leonés.

El texto corresponde a un capítulo del ultimo libro de Alfredo Alvarez, una sugerente guía titulada “Madrid y su real entorno”, editada por Laertes, y que acaba de salir al público en estos días.
Fotografías de guiarte.com

Cuentaviajes En Toledo, por el túnel del tiempo

Relato de viaje a En Toledo, por el túnel del tiempo

Túnel del tiempo

Que nadie piense que Toledo se visita de cualquier manera. Una capital rodeada, como Roma, por siete colinas no se presta a una visita convencional; no; Para ir a Toledo hay que pensárselo, y formularse una pregunta simple:

¿Qué pasaría si retrocedo quinientos años en el tiempo?¿Es eso posible? La respuesta es clara. Sí, lo es.

Naturalmente, entrar en ese túnel del tiempo exige una preparación mínima, que consiste en primer lugar en creerse todo lo que se vea. En segundo lugar, es imprescindible subir a una de las colinas que la rodean y allí, con la panorámica impresionante que ofrece la ciudad rodeada por el Tajo, con la seguridad que da saber que vamos a viajar unos cuantos siglos en cuanto descendamos y nos internemos en el laberinto indescifrable de sus calles, sólo hay que admirar lo que tenemos delante.

Interior de la sinagoga del Tránsito. Imagen de guiarte.com

El Convento de San Gil y el Monasterio de San Juan de los Reyes, por la izquierda, los Jesuitas y la Catedral impresionante en el centro, y el Alcázar presidiendo el conjunto, por la derecha, pueden ayudarnos a la mentalización necesaria antes de descender a esa amalgama de culturas, piedras, artes y rincones. Verdad es que las tres culturas monoteístas –la judía, la árabe y la cristiana- han dejado una impronta más decidida, pero las tres con igual importancia.

     

Leyendas toledanas

Esta circunstancia la refleja muy a tono una de las innumerables leyendas toledanas, que habla de una familia que tenía un anillo como símbolo de pervivencia.

Cada padre lo legaba al primogénito, que a su vez hacía lo mismo con el suyo llegado el momento. Hasta que la tradición lo legó a un padre que tenía tres hijos.

Ya se sabe, siempre el número tres, ¿qué tendrá? En todo caso, a los tres los quería por igual y los tres lo amaban y respetaban. Al hacerse mayor, y como el que no quiere la cosa, va dejando entender a cada hijo por separado que será él quien herede el deseado anillo. Que te voy a dar el anillo a ti, que no te preocupes, que tú serás el elegido, que ya verás...

La poderosa torre de la catedral de Toledo. Imagen de guiarte.com

Los hijos, que estaban los tres esperando el anillo como agua de mayo, se lo creyeron a pies juntillas. Por supuesto, cada cual, sin saberlo los demás, se sentía orgulloso de ser un día el portador del símbolo de la familia.

Finalmente, en el lecho de muerte, el padre da a cada uno de ellos, por separado, un anillo y, cuando fallece, los tres hijos se declaran herederos, comprobándose entonces, para desesperación de todos, que no hay uno, sino tres anillos, y además, exactamente iguales, de tal modo que resulta imposible saber cual de todos es el verdadero; lo mismo que sucede con las culturas y Toledo.

     

Sabor universal

Y, si es cierto que toda la ciudad es un increíble dédalo, con calles estrechas, callejones sin salida construidos a propósito lo mismo que una medina o ciudad árabe.

No es menos cierto que se trata de un centro de proyección universal para los judíos de todo el mundo.

Éstos llegan a Toledo como el que llega a su propia casa, unos, para admirar las calles y casas por las que transitaron y en las que vivieron sus antepasados sefardíes –ésos que siguen hablando en un adorable español de hace siglos-, otros, simplemente para admirar a la que en los siglos XII y XIII fue la comunidad más pujante. Ahí están las Juderías para demostrarlo, y la sinagoga Samuel Ha Leví que los cristianos, siempre tan modestos, rebautizaron como del Tránsito, o la de Santa María la Blanca, también rebautizada, cómo no.

Torrecillas de la Puerta del Cambrón. Imagen de guiarte.com

Y los cristianos, presentes también desde los antiguos Concilios, a su aire, readaptando templos o construyéndolos, como la propia Catedral, que es la segunda más grande de España, impresionante construcción gótica de cinco naves, con un gran tragaluz para que entre el Espíritu Santo y una altura que quita el hipo.

El monasterio e iglesia de San Juan de los Reyes, que los Reyes Católicos mandaron construir, o la iglesia de Santo Tomé son otros tantos ejemplos de templos cristianos.

Los árabes, por su parte, además de la propia estructura de la ciudad, dejaron su firma en numerosos edificios, como la mezquita del Cristo de la Luz –otro nombre cristiano para un templo musulmán transformado- o en el estilo mudéjar –el de los árabes de los territorios cristianos- que impregna muchas edificaciones.

     

La riqueza de una visita

Es tal la riqueza de Toledo que hay quien se divierte visitándola, como hacía el escritor Pío Baroja, que jugaba con sus amigos a perderse en ella.

Otros prefieren hacer visitas temáticas, como se dice ahora, por ejemplo, los puentes, las puertas y las murallas.

Al estar prácticamente rodeada por el Tajo, los puentes son una forma de acceso necesaria; de ellos, el de Alcántara (el puente, en árabe) es el primero que tuvo la ciudad y, entre las puertas, la de Bisagra, que da entrada a Toledo cuando se llega de Madrid, es un ejemplo permanente de controversia acerca del origen del nombre.

Que nadie busque una bisagra por ningún lado, no la encontrará. Tampoco el nombre está puesto para despistar. La verdad es que hay varias teorías sobre este curioso nombre; lo más probable es que proceda del término árabe Bib, que significa puerta, y Sagra, que es el nombre de la comarca a la que da acceso, es decir, la puerta de la Sagra. Sencillo, ¿no?

Toledo cuenta con multitud de templos donde se funden las influencias árabes y cristianas. El ladrillo es un material de construcción fundamental en la arquitectura local. Imagen de guiarte.com

Naturalmente, otro de los temas preferidos de la visita tiene nombre propio, Domenico Theotocopulos, alias El Greco, pintor que se vio seducido por la luz de Toledo, al igual que otros, y que dejó en la ciudad su obra cumbre, El entierro del Conde de Orgaz, en la iglesia de Santo Tomé.

El cuadro, que es de obligada visita, representa una leyenda-milagro, ocurrido, según se dice, en 1323: durante el entierro del Señor de Orgaz, como era un señor muy importante, o más bueno que el pan, o con muchas influencias, san Esteban y san Agustín bajaron del cielo para llevar el cuerpo del difunto hasta la tumba. Ése es precisamente el momento que intenta recoger la famosa tela.

Una curiosidad: el propio pintor, muy modosito él, se retrató a sí mismo siguiendo una costumbre de otros pintores; es el único que mira de frente, quizá por ello produce la impresión de que para él los visitantes son el verdadero cuadro.

     

Mas formas de disfrutar de Toledo

Como se ve, son diversas las formas de entrar en este túnel del tiempo, pero la visita debe terminar por donde dio comienzo, es decir, subiendo a una colina, sobre todo para digerir lo que se ha visto.

Un lugar que ofrece una hermosa panorámica es la zona de los cigarrales; nombre que no viene de cigarro sino probablemente de cigarra, que no es lo mismo.

Allí, además, hay algunos buenos restaurantes para reponer fuerzas y, si es posible, contemplar una vista nocturna de la ciudad desde alguna terraza mientras se saborea, por ejemplo, un excelente ciervo en salsa, uno de los platos fuertes de esta ciudad imperial.

Toledo tambien es un buen lugar para disfrutar de las excelentes tiendas y adquirir artesanía. Imagen de guiarte.com

El texto corresponde a uno de los capítulos del libro de Alfredo Alvarez, titulado Madrid y su real entorno, editado por Laertes, y que acaba de salir al público en estos dias.