San Andrés de Teixido

San Andrés de Teixido es el centro de peregrinación de la Galicia profunda.

Miguel Ortigueira nos desvela parte de ese mundo mágico ubicado a la vera del Océano Atlántico, en un rincón de de notable belleza.

Cuentaviajes de San Andrés de Teixido

Cuentaviajes San Andrés de Teixido

Relato de viaje a San Andrés de Teixido

Teixido; otro Finisterre

Teixido es un mundo mágico escondido a espaldas de la ría de Ortigueira, un mundo a mitad de camino entre la tierra y el mar, en equilibrio inestable, un mundo que parece destinado a deslizarse por la ladera y sumergirse en el agua, entre espuma

Teixido; en medio del caserío la pequeña iglesia. Foto guiarte


No parecería extraño que fuese aquel un retazo de la Atlántida, que perduró pegado como una lapa a las escarpadas laderas de la sierra que va a sumergirse en el cabo Ortegal.

El lugar se ubica en un recodo en el que el talud de esa costa alta y vertical –dicen que la costa más alta de la Europa Atlántica- se hace menos duro, permitiendo la existencia de unos pastizales y escasos cultivos. A él se llega tanto desde Cedeira como desde Cariño, por espacios de belleza impresionante.

El pueblo es pequeño, de diminutas casas encaladas, que alegran el verdor del enclave. Tiene cierto aire de viejo pueblo sin pretensiones de futuro. En la parte inferior del mismo, mirando hacia el mar se halla la iglesia, pequeña, con torre cuadrada de cúpula bulbosa.

Todo refleja un sentimiento arcaico donde se mezcla historia y superstición. En el trayecto hacia la iglesia, las mujeres venden conchas, imágenes del santo, ramitos de flores de “namorar”; ante la puerta del templo algunas vendedoras ofertan con cariño e insistencia roscas caseras. Al caer la tarde –si no han despachado el producto- acabarán entregándoselo a cualquier rapaz del lugar o forastero, a cambio de una sonrisa.
El Santo, en el pequeño altar barroco. Foto guiarte


En el centro del retablo del templo se halla la imagen-relicario de San Andrés, con un fragmento de hueso del santo. Es una reliquia de procedencia caballeresca, a juzgar por la tradición. Habrían sido los caballeros de la Orden de Malta, a los que perteneció el lugar, los transportistas. Otros, más poéticos, afirman que el cuerpo del santo llegó aquí en una barca y ésta lo depositó a los pies del monte, antes de quedar convertida en una roca que aún lanza espumajos blancos cuando las olas chocan sobre ella. La leyenda de la barca es común a Santiago y a San Andrés.

Pero muchos no creen lo de la barca de piedra. María una de las veteranas vendedores de dulces me lo negaba ante la puerta de la Iglesia. La barca no está aquí, quedó allá por la Costa da Morte. “Yo la vi allí, me la enseñaron”

En el interior del templo se acumulan las ofrendas de los peregrinos: cayados, botas, muñecos, pies y manos de cera, pañuelos con oraciones,…todo refleja una mágica comunión espiritual entre el santo milagrero y sus gentes.

    

Un mundo en equilibrio inestable

Los acantilados, en torno a Teixido, otorgan un aire dramático, inestable y bello, a este mundo escondido. Foto guiarte
Porque las gentes de Galicia deben peregrinar a esta Meca ineludiblemente. Pueden pasar su vida sin llegar a Santiago de Compostela y no pasará nada; pero a San Andrés de Teixido hay que ir al menos una vez. En los campos, cuando ven a un sapo o un lagarto caminando hacia el occidente, muchos campesinos siguen pensando que puede ser un alma en viaje a san Andrés. Porque a San Andrés de Teixido “vai de morto o que non foi de vivo”.

Y el peregrino que viaja vivo y en automóvil, por regla general, aún después de pedir al santo algún favor, baja luego por la empinada pendiente hasta la Fonte do Santo. Donde el agua surge por un trío de caños. Y bebe agua con parsimonia. Algunos dejan un mendrugo de plan flotando en las aguas. Si tarda en hundirse es buen augurio. En esto de los augurios también seguimos emparentados con los mundos célticos que subyacen en este país mágico.

Tal vez luego comerá la merienda o intentará bajar hasta el espumoso rompiente marino. Antes de partir, el viajero habrá de comprar unos sanandresiños, figuras de pan coloristas, y luego abandonará el lugar, cuesta arriba, en medio de prados.

El visitante aún puede subir a un otero un poco más al norte, donde un crucero de granito domina el paisaje. Allí, dominado por el viento, podrá sentir la atracción casi trágica que presentan ciertos paisajes.

La belleza de Teixido no es amable, es dramática. Los acantilados que caen verticales y se hunden en el mar plateado reflejan tonos fríos y dureza; el paisaje verdeante tampoco es alegre, es simplemente bello; abruma la piedra, el agua, el equilibrio inestable.

Mirando hacia el oeste, el viajero sentirá a sus espaldas la fortaleza de la montaña, examinará el rinconcillo amable y minúsculo donde se asienta el santuario de San Andrés de Teixido y lo percibirá aislado, solitario, frente a un mar inmenso en el que muere la tierra en vertical. Los sentidos perciben que Teixido es un Punto Final.