País sin memoria

Muchos territorios del interior de España están quedando progresivamente desiertos. Envejece su población y se destruye a pasos agigantados su patrimonio...

Éste es un relato-protesta, que pone de manifiesto ese deterioro vital, económico y cultural en una comarca rural del noroeste español: La Cepeda.

Con texto y fotografías de Tomás Alvarez

Cuentaviajes País sin memoria

Una protesta contra el abandono del patrimonio que sufre la comarca leonesa de La Cepeda.

Ruinas ricas, ruinas pobres

Todavía hoy, después de miles de años, podemos disfrutar de los restos y ruinas de grandes civilizaciones; sin embargo, otras ruinas de mayor humildad se desmoronan con el tiempo y el abandono.

Restos del ábside románico del monasterio de San Juán de Montealegre. Guiarte Copyright

Hace años, un amigo me comentó a la vuelta de un viaje a Roma: "No me gustó la ciudad. Estaba todo lo antiguo en ruinas".

No me molesté en explicarle que esas ruinas están tocadas por la mano de la historia; que aún muestran la capacidad constructiva de la sociedad creadora del primer gran imperio mundial; los saberes, gustos y modos de vida de una civilización; las luchas que desgarraron la Europa mediterránea a lo largo de milenios…

No me molesté en explicarle que la grandeza pervive intacta en las ruinas de ciudades como Roma, Petra o Teotihuacán.

Es curioso. Me quedo embelesado, conmovido, ante las ruinas de una ciudad como Roma y en cambio me indignan, me llenan de melancolía las que veo en torno a mi tierra humilde. Las primeras me hablan de la belleza y la grandiosidad de las obras del hombre, que perviven desafiando al tiempo y a las guerras. Las segundas me hablan de la incuria, la decadencia y el abandono.

La Cepeda

Templos religiosos, casas señoriales y grandes ejemplos de arquitectura popular se vienen abajo ante los ojos de los habitantes que aún viven en la zona.

Crucero ante los restos del Cementerio Viejo de Villamejil. Guiarte Copyright

He recorrido estos días La Cepeda (en el interior de la provincia de León), tratando de encontrar bellas imágenes para un libro sobre la comarca que estamos editando desde la Asociación cultural Rey Ordoño I, en el que colaboran destacados intelectuales de la zona, y he quedado anonadado por el abandono a que está sometido ésta.

Quiero ahora presentar una serie de imágenes para que, a modo de grito de protesta, sirvan para alertar a quien corresponda sobre la necesidad de proteger un patrimonio que se viene abajo.

Es lamentable. Esta sociedad, capaz de construir magníficos rascacielos, autopistas y trenes de alta velocidad, permanece ciega ante la desaparición de iglesias, casas señoriales, o magníficos ejemplos de arquitectura popular. Las generaciones venideras nos lo echarán en cara.

Los barrios de Nistoso

La mejor arquitectura tradicional de esta parte central de la provincia de León está en Los Barrios de Nistoso... por poco tiempo.

Los Barrios, que fue históricamente el mayor pueblo de La Cepeda, tiene tres núcleos. Tabladas es el más occidental, un finis-terrae a donde sólo llegan las gentes que procedían de allí o algunos de los pocos que conocemos del valor de su arquitectura.

Las viejas casas del lugar eran de pizarra, muy bajas y cubiertas de cuelmo. Quedan algunas. Hay otras casas de construcción posterior, también de planta baja, ya en su mayoría abandonadas, y aun algunas de planta alta en similar estado de abandono. El conjunto es interesante …pero tiene los días contados. Cada vez quedan menos pobladores y, una a una, las techumbres van cayendo. Una pena.

En el barrio de Nistoso hay un enclave que es absolutamente magnífico; en mi opinión, uno de los espacios más bellos de La Cepeda. Se halla en torno a un vallecillo, junto a la carreterita que va hacia Tabladas. La fuente, la pequeña laguna, el bosque y las magníficas casas que hay en el lado oeste integran un conjunto fuera de lo común. También tiene fecha de caducidad. Las casas, de una factura extraordinaria, ya empiezan a derrumbarse.

En el barrio de Villar también hay casas apreciables en visible estado de ruina… Es una visita recomendable. Y sería también recomendable que personas con capacidad económica y sensibilidad invirtieran para transformar estas magníficas edificaciones en algo aprovechable, bien como segunda residencia o como casas rurales. Los Barrios es un lugar que ha quedado aislado, pero que tiene encanto, con ese dédalo de vallecillos que abastecen el embalse de Villameca, o con ese valle de atrás, el del Samario, que es un prodigio de verdor y luz.

Magníficas casa en el barrio de Nistoso, en la imagen se aprecia cómo está cayendo la pared lateral de la edificación. Guiarte Copyright
Conjunto de casas de Tabladas, en Los Barrios de Nistoso. La calidad constructiva no basta para evitar la ruina. Guiarte Copyright

Casa-palacio de los condes de Catres

De niño, cuando vivía en Magaz, oía a las gentes hablar del palacio de Benamarías; era la casa de los condes de Catres, señores de Valdemagaz.

Fachada de casón señorial de los condes de Catres, señores de Valdemagaz. Guiarte Copyright

Un territorio que aglutinaba los pueblos de Porqueros, Vega, Magaz, Benamarías y Vanidodes.

El que fue palacio señorial -un venerable casón- está en el sur del pueblo de Benamarías, en el llamado Barrio de la Cuesta, entre el monte y el arroyo Rodrigatos. El edificio es alargado, con dos alturas en los extremos de la fachada y una sólo en el centro. Muy cerca se halla la denominada "fuente de los Señores", a la vera del monte, la que daba agua para abastecer el palacio y regar su buena huerta, cuyos muros ahora se van cayendo.

Quedan en pie poco más que los muros de la fachada, de la que se ha arrancado el escudo nobiliario. Los techos se hunden, y el edificio se deteriora a velocidad acelerada. El antiguo casón tal vez podría tener un destino decoroso como edificio emblemático del ayuntamiento de Magaz de Cepeda o como casa rural. Pero no puedo ser optimista: va camino de ser sólo una ruina más, una afrenta a esta sociedad que ha dejado caer un patrimonio histórico.

Casa señorial de La Veguellina

Otro excelente edificio señorial muere en la localidad de La Veguellina, en medio de una zona verdeante, al lado de las explotaciones auríferas romanas, las "Médulas de La Cepeda".

Portada de la capilla de la casa señorial de La Veguellina. Destaca la excelente factura de la piedra tanto en paredes como en la arcada. Guiarte Copyright

La Casa solariega pudo pertenecer a alguna rama menor de los marqueses de Astorga, señores de la merindad de La Cepeda. Permanecen aún en pie algunas sólidas paredes, en las que se observan excelentes dinteles de piedra.

Detrás de la edificación ruinosa se halla la capilla familiar, de una notable solidez, y con una piedra excelentemente trabajada. La estructura sigue desafiando al tiempo, pese a que hace años que también se hundió la techumbre.

Al igual que ocurre en otros casos -como el del casón de los condes de Catres- una de las causas de la incuria radica en las herencias. El edificio pertenece a distintas gentes, muchas de las cuales han ido abandonando el lugar; ahora es de todos y de nadie. Se acabará de caer en poco tiempo.

La puerta del ruinoso patio interior de la casa señorial de La Veguellina muestra una excelente factura. Guiarte Copyright

Ermita de San José en Requejo

Requejo fue una localidad que hace siglos tuvo cierto brillo... Una iglesia de pizarra, un crucero y una ermita que necesita urgente restauración son algunos de sus tesoros.

Conserva una iglesia que tiene mucho encanto, con su piedra pizarrosa excelentemente trabajada y su recoleta plaza en la que reina la soledad y un crucero de madera. Sencillez y belleza.

Detrás de la iglesia hay una ermita de una calidad fuera de lo común, que muestra un excelente trabajo de cantería. La estructura exterior está aún relativamente bien conservada, gracias a la excelente labor constructiva. El interior ha sido desmantelado, incluido el retablo de piedra que tuvo el edificio religioso hasta bien avanzado el siglo XX.

La ermita necesita urgentemente una cubierta. Es necesario, por lo menos, mantenerla en pie hasta que alguna entidad pueda hacer de ella un centro de cultura o sencillamente la casa del concejo local…

La portada de la ruinosa ermita de san José, en Requejo, es una auténtica joya. Guiarte Copyright
La ermita de san José es un edificio singular que una acción de salvamento. Guiarte Copyright

San Juan de Montealegre

En este listado de ruinas, la más ignominiosa es la de la iglesia del monasterio de San Juan de Montealegre.

La espadaña del templo de San Juan de Montealegre y unos restos del ábside es lo que queda del monasterio, tras un siglo de acelerada destrucción.

El centro religioso dependió en origen del monasterio de San Martín de Montes y pasó luego a los hospitalarios, quienes debieron construir la iglesia románica de la que sólo quedan ruinas. En la primera mitad del siglo XX, cuando Gómez Moreno visitó el lugar, el templo estaba aún en buen estado con su torre megalítica y su magnífico ábside poligonal.

María Concepción Cosmen Alonso estima que la obra es protogótica, de los primeros años del siglo XIII, justo después de que el templo pasara a la orden de San Juan de Jerusalén. Su planta correspondería a un templo de tres naves, la central más ancha. Los ábsides laterales tienen una anchura de 3,5 metros, en tanto que el central es de 5,5.

Hacia 1940 se cayeron las bóvedas y en 1954 el obispado recogió algunos capiteles y ménsulas, que fueron expuestos en la muestra de Las Edades del Hombre de Astorga, en el año 2000. En la segunda mitad del XX fueron derruyéndose distintas partes; los ajedrezados de sus ventanales fueron robados apenas hace una década. Ahora, cuando sólo queda un montón de ruinas… se ha cercado con una alambrera. "Al burro muerto…"

Un grito de protesta

Mal hacen quienes con el pretexto de amor a la tierra sólo cantan sus bondades; por eso es necesario también avivar el fuego de la crítica y la protesta.

Robledal de Valdicadierno, en el entorno de los pueblos de Villamejil y Cogorderos. Guiarte Copyright

No vale la pena admirar la belleza romántica de nuestras humildes ruinas. De ellas no cabe extraer grandes lecciones constructivas, como las que tomó Schinkel de los restos romanos de Italia, ni apenas inspiración para crear leyendas o pinturas románticas como harían los hermanos Bécquer en Veruela. Nuestra tierra es sencilla y pobre y el mayor poeta que ha dado, Eugenio de Nora, no necesitó, para encontrar su alma otra cosa que al agua clara, los juncos, el cielo azul y la humedad del rocío.

El paisaje cepedano carece de altivez, como sus gentes, y sus oteros están poblados de ausencias. En lo alto del cueto de San Bartolo falta el monasterio de los hospitalarios de San Juan; no tenemos ni un grabado del mismo; sólo ruinas. Al sur de Quintana del Castillo nos dicen que hubo un castillo, solo queda un pozo encima de un roquedo, atestiguando que alguien dejó allí su huella; en los montes están desapareciendo a velocidad vertiginosa las canalizaciones romanas para extraer el oro... y ante nuestros ojos caen casas solariegas e iglesias seculares.

Sencillo huerto campesino familiar en Magaz de Cepeda. Guiarte Copyright

Ruina y esperanza

Hace apenas cuatro décadas habitaban en la comarca 16000 personas, hoy quedan 3000. Otra ruina.

Miliario romano en la plaza de Montealegre. Guiarte Copyright

Viendo tal panorama, vienen a mi memoria los versos del sevillano Rodrigo Caro:

…sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.


Pero esto, amigo, no es Itálica, ni se hunde por la violencia de máquinas de guerra. Ésta es una comarca campesina que se ha hundido porque entregó sus brazos a otras tierras para mover la maquinaria del desarrollo económico.

La recuperación de la casa-palacio de los Alvarez Escarpizo, en Otero, ha sido una grata noticia para quienes amamos el patrimonio de esta tierra humilde y silenciosa. Pero hay una tarea inmensa por delante, y bien harían los representantes de las instituciones políticas en abordar nuevos proyectos. La Mancomunidad de La Cepeda debería liderar esta tarea. Nuestro patrimonio -aunque humilde- es uno de nuestros escasos recursos de futuro.

Un edificio señorial recuperado en la zona. La casa-palacio de los Alvarez de Escarpizo, en Otero. Guiarte Copyright