Belenes y arte, en Navidad

Desde el inicio de cristianismo el nacimiento de Jesús, en Belén, ha sido uno de los temas que más ha excitado la creatividad de los artistas. Pinturas, esculturas, vidrieras... todos los soportes han sido válidos para evocar aquel momento crucial.

Una incursión por el tema de la Natividad, de la mano de Tomás Alvarez

Cuentaviajes Belenes y arte, en Navidad

Relato de viaje a Belenes y arte, en Navidad

Natividad y nacimientos

Se dice que en el siglo XIII San Francisco de Asís hizo en una gruta la representación del Nacimiento, con animales y personas, simulando, de forma sencilla y divulgativa, el advenimiento de Jesús.

Los franciscanos –herederos San Francisco- fueron los primeros impulsores de la devoción. Ya en aquella época, en monasterios y palacios nobles se empezaron a hacer representaciones escenográficas del Belén, con sus piezas clásicas.


A partir del siglo XIII, los beatos, Libros de Horas, tímpanos de las igesias, retablos y capitales, presentaron una innumerable cantidad de representaciones de la Natividad, con los distintos personajes del Belén.

Pronto, sobre todo en Italia, empezó a llegar la moda a las casas populares. Entonces, en la humildad del hogar, nació un arte que utilizó sencillas piezas de barro, paja o madera para construir sencillos belenes, de un carácter ingenuista, más creativo en lo que se refiere a los materiales que a los personajes.

Carlos III, monarca de Nápoles y más tarde de España, fue tal vez el mayor impulsor del arte belenista, y empleó a grandes artistas para hacer piezas preciosistas de tamaños pequeños, al estilo de la cerámica de Capodimonte.

    

Belenes por todo el mundo

La costumbre pasó de Italia a Francia y España, donde tuvo un gran desarrollo, que se amplificó con la llegada de los españoles a América.

Los propios frailes hispanos aprovecharon este sistema iconográfico para enseñar a los naturales del otro lado del Atlántico el misterio de la Navidad.

Surgieron así dos tipos de belenes: los cultos, amados por los Reyes y altos dignatarios eclesiásticos, encargados a artistas célebres o menos famosos, y los sencillos, elaborados por los campesinos, que creaban un escenario similar al que contemplaban sus ojos, con gentes ataviadas con vestiduras como las suyas y un portal poblado de sus mismos animales domésticos.


Entre los belenes artísticos hay que citar a los que antaño realizaron artistas barrocos como Luisa Roldan, la mayor escultora española de todos los tiempos, o como Francisco Salzillo, quienes pusieron en sus figuras un celebrado vistuosismo, para glorificar a la Natividad. Otros famosos con producción belenista fueron los valencianos Gines y Esteve.

El arte del Belén se propagó por todo el mundo. En Europa hay zonas de gran tradición como el Tirol, Baviera, Alsacia, la Provenza y sobre todo los distintos territorios de España e Italia. Cada país fue incorporando sus peculiaridades étnicas o paisajísticas, e incluso tecnológicas. Así, por ejemplo, se cuanta que en el XVIII en Marsella se hacían curiosos belenes articulados...

Hoy, en el siglo XXI, el Belén es universal... pero repasemos un poco otros aspectos del Nacimiento de Jesús.

    

Las primeras manifestaciones navideñas

El nacimiento de Jesús, en Belén, es uno de esos temas emblemáticos que más ha impresionado en la mente del hombre cristiano de todas las épocas.

Y tal impacto ha repercutido de forma directa en todos los ámbitos: la gastronomía, la fiesta, las canciones, las ceremonias …y el arte.

Pero, contrariamente a lo que piensa la generalidad de las gentes, la popularización del Nacimiento o Belén, no ocurrió ya en los primeros tiempos del cristianismo.


Hasta hace casi mil años, cada individuo conmemoraba a su forma y según sus posibilidades la buena nueva del nacimiento del Salvador. Allá por el medievo, mientras el abad presidía en Navidad las solemnidades liturgicas del monasterio, el campesino se contentaba con un condumio sencillo, algo más notable que otros días: alguna gallofa, castañas asadas, requesón y vino. …Y canciones, muchas canciones, que esas salían gratis. Ni el abad ni el siervo pensaban aún en belenismos de ninguna clase.

Hace mil años, poco margen quedaba a los humildes para pensar en artes. Sólo con la superación de las estrecheces medievales, se pudo pensar en hacer un arte popular y sencillo para conmemorar la Epifanía.

    

Desde las catacumbas

Ya en las catacumbas se hicieron imágenes en las que aparece la Virgen con su hijo en brazos, y unos magnates, los magos, ataviados a la usanza persa.

El algún sepulcro del IV se pueda ver también al niño Jesús en el pesebre, entre un buey y un asno, tema que tenía relación con el arte sepulcral, pues sirve para aludir al inicio de la vida, al paso del tiempo.

Los asuntos vinculados al nacimiento continuaron interesando. El Papa Sixto III (432-440) encargó una reproducción de la “cueva” de Belén, en recuerdo pío del lugar del nacimiento de Jesús.

En San Apolinar el Nuevo, de Rávena, Italia, hay una bellísima pieza del siglo VI, una joya musivaria, en la que aparecen los tres Reyes Magos, lujosamente vestidos y sobre un fondo de palmeras, portando unas ricas bandejas plateadas para obsequiar al niño, que está en brazos de la madre.

Ya aquí aparecen definidas las tipologías de los personajes reales: tres Reyes Magos, uno sin barba, otro con barba negra y un tercero con ésta canosa, estableciendo una diferenciación de edad, simbolizando las edades del hombre: juventud, madurez y senectud.


Pero, en general, puede decirse que ésta no es una época en la que el tema del Nacimiento tenga una gran vigencia en el arte religioso. Sí es más típico el binomio Virgen-niño, sobre todo en el arte bizantino, destacando sus célebres “Hodigitrias”, en las que la Virgen, de pie, sostiene al tierno infante en brazos, en una posición que se hará sumamente habitual en el arte de Europa Occidental, sobre todo en el gótico.

Es curioso señalar también cómo la figura de San José tradicionalmente permaneció ausente, frente al binomio Virgen-madre e hijo.

    

La estrella-guía

La “síntesis” del Belén, donde se integran los personajes clásicos del mismo que han perdurado hasta hoy, se efectúa en el medievo.

Esto tiene una lógica: en el medievo la liturgia se hacía toda en latín, un idioma que ya era lejano para la generalidad de los fieles, y el arte –sobre todo a partir del románico- se utilizó para salvar la incomunicación clero-pueblo.

Elementos como los altares, capiteles o portadas se llenaron de representaciones de que rememoraban la historia de Cristo y la salvación de las almas. El arte se transformó en elemento iconográfico para educar religiosamente al individuo.


En aquella época, la imagen del portal se presentó sobre todo en piedra, en bellos capiteles románicos, donde se integra la Sagrada Familia en una cuadra cubierta de pajas, con sus rústicos pesebres y animales, una imagen bella, tierna y sobre todo comprensible para las gentes de una civilización básicamente rural.

Tampoco faltaba la estrella-guía, una referencia mágica para el campesino que escrutaba el cielo, misterioso y –entonces- incontaminado. El hombre de aquella Edad Oscura integraba así las ideas de Dios y la de su miserable existencia, ambas presididas por las estrellas.

“reyes que venís por ellas,
no busqueis estrellas ya;
porque donde el sol está,
no tienen luz las estrellas”

Así rezaba un verso posterior, de Lope de Vega, donde se realza ese sentido misterioso de lo “astronómico” en el portal de Belén.

    

Mimetismo y revoluciones artísticas

Durante el periodo gótico y renacentista, las imágenes de la Epifanía se hallan en todo tipo de materiales.

En las catedrales se pueden ver representaciones en piedra, en puertas y relieves interiores; bellos trabajos en madera, en retablos y sillerías de coros; en cristal, en los amplios ventanales de la época, etc.

Pero destacan las Epifanías pintadas sobre tabla o lienzo, e incluso las bellas ilustraciones de Libros de Horas y pergaminos, en las que los artistas de la miniatura dejaron obras maestras.

El mimetismo de las épocas se refleja a lo largo de los siglos XVI y XVII en la evolución de los temas, y así aparecen personajes con vestidos y elementos propios del Nuevo Mundo.

Si en los siglos XV al XVIII el tema tuvo un gran tratamiento pictórico ello no fue en detrimento del escultórico. Hay numerosísimas muestras de todo ello.

La temática artística entró en crisis en nuestra época, cuando el arte se ha secularizado y ha iniciado derroteros absolutamente rupturistas en temáticas y técnicas, pero, aún así, surgen a veces destellos de genialidad en torno a este tema.

Como broche de oro de esta tradición, la bellísima fachada de la Natividad, de la Sagrada Familia, obra de Antonio Gaudí, en Barcelona, en cuyas portadas está representado el nacimiento de Cristo, realzado por las torres bellamente rematadas por mosaicos y la profusión de palomas blancas.

Las imágenes del Cuentaviajes corresponden al Frontal de Mosoll(Museo Nacional de Arte de Cataluña) y a una iluminación sobre pergamino, de Esmeraldo Dotavanti, del monasterio de Pedralbes, Barcelona. Ambas piezas fueron mostradas en una exposición organizada en la Navidad de 2001, en la Ciudad Condal.