Millau: tecnología frente al paisaje

Millau tiene su nombre asociado a un inmenso puente sobre el Tarn, en Aveyron, sur de Francia.

La obra es colosal y tecnológicamente avanzada. El paisaje, en cambio, tal vez no mereciera esto.

Una visita al lugar, orgullo de Francia, con textos y fotos de Miguel Moreno

Cuentaviajes Millau: tecnología frente al paisaje

Una visita a Millau, en Aveyron, una población que, gracias a su puente sobre el Tarn, se ha convertido en el orgullo de Francia.

Millau: saliendo del anonimato

Millau es un pueblo francés de poco más de 20.000 habitantes. Está situado sobre el río Tarn, en la comarca de Aveyron (Midí-Pyrenées).

Viaducto de Millau, desde la base. Guiarte Copyright

Millau muestra con orgullo en su página web http://www.millau.fr/ una lista de once edificios supuestamente históricos y se jacta de tener 2.178 horas anuales de sol, menos que la provincia de Pontevedra, cifra que no está mal para la Europa transpirenaica.

Sin embargo, Millau pasaba desapercibida en las guías turísticas, incluida la chauvinista Michelín, que le otorgaba una estrella por la colección de vasijas del museo arqueológico. Millau, en definitiva, no era más que una ciudad del montón, que únicamente podía ser recordada por la proximidad de la garganta del Tarn, Montpellier el Viejo y otros lugares de interés geológico.

Pero, de repente, a Millau acuden a diario miles de personas, sobre todo turistas franceses, en una peregrinación casi ritual que levanta el maltrecho honor de la “Grandeur de la France”: voilà, le plus grand pont du monde. El mayor puente del mundo, mejor dicho el viaducto más alto del mundo, se yergue al oeste del orgulloso pueblo. Razones hay para ello.

La inspiración de Sir Norman Foster

El viaducto de Millau fue diseñado por el arquitecto inglés Sir Norman Foster (el título nobiliario aparece en los folletos oficiales, con un cierto regusto legitimista).

Millau, y al fondo el viaducto. Guiarte Copyright

Inmediatamente después, la propaganda nos recuerda que el puente fue concebido (habrá que estudiar la diferencia entre diseño y concepción) por el ingeniero francés Michel Virlogeux, al parecer republicano, porque no tiene título nobiliario alguno.

La obra ha supuesto una inversión de 400 millones de euros, y ha sido financiada y construida por el grupo Eiffage en la autopista A75 Clermont Ferrand-Béziers, que a cambio ha conseguido la concesión del peaje hasta el año 2079.

El récord mundial de altitud viene determinado por los 343 metros de la cúspide sobre el río Tarn, incluidos los 90 metros de las torres en las que se fijan los tirantes que sujetan el tablero. La pilastra más alta es de 245 metros, y la altura del tablero por el que circulan los vehículos alcanza los 270 metros sobre el cauce fluvial. La longitud es de 2.460 metros, con ocho tramos en total, seis de los cuales son de 342 metros, y los dos menores de 204 metros.

Continuando con las cifras, el puente tiene 36.000 toneladas de metal y 205.000 toneladas de hormigón. La primera piedra fue puesta el 14 de diciembre de 2001, y la inauguración oficial fue el 14 de diciembre de 2004.

Un dibujo en el aire

Las cifras mastodónticas de materiales de construcción pueden conducir a una conclusión equivocada. Lo cierto es que el viaducto de Millau es liviano, incluso etéreo.

Viaducto de Millau. Guiarte Copyright

Apenas supone un trazo en el aire, una estructura sorprendente que parece volar gracias a las pilastras en forma de diapasón.

Las siete grandes columnas en las que se basa la carretera están huecas y tienen forma de rombo truncado. Tienen 200 metros cuadrados en su base, pero al final, en el punto más alto, de contacto con la carretera, apenas presentan 30 metros cuadrados.

El tablero metálico es ligero (dentro de lo que cabe) y ha sido prefabricado en las factorías de Eiffel. Más tarde se montó en la propia autopista y se empujó con unas potentes máquinas, desde ambos lados, hasta que se pudo soldar en la parte central.

El documental que muestra el proceso parece proceder de la ciencia ficción: además de las pilastras fijas se construyeron otras provisionales intermedias, metálicas, sobre las que se deslizaba el tablero. Una vez se consiguió soldar el conjunto, se retiraron las torres provisionales y se erigieron las torres para el tensado de los cables de sustentación. Impresionante.

...Y el paisaje

Justo debajo del puente, en la carretera de Millau a Toulouse, se ha construido un centro de interpretación al que llegan los turistas en tropel.

El paisaje es verde en torno al viaducto. Guiarte Copyright

Allí se proyecta un documental, se reparten folletos informativos y se pueden ver maquetas que explican las singularidades técnicas del proyecto. También se señalan siete lugares desde los que el viaducto puede ser fotografiado y contemplado. Lo cierto es que se trata de una obra descomunal que no cabe en la pantalla de una máquina fotográfica a menos que nos alejemos considerablemente de la vertical del puente.

Otra cosa es el efecto paisajístico sobre la ciudad de Millau. Probablemente en muchos otros países veríamos pancartas y pintadas de grupos opuestos a tamaño puente en las proximidades de un centro urbano. Pero en Millau parecen haber aceptado no sólo con resignación, sino incluso con orgullo, una obra singular que ha proporcionado popularidad y visitantes. Ahora es difícil fotografiar Millau sin que aparezca el viaducto, pero ese no parece ser un inconveniente. Incluso se han construido carreteras hasta lugares elevados para que los nuevos turistas de infraestructuras puedan fotografiar cómodamente el puente enlazando ambas riberas del río Tarn.

La contemplación del viaducto supone un estímulo patriótico para muchos franceses, que destacan la capacidad tecnológica y económica del país, y en cualquier caso es motivo de admiración para cualquier visitante, sobre todo por la ligereza de líneas de una infraestructura que no es en absoluto pesada. Sin duda se han conjugado la visión artística de Norman Foster, la capacidad técnica de los ingenieros franceses y la decisión de una empresa que no ha olvidado que la ciencia, el arte y el negocio no están reñidos, sino que son complementarios: bueno, bonito y barato.