Los megalitos del Alentejo

Los megalitos del Alentejo

Los megalitos del Alentejo

El territorio más interesante de la Península Ibérica para acercarse al megalitismo es sin duda el Alentejo, la mayor de las regiones portuguesas, ubicada al sur del rio Tajo, y especialmente los distritos de Évora y Portalegre

Megalitos del Alentejo. El crómlech de Almendres (Almendros), cerca de Guadalupe, al oeste de Évora. Vista parcial. Es el mayor conjunto megalítico de la Península Ibérica. Imagen de Guiarte.com

Por Tomás Alvarez

Cientos de megalitos ocupan este territorio portugués caracterizado por agradables colinas y ocupado por alcornocales, viñedos, olivares, praderías y campos de cultivo, en el que perviven pequeñas ciudades cargadas de historia y monumentalidad.

Aunque estos monumentos prehistóricos pueblan muchas partes de la península ibérica, su concentración es particularmente elevada en el Alentejo y Extremadura (España). En este cuentaviajes vamos a hacer un recorrido por los distritos más densos en megalitismo, para conocer ejemplares emblemáticos.

Los megalitos

Como explicación previa, cabe recordar que se denominan megalitos a los monumentos construidos en la prehistoria con una o varias piedras de gran tamaño. En el caso de los menhires y alineamientos son sencillamente piedras verticales, en tanto que en los dólmenes cuentan con una sala central y en ocasiones una galería de acceso. No tienen ningún tipo de cemento o similar para unir las distintas piezas.

El nombre de megalito proviene del griego y equivale a gran piedra o piedra grande y su utilización no está muy definida. Pudiera tratarse de lugares vinculados con la religión, la astronomía, las funciones funerarias o simplemente la delimitación de territorios.

La época de construcción varía desde el Neolítico a la Edad del Bronce. En general estaríamos hablando desde unos 4.000 a 2000 años antes de Cristo, en el caso del territorio que comentamos.

Por el Alentejo

Frecuentemente, el viajero visita las ciudades alentejanas cargadas de historia, especialmente Évora, donde queda encantado con los vestigios del pasado, en los que destaca el mármol de la región. En esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, quedará encantado con el templo romano, excelentemente conservado, o sus templos, entre ellas la catedral y la iglesia de San Francisco, con su famosísima capilla de los huesos… Pero merece la pena dedicar un día para explorar su entorno, y descubrir los monumentos prehistóricos. Un recorrido por las afueras de Évora nos proporciona una serie excelente.

Évora. Templo romano. El patrimonio megalítico es otro de los grandes atractivos de la capital alentejana, patrimonio Mundial de la UNESCO. Imagen de Guiarte.com

Los almendros

Un conjunto excepcional se integra por el crómlech y el menhir de los Almendros, a unos 15 kilómetros al oeste de la ciudad de Évora, cerca de la localidad de Guadalupe.

Si el viajero quiere caminar, puede dejar el coche en Guadalupe y avanzar por una senda de tierra unos diez kilómetros (ida y vuelta). Si opta por el automóvil el esfuerzo será más liviano, aunque no se empapará tanto del paisaje.

En el avance, a la izquierda, a unos dos kilómetros de Guadalupe aparece un indicador del menhir de Almendres. Está en medio de una finca y para acceder a él hay un pasillo de unos 300 metros de largo que nos conduce al monumento, de unos 4 metros de altura.

Se trata de una bella pieza con alguna inscripción, aunque el placer de su contemplación queda atemperado por una cierta sensación de agobio físico, por el vallado del pasillo de acceso y el entorno de la gran piedra.

Megalitos del Alentejo. El menhir de Almendres (Almendros), en las cercanías Guadalupe, al oeste de Évora. Imagen de Guiarte.com

Vuelto al camino, el viajero continuará hacia el oeste otro buen trecho hasta que se encuentra ante la gran joya: el crómlech de Almendros, el mayor de la Península Ibérica.

Se trata de un conjunto espectacular con 95 monolitos de piedra distribuidos en un plano oval. A primera vista parece una serie de piedras esparcidas en una pendiente, en medio de alcornocales, aunque los expertos explican que tienen un cierto ordenamiento, al menos con varios círculos y elipses, que se datarían entre el sexto milenio a.C. y el tercer milenio a.C. El paisaje y el gran conjunto dejan al espectador fuertemente impresionado.

Megalitos del Alentejo. El crómlech de Almendres (Almendros), cerca de Guadalupe, al oeste de Évora. Vista general. Es el mayor conjunto megalítico de la Península Ibérica. Imagen de Guiarte.com

Uno de los detalles sorprendentes es que este no fue descubierto hasta 1964, cuando se confeccionaba un mapa geológico. El dato refuerza la idea de que en medio de estos bellísimos campos, en los que abundan las formaciones graníticas, tiene que haber un innumerable número de megalitos sin aún descubrir.

La ubicación del crómlech y del menhir, en sendas cimas y a 1,3 kilómetros de distancia en línea recta, ha dado pie a algunas interpretaciones relativas a las observaciones astronómicas.

Anta grande de Zambujeiro

La comarca tiene otros puntos de interés en el ámbito del monolitismo. En las inmediaciones de otro pueblo cercano, Santiago do Escoural, hay una gruta rupestre con arte paleolítico y un famoso dolmen (anta), el de Sao Brissos, transformado en una pequeña capilla.

Pero el dolmen más espectacular está en las proximidades de Valverde, a 5 kilómetros de Guadalupe, la primera de las poblaciones citadas anteriormente. Se trata del anta grande de Zambujeiro.

Megalitos del Alentejo. El Anta Grande de Zambujeiro (Almendros), junto a Valverde, al oeste de Évora. Es el mayor dolmen portugués. Imagen de Guiarte.com

La construcción, la mayor de este tipo en Portugal, es espectacular, con una cámara funeraria de 6 metros de altura, precedida de un corredor de acceso de 12 metros, y un menhir de entrada. Se trata de uno de los monumentos ibéricos más importantes, datado en torno al 4.000 a.C., del que se han recogido numerosos objetos: ollas, adornos, puntas de flecha, etc. que se hallan en el Museo de Évora.

Las piedras gigantescas que rodean la cámara poligonal tienen unos ocho metros de altura y la de la techumbre tenía siete. Por desgracia, cuando el monumento “cayó” en manos de los estudiosos, al remover la estructura lograron que se derrumbara en gran parte. Ahora permanece en medio del campo, rodeado con una cinta para que el público no acceda al recinto, cerrada la entrada del corredor… Cerca de ella aparece la gran piedra de cobertura, rota.

La estructura metálica que cubre el dolmen está destartalada, el acceso en malas condiciones, mal señalizado. Todo rezuma una sensación de abandono y desidia. Este monumento, por su categoría, necesita unas labores de reconstrucción y puesta en valor. Es una joya del megalitismo europeo y un testimonio excepcional de las comunidades pastoriles que lo utilizaron hace milenios.

El recorrido que acabo de citar, en el entorno de Évora, es un indicador de la riqueza megalítica de la zona. Se ha escrito que hay detectados más de un centenar y medio de monumentos megalíticos en el distrito.

Pavia: el dolmen "cristianizado"

Para cerrar este acercamiento a los monumentos prehistóricos de la región propongo la visita a otros dos, excepcionales.

A 50 kilómetros al norte de Évora está Pavía, donde el viajero encontrará, en medio de la estructura urbana una edificación singular: la capilla de San Dinis.

Megalitos del Alentejo. La capilla de San Dinis, en Pavía, al norte de Évora, dolmen “cristianizado” en el siglo XVII. Imagen de Guiarte.com

La singularidad de este Monumento Nacional de Portugal es que se trata de otro dolmen, excelentemente conservado, que fue cristianizado en el siglo XVII, dedicándose al culto.

El monumento es más humilde que el de Zambujeiro, pero en este caso está mejor conservado. El interior es humilde: paredes encaladas y un altar con azulejos y la figura del santo. Tiene tres metros y medio de altura por algo más de cuatro metros de diámetro. Desde el exterior se observa perfectamente la composición de dolmen.

El menhir de Meada

Y para cierre otra pieza emblemática, aunque esta nos exigirá un centenar de kilómetros en dirección norte, trayecto que se pueden enriquecer con una parada en la pintoresca villa de Avis. El viaje terminará ante el menhir de Meada, cerca de la población de Castelo de Vide.

La zona es preciosa, especialmente en primavera; un paisaje de sierra, con encinares, alcornocales pastizales y cultivos, en medio de los cuales aparecen inmensas moles pizarrosas.

Megalitos del Alentejo. El menhir de Meada (Madeja), el más alto de la Península Ibérica, cerca de Castelo da Vide, en el norte del Alentejo.

Llegar al menhir exige circular por sendas estrechas en los últimos kilómetros, donde es difícil cruzarse con otro vehículo. Prudencia. La lentitud se compensa con la hermosura de esta zona serrana casi despoblada, en la que hay otros restos prehistóricos.

El menhir de Meada (Madeja), el más alto de la Península Ibérica, es un poderoso monolito que se levanta en medio de las soledades; un monolito de más de siete metro de altura y de 18 toneladas de peso, descubierto en 1993, partido en dos.

La belleza del entorno y la grandeza de este inmenso monolito en medio de las soledades dejan en el viajero un recuerdo imborrable, un sentimiento emocionado de unión con la naturaleza y con el pasado misterioso de nuestros ancestros.