El guerrero de Mali

Es sólo una estatua de terracota; mide prácticamente un metro de altura. Se trata de un guerrero, cabalgado sobre su corcel. Tiene unos mil años y procede del territorio de Mali. Pero ese trabajo anónimo y lejano merece una reflexión.

La altivez del jinete, la estilización, los cuidados atavíos del guerrero y de su caballo nos hablan de una insólita perfección.

Cuentaviajes El guerrero de Mali

Relato de viaje a El guerrero de Mali

Sólo una terracota

Personaje sentado, culura Djenne, de los siglos XIII a XVI

El guerrero de Mali

Es sólo una estatua de terracota; mide prácticamente un metro de altura. Se trata de un guerrero, cabalgado sobre su corcel. Tiene unos mil años y procede del territorio de Mali. Pero ese trabajo anónimo y lejano merece una reflexión. La altivez del jinete, la estilización, los cuidados atavíos del guerrero y de su caballo nos hablan de una insólita perfección.

Poco sabemos de esta pieza. En torno a ella pervive el misterio. Hay esparcidos por el orbe más caballeros similares, procedentes de la cultura de Ségou, denominada así por el lugar del hallazgo. Pero la información es escasa.

Muchas culturas africanas son prácticamente desconocidas. A veces aparecen yacimientos con valiosos materiales, que se desperdigan por las colecciones especializadas, aún antes de hacer un inventario y un análisis de los hallazgos. Quienes están en el comercio de estos objetos apuntan que los propios gobiernos apenas tienen interés en ello. Se trata de países donde el valor del arte y el tiempo es distinto. A veces, incluso, la elite dominante repudia ese arte que habla de la perfección de culturas suplantadas y estimadas como inferiores.

     

La rica historia de Mali

Terracota. Personaje sentado, de la cultura Djenne, de los siglos XIII a XVI
La rica historia de Mali

El actual Mali tiene una superficie de 1.240.000 kilómetros cuadrados, algo así como la suma de Francia, España e Inglaterra. La parte norte corresponde al estéril territorio del Sahara, en tanto que la del sur está fertilizada por el Níger.

Este país sin acceso al mar tiene una historia fecunda y los viajeros occidentales ya dejaron constancia de su poderío medieval. Ibn Batuta, uno de los expedicionarios más notables de todos los tiempos, visitó aquel territorio en el siglo XV, describiendo un país con un gran río (él le confundió con el Nilo) en el que se habían establecido gentes venidas desde puntos tan lejanos como España o Egipto.

Así narra su llegada a Tombuctú: “continuamos hacia Tombuctú, ciudad que se halla a cuatro millas del Nilo y cuyos habitantes son en su mayoría massûfies. Su jefe es el llamado Farbâ Mûsà. Cierto día en que estaba yo con él nombró a uno de los massûfies almocadén. Para ello le invistió con una ropa, turbante y zaragüelles, de color todo. Luego le sentó en un escudo que los principales de su tribu levantaron en alto sobre sus cabezas. En este lugar se halla la tumba del señero poeta Abû Ishaq as-Sahili el granadino, conocido en su patria chica por at-Tiwayyin. También está allí sepultado Sirây as-Din b. al-Kuwayk, comerciante muy principal y alejandrino de nación."

     

Ibn Batuta

Ibn Batuta describió el hallazgo de una especie de elefantes acuáticos (hipopótamos) y su navegación en una canoa hecha de un tronco vaciado; habló de la vida de los poblados ribereños y de la importante ciudad de Gao: “Me trasladé a la gran ciudad de Kaw-Kaw [Gao] en la ribera del Nilo, una de las mejores, mayores y bien abastecidas del país de los negros. Disponen allá de arroz abundante, leche agria, gallinas y peces, así como de la variedad de pepino llamada ìnânî que no tiene parejo. Los habitantes suelen comprar y vender sirviéndose de conchas”

Estamos en el núcleo del Imperio de Mali, formado por la tribu mandinga a orillas del Níger a partir del siglo XI, país engrandecido en el XIII como potencia hegemónica de la zona. En el XIV su dominio incluía la mayor parte de los territorios de las actuales Senegal y Nigeria.

Guerrero de Mali, cultura Segou. terracota de 94 centimetros de alto. Datación: siglos X a XII. Detalle de la cabeza del caballo.

En sus orígenes no era más que una especie de confederación de territorios mandados por jefes de tribus aliadas contra los ataques exteriores. Sundiata Keita (1230-1255) de la dinastía mandinga de los Keita, que había sido en su mayor parte exterminada por los susu, encabezó una sublevación mandinga que le permitió liberarse del dominio de Sumaoro Kannte, rey de Susu.

Tras su ascensión al trono inició la expansión de su reino, que se reflejó en la anexión de los pueblos vecinos, incluidos el reino de Susu y de Ghana. Ganó prestigio al luchar contra la esclavitud, impulsó el comercio transahariano; puso los cimientos de una activa economía agraria basada en el algodón y favoreció la fabricación de tejidos.

     

Sucesión de reinos

Jinete de la cultura Segou. Terracota,; siglos XII al XVI
Los primeros años del siglo XIV fueron los de mayor esplendor del reino de Mali, bajo el gobierno del emperador Congo Musa (1307-1337). Éste peregrinó a La Meca, lo que le vinculó al mundo musulmán. En el viaje llevó tal riqueza a Egipto que provocó una importante inflación. De vuelta de su peregrinación, introdujo masivamente la cultura árabe, con la colaboración de artesanos, escritores y arquitectos traídos por él. Congo Musa extendió su poderío por territorios de Tombuctú, Djenné, Méma, Gao, Gambia, etc.

La economía malí estuvo activada por el comercio transahariano, la demanda de oro por parte de las grandes ciudades musulmanas del norte de África y una elevada producción agraria. El declive vino favorecido por el choque entre las instituciones tradicionales y las nuevas normas islámicas. Estas disputas facilitaron la pérdida de Tombuctú a manos de los tuareg en 1433 y de Djenné en 1473 por los songhai, otro reino emergente.

En ese siglo, los europeos ya se introdujeron en el continente africano. Los portugueses establecieron centros comerciales en Gambia y entraron en contacto con los comerciantes mandingos que les aprovisionaban de artículos como plumas de avestruz, marfil y oro. Esto favoreció un momentáneo recrecimiento. Aún un emperador de Malí intentó reconstruir el gran imperio en el tramo final del XVI. Pero ya no hubo sino decadencia, hasta que los franceses empezaron a controlar la zona en los años finales del XIX.

     

Los jinetes

Las terracotas de Mali.

Acostumbrados a muestras sobre los grandes pintores o escultores, para la generalidad de las gentes pasan desapercibidas otras exposiciones que tienen un contenido excepcional. Es comprensible. El arte ha devenido en nuestra sociedad en un artículo de consumo, como los vinos o los yogures... Las exposiciones de las grandes instituciones despliegan un marketing poderoso y se ciñen a los “consagrados”... y luego están los otros, los casi desconocidos, o conocidos sólo por una minoría especializada.

Ángel Martín era un arqueólogo que trabajaba en el entorno del Mediterráneo, hasta que un día se marchó a conocer culturas africanas. A su vuelta puso en Madrid una galería de arte africano; la única de la capital de España. En ella ahora se presenta una magnífica colección de terracotas de Malí. Allí están valiosas piezas como la del mencionado caballero, datado en una fecha imprecisa, entre los siglos X y XII.

Junto a él hay otras terracotas de jinetes. Son figuras tubuliformes, sumamente alargadas, cargadas de una absoluta dignidad realzada por la presencia de ricos adornos personales. Llama especialmente la atención el caballero aludido. Cota de malla, espada colgada al lado de su brazo izquierdo, aspecto altivo... Esa figura nos hace recordar que cuando un genial artesano la elaboró, a miles de kilómetros, en las frías tierras de Europa otros caballeros recubrían sus cuerpos con mallas metálicas y empuñaban armas similares.

Esa estatua de Mali nos habla también de estética, riqueza y lujo. El caballo lleva cubierto su cuello con un collar de factura idéntica a un brazalete que porta el guerrero en su antebrazo derecho...

     

Misterios y conjeturas

No se sabe a ciencia cierta para qué servían estas estatuillas de terracota, aunque pudieran tener una utilización funeraria. La dignidad de su figura, su posición erguida y estática ayudan a interpretar esa función.

Ángel Martín dice que todas las figuras han sido halladas rotas, lo que atribuye a las luchas, a alguna violencia cultural iconoclasta o tal vez algún ritual. Asume la vaguedad de la contestación con sinceridad. “No hay datos, nadie ha hecho una investigación profunda del tema; ni a los gobiernos les importe el tema”.

Personaje sentado, con cabeza apoyada en la rodilla, de la cultura Djenne, Mali. Datado entre los siglos XI y XVI

El arqueólogo francés Szumowsky halló algunas de estas figuras en un seudotúmulo, una pequeña construcción, pero sin restos de inhumaciones. Tanto en los yacimientos Ségou como Bankoni (algo más al suroeste) aparecen siempre esa fragmentación de las terracotas. Parece una destrucción deliberada. ¿Se rompían las esculturas tras la celebración de algún rito? ¿Obedece la destrucción a la furia violenta de las oleadas islamizadoras que lucharon permanentemente contra el animismo de la región? Le respuesta aún no se sabe.

     

Con el latido del genio

En la muestra que ha reunido Ángel Martín en la galería Cristóbal Benítez, también presenta otra bella selección de terracotas de la cultura Djenné, correspondiente a una zona del delta interior del Níger, inundable periódicamente, región pantanosa en la que hay unas “islas” donde se asentaron los antiguos pobladores; zona de encuentro de rutas caravaneras del norte y los comerciantes del oro y marfil del sur.

Lo más habitual de estas esculturas Djenné son personajes dolicocéfalos, con ojos en forma almendrada, que presentan una consideraba riqueza gestual y un mayor dinamismo. Abundan los personajes arrodillados o sentados que podrían indicar una función religiosa o una vinculación de las figuras con la religión. Entre las piezas las hay excepcionales, como la de un personaje sentado que apoya su cabeza en la rodilla, un “pensador” en el que asombra la elasticidad de sus extremidades. Otra pieza inolvidable es la de una mujer, sentada, dolorida, trágica, con una malformación en la espalda y un sobrecogedor gesto de dolor...

Minoritario, arcaico, primitivo, pero con el latido del genio.