Qué ver en Lisboa

Visitas y monumentos y otras cosas que hay que ver en Lisboa: albero y café

Plaza del Comercio

Lisboa mira al mar desde la Plaza del Comercio, un espacio lindante a las aguas brillantes del Mar de la Paja.



Vista parcial de la Plaza del Comercio. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

El viajero que llega a la plaza dirige sus ojos, necesariamente, hacia ese mar plateado, pero también mira hacia el pasado, hacia la tragedia de 1755.

Esta era la zona donde se hallaba en la antigüedad el Palacio Real, y por ello los lisboetas siguen denominando al gran espacio cuadrangular Terreiro do Paço, algo así como Terraza del Palacio.

Es esta una de las plazas más imponentes de Portugal. Al sur de la misma aparece el mar surcado de navíos que van y vienen, muchos de ellos con turistas, mientras que por los otros tres lados aparecen edificaciones severas que se apoyan en galerías porticadas. 

Galerías porticadas de la Plaza del Comercio de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

En el centro de la plaza se halla, sobre un pedestal de radiante blancura, la estatua ecuestre de José I, obra del escultor Machado de Castro, de 1775. En el lado opuesto al mar se alza un gran arco de Triunfo, diseñado por José da Costa, y terminado en 1875.

El arco, bajo el que comienza la rúa Augusta, está coronado por la Gloria, que pone sendas coronas de laurel sobre la Virtud y el Valor, obras del francés Célestin-Anatole Calmels. El resto de la estatuaria de la arcada es del escultor romántico Víctor Bastos, quien representó a varios héroes, entre ellos Viriato y Vasco da Gama, y los genios del Duero y Tajo.

Merece la pena pasear por este inmenso espacio y sentarse junto a la orilla del agua para contemplar los brillos plateados del mar, un mar que se abre hacia el oeste, bajo el inmenso abrazo del puente 25 de abril. 

Las aguas del Mar de la Paja brillantes, ante la Plaza del Comercio de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La Baixa

Del entorno de Rossio a la Plaza del Comercio se despliega una gran zona de calles rectilíneas distribuidas en manzanas cuadrangulares. Es el núcleo de la Baixa.

Bajo el arco triunfal de la Plaza del Comercio se inicia la rúa Augusta, en La Baixa de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Esta es la zona absolutamente destrozada por el maremoto y el terremoto de 1755 y reconstruida a lo largo del siglo siguiente, siguiendo diseños técnicos racionalistas.

Asumiendo la dramática historia sísmica lisboeta los urbanistas ya establecieron un límite de altura de los edificios y una serie de prevenciones para favorecer la resistencia y elasticidad ante las catástrofes naturales.

Articula este espacio la rúa Augusta que sale desde el arco de la Plaza del Comercio para alcanzar Rossio. La vía es peatonal y en ella abundan los cafés y las tiendas de moda y recuerdos.

Hay un aire turístico y bohemio en esta zona, en la que no faltan los músicos, artistas callejeros y hasta mercachifles que ofrecen al viajero relojes, gafas o hachís

En esta red de calles aún perviven nombres que aluden a los gremios: calle de los Doradores, de la Plata, Áurea, de los Zapateros… Hay aún establecimientos de joyería, pero sobre todo tiendas de recuerdos, bancos, hoteles, pastelerías e infinidad de restaurantes cuyos camareros abordan al paseante para ofrecerle una mesa libre.

Paseantes por la rúa Augusta, en la Baixa, Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

El elevador de Santa Justa
Muy cerca de Rossio, en la calle Santa Justa, se halla un ascensor sumamente popular, el elevador de Santa Justa o do Carmo, que permite pasar de la Baixa a la plaza do Carmo, para adentrarse en el popular barrio de Chiado.

Inaugurado en 1902 el elevador es totalmente metálico y de un aire neogótico. Tiene más unos cuarenta y cinco metros de altura y termina en una terraza que permite una contemplación excepcional de buena parte de la ciudad.

Aunque no es un prodigio técnico, el ascensor se ha convertido ya en una atracción turística lisboeta.

Elevador de Santa Justa. Detalle de su arquitectura estilo neogótico con cierto aire mudéjar. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Rossio

La plaza de Dom Pedro IV es conocida popularmente como Rossio, y se constituye como un auténtico corazón de Lisboa.



Rossio, con la estatua a Pedro IV y el Teatro Nacional Doña María II. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

En efecto, esta plaza está cargada de historia y constituye un punto tradicional de cita, e torno a sus fuentes y estatuas.

Desde la antigüedad, Rossio fue punto de encuentro ciudadano para las corridas de toros, las fiestas, las revueltas o las ejecuciones de Inquisición.

Hoy Rossio es un espacio tranquilo, en medio de una abundante circulación rodada. En los bajos de sus edificios de aire sencillo, en consonancia con el resto de la Baixa, se alinean comercios de recuerdos y objetos diversos, así como cafeterías y pastelerías. En el centro se yergue el monumento al monarca portugués Pedro IV, obra de arquitecto francés Elias Robert. 

Fuente de aire romántico en Rossio, Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

En la base del mismo aparecen alegorías de la Prudencia, la Templanza, la Fortaleza y la Justicia

En la cara norte de la plaza se halla el Teatro Nacional Doña María II, obra de aire clasicista, de 1842, que se eleva en el espacio que ocupó el tribunal de la Inquisición, y en cuya fachada, sobre el frontón triangular, se alza una escultura de Gil Vicente.

En la esquina noroeste de la plaza, cerca del Teatro, está la popular estación ferroviaria de Rossio, que enlaza Lisboa con Sintra. Es muy interesante la fachada neomanuelina, con sus extrañas puertas de herradura. La obra es de 1887. 

Las espectaculares puertas neomanuelinas de la estación de Rossio. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Plaza de la Figueira
Al este de Rossio existe otra amplia plaza animada, con una estatua ecuestre de Juan I. Es la Plaza de la Figueira.

Se trata de un gran espacio cuadrangular, en medio de una serie de casas de arquitectura pombalina. Este espacio corresponde al plano del antiguo Hospital Real de Todos los Santos, el mayor centro sanitario de Lisboa, destruido por el terremoto de 1755 y nunca más rehecho.

La plaza es agradable y animada. En ella hay puestos de venta de objetos de artesanía y de flores. También está en la zona algunas de las buenas pastelerías lisboetas.

Desde la plaza se tiene una magnífica vista de castillo de San Jorge. 

La estatua de Juan I preside la animada plaza de la Figueira, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Avenida da Liberdade

La avenida más notable de la ciudad de Lisboa comienza en la plaza de Restauradores, al lado de Rossio, y finaliza ante el parque Eduardo VII.



Teatro Eden, en Lisboa. Detalle de su fachada. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Ya en tiempos del Marques de Pombal se inició la urbanización de la parte inferior de la avenida, inmediatamente después del terremoto de 1755. Sin embargo, no sería sino en la segunda mitad del siglo XIX cuando tomó el aspecto que tiene ahora, con sus 90 metros de anchura.

En arranque de esta gran vía, la plaza de Restauradores nos presenta una serie de elementos de interés, el más destacado de los cuales es el elevado monumento que recuerda la separación de los reinos de España y Portugal en 1640. El obelisco, de 30 metros de alto, tiene en su pedestal las estatuas de bronce de la Victoria y la Libertad.

En la vereda izquierda se alzan el vistoso palacio Foz, obra del XIX, y el teatro Edén, con su magnífica fachada de Art Decó, una obra de 1930, debida a los arquitectos Casiano Branco y Carlo Florencio Dias. 

Obelisco de la plaza Restauradores de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Desde Restauradores, la amplia avenida avanza hacia el norte, hacia la rotonda del Marques de Pombal. En la mitad del trayecto el viajero se encuentra con el monumento a los muertos de la “Grande Guerra”. Para los amantes de las compras, también aparecerán a lo largo de la avenida distintas tiendas de alto standing.

La plaza Marques de Pombal también tiene historia pues en ella se proclamó la república en 1910. El monumento central está dedicado al Marqués, cuya estatua se eleva sobre la columna. El estadista aparece con la mano sobre un león, como dominador del poder y de la destrucción.

Finalmente, como prolongación “verde” de la avenida, a espaldas del monumento a Pombal se halla el Parque Eduardo VII de Inglaterra, en el que se muestran bellos jardines y plantas exóticas.  Es un lugar que agrada a las gentes de todas las edades...

Iglesia do Carmo

Al oeste de la Baixa queda la zona del Chiado y el Bairro Alto, donde el viajero encontrará algunos de los rincones más vivos de la ciudad de Lisboa.



Desde el bullicioso Rossio se contempla, elevado, e mutilado templo do Carmo. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Es aconsejable subir hasta esta zona lisboeta a través del elevador de Santa Justa, que proporciona una magnífica vista de la ciudad desde su terraza superior. El elevador nos llevará al lado de las espectaculares ruinas de la iglesia do Carmo.

La visión de los restos de esta iglesia puede estremecer nuestra sensibilidad porque nos traslada inmediatamente a la mañana del 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos y aciago día del famoso Terremoto de Lisboa.

En el siglo XIV se fundó el convento de Carmelitas al que pertenecía esta iglesia gótica, de tres naves, de la cual quedan los paramentos laterales, las columnas y algunas arcadas y nervaduras. El espacio está cargado de historia y dolor por lo que significa.

La iglesia era el mayor templo gótico lisboeta y hoy es un punto esencial en la visita a esta ciudad, en la que el seísmo del siglo XVIII privó de casi todos los monumentos medievales. Estas ruinas nos lo recuerdan.

En las dependencias del convento se alberga un museo arqueológico, en el que se encuentran elementos que van de la Edad de Bronce hasta medievales. 

El bello y desolador interior del templo do Carmo, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

El corazón del Chiado

Ante el templo do Carmo se abre una sencilla plazoleta que invita al viajero a tomarse un descanso, a la sombra de la arboleda.



Largo de Chiado, al fondo el Largo de Camões. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Será un reposo bueno para el espíritu, melancólico aún tras la contemplación de las ruinas góticas.

Pero el bullicio de la zona contribuye a elevar el ánimo y para ello conviene dirigirse hacia la rúa Garrett, situada en medio de unas manzanas de notable actividad, repletas de cafés, pastelerías, tiendas de ropa, etc.

La calle de Garrett finaliza en otro rincón con sabor, el Largo do Chiado. En una esquina, un Fernando Pessoa de bronce nos recuerda que el literato era uno de los clientes habituales. Al lado del escritor, una silla vacía invita al viajero a sentarse para entablar tertulia con el creador lisboeta.

A pocos pasos de este rincón, dos iglesias barrocas, una la de Loreto y la otra la de Nuestra Señora de la Encarnación ambas reconstruidas después del gran terremoto. Casi al lado, también el Museo Nacional do Chiado y el Teatro Nacional San Carlos. Esta es una zona con evidente densidad cultural 

Fernando Pessoa continúa en la terraza de A Brasileira. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Largo do Camões
El Largo do Chiado desemboca en otra plaza, el Largo do Camões, donde Luis de Camões vigila el ruidoso trasiego del barrio... La escultura del gran poeta, de 4 metros de alto es de Víctor Bastos. En torno al pedestal otros grandes de la cultura acompañan al autor de Os Lusíadas.

La plaza, lugar de celebraciones de la Revolución de os Claveles, es el punto de unión de Chiado y el Bairro Alto, una zona sencilla que se ha puesto de moda en las últimas décadas. 

Luis de Camões preside la plaza que lleva su nombre, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

San Roque

Subiendo desde la plaza de Camões por la calle de la Misericordia llegaremos a la Iglesia de San Roque, renacentista en su planteamiento original.



La joya barroca de Lisboa: la capilla de San Sebastián. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

El templo, el mejor del Bairro Alto, es elegante y tiene bastante obra de artistas italianos. Lo menos glorioso es su fachada, rehecha tras los destrozos del terremoto de 1755. Merece la pena detenerse en su interior.

Aun contando con una sola nave, la sensación es de grandeza. La Capilla Mayor se presenta a modo de arco triunfal, con una arcada que armoniza con las de las capillas laterales. El techo es de madera, y en diferentes capillas aparecen azulejos, pinturas y esculturas de notables autores portugueses, entre ellos Gaspar Vaz.

Hay una joya espectacular: la cuarta capilla de la izquierda, dedicada a San Juan Bautista. Es una maravilla del barroco italiano. Fue construida totalmente en Roma, e inaugurada por el propio papa Benedicto XIV con la celebración de la misa, para ser luego desmontada pieza por pieza y enviada a Lisboa en 1747. Por suerte, sobrevivió la catástrofe de de 1755. Más de un centenar de artistas derrocharon materiales y trabajo en su realización. Es una exhibición de riqueza. Escalones de pórfido, columnas de lapislázuli, esculturas de marfil y mármol de Carrara… Todo es lujo: oro, plata, amatistas… Todo es una maravilla… y hasta lo que parecen a simple vista pinturas son mosaicos de un sorprendente virtuosismo.

La visita se puede complementar en el museo de arte sacro contiguo, con excelente orfebrería y obra de pintores portugueses del siglo XVI. 

El sobrio exterior de San Roque oculta el interés de su interior. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La Alfama

Desde el Castillo de San Jorge hacia el Mar de la Paja se extiende un laberinto de callejas que recibe el nombre de la Alfama.



El Castillo tiene más `prestancia desde la ciudad baja. Imagen del mismo desde la plaza da Figueira. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Se trata de una zona de gran vigor histórico que se asienta sobre los muros del primer poblado prehistórico y la Lisboa romana y árabe. En el entorno de la catedral aún se aprecian ruinas romanas.

Alfama deriva del árabe y alude a los manantiales que surgían en algunos puntos de la ciudad y que fueron aprovechados para el uso. Hoy, el barrio es una de las zonas más típicas de la ciudad en la que perviven dos antiguos monumentos, el castillo y la catedral, así como numerosas iglesias de pequeño tamaño, muchas de las cuales sobrevivieron con destrozos al seísmo que destruyó otras tantas.

El viajero que sube a la Alfama desde la Baixa tiene la sensación de que pisa otra población; una población vieja, en la que aún se sienten con más viveza los colores y olores, donde la gente se conoce y se saluda al cruzar la calle, donde el ama de casa acude a la misa y luego a la tienda de ultramarinos para comprar las viandas. Conocido también el barrio por sus casas de fado y establecimientos de restauración, es frecuentado por muchos turistas que brujulean por la zona, que no por ello pierde tipismo.

Quien sube hacia lo alto de la colina desde el entorno de la plaza del Comercio, antes de llegar a la catedral descubrirá un pequeño templo. Es la iglesia de San Antonio da Sé. Lo más importante que tiene es que ocupa el solar donde nació un santo de fama universal conocido por el lugar donde murió: san Antonio de Padua. Los vecinos celebran todos los años sus fiestas, por junio, con gran bullicio y devoción.

Si sigue ascendiendo, pasará por delante de la catedral, acertadamente rehecha tras el gran terremoto, para continuar hacia Santa Lucía, donde hallará, al lado de la iglesia un excelente mirador sobre el Tajo. Muy cerca está otra magnifica atalaya, en el Largo de la Puerta del Sol….

Pero hay que continuar hacia arriba para alcanzar el castillo de San Jorge, un fuerte altomedieval que engrandecieron los árabes y los reyes cristianos, algunos de los cuales residieron en él. Desde el punto de vista arquitectónico no tiene gran interés, aunque sus muros dan impresión de poderío al contemplarlos desde diversos lugares de la ciudad. Lo que es indudable es que constituye otra magnífica atalaya para contemplar Lisboa y su espléndido paisaje urbano... 

Subida a la Alfama. Al fondo la catedral, y a la izquierda San Antonio da Sé. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La catedral de Lisboa

El Monumento más destacado de la Alfama es la Sé, la catedral.



El Milagro de la predicación de San Antonio de Padua a los peces, reflejado en los azulejos de la catedral lisboeta. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Cuando el viajero contempla este monumento no puede dejar de recordar a la catedral de Coimbra, con la que coincide en su aspecto de fortaleza almenada.

El edificio es del siglo XII, previsiblemente de los mismos maestros que la catedral de Coimbra. En general predomina un románico austero, aunque también se aprecian algunos elementos góticos, como la elegante girola gótica.

La iglesia, de 3 naves, es la más antigua de las de Lisboa, y ha tenido que sobrevivir a grandes terremotos. El de 1755 destruyó buena parte: la linterna erigida sobre el crucero, el presbiterio, así como varias capillas y el Panteón Real. Restauraciones posteriores, la última en el siglo XX, le devolvieron el aire original románico.

La Sé tiene tres naves, la central con una bóveda de medio punto. El claustro es gótico y en él se han descubierto restos de tiempos fenicios y romanos. 

La catedral de Lisboa. Vista nocturna. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Belem

Una visita obligada en el viaje a Lisboa es Belém, un barrio ubicado más cerca del Océano, e íntimamente ligado a la vocación marítima portuguesa.



Pináculos de la Torre de Belém. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Se llega bien hasta Belém. Desde la misma plaza del Comercio se accede al centro de Belém en tranvía. También se llega cómodamente en tren, desde la estación de Cais do Sodré.

El barrio, antes municipio, es agradable. Tiene dos monumentos de visita indispensable, la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos, algunos centros culturales y un agradable paseo marítimo, con espacios verdes y zonas de ocio y restauración. 

Belém, Lisboa: el Padrão dos Descobrimentos. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Precisamente al lado de esta zona costanera se halla el monumento a los descubrimientos,  Padrão dos Descobrimentos, realizado en 1960 para conmemorar el 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante, impulsor de la expansión de Portugal por los océanos. Se trata de un monumento de más de 50 metros de altura, con forma de carabela que entra en el Mar de la Paja, y en la que avanza también una pléyade de figuras históricas, trabajo este último del escultor Leopoldo de Almeida.,

Hay en la zona otros museos y centros culturales, pero también hay un pequeño monumento culinario, redondo y dulce: “los pastelitos de Belén”, muy típico en la localidad, que se consume en cantidades industriales en las cafeterías cercanas al monasterio de los Jerónimos, para satisfacer a una golosa legión de visitantes.

Un trasatlántico avanza hacia el océano, ante el paseo litoral de Belém, Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Monasterio de los Jerónimos

La existencia del Monasterio de los Jerónimos es un milagro, porque se salvó del desastre del Terremoto de 1755 pese a estar muy cerca del mar.



Exterior del Monasterio de los Jerónimos. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Desde el entorno de Belém salían numerosas embarcaciones en tiempos de los descubrimientos, y fue el propio Enrique el Navegante quien fundó aquí una ermita, que en 1502 se reemplazó por un monasterio que impulsó el rey D. Manuel.

En un momento de expansión del reino, avanzaron las obras primero de la mano del francés Diogo Boytac y luego bajo la dirección del español Juan del Castillo, que le dio su impronta estética muy próxima al plateresco.

La iglesia tiene una bellísima portada sur, plena de abundancia decorativa. En el interior destaca su conjunto de columnas relativamente gráciles aunque sumamente decoradas, que sostienen una extraordinaria bóveda que resistió el embate del gran terremoto. 

Interior de la iglesia del Monasterio de los Jerónimos, desde el coro alto. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La iglesia tiene tres naves y una capilla mayor de factura netamente clasicista que contrasta con la decoración del resto de la iglesia. El edificio alberga varias tumbas reales, así como las de Vasco de Gama y Luis de Camões. La tumba de Fernando Pessoa también está en los Jerónimos, en el claustro.

El claustro es también una obra espectacular. Tiene dos pisos. El interior realizado en la época de Boytac y el superior por Castillo. Desde una de las alas del claustro se puede acceder por una escalera al coro alto, desde el que se tiene una excepcional imagen de la factura del templo, especialmente las bóvedas y columnata.

Desde 1983, el monasterio forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, que valora que el centro religioso, ubicado a la entrada del puerto de Lisboa “es la ejemplificación misma del arte portugués en todo su apogeo”. 

El claustro del Monasterio de los Jerónimos es realmente espectacular. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Torre de Belém

La Torre de Belém, incluida también en el listado del Patrimonio Mundial de la UNESCO, parece una pieza de ajedrez de un caprichoso príncipe oriental.



La Torre de Belén, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Poco en su forma nos recuerda su vocación militar, porque por encima del significado guerrero de las almenas, están las delicadas formas de la galería, los ventanales y balcones, las cúpulas y hasta la bella estatua de la Virgen de la Buena Suerte, que parece una joven y dulce madre que, con el niño en brazos, sueña mirando al mar.

Esta obra se hizo en 1515 para controlar la entrada de navíos al Tajo y Lisboa. Su arquitecto fue Francisco de Arruda, quien diseño una torre de fantasía a la que adosó una plataforma con bellas torrecillas y almenas que hacen olvidar al espectador las funciones bélicas de la estructura.

La famosa Torre de Belém fue llamada en su origen Torre de San Vicente, santo patrón de la ciudad de Lisboa, y en su fachada aparece repetidas veces la cruz de los caballeros de Cristo, la orden Templaria portuguesa, que invistió sus riquezas en el despliegue portugués allende los mares, y de la que fue gran maestre Enrique el Navegante. 

Nuestra Señora de la Buena Suerte, en la terraza de la Torre, y ante su fachada sur. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Por los museos

Lisboa a es mucho más… empezando por sus museos, alguno de los cuales tiene especial interés.



Estela del Escriba. Egipto, Imperio Nuevo (c. 1300 a. C). Fundación Calouste Gulbenkian

… y todo ello pese a que el gran terremoto del siglo XVIII fue totalmente destructivo, porque se llevó por delante los archivos del imperio, los cuadros y joyas de sus palacios aristocráticos, algunos monumentos públicos… dejando sólo soledad y destrucción.

El museo Calouste Gulbenkian abrió en 1969 y es fruto de la donación de un industrial de origen armenio, gran coleccionista de arte. Se halla en el centro-norte de la ciudad, un poco más al norte de la avenida Libertadores, en medio de un agradable espacio verde, el parque de Santa Gertrudes.

Tiene especial interés su colección de arte oriental y clásico. Magnificas piezas y alfombras persas, excelentes porcelanas chinas, conocidas piezas del arte egipcio antiguo. Junto a ello, buenos materiales del mundo grecorromano y medieval europeo. De pintura europea también se puede ver una gran colección, que abarca desde los flamencos como Van der Weiden a los modernos Manet o Renoir. En el intermedio, Rembrandt, Rubens o Turner…

Otros de los museos importantes es el de Artes Decorativas, ubicado en la Alfama, en un viejo palacio del siglo XVII, donde el visitante se adentra en la vida de la rica Lisboa del siglo XVII, con sus diversas colecciones de plata, porcelana o muebles.

Políptico de São Vicente de Fora. Nuno Gonçalves (hacia 1450-1490). Museu Nacional de Arte Antiga. Foto de José Pessoa 1994 Direção-Geral do Património Cultural / Arquivo de Documentação Fotográfica (

Más alejado, pero en la misma orilla del Tajo, está también otro museo especial, el del Azulejo. Se halla en el convento de la Madre de Dios, originario de principios del siglo XVI, una excelente estructura manuelina. Este centro es uno de los mejores del mundo en su género, con excelentes piezas hispanas, italianas, alemanas o inglesas, aparte de la magnífica colección portuguesa. El visitante goza con la contemplación de tales materiales a la par que recorre notables dependencias como el claustro, la iglesia y la sala capitular.

Para cerrar el capítulo de museos, cabe destacar el Nacional de Arte Antiga, también cercano a la costanera, pero al oeste de la Plaza del Comercio. Tiene las colecciones recogidas de la confiscación de conventos de inicios del XIX. Excelentes obras de autores portugueses, entre las cuales la estrella es el Políptico de la Adoración de San Vicente, obre de Nuño Gonçalvez, del siglo XV. Entre los autores de fuera de Portugal encontraremos trabajos de El Bosco y Zurbarán.

Finalmente, pensando en los más pequeños, una visita posible es el Ocenário lisboeta, del que se dice que es el mayor oceanográfico de Europa, y donde se contemplan las especies que habitan en los distintos océanos, tanto peces como flora marina.


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