Guía de Lisboa


Lisboa, la capital portuguesa, es una urbe llena de arte que no deja indiferente a ningún viajero sensible.


Apacible, animada, amable, sencilla, sorprendente, bella, melancólica, descuidada, marítima, colorista… son muchos los adjetivos que podemos dar a Lisboa. Y todos son verdaderos, en buena medida, porque la ciudad está llena de rincones diferentes y con personalidad propia.


Guiarte.com te presenta una guía de la capital portuguesa, realizada con textos de Tomás Álvarez y fotografías de Beatriz Álvarez.

Galería fotográfica

Carruaje ante el Monasterio de los Jerónimos, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Información general de Lisboa

Información de interés acerca de Lisboa: albero y café

Lisboa, corazón de un imperio

Lisboa es una ciudad llena de encanto, una urbe repleta de historia, de color, de sabor… una ciudad capaz de enamorar a cualquier viajero.

La Gloria otorga sendas coronas de laurel a la Virtud y el Valor. Estatuas de la Plaza del Comercio de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

El primer ingrediente que contribuye a hacer especialmente atractiva a la capital portuguesa es su enclave. Ubicada en el estuario del Tajo, esparcida sobre colinas, su imagen tiene un encanto distinto en cada barrio. A ello se añade un entorno de gran atractivo y bien comunicado. Desde el mismo centro urbano el ferrocarril suburbano nos acerca en apenas media hora a lugares magníficos como Estoril o Sintra que complementan el encanto lisboeta.

El segundo ingrediente es el color. Lisboa tiene una luminosidad especial. En la plaza del Comercio la blancura del monumento central y la gran arcada contrasta con el amarillo albero de los edificios circundantes y el mechón verde del entorno del castillo de San Jorge, mientras la planicie de piedra clara de la plaza se contrapone con el azul plata del Mar de la Paja. En el casco urbano destacan los blancos entre los tonos apastelados de palacios y nobles edificios, mezclados con el brillo de los azulejos o los grises amarronados de los desconchones, mientras los autobuses y tranvías ruidosos y de tonalidades vivas circulan por calles empinadas, por las que aparecen perspectivas con el rojo de las techumbres o los azules del mar…

Otro ingrediente es el clima, dulce, beneficiado de una orografía que limita los vientos, una orientación hacia el sur que propicia la solana y un mar océano que dulcifica los rigores de las estaciones. Lisboa es una ciudad agradable en cualquier época del año, aunque en especial durante la primavera y el otoño.

Lisboa no es opresiva, como puede serlo para algunos espíritus la densidad de historia y arte de Roma o los volúmenes de cemento de Nueva York. Lisboa es provinciana, dulce y romántica. A ello ayuda el saberla capital de un imperio que ya no existe sino en los libros de historia y el conocer su infortunio, el de 1755, que se llevó por delante los mayores edificios de la urbe y casi la mitad de la población. Hablaremos de la triste historia de los terremotos de Lisboa en otro capítulo de esta guía, el de la Historia.

…Y es música, nostalgia de fado. Y literatura universal. Imposible recorrer sus calles sin recordar a Saramago, Pessoa o Camoes, quien definió a Lisboa con la princesa de las ciudades del mundo.

Vista desde el mirador de Santa Justa. Al fondo el castillo de San Jorge. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Todo, el olor de las pastelerías y cafés, el aspecto antiguo de sus restaurantes, el bullicio tranviario, el aire decadente de muchos de sus edificios, nos propicia un sentimiento de autenticidad a la par que nos habla de historia y eternidad.

El terremoto de 1775 arruinó gran parte de su vigor artístico, pero aun así, la ciudad conserva interesantes obras de arquitectura esparcidas por una geografía urbana que alberga en su distrito unos 700.000 habitantes y que alcanza los 2.000.000 contando con la conurbación.

El punto de arranque para la visita podría ser la Plaza del Comercio. Detrás está la Baixa, una teoría de calles rectilíneas resultado de la reconstrucción de la ciudad tras el gran desastre del siglo XVIII. A un lado y otro de la Baixa se hallan los barrios de Alfama (este) y Chiado (oeste). Siguiendo por la rúa Augusta, se alcanza Rossio, plaza de dom Pedro IV, corazón de la ciudad. Poco más adelante está Restauradores, inicio de la gran avenida da Liberdade que nos conduce a otra excelente zona de jardines y museos.

Perpendicular a esta especie de este “cardo maximus” de la urbe, está el “decumanus” de la costanera. En el este se hallaría el Parque de las Naciones, donde se celebró la Expo Universal del 98, que presenta diversos atractivos, entre ellos el “oceanario”, en tanto que en el oeste se despliega un punto de visita obligada, el barrio de Belem con el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, monumentos incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Lisboa es mucho más. Para descubrirlo hay que pasear la urbe, detenerse en sus iglesias, subirse a los tranvías y autobuses, tomarse unos pasteles de nata sentado en alguna de las plazas o acudir a un restaurante popular para disfrutar de un plato de bacalao o de unas sardinas asadas. Las sardinas son un icono de Lisboa, un icono humilde para la capital de un imperio perdido.

Tranvías en la plaza del Comercio. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La historia

Fundada por Ulises, según la leyenda, la actual Lisboa surgió de un poblado que se asentaba desde la antigüedad en la colina donde actualmente se halla el castillo de San Jorge.

Estatua de bronce de José I, en la plaza del Comercio, donde se hallaba la dedicada a Apolo, hasta el terremoto de 1755. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Amparada en su privilegiada situación, al lado de una especie de canal que comunica el estuario del Tajo con el Océano, aquella primitiva población sirvió de punto comercial utilizado ya por los fenicios, en el que se negociaba con los productos llegados por el mar y los que ofrecía el interior peninsular.

Algunos historiadores estiman que el origen de la ciudad es fenicio, pero otros la remontan a fechas anteriores y reducen el papel de los fenicios al de negociantes que ofertaban aquí productos y reabastecían sus barcos para avanzar hacia los territorios del estaño.

Como el resto de la península Ibérica, la vieja Olissipo entró luego en la órbita de la dominación de Roma, periodo en el que siguió siendo una ciudad comercial y exportadora de garum y de vino.

La urbe pasó por manos de suevos y visigodos y árabes. Sufrió incursiones de los vikingos y acabaría volviendo a manos cristianas en el siglo XII, en el reinado de Alfonso I de Portugal.

Desde el siglo XIII Lisboa fue capital portuguesa y desde ella partieron numerosas naves en el descubrimiento y colonización de nuevas tierras, a partir del siglo XV.

El protagonismo de Lisboa fue especialmente importante en el siglo XVI, época en la que incluso disputó a Madrid la capitalidad hispánica tras la unión de los reinos peninsulares. Esa unión terminaría en 1.640, cuando el país se separó de España.

Interior del templo del Carmo, que muestra las huellas de la catástrofe de 1755. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Los terremotos de Lisboa
En pleno centro de Lisboa se alzan unas monumentales ruinas góticas que recuerdan un sino trágico de la ciudad: los terremotos.

Y me refiero a los terremotos, porque ya en 1531 la ciudad sufrió un violentísimo seísmo seguido de un maremoto que destruyó buena parte de misma, destrozó el puerto y las embarcaciones y segó la vida de varias decenas de miles de personas.

Pero en 1755, en el día de Todos los Santos, otro siniestro aún más grave sacudió los cimientos de la ciudad, derribando incontables edificaciones. Muchos de los lisboetas aterrados por el violento seísmo marcharon hacia el muelle –una zona abierta- a fin de protegerse de los incendios y derrumbes. Poco después llegó el tsunami que sepultó prácticamente a la ciudad y que completó un desastre colosal: cayeron barrios enteros, palacios, iglesias, teatros…. Y hasta tal vez 100.000 víctimas humanas.

Se calcula que el siniestro se llevó por delante el 80 por ciento de los edificios, incontables tesoros, archivos….y en medio de la tragedia comenzó el pillaje y el vandalismo para apropiarse de las riquezas que quedaban en los palacios y templos. El rey José I, encargó a Marqués de Pombal controlar el caos… Este, cerró la ciudad con el ejército para evitar la salida de los habitantes y montó patíbulos por doquier para exhibir en ellos a las decenas de ajusticiados.

La ciudad se recuperó. Hoy, cuando el viajero recorre las plazas y calles rectilíneas de la Baixa, desde la plaza del Comercio a Restauradores debe saber que todo esto es la Lisboa “Pombalina” fruto de la reconstrucción emprendida por el Marqués de Pombal, tras un terremoto de un nivel 9 en la escala de Richter

Torre de Belém, vigilando la entrada marítima a Lisboa desde 1514. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

La ciudad se recuperaría, apoyada por la riqueza de un imperio que menguaría a principios del XIX. En ese momento, invadido el país por las tropas de Napoleón, el rey Juan VI huiría a Brasil. Allí crearía el germen del estado independiente de Brasil. De hecho, Juan VI fue el primer emperador brasileño.

La ciudad, creció hacia el norte a lo largo del siglo XIX, en torno a la avenida de la Liberdade. Ya en el XX, en un Portugal convulso, se produjo el regicidio de José I, en 1.908. Dos años más tarde sería proclamada la República.

Aún viviría Lisboa otro momento histórico memorable el 25 de abril de 1974, cuando se desarrolló la llamada “Revolución de los Claveles”, que acabó con una dictadura que controlaba el país desde1926, en un país que también liquidó por entonces los restos del imperio.

La última gran novedad en la vida lisboeta fue la exposición Universal de 1998, en el 500 aniversario de la expedición de Vasco de Gama a la India. El evento se aprovechó para remodelar la zona del Parque de las Naciones y terminar el Puente Vasco de Gama, infraestructura que junto con el puente 25 de abril, sirve para canalizar el tráfico rodado y ferroviario hacia el sur, sin necesidad de rodear el amplísimo estuario del Tajo.

Ocio y Gastronomía

Lisboa aún es una ciudad a la medida del hombre, en la que se puede caminar sin prisas y relajarse en lugares llenos de sabor y encanto.

Lisboa es bella para pasear o para extasiarse contemplando el brillo plateado del Mar de la Paja desde la costanera de la ciudad. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Es gozoso avanzar por la Baixa, Chiado o la Alfama, en medio del bullicio, o sentarse frente al agua contemplando el brillo plateado del Mar de la Paja, dejándose tostar por el sol declinante.

Por cierto, otra forma de contemplar la ciudad, la de hacerlo desde el agua. Hay cruceros que conducen al viajero por delante de toda la costanera lisboeta.

Es esta una ciudad fácil de recorrer, porque no es masificada como otras megalópolis, y es también sencilla de controlar mediante sus transportes públicos. Hasta el aeropuerto está muy bien situado y comunicado con el centro de la urbe.

Lisboa no es una ciudad cara. Hay establecimientos turísticos –hoteles y apartamentos- para todos los gustos y bolsillos. El viajero puede buscar alguno de los grandes hoteles de edificios ultramodernos o ubicarse en un viejo caserón de aire palaciego en el centro histórico. Y hay una tercera sugerencia, y es la de alojarse cerca de la costa, en Estoril o Cascais, y compatibilizar una parte del día para la playa con otra dedicada al arte o las compras en la eterna Lisboa. 

Existe una forma excelente de recorrer Lisboa y es adquiriendo la tarjeta Lisboa Card. Es aconsejable adquirirla… si de verdad el viajero quiere conocer a fondo la ciudad, porque permite utilizar libremente el transporte público (metro, elevadores, tranvías, autobuses y los trenes que van a Sintra (desde Rossio) y Cascais (desde Cais do Sodré).

Con la tarjeta se entra gratis a algunos palacios y monumentos, como el Monasterio de los Jerónimos o la Torre de Belém. Además, permite el acceso gratis a los museos nacionales y ofrece descuento para los demás. Los niños de menos de 5 años pueden beneficiarse también de la tarjeta si van acompañados de un adulto que la posee.

Para un adulto los precios de la Lisboa Card son (tarifa del 2015) desde los 18,50 para un día a 39 para para tres días. La tarifa de menores es aproximadamente la mitad. Se puede adquirir en las oficinas de turismo de Lisboa: en el Aeropuerto de Lisboa, el Palacio Foz (Plaza de los Restauradores), en el centro de Turismo de la Plaza del Comercio y la Estación de Santa Apolonia.

En materia de gastronomía, Lisboa tiene una excelente oferta culinaria. Por toda la ciudad abundan los restaurantes, muchos de ellos sencillos, en los que se come bastante bien, tanto las carnes como los pescados, preferentemente estos últimos pues no en vano estamos en una urbe que mira hacia el océano.

Bello vehículo ante el clásico café Nicola, en Rossio, Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

En los últimos años, un pescado humilde se ha alzado como icono de la ciudad, la sardina. En todas las tiendas de regalos de la ciudad está la sacrosanta sardina convertida en postal, llavero, cenicero o decorando vajillas.

Cierto que la sardina es un pescado típico de los veraneos playeros de buena parte de la Península Ibérica, pero son los lisboetas quienes la han sacralizado. Incluso en las fiestas de San Antonio la Alfama huele a sardina, y en los bares de muchos rincones se disfrutan las siempre olorosas parrilladas de sardinas.

…Y el bacalao, el plato fuerte de toda la costa portuguesa y que en Lisboa se ofrece de mil maneras, entre ellas el bacalao a bras.

También hay magnificas caldeiradas de pescado… y además pescado a la parrilla, al horno, en pastel…no duden en gozar de la oferta.

En general, la gastronomía portuguesa es sencilla; desde la humilde açorda de alhos, una sopa de pan muy ibérica, hasta el caldo de grelos (sopa de verduras) o la canja de gallina, que es caldo de gallina con arroz. Otros guisos son el cocido portugués, realizado con alubias o la feijoada, similar a la fabada española. Entre las carnes destacan el Porco à alentejana, el bife con patatas (filete), coteletas (costillas) o la chanfana, un guiso de cordero cocido con vino, o el cochinillo.

Hay restaurantes abundantes por Rossio y también en la zona de Chiado, aunque algunos de los más recomendables están esparcidos por la Alfama. En la Baixa también abundan, aprovechando que es una zona fija del paso de los turistas. Sin embargo resulta agobiante el trasiego exterior y la presión de los camareros por llevar al paseante a sus respectivos locales.

Hay buenos quesos en el país, y a veces en el restaurante los ofrecen como entrada. Los de cabra y oveja son excelentes.

Lisboa es también buena ciudad para los postres. Lo comprobará el viajero en su recorrido. Las pastelerías, en general son buenas. No hace falta sino darse un paseo por La Baixa y Rossio para ver pastelerías por todas partes. Y si sale de Lisboa al entorno cercano lo seguirá comprobando. Tartas de chocolate, hojaldres, helados…

Pero hablando de repostería, el pastel de Belém es un clásico. En Belém hay pastelerías que se dedican “industrialmente” a satisfacer la demanda de los cientos de turistas que desfilan por los Jerónimos. También se le llama pastel de nata. Es redondito, pequeño, sobre una base hojaldrada y una crema basada en la yema de huevo, azúcar y leche (no te darán la receta en la confitería, seguro) y cubierto de azúcar lustre y canela. Cuando llegan del horno (en Belén se ven hasta los hornos en los establecimientos) con un calor tibio están deliciosos.

En Sintra también se hallan excelentes pastelerías que ofrecen al viajero magnificas tartas, helados y hojaldres.

El inevitable gallo de Barcelos, un icono turístico portugués. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Y buenos vinos, aparte del conocidísimo Oporto. Vinos que van desde los verdes del norte a los magníficos caldos de las cuencas del Duero y del Tajo. Entre los del norte, los blancos Alvariño y Loureiro. Aparte de los vinos de Oporto, en el centro-norte del país destacan los vinos del Dao nombre un río que fluye hacia el Duero y donde se elaboran magníficos tintos. Otros de los vinos habituales en las mesas de Lisboa son los del Alentejo, tierra del centro-sur del país, con prestigio vinícola desde la época romana. Y hasta de Madeira llega vino, un vino con cierto aroma tostado.

Con tanta tradición vinícola (Portugal está entre los países con mayor producción mundial) no es extraño que abunde la fabricación de licores, como el bagaço (orujo) y la ginjinha, aguardiente de guindas. Y compras.

Es buen sitio Lisboa para compras, y el viajero hallará en su recorrido numerosos lugares para adquirir desde un sobrero hasta un vino o ropa de diseño.

Empezando por lo típico, cabe destacar que la sardina ha llegado a ser un producto icónico lisboeta. En las tiendas ofrecen bellas sardinas de tela como llavero, y hasta vajillas con delicadas sardinas azuladas. En Lisboa, la sardina está desplazando al popular gallo de Barcelos como elemento icónico para turistas.

Si buscan pastelería, hay quien no se resiste a llevarse unos pasteles de Belém. En alguna de las pastelerías especializadas ofrecen los pasteles bien envueltos para el traslado. Aunque es seguro que llegarán en mejores condiciones los vinos, algún Oporto o los blancos del norte, son una sugerencia.

Si busca otro producto bello y típico, están los corchos. Se hacen de corcho bellísimos bolsos. No son baratos, pero realmente son bellos.

También se puede adquirir ropa, desde camisetas típicas hasta ropa más formal y con diseño.

Los típicos pasteles de Belém, el dulce más famoso de Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Para comprar, en toda la Baixa hay multitud de tiendas, desde un suvenir hasta moda. Por Chiado, en torno a la rúa Garrett, aparecen desde librerías hasta centros de moda. Si busca tiendas de lujo, encontrará varias en la avenida da Liberdade.

En los últimos tiempos han surgido varios centros comerciales en el que encontrará de todo, desde lugares para la restauración a tiendas en las que ropa o alimentación.

Entre la infinidad de restaurantes y tiendas de todo tipo de productos, incluidas joyerías, en Lisboa escasean buenas queserías. Parece como si a los propios portugueses les faltase confianza en la calidad de sus magníficos quesos. Al turista siempre le cabe el recurso de darse una vuelta y adquirir quesos en el Corte Inglés o en alguno de los hipermercados

…Y los buscadores de compras también pueden encontrar algo en un conocido oulet, Freeport, en la localidad de Alcochete, al otro lado del estuario del Tajo, donde marcas de moda y complementos ofrecen a más bajo precio producto de temporadas anteriores.

Direcciones de interés

Direcciones de interés de Lisboa: albero y café

Carruaje ante el Monasterio de los Jerónimos, en Lisboa. Imagen de Beatriz Álvarez para Guiarte.com

Información de turismo en Lisboa:
Plaza del Comercio. Teléfono 210 312810
Palacio da Foz. Plaza dos Restauradores. Teléfono 21 346 63 07.
Monasterio de los Jerónimos (frente al monasterio). Teléfono 213 658 435 
Aeropuerto. Teléfono 21 849 43 23.

LisboaCard
http://www.lisboacard.org/

Turismo de Lisboa
http://www.visitlisboa.com/

Museo Calouste Gulbenkian
Av. Berna 45ª. http://museu.gulbenkian.pt/Museu/pt/Inicio

Museo Artes Decorativas
Largo Portas do Sol 2. http://www.fress.pt/

Museo Nacional del Azulejo
Rúa da Madre de Deus 4. http://www.museudoazulejo.pt/

Museo Nacional de Arte Antiguo
Rúa das Janelas Verdes. http://www.museudearteantiga.pt/

Oceanário de Lisboa
Explanada Dom Carlos I. http://www.oceanario.pt/

Web de Transportes de Lisboa: http://www.metrolisboa.pt/

http://www.cm-lisboa.pt/turismo/
http://www.atl-turismolisboa.pt/index.htm
http://www.lisboa-online.com/
http://www.metrolisboa.pt/

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