Cuentaviajes Las Islas de piedra

Una visita a las islas de Malta y Gozo, con texto y fotografías de Miguel Moreno Gallo.

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Una visita a las islas de Malta y Gozo.

Piedra sobre Piedra

La isla de Malta tiene una superficie de apenas 245 kilómetros cuadrados (menos de la mitad de Ibiza, para entendernos), pero su volumen es mucho más considerable.

Malta: La Valleta desde Conspicua.

No se trata de que tenga grandes montañas, que no es el caso, pero toda la isla es una acumulación de piedra sobre piedra, de murallas, de castillos, de ciudades fortificadas, de templos megalíticos, de casas y palacios que abruman al visitante.

Parece como si los malteses fueran herederos de Sísifo y se hubieran dedicado desde la Prehistoria a trabajar en las canteras, a tallar la piedra de color miel para colocar los grandes bloques a lo largo de toda la costa, para levantar muros infranqueables y para recrear precipicios a los que asomarse.

La prehistoria

Los templos megalíticos de Hagar Qim, Tarxien y Mnajadra están construidos para la eternidad, de eso no hay duda.

Templo megalítico de Tasxien

Sorprende pensar que, cuando en el resto del Mediterráneo nuestros antepasados andaban en taparrabos –como los malteses, cabe suponer- una cultura devota y trascendente fue capaz de erigir tamaños lugares de culto, edificados con piedras que pesan decenas de toneladas. Eso sí, no necesitaban argamasa, porque la talla era fina, el encaje preciso y la trabazón contundente.

Tarxien, al sur de La Valleta, es una sucesión de recintos en forma de trébol que permite imaginarse el culto entre el 4000 y el 2500 antes de Cristo. Algo parecido ocurre con Hgar Qim y Mnajadra, situados a escasa distancia el uno del otro, junto a la costa suroeste. Hay otros yacimientos como el hipogeo de Hal Saflieni (suele haber cola para entrar) o los tempos de Mgarr. El conjunto no es sólo interesante para los aficionados a la Prehistoria. Cualquiera puede disfrutar recorriendo los recintos y sorprendiéndose de la técnica constructiva.

La historia

Por Malta pasaron fenicios, griegos y romanos; también San Pablo, y más tarde los bárbaros, los musulmanes y los normandos, los reyes de Aragón...

Malta. Mdina

Pero apenas hay vestigios que merezcan la pena hasta la llegada de los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, mitad monjes mitad soldados, que se atrincheraron a partir del siglo XVI.

Debían tener mucho respeto al turco, a tenor de las murallas que repartieron por toda la isla. El resultado es agobiante: La Valleta, Senglea, Conspicua y Vittoriosa son cuatro ciudades separadas por un brazo de mar que se miran unas a otras desde acantilados de piedra tallada, vigilantes, cerradas hacia un interior de calles estrechas y hacia un exterior de mar azul y gaviotas.

En La Valleta se pueden recorrer las murallas, pasear por los jardines de Barracca (Upper y Lower) tomados hoy pacíficamente y sin un solo disparo por miles de turistas; entrar en la catedral de St. John’s para oír la misa en maltés, y contemplar los palacios del Grand Maestre y del Albergue de Castilla, León y Portugal, o Italia.

Merece la pena visitar el Museo Arqueológico, que recoge los principales restos encontrados en las excavaciones de los templos e hipogeos. Tal vez lo que más sorprende es la elegancia de los adornos y objetos decorativos, tan clásicos que parecen modernos. Al pie de la City Gate es muy vistosa la central de autobuses, una tremenda plaza en la que se acumulan, o se amontonan más bien, centenares de vehículos amarillos, algunos tan antiguos que da miedo viajar en ellos a las velocidades de vértigo a las que circulan sus conductores.

Las callejuelas de La Valleta son también un escenario decadente por el que no sería extraño encontrarse al Corto Maltés, aunque al parecer sólo lo ha visto su creador Hugo Pratt, maestro del cómic.

Tres dientes de piedra

Las ciudades de Senglea, Conspicua y Vittoriosa son tres dientes de piedra que se miran entre sí, separadas por calas, y recelosas ante La Valleta, que las controla desde el norte.

Malta. Sliema. Playa de piedra pómez y refugio de turistas

El conjunto es impresionante por su solidez constructiva, aunque el recorrido interior deja bastante que desear, y sólo llaman la atención los templos, barrocos hasta el agotamiento. Entre bastión y bastión, yates de lujo, iglesias por doquier, algunos pescadores despistados y góndolas al servicio del turista.

Mdina es, sin embargo, una buena visita en el centro de la isla. Se conserva muy bien todo el recinto, y los palacios e iglesias han mantenido el aire original, como esas señoras venidas a menos que siguen vistiéndose como cuando eran jóvenes.

La isla también tiene playas, aunque mucho peores que las del Mediterráneo español, a las que se accede, como a todos los pueblos, por un dédalo de carreteras sin apenas señalización que obliga a aguzar el ingenio y a seguir el instinto, o la posición del sol.

En general Malta es caótica en el tráfico (por la izquierda, of course) aunque tiene una buena red de comunicaciones por autobús que evita muchas veces tener que alquilar un coche.

Sliema es una ciudad horrorosa, al norte de la Valleta, un Benidorm amontonado en el que terminan aparcados la mayoría de los turistas. Por allí deambulan ingleses jubilados que andan muy deprisa por el malecón, parejas de recién casados, jóvenes que han ido a la isla con la disculpa de aprender inglés y malteses de toda la vida que ocupan las calles interiores.

Y Gozo

Malta es una isla pequeña y Gozo es más pequeña aún, donde se llega tras atravesar un pequeño canal ocupado a su vez por la islita de Comino (en la que, por cierto, hay un hotel).

Gozo: Dwejra

Poco tiene que ver Gozo, salvo el tempo de Ggantija, que decepciona si se visita después de los de Malta; y la ciudadela, también más sencilla que la Mdina de Malta. A cambio, el paisaje de Dwejra merece la pena. Se trata de un acantilado roto por los embates del mar al que se puede acceder desde una laguna interior a través de túneles naturales.

Como siempre, los mejores paisajes superan a las obras humanas.

Gozo: Ggantija

Datos:
Integran el archipiélago de Malta cinco islas, de las cuales Malta es la mayor. Este país está en el sur de Europa, en el Mediterráneo, no lejos de Sicilia, y tiene unos 300 kilómetros cuadrados y 400.000 habitantes, de los que la gran mayoría habitan en la Isla de Malta.

La Valeta es la capital, los idiomas más hablados son el inglés y el maltés; la gran mayoría de la población es católica.

Malta es republica independiente desde 1974. Su moneda es el euro, y el país es deficitario, entre otras razones porque los propios alimentos deben ser aportados a las islas en su mayor parte desde el exterior.