La Virgen del Manadero

Uno de los paseos atractivos que se pueden hacer por la montaña leonesa es un recorrido siguiendo el arroyo de Los Calderones, desde Otero de Dueñas hasta el arranque del cauce, ante el santuario rupestre de la Virgen del Manadero.

Textos y fotografías de Tomás Álvarez

Virgen del Manadero

Uno de los paseos más bellos que se pueden hacer por la montaña leonesa, siguiendo el arroyo de Los Calderones, desde Otero de Dueñas hasta el santuario rupestre de la Virgen del Manadero.

Piedrasecha

Pocos días hay en los que la tranquilidad se rompe el Piedrasecha...


Un lugar bello y tranquilo, Piedrasecha, guiarte.com

Siempre que he llegado allí –y ya son muchas veces- el lugar aparece solitario, y en el aire resuenan los cantos de ruiseñores y el eco cantarín de la torrentera que baja por el fondo del estrecho valle.

Tal vez en la romería de la Virgen del Manadero, magnífico santuario rupestre ubicado en las soledades, dos kilómetros más al norte, el bullicio se adueñe de este lugar donde la geografía parece poner un punto y final.

La coqueta iglesia de Piedrasecha, a la entrada del luger.

Mucha gente avanza hasta Piedrasecha para pasar por el desfiladero de Los Calderones, un angosto paso donde la montaña oprime al viajero, y que sólo es practicable en el estiaje, cuando el agua baja transita sumida bajo el lecho de piedras... pero lo más bello es el trecho entre Piedrasecha y el inicio de la angostura, donde está el santuario.

Caballos, junto al arroyo de Piedrasecha. guiarte.com

Desde Otero de Dueñas

Para llegar a Piedrasecha no hay grandes dificultades; a apenas seis o siete kilómetros está La Magdalena, a donde se puede acceder por autopista.

Un valle estrecho enmarcado por Montañas. Guiarte.com

Muy cerca de la salida de ésta se halla el pueblo de Otero de Dueñas, y desde él se toma una carreterita sinuosa y estrecha, que nos lleva, primero a Viñayo y luego a Piedrasecha. Unos 5 kilómetros, tal vez, de distancia.

Desde Otero de las Dueñas, el paisaje va ganando en bravura y grandeza. Pronto se halla Viñayo, con algunas casas hermosas de aire serrano, y a partir de aquí el valle va estrechándose, mientras las formaciones rocosas ganan de prestancia.

Es gozoso este minúsculo valle de umbrías y prados de verde intenso que abrazan a un arroyo cantarín que avanza haciendo eses, para salvar paredones que parecen querer impedir el paso al viajero.

Otero de Dueñas. Guiarte Copyright

Merece la pena advertir al automovilista de la peligrosidad de esta ruta, donde la visibilidad es a veces de escasos metros y la anchura insuficiente para el cruce de dos vehículos. Cuidado, pues.

El sendero hacia el Manadero

Tras pasar estos estrechamientos, el valle se bifurca y aparece Piedrasecha, con su iglesia humilde de románico rural y excelente piedra, cubierta por musgos que parecen querer confundirla con el paisaje verdoso.

Bella formación rocosa, al lado del camino al Manadero. guiarte.com

La belleza del caserνo apenas queda empaρada por una casa que rompe la armonνa de la sencillez, por su disfrazada pretensiσn de asemejarse a un castillo seρorial... la piedra lo disimula y los aρos acabarαn de darle una tonalidad mαs acorde...

Siguiendo por la calzada principal podemos llegar al puente. En una replacita debemos dejar el auto para seguir a pie.

Nada mαs salir del automσvil sentiremos el frescor del clima montaριs y el rumor del agua que cae por la torrentera. Desde aquν se inicia una senda, paralela al riachuelo, que es de una belleza sencilla y subyugante.

...Y por el fondo salta el agua, en un perpetuo rumor. Imagen de guiarte.com

A la derecha del camino quedan unas curiosas laderas de tono negruzco en las que apenas crecen algunos robles, y prosigue en permanente subida –subida soportable- hacia en norte, en medio de una naturaleza atractiva amenizada por formidables peρascos.

Senda y peñasco. Guiarte Copyright

Un paisaje especial

El río, eternamente sonoro, preside con su cántico la soledad, y el viajero avanza impresionado por el sendero, entre las laderas que se van estrechando.


El recorrido es un paraíso para los amantes de la geología. guiarte.com

Laderas que aparecen por la izquierda, cubiertas de bosques tupidos de robledal, en tanto que en las de la derecha brilla la soledad de la roca silícea amenizada por aislados enebros. Y en el fondo del valle, rodeando el pequeño cauce, fresnos, chopos, sauces y un sinfín variedades de flora ribereña.

Se estrecha en valle y la senda va cada vez más cerca del arroyo permitiendo gozar con sus pequeñas cascadas y sus remansos donde el agua asombra por su transparencia.

De repente, tras un recodo, ante nosotros se presenta una triple sorpresa. La primera es la del desfiladero vertical y estrecho: el cañón de los Calderones; la segunda la desaparición del río; y la tercera, la cueva de Las Palomas, que aparece ligeramente elevada y accesible por unas escaleras de piedra, y donde se venera la llamada "Virgen del Manadero".

El desfiladero de los calderones. guiarte.com

La zona está cuidada; al pie de la escalera de subida, hay incluso una mesa de aire megalítico y un semicírculo de asientos de piedra. Buen lugar para degustar la merienda...

El desfiladero, en invierno, puede llevar un cauce impetuoso, pero en verano éste desaparece, sumido bajo el lecho de pedruscos, apareciendo de forma brusca y sonora a los pies del santuario rupestre.

Algún viajero dejó en la ladera una muestra de creatividad, guiarte.com

El santuario rupestre

Los antepasados astures, sacralizaban enclaves misteriosos de los ríos, lagos y bosques.

Subida a la gruta de la Virgen del Manadero. guiarte.com

Éste es uno de esos parajes que siempre tuvieron que ser venerados por su hermosura, donde el ser humano se siente empequeñecido por el entorno. No es extraño que siga teniendo hoy un carácter religioso.

La primera vez que llegué por aquí, desconocedor del lugar, tuve una experiencia fuera de lo normal. Atardecía; el sol ya se había escondido por el occidente y la quietud era total. Hasta los pájaros parecían cesar ya en sus cánticos. No había visto a nadie en el camino.

Cuando llegué ante el desfiladero, me sorprendí al escuchar unos cánticos en latín. Sonaban magníficos y misteriosos. Miré hacia la derecha, hacia la izquierda; escruté los riscos... y por un momento me sentí burlado y atemorizado por aquellas hermosas voces que salían de no sabía dónde.

Sencilla imagen de la Virgen del Manadero, en el interior de la gruta. imagen de guiarte.com

Estuve varios minutos paralizado por la intriga, y esta se resolvió cuando vi descender por las escaleras que conducían a la cueva –entonces menos visibles que ahora- a un grupito de media docena de personas que habían acudido al lugar para cantarle a la reina de esta montaña bella y misteriosa.

Este lugar, aún sin cánticos, sigue siendo especial.

Desde el interior de la gruta, por las ventanas naturales, se ven a veces a los escaladores. guiarte.com