Cuentaviajes La ruta del Górgora

Cerca de la cima del Puerto de Manzanal, en la A6, entre Astorga y Ponferrada, está Montealegre. Es un pequeño lugar en el que se contemplan dos miliarios de la Vía Nova romana. En su entorno hay una senda que nos conduce al arroyo de la Górgora o del Górgora.

Una magnífica vegetación, cañones graníticos, cascadas y grutas nos deparan un espacio de interés. Pero cuidado: estamos en una ruta muy bella… y difícil.

Una descripción de este espacio, con textos e imágenes de Juan González Salvadores.

La ruta del Górgora

Cerca de la cima del Puerto de Manzanal, entre Astorga y Ponferrada, está Montealegre, un pequeño lugar en el que se contemplan dos miliarios de la Vía Nova romana. En su entorno hay una senda que nos conduce al arroyo del Górgora.

Camino al Puerto

El día amanece con nubes grises amenazando lluvia. Es una mañana de sábado de junio, un tiempo primaveral, y nos disponemos a compartir una jornada de ruta en un paraje donde la naturaleza ha creado espacios de auténtico ensueño.

El cartel avisa de la dificultad del trayecto. Guiarte.com

A las 9,30 horas, nos reunimos en la explanada de la Virgen del Camino, en las afueras de León. Somos un grupo de amigos, compañeros de promoción. Tras un breve café, nos disponemos para desplazarnos hasta Montealegre, en el puerto de Manzanal.

La carretera es cómoda. Hasta Astorga nos acompaña el flujo de peregrinos del Camino de Santiago, que discurre en paralelo. A estas horas tempraneras nos asombra esa bella estampa de caminantes y ciclistas. Ya en Astorga, tomamos la Autovía que nos lleva al puerto de Manzanal, y en la salida de Brañuelas, tomamos el desvío hasta Montealegre, punto de partida de nuestra ruta.

El pueblo de Montealegre se encuentra en la comarca de la Cepeda, en el centro de la provincia de León, en un ámbito montañoso donde las aguas discurren hacia el corazón del Bierzo, territorio que se halla muy próximo. Es un paisaje de transición en el que predominan los brezos, el matorral de roble y encina, y donde el castaño se empieza a hacer presente.

Ya en las calles del pueblo, se respira un aire limpio y fresco. Las casas, de piedra y pizarra, y dos miliarios ubicados en el recorrido de sus calles, nos recuerdan que por aquí, pasaba la Vía Nova.

La Vía Nova fue trazada por los romanos en el siglo I, para unir las ciudades de Astorga (Asturica Augusta) y Braga (Bracara Augusta). Por ella se conducía el oro que se extraía de Las Médulas por el procedimiento de “ruina montium”, con el agua traída desde el Teleno a través de una red de canales que todavía forma parte del paisaje en las comarcas de La Cabrera y el Bierzo.

Una fuente hecha con un miliario de la Vía Nova romana. Guiarte.com

El inicio de una ruta ante el miliario-fuente

Comenzamos la ruta con una foto de familia en torno al miliario reconvertido en fuente, en el centro del pueblo.

Desde el principio, los paisajes son espectaculares. Guiarte.com

Desde allí, tomamos un camino que sale a unos cien metros la entrada a Montealegre, y que nos conduce por mitad de ladera a través de un paraje de brezos y monte bajo, salpicado de robles y encinas.

Tras un suave descenso en el que se contempla como telón de fondo una muralla de roca a modo de acantilado que sorprende por sus grandes proporciones, llegamos al fondo de un valle en el que se encuentra el castañar de Valdecouso.

Los castaños centenarios, sazonados en un universo de líquenes musgos y helechos, evocan un espacio ideal habitado por elfos y seres mitológicos, y nos trasladan a un escenario de auténtico cuento infantil.

El curso de un arroyo se hace presente, con el rumor de aguas cantarinas, que se precipitan sobre las rocas en pequeñas cascadas, abriéndose camino en rápido descenso. Así llegamos a la parte más fatigosa. Hay que remontar por un sendero que discurre entre la pared del acantilado, y el canchal de cuarcitas sueltas que se han ido desprendiendo de la roca a lo largo del tiempo.

En ocasiones la senda presenta diferentes alternativas, pero al final, todos los caminos conducen a Roma, y no sin esfuerzo, al final coronamos la parte alta del acantilado.

A veces aparecen en el camino cuevas de la antigua minería romana. Guiarte.com

De valle a valle

Descansamos unos minutos, y comenzamos el descenso hasta el siguiente valle, que es el que alberga la parte más interesante de la ruta.

Los paisajes son espectacularmente bellos. Guiarte.com

El descenso es complicado; las señalizaciones no están claras y perdemos el sendero. Una mirada alrededor, y descubrimos unos excursionistas que nos orientan del rumbo correcto que habíamos perdido, y por fin llegamos al fondo del valle.

La cueva del moro, ubicada a escasos cien metros del curso del agua, en una subida vertiginosa, evoca viejas leyendas de maquis que se asentaron por estos montes. Es una gruta excavada en la roca, de unos quince metros de longitud, de difícil acceso, con una entrada reducida por la que hay que gatear hasta que el techo toma dimensión y nos permite una posición erguida.

Comienza ahora la parte más atractiva de la ruta, descendiendo en paralelo al arroyo que forma una garganta excavada en la roca, creando terrazas a distintos niveles, y encajonados desfiladeros de paredes verticales.

La parte inicial transcurre bajo las copas de grandes árboles de ribera y robles, en la que la senda atraviesa el cauce en varias ocasiones y discurre unas veces a derecha y otras a izquierda del curso del agua, por un sotobosque de helechos que encuentran en esta umbría, su hábitat ideal.

Desde aquí, la ruta plantea dos alternativas, una fácil y otra difícil, como rezan sendos carteles. Nos decantamos por la difícil.

El riesgo de la ruta difícil. Guiarte.com

El placer de la ruta más exigente

Y es a partir de aquí donde se encajona el arroyo y comienza la parte en la que hay que subir y bajar continuamente por pasos complicados.

La naturaleza es magnífica en esta ruta por los Montes de León. Guiarte.com

En los sitios más comprometidos, hay colocadas escalas de cuerda, ancladas en la roca, que facilitan el tránsito. La belleza de esta parte de la ruta es espectacular. En varias ocasiones vemos carteles que nos señalan salidas de emergencia, suponemos que hacia zonas más accesibles.

Ya en la parte final del desfiladero, no hay más remedio que atravesar por mitad del curso de agua. No hay otra alternativa; nos mojaremos un poco, que se va a hacer. Es posible que en épocas estivales con menos cantidad de agua, se pueda atravesar esta parte pisando sobre las piedras y sin mojarse, pero estamos en primavera, así que a disfrutar de las atracciones de agua…

Por fin llegamos al final de este tramo que termina en una cascada. Abajo, el pozo del Górgora recibe las aguas que se precipitan desde la roca.

A veces las paredes de la ruta son verticales. Guiarte,com

Tras ascender por una secuencia de escalas de cuerda, abandonamos el desfiladero para terminar la ruta en un entorno más abierto, donde una mina de carbón abandonada, preside el espacio, y nos habla de otros tiempos de esplendor, cuando hasta aquí venían gentes de las comarcas vecinas buscando su medio de vida.

Un ancho camino, alfombrado de hierba verde nos conduce hasta el punto de partida en Montealegre, donde en “Casa Manolo” compartimos, junto con los comentarios de las peripecias vividas en las tres horas y media de ruta, unas riquísimas sopas de trucha y unas carnes a la brasa, regadas con buen vino del bierzo.

Es el gran broche de oro a una jornada inolvidable.

De vuelta en Montealegre. Guiarte,com