Eugenio Granell


Eugenio Granell fue hombre poliédrico: músico, novelista, poeta, escultor, pintor, revolucionario...

Se trata de uno de los mayores hombres del surrealismo; de una trayectoria densa y comprometida, en la que recorrió multiples escenarios que fortalecieron su conocimiento de la sociedad.

Rogelio Blanco, destacado intelectual que tuvo la ocasión de conocerle muy directamente, es autor de esta semblanza, en la que se rememora su periplo vital.

Cuentaviajes Eugenio Granell

Relato de viaje a Eugenio Granell

Desde Galicia / tierra de alquimia

UNA SEMBLANZA DE EUGENIO F. GRANELL

A pesar de la paloma que se desangra
sobre el blanco mantel
a Granell
llegan seres agujereados por la antimateria
se sienta ante una mesa invisible
y entonces empieza la fiebre del color ....

En La Coruña, y en el año 1912, nace Eugenio Fernández Granell. “Dicen que fui un niño prodigio, travieso y bueno (...), si lo dicen será porque fue verdad”. “Además yo quería haber nacido en el trece. Me fastidiaba que no fuera así, pero me conformé cuando descubrí que los números del año suman trece”. Cada vez que nos veíamos me decía que a él le hubiera gustado nacer en un trece como yo.

El jardín de la sirena. Óleo sobre tabla, 1842.

Fallece en Madrid el día 25 de octubre del 2001. A los 89 años, tiempo suficiente para acoger una inquietud desbordante, o sencillamente creativa. Eugenio fue músico, novelista, poeta, ensayista, escultor, pintor, revolucionario, exiliado y, sobretodo, el compañero inseparable de Amparo, padre de Natalia y amigo de sus amigos.

Inquieto e incómodo, con mirada inocente y pícara, vivaz e inteligente; crítico y exprimidor de cada instante de la vida; sencillamente, fue surrealista; el último gran surrealista de la pintura, máxime después de la muerte del chileno Roberto Matta. Eugenio era un alquimista que saboreó la vida en sus mieles y en sus hieles, mas nunca rencoroso con la que le tocó en suerte.

Su formación y profesión inicial fue de músico, violinista en concreto. Fernández Bordas de violín y Conrado del Campo de composición, sus maestros. Pretendió ser un virtuoso y aprender al lado de grandes maestros, pero la ruina económica de la familia, en 1928, le obligó a ser concertista y músico por los cafés madrileños.

Necesita ganarse la vida, mas el apremio económico no cercena su bohemia: frecuenta tertulias, por ejemplo La Granja del Henar, y escribe para revistas, por ejemplo “Leviatán” que dirige Luis Araquistaín.

     

Astorga y Madrid / Chocolate y Trotski

La elaboración de chocolate era el negocio familiar, “La catedral” el nombre de la marca de sus padres en Santiago de Compostela y “Granell” el de su tío en Astorga.

Cabeza de indio. Óleo sobre lienzo. 1944.

A raíz de la ruina económica de la familia, el tío de Astorga le pide que deje el violín, “algo con poco porvenir”, y se ofrece a pagarle la carrera de Derecho. Se niega. No obstante, en la casa de los tíos de Astorga, “la casa Granell” –quizá el edificio modernista más emblemático de la ciudad– pasaría numerosos veranos.

En Madrid, y durante la República, se implica activamente en los círculos intelectuales y políticos. Lee “Mi vida” de Trotski, que le causa cierto arrebato. Esta obra desde el orden ideológico y un ejemplar que cae en sus manos de la revista francesa “Minotaure”, desde el estético, quizá fueron los desencadenantes o motores de su vida; es decir, el surrealismo y el trotskismo se convirtieron en los “-ismos” granellianos.

Como trotskista ingresa en el POUM. Conoce a Andreu Nin. Ve cómo lo detienen los estalinistas. Los sucesos de Barcelona contra el POUM le causan tal impacto que el resto de su vida, si de Eugenio se pudiera decir que fue “anti”algo, fue antiestalinista y antifascista. “¡Son la misma cosa!”– repetía cada vez que se hablaba del tema–. El compromiso político le lleva a la cárcel durante varios meses.

El recuerdo al POUM y Nin hacen que colabore con la fundación homónima participando en actos culturales o donando obra pintada “ex profeso”.

Escribe y dirige la revista “El combatiente rojo”, órgano de expresión del POUM. De igual modo colabora en “Hora de España” y en la publicación seriada PAN, cuyo subtítulo era “Boletín de poetas, artistas y navegantes”, junto con los hermanos Rafael y Eduardo Dieste.

     

De Barcelona a Guadalajara / guerra

Durante la Guerra Civil es destinado a Barcelona, ciudad –como se señaló– donde vive la detención y fusilamiento de Nin y la persecución de los militantes del POUM.

Autorretrato. 1944. Óleo sobre lienzo.

Se refugia en la casa de su amigo Rafael Dieste.

En esta ciudad conoce a Benjamin Pèret, Gerge Orwell y Kurt Landau. Es nombrado comisario del batallón de Ingenieros Zapadores. Participa en la toma de Teruel con el ejército del Este.

Pasa gran parte de la guerra en tierras de Guadalajara. Colabora en la toma de Sigüenza. Y pese a sus escasos conocimientos militares, llega al grado de teniente coronel. Valga aquí una anécdota que me confesó: “Todo lo que sabía como zapador era gracias a un librito que me compré en el rastro por una peseta”. En cierta ocasión, y cerca de Sigüenza, ordena excavar trincheras. Un capitán, pero de academia militar, cuando vio el resultado se dirigió enfurecido hacia los suboficiales, interrogándoles a cerca de quién era el responsable de la construcción de las trincheras. “Yo, que había contemplado la escena, le pregunté al capitán qué sucedía. Este, ya más calmado al informarle de que el responsable era yo, me indicó que las trincheras estaban bien hechas pero a favor del enemigo”.

La anécdota me la contó en numerosas ocasiones para demostrar su escasa pericia y espíritu militares.

Del frente de Sigüenza, con sonrisa pícara y abundante sentido del humor, me refería la ocupación de las estancias privadas del obispo una vez tomada la ciudad; ocupación que supuso gran desgaste para los dos contendientes,sobre todo por la resistencia ofrecida por las ametralladoras y fusilería que disparaban desde la torre de la catedral los sacerdotes y seminaristas. El responsable de la inspección fue Granell, a quién le llamó la atención el que en la mesilla de noche del obispo, además de un orinal, hubiera un abundante número de revistas pornográficas.

Con el grado de comandante , ya que no se adquirió documentación sobre el nombramiento de teniente coronel, consiguió paga como militar republicano. Esta gestión, con ayuda del amigo común Javier Ruiz Sierra, la llevé a cabo más allá de mis responsabilidades.

A Eugenio no le importaba ni la cuantía económica ni el grado concedido, sino el reconocimiento de la oficialía republicana, “porque también lucharon por España, por la España leal”, me decía.

     

Desde Francia al Caribe / El último billete

Perdida la guerra se exilia a Francia. Se escapa de un campo de refugiados. Trabaja en la vendimia. Se encuentra nuevamente con Benjamín Pèret y con Wilfredo Lam. Aún era músico y ya miembro de la España peregrina.

Los surrealistas franceses le ayudan a salir de Francia hacia América. En el tren que le lleva al puerto de Le Havre conoce a Amparo, su esposa y compañera inseparable hasta el último día, una valenciana culta y elegante. En el navío “La Salle” parte camino de Chile.

El encuentro original del indio y el caballo. Óleo sobre tabla. 1946

Supuestamente era el penúltimo que salía del citado puerto francés, si bien Amparo y Eugenio tenían billete para el último, el cual nunca saldría ya que la ocupación nazi se adelantó e impidió toda partida. Españoles y judíos europeos eran el pasaje que con escala en Casablanca, posteriormente, Chile se negaría a recibir. Tras días de espera en altamar, el dictador Trujillo y previo pago, permitió el desembarco y acogida en Santo Domingo.

     

Santo Domingo y Guatemala / huir

El matrimonio Granell tiene una hija, Natalia, y permanece durante 6 años en la isla caribeña. Eugenio llegaría a ser el primer violinista de la Orquesta Sinfónica.

Con la música y el diseño de muebles se gana la vida y, además, colabora en diversas publicaciones periódicas.

Junto a otros exiliados realiza la revista “Poesía sorprendida”. Conoce y se hace amigo de André Breton, Marcel Duchamp, Gausachs, Sunyer y Vela Zanetti. Poco a poco abandona el violín, el pincel vence al arco.

Animal acosado por insectos. Óleo sobre lienzo. 1951

Elabora dibujos para revistas y libros, participa en exposiciones colectivas y realiza la primera individual. Él y la pintura se encuentran con pasión.

La estancia en Santo Domingo, si bien revolucionaria individualmente, se interrumpe al negarse a firmar una carta a favor del megalómano dictador Trujillo. El nuevo camino hacia el exilio en México se interrumpe en Guatemala, donde trabaja como profesor de Artes Plásticas y periodista radiofónico. Ilustra libros para el Ministerio de Educación. Respira la libertad que airea en el país mesoamericano durante el breve período que gobierna el presidente Arévalo.

Un cambio de gobierno, la organización de un encuentro de intelectuales y el ascenso político del partido comunista hacen que los sectores estalinistas persigan a los Granell, que pierden poco a poco sus trabajos. De Guatemala, en 1949, salen casi huyendo hacia Puerto Rico, dejando atrás las pruebas de un ensayo casi inédito sobre pintores guatemaltecos del que consiguió librar unas pruebas de imprenta, unas galeradas de las que a su vuelta a España me entregó copia a fin de que intentara editarlas.

Después de varias gestiones en editoriales españolas y centroamericanas aún siguen inéditas.

     

Puerto Rico / Cofre Mítico

Será en Puerto Rico, isla de asilo de tantos españoles y que a nuestro artista le inspira el poemario “Isla cofre mítico”, a propósito de una exposición que coordina Pedro Salinas, donde resida la familia Granell.

Pájaro de oro. Óleo sobre lienzo. 1953

Este poemario recuerda a un ensayo poético de María Zambrano, la dama peregrina, titulado “Isla de Puerto Rico, nostalgia y esperanza de un mundo mejor”.

En ambos casos es un recurso insular, una manifestación explícita del género utópico, de inquietud catártica.

En esta isla permanece hasta el año 1957. Imparte clases en la Universidad de Río Piedras al igual que Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, García Pelayo, María Zambrano y el astorgano Ricardo Gullón.

El conocido rector Jiménez Benítez atinó a la hora de reunir en el claustro esta honorable pléyade, que aún recuerdan los alumnos, hoy profesores. Eugenio, mantiene excelentes relaciones con el colectivo exiliado español, sobre todo con Zambrano, a pesar de la escasa estancia en esta isla, y con Juan Ramón. De éste desmiente la fama de tosco y recuerda su monsergas: “Escriba, Granell, escriba”. El poeta onubense percibía tal dimensión del pintor. No en vano Eugenio es autor de una importante obra literaria; por ejemplo, las novelas: “El indio Tupinamba”, “Así sucedió”, “El clavo”, o los cuentos:”El hombre verde”, “Federica no era tonta”; del mismo modo que el poemario ya citado o el titulado “Estela de presagios”, sin olvidar piezas teatrales o los ensayos “La leyenda de Lorca”, un estudio sobre el Guernica picassiano en inglés aún y el inédito anteriormente citado sobre la pintura guatemalteca.

Mas no podemos olvidar dentro del género ensayístico, los numerosos textos de crítica literaria o artística, para los cuales pese a la intención de la universidad de publicarlos, la influencia negativa de Ayala pesó lo suficiente como para que la empresa no se llevara a cabo.

Eugenio refería con frecuencia esta intervención negativa de Ayala, mas nunca le encontró explicación. Granell no sólo escribió piezas teatrales inéditas, sino que también realizó los decorados de numerosas representaciones: a modo de ejemplo, los decorados del “Alcalde de Zalamea”, que a la sazón dirigía Rivas Cheriff.

     

Nueva York / Internacional Surrealista

En 1957 viaja con Vela Zanetti a Nueva York y fortalece su amistad con Duchamp. En esta ciudad se establece como profesor de Literatura Española en el Brooklyn College y hasta su jubilación.

Caballito japonés. Temple sonre cartón. 1952

Intensifica su actividad pictórica sin olvidar su compromiso político. Colabora habitualmente escribiendo en “España Libre”, a la vez que es el presidente de la internacional surrealista.

En 1969 realiza un viaje esporádico a España, “para ver lo que no-existía”.Me decía que sólo se veían militares y monjas, que la gente era pequeña y triste.

No soporta la realidad española y regresa a Nueva York. Necesitaba conocer cómo estaba España. A pesar de la decepción, el matrimonio no pierde la esperanza. Quieren y desean volver, dejar la situación de exiliados. Situación que, como diría otra insigne exiliada, María Zambrano, es la más próxima a la inocencia por su desnudez. Mas Granell, o el optimismo surrealista, dirá: “Los exiliados tuvimos suerte, los que se quedaron lo pasaron peor. Algunos lo pagaron con su vida o vivieron como muertos”.

     

Madrid / reconocimiento a la obra

En 1985, deciden fijar su definitiva y última residencia en España, en Madrid. Primero en la calle María de Molina.

Luego adquieren un amplio piso en la entonces denominada calle General Mola, que no habitan hasta que cambia por el nombre de Príncipe de Vergara.
“No hubiera soportado poner General Mola en el remite de mis cartas”, decía.

La vivienda es amplia y cómoda en la que como siempre interviene la eficaz mano de Amparo en la distribución y ordenación del espacio.

El Rey y la Reina buscan a Marcel Duchamp. 1957. Óleo sobre lienzo.

Hay que advertir que Amparo realizaba piezas surrealistas, collages, de los que dio muestra en una exposición en Santiago de Compostela. No obstante, los Granell estaban incómodos por la presencia de un centro del Opus en la parte baja del edificio. “Todas las mañanas bajo a desinfectar el portal”, decía con gracejo.

No obstante, “durante muchos años el día 31 de diciembre celebrabamos el cambio de año afirmando: el próximo, las uvas en la Puerta del Sol”.

En Madrid pronto le llega el reconocimiento de la mano de su amigo el periodista César Antonio Molina, quien le organizó una exposición en su tierra que supuso la presentación artística y sorprendente para sectores desconocedores de su obra en España.

Posteriormente su otro gran amigo, Javier Ruiz Sierra, es el comisario de una exposición antológica en el Centro Cultural Mapfre de Madrid, que supuso un impacto aún mayor. Es el año 1989. Los medios dan cuenta de la cualidad de la obra granelliana y las editoriales reeditan algunos de sus libros agotados o inéditos en España. Las galerías solicitan su obra reiteradamente y la demanda de los coleccionistas es alta.

     

Un legado que no fue al Japón

En el año 1990,la Comunidad de Madrid le concede el premio a la Creación Plástica en su primera edición; premio que dio pasa a otra exposición antológica que recogía pintura desde el año 1940 al 1990.

El comisario fue Javier Ruiz. Las dos exposiciones dieron cauce a sendos catálogos sobresalientes. En Cuenca, y de la mano de Julio Ollero, se organiza otra significativa exposición. A la vez, y bajo la coordinación de César Antonio Molina la Diputación de La Coruña edita un gran catálogo pictórico-ensayístico sobre todas las dimensiones creativas de nuestro autor.

Formación de la metáfora.1975. Óleo sobre cartón.

La fama y reconocimientos respecto a la obra de Granell crecen, de modo que a su casa llegan demandantes de obra. Y a título de ejemplo, representantes de un importante banco japonés estaban dispuestos a adquirir toda la obra disponible, el estudio y el fondo documental. La oferta económica era suculenta. Eugenio los despidió malhumorado y molesto por la falta de respeto que demostraban hacia su obra, que era lo mismo que decir su vida.

No obstante, entonces ya estaba muy preocupado por el destino de sus trabajos y biblioteca. Era consciente de su importancia. Deseaba legarla a una institución que garantizase su conservación y mantuviera expuesto el legado con garantías.

A través de Jesús Ayuso, Javier Ruiz y quien escribe, a la entidad que primero se le ofrece es a Cajamadrid. No le pareció oportuno a la entidad el que dentro de planes programados para el edificio de la madrileña calle Ronda de Valencia, denominado “Casa del reloj”, tuviera cabida la oferta y la desestimaron. Lugar que, por otra parte, nos parecía idóneo toda vez que estaba enclavado en el “eje artístico Colón-Reina Sofía”.

A cambio del legado lo único que demandaba el pintor era un espacio de colaboración en la custodia y conservación de su hija Natalia.

     

El fruto vuelve a las raíces

Eugenio se muestra preocupado por el destino de su obra; entonces en el Centro Pallarés de León, en 1991, y siendo una vez más comisario Javier Ruiz, se monta una nueva y excelente exposición.

Las andanzas del filósofo solitario. Óleo sobre lienzo. 1983

Entre tanto, el pintor concede entrevistas, imparte conferencias, realiza portadas para libros de amigos.

En todas sus actuaciones no evita dar muestras de buen humor e ironía. A la vez, durante los fines de semana y veranos se retira a la casa adquirida en el pueblo madrileño de Olmeda, al lado de la de su amigo el periodista y escritor César Antonio Molina, quien a la sazón era el responsable de los suplementos y páginas culturales del desaparecido “Diario 16”, por lo que solicitaba numerosas colaboraciones para el mencionado medio a Eugenio y de este modo recuperaba una de sus viejas profesiones.

También participó como ilustrador en los textos del insigne poeta mexicano Jaime Sabines que se publicaron en el “Periolibro”, suplemento literario refrendado por la UNESCO que el diario ABC editaba para España, así como numerosos suplementos en otros tantos medios iberoamericanos.

Gracias al esfuerzo de Julio José Rodríguez, director de la revista literaria “Rey Lagarto”, ésta le dedicó un número monográfico y extenso, cargado de contenido, colaboraciones, confesiones y fotos. La citada revista, dentro de su humildad y elegancia, siempre le dio cuanta cabida precisó a sus colaboraciones en repetidos momentos.

Por mediación de César Antonio, la Junta de Galicia destina el Palacio de Toral de Santiago para acoger el legado granelliano.

     

Alejado de los pintores

El edificio ha ido recogiendo la mayor parte de la obra pictórica y escultórica, del mismo modo que acogerá el importante fondo documental compuesto por sus libros, revistas, catálogos y correspondencia.

La gran lechuga del Museo del Prado. Óleo sobre lienzo. 1984

Se puede afirmar que Eugenio y Amparo son los poseedores de la biblioteca surrealista más importante de España.

Y hoy también se puede afirmar que gracias a la generosidad del matrimonio, la colaboración de la institución gallega y la labor callada de los citados amigos, César y Javier, más la aportación de su hija Natalia, este legado sin par podrá disfrutarse en nuestro país. Esta solución para su obra, máxime en su tierra, aportó una tranquilidad y quietud vitales para el pintor; a quien, por otro lado, los museos de pintura moderna no cesaban de adquirirle obras para sus fondos y para sus colecciones permanentes.

En el año 1995 se le concede la medalla de oro de las Artes Plásticas del Ministerio de Cutura. Y en un orden más humilde no le importó ceder obra para la exposición “Entre milenios” que se realizó en Astorga en el año 1999, siendo su comisario el poeta y pintor Luis Alonso Guadalupe.

Esta semblanza sólo es una muestra de la intensa actividad de Granell en los últimos años, quien todos los años, el día de su cumpleaños reunía en su domicilio familiar a numerosos amigos.

Era significativo que entre ellos abundasen poetas, periodistas, etc, y escasos pintores. “Los pintores actuales me parecen aburridos (...) No trato con pintores, son la gente más aburrida, sólo hablan de sí mismos, de sus éxitos y contra los demás (...). Sólo me llevo bien con una que no es así: Vela Zanetti”.      

Surrealista hasta el fin

Hasta en esto era surrealista.

Sin título. Gouache sobre papel de periódico. 1988.

“Soy surrealista porque no encuentro algo mejor (...) Pienso que primero se es surrealista y luego lo que sea (...). El surrealismo es un estado espiritual calificado por un radical inconformismo y un ansia de libertad ilimitada”, afirmaba.

Surrealismo que se manifiesta hasta en los títulos de sus obras. Veamos algunos: “Arnoldo de Vilanova funde el agua y el fuego de Sicilia”, “El veterinario espanta el moscón que molesta al caballo”, “Un pollo se pasea a lo largo y ancho de una petaca”, “El secreto del río Sil”, etc.

La señalada ansia de libertad hace que en las fechas próximas al final de la etapa del PSOE en el poder, Eugenio, hombre trostkista y socialista, nos llamara a los amigos dando muestras de inquietud y de desconfianza a la llegada del partido conservador. “Te digo que Amparo y yo nos vamos para Lisboa (...). Viene la Inquisición nuevamente. No soporto la dictadura. Ninguna”.

Eugenio, alma libre y demócrata, a quien sólo venció el tabaco, no podía dejar de recordar que Franco, Hitler, Torrijos y los estalinistas, una y otra vez, lo habían perseguido. Los amigos cumplíamos el papel tranquilizador frente a tanta desconfianza.

     

El pincel pudo con el arco

Todos los días pintaba, escribía y fumaba desde tempranas horas.

Mantenía conversaciones animadas cargadas de humor y humos, de finas consideraciones a cualquier motivo o vivos recuerdos de tanta experiencia acumulada con sus amigos, acompañados por la siempre presente y atenta Amparo. Y todo dentro del espacio de su domicilio madrileño, un ámbito cargado de cuadros, libros, máscaras, amuletos indios, fotos con A. Breton y reproducciones del miliciano de R.Cappa.

La luna y el sol. 1988. Figuras de madera y metal, policromadas.

Es el domicilio de un heterodoxo y utópico de la vida, de un renacentista verdadero, de un hombre bueno con vida errante; de quien practicó el arte y éste nunca le acusó de imbécil, que contaba su vida sin drama, la historiaba sin rencor y la confirmaba en el mecimiento de los recuerdos con la aseveración de Amparo; de quien, subiéndose las gafas a la frente, se interesaba por todo, pero que se negaba a tocar el violín: “No quiero que sufras con tanta torpeza”, decía. Y el pincel pudo con el arco.

“Granell es un hombre proteico, firme, de línea recta, capaz de jugarse todo a cara o cruz, por las ideas y la amistad”; de este modo le escribía Vele Zanetti a Julio José Rodríguez con motivo del número de la revista “Rey Lagarto”. Quienes le conocimos, atestiguamos cómo este genial pintor, agudo y auténtico, surrealista sencillamente, a fuerza de tanto realismo, transmitía amistad. Quizá de este modo devolvía lo que consiguió del surrealismo o al revés, más bien el surrealismo con Eugenio se hizo granelliano, es decir, realista. “Surrealismo quiere decir realismo total”, afirmaba. Y Jorge Guillén poetizaría:

Retiro al falso Granell
perdóneme usted, Eugenio,
único hombre a usted fiel
porque rima con ingenio
¡A tal ingenio el laurel!

     

...Y la vuelta a La Tierra

El día 25 de octubre de 2001, en Madrid, fallece Eugenio. Por deseo expreso se le entierra envuelto de la bandera republicana. Reposa en el cementerio de Olmeda.

Granell, en 1954.

No a la muerte que te sustenta en la vía
No al corazón que sólo golpea a la turbia puerta
y luego se entrega sin vacilar a la lujuria
Cielo y tierra hacen el amor
para transferir el rojo a tu pincel
...................................
Adentro adentro en lo interior
nos encontramos seguro (al) amigo Granell

(versos de Enrique Gómez Correa)

Confío en que todos, amigo Eugenio, allá en el mundo en el que ahora mores y pintes, también podamos habitar en tu “Isla” y acunarnos en un “cofre mítico”.

Por Rogelio Blanco