Cuentaviajes: El eco de Murbach

Durante un milenio, la abadía de Murbach fue una de las más importantes del entorno del Rin. Tomás Alvarez nos conduce por este ámbito lleno de hermosura, en las estribaciones de los Vosgos.

Cuentaviajes Cuentaviajes: El eco de Murbach

Durante un milenio, la abadía de Murbach fue una de las más importantes del entorno del Rin, en las estribaciones de los Vosgos.

Mil años de historia

Durante un milenio, la abadía de Murbach fue una de las más importantes del entorno del Rin.

San Léger, uno de los templos de la abadía de Murbach, en la cercana localidad de Guebwiller. Imagen de guiarte.com

Desaparecida en los días de la Revolución Francesa, pervive vigorosamente su recuerdo en diversos monumentos del entorno de Guebwiller, al noroeste de Mulhuose, en un ámbito donde la fragosidad de los Vosgos se diluye en la plana del gran río.

Hacia el año 727, el obispo Pirmin, llegó de la abadía de Reichenau, en las orillas del lago Constanza, llamado por el conde alsaciano Eberhard, para crear una comunidad benedictina en Murbach, un enclave escondido en un valle estrecho y atractivo, que desciende del Grand Ballon, punto culminante de los Vosgos, con 1424 metros de altitud.

Pronto progresó esta comunidad, la primera benedictina instalada en Alsacia, fundada bajo el patronazgo de San Léger, obispo y mártir, introductor de la regla benedictina en Borgoña. Murbach ganó fama por su biblioteca y su vitalidad cultural y el mismo Carlomagno tuvo el título de abad laico, “Pastor Murbacensis”.

Paralelamente al auge espiritual, llegó el material. Murbach poseyó bienes en 350 localidades, principalmente alsacianas, aunque también en un espacio que comprendía lugares tan lejanos como Worms, Maguncia o Lucerna.

Grandeza y decadencia

El esplendor de Murbach quedó truncado en diversos episodios, desde una invasión húngara en 926 a las luchas de poder entre el papado con el Imperio.

Interior de Notre Dame, en Guebwiller. Imagen de guiarte.com

Incendios, revueltas campesinas, luchas nobiliarias alteraron una vida monástica en la que se sucedieron crisis y periodos de esplendor de este enclave cuyo abad tenía el título de Príncipe del Santo Imperio y los integrantes del capítulo eran todos nobles; una abadía que en siglo XVI llegó a acuñar moneda.

La guerra de los Treinta Años y las luchas entre el poder francés y el imperio trajeron la ruina a Murbach. Los religiosos acabaron mudando su ubicación desde el enclave solitario, para alojarse confortablemente en el castillo abacial de Guebwiller, pequeña urbe en la que edificaron magníficos edificios, entre ellos la gran basílica de Notre Dame.

En un proceso de decadencia espiritual, los integrantes del capítulo de la abadía renunciaron en el siglo XVIII a la regla benedictina, para trasformarse en una orden de la nobleza que vio truncar su historia dos décadas más tarde, por el impulso de la Revolución Francesa.

Joyas de Murbach

Murbach es hoy un pueblo de apenas 100 habitantes, con una iglesia imponente, obra maestra del románico, pese a que está gravemente mutilada desde el siglo XVIII, cuando perdió el cuerpo de tres naves.

Torres de la Abadía de Murbach, desde la capilla de Loreto. . Imagen de guiarte.com

Queda así un espacio religioso inusual, de aires verticales, que comprende tan sólo la superficie del coro y el transepto, un espacio dominado por su gran ábside plano, adornado con bellas arcadas, y las dos orgullosas torres, que recuerdan a la catedral de Spira (Alemania).

El viajero que llega a Murbach, tras pasar por la arcada que rodeaba el recinto religioso queda anonadado contemplando la verticalidad del edificio, cuya silueta se recorta en un espacio montuoso y verde. Esa visión es aún más impresionante en días del otoño, cuando el bosque se viste de tonos multicolores. En medio de un ámbito romántico, sorprende encontrar la joya, sin la nave, ahora convertida en cementerio. En el interior, sencillo, hay algunos elementos de interés, como el sepulcro gótico con la estatua yacente de Eberhard, el conde alsaciano fundador de la abadía, o el que abriga los cuerpos de los monjes martirizados por la invasión húngara del siglo X.

La mejor vista sobre el templo abacial se disfruta desde una colina cercana, donde se halla una airosa capilla del siglo XVIII, dedicada a la Virgen de Loreto.

Guebwiller

Pero la grandeza de la abadía de Murbach se detecta también en la cercana localidad de Guebwiller, actualmente con unos 10.000 habitantes, antaño perteneciente a la abadía benedictina.

Exterior de la gran iglesia de Notre Dame. Que testimonia la grandeza y ruina de Murbach. Imagen de guiarte.com

En Guebwiller perviven diversos restos vinculados al centro monacal. Cabe mencionar especialmente a dos. El primero, la iglesia de San Léger, patrono del centro benedictino. Es un excelente edificio del románico final, obra de los siglos XII y XIII.

San Léger sorprende por su armoniosa fachada de piedra rosada, que se eleva sobre un porche cubierto y abierto por arcadas. El conjunto de cinco niveles, se anima con un diseño de arcos ciegos y dibujos geométricos. En el interior, atrae la luminosidad de la zona del coro, de excelente sillería.

Pero la obra más destacada que queda en Murbach es la iglesia de Notre Dame, edificada desde 1760 a 1785 por el príncipe abad, cuando los monjes trasladaron la residencia desde el aislado vallecillo a la ciudad. Es un templo de proporciones majestuosas.

Inició la obra el arquitecto Luis Beuque en 1761, pero pronto tomó la dirección Gabriel Ignacio Ritter, austríaco, quien marcaría la impronta barroca centroeuropea. El interior, de tres naves, rebosa poderío. Los brazos del transepto finalizan en sendos ábsides semicirculares que armonizan con el del coro, espacio presidido por un altorrelieve del escultor alemán Fidèle Sporer (1731 – 1811) es una notable representación de la Asunción. En la parte trasera, destaca el gran órgano, de 1785.

La grandiosidad de la obra parece un canto de cisne. Una de las torres de la fachada no se llegó a acabar. La Revolución Francesa acabó con el impulso constructivo de aquel grupo religioso surgido en Murbach mil años antes.