Qué ver en Comillas

Con algo más de 2.000 habitantes, Comillas es una bella localidad de Cantabria, en el norte de España.

El palacio de Sobrellano y capilla-panteón

El Palacio de Sobrellano, es un edificio mandado construir por el primer Marqués de Comillas, y en él residió el monarca Alfonso XII, durante algunas de sus estancias en la villa.



La magnífica fachada del palacio de Sobrellano. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Este edificio, el primero de España en el que funcionó la iluminación eléctrica, fue obra del arquitecto Joan Martorell y se complementa con la capilla que se halla a su izquierda, dedicada a panteón familiar de los marqueses.

Las obras de ambos se iniciaron en 1878 y se culminaron diez años después.

Joan Martorell i Montells (1833 - 1906) fue un enamorado de la arquitectura historicista, marcadamente neogótico, e influyó decisivamente en la obra de Antonio Gaudí. Este incluso trabajó en el palacio y la capilla, diseñando mobiliario. En el conjunto hay también esculturas de Joan Roig y Josep Llimona.

El palacio tiene una estructura rectangular. En su interior posee un amplio hall distribuidor y un salón central con pinturas de Eduard Llorens. Lo más notable es su fachada con tres cuerpos y espectaculares balconadas goticistas.

El edificio religioso adjunto, de nave única, tiene abajo el panteón y encima la capilla. Es también marcadamente neogoticista. 

La capilla panteón del palacio de Sobrellano también es marcadamente goticista. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

El Capricho

El Capricho es un palacete realizado en Comillas por Antonio Gaudí, una de las pocas obras de este arquitecto fuera de Cataluña.



El cuerpo del edificio El Capricho, de Antonio Gaudí, en Comillas. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

¿Cómo llegó Gaudí a Comillas?

Todo ocurrió en la época de esplendor del lugar, cuando Máximo Díaz Quijano, un indiano enriquecido a la otra orilla del Atlántico, ligado al primer marqués de Comillas por lazos familiares y suegro del catalán Eusebi Güell (mecenas de Antonio Gaudí) recurrió al joven arquitecto para hacer un chalet que llevaría el nombre de “Villa Quijano”.

El edificio pronto sería conocido popularmente como “el Capricho” por su aire innovador, en el que se perciben influencias del arte islámico y del mudéjar.

Realizadas las obras entre 1883 y 1885, dirigidas por Cristóbal Cascante, ayudante de Gaudí, la obra destaca por su decoración de mosaicos de girasoles que marcan una serie de franjas que dan horizontalidad al cuerpo de la edificación y contrastan con la peculiar torre-minarete que se eleva sobre un pórtico circular.

El Capricho, con su torre minarete. Fachada del oeste. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

El cementerio

Al igual que en algunas ciudades del Nuevo Continente, el cementerio de Comillas tiene un sabor especial, que nos recuerda a los indianos orgullosos que quieren perpetuar la gloria de la estirpe.



El Cementerio de Comillas, en un altozano cercano al mar Cantábrico. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Hay diversos elementos que hacen de este punto un elemento emblemático. Su posición, sobre una colina, dominando el espacio en el que se halla el pueblo y con una excelente vista sobre el Cantábrico; la historia del recinto, y la intervención de artistas del Modernismo.

Todo este significado se resumiría en la imagen del Ángel Exterminador de Josep Llimona ubicado en el punto más alto de las ruinas de la iglesia, vigilante sobre Comillas y el camposanto.

En el siglo XV se edificó en este lugar un templo. En él se produjo un incidente por el cual los vecinos abandonaron el recinto sacro jurando no volver a él. Y así lo hicieron. Se edificó una nueva parroquia en el casco urbano y la antigua, ruinosa, fue utilizada como cementerio. 

El Ángel Exterminador de Josep Llimona preside el Camposanto. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

En el final del siglo XIX, cuando la Comillas estaba en plena eclosión, se decidió ampliar el recinto, tarea que recayó en el arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Los trabajos consistieron en alzar un nuevo muro perimetral y consolidar las ruinas del templo.

Sobre los nuevos muros se ubicaron numerosos pináculos y en la cima del ruinoso templo se ubicó una estatua de Llimona, el Ángel Exterminador, de mármol blanco, que con su mano derecha sujeta la espada destinada a eliminar a quienes no estén marcados con el “sello de Dios”.

Otro elemento destacado es la puerta de acceso al recinto, una arcada de medio punto, de factura modernista, cubierta con un tejado a dos aguas, declarada como Bien de Interés Cultural. En el interior del recinto también figuran diversos mausoleos obra de Llimona y Domènech. 

Mausoleo de los Piélagos en el cementerio de Comillas. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Antigua Universidad de Comillas

En el tramo final del siglo XIX, impulsado por el primer Marqués de Comillas y con el beneplácito papal, surgió un seminario para sacerdotes de España, América y Filipinas.



Antigua Universidad de Comillas, dominando un otero de la localidad cántabra. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Su notable actividad motivó que la institución creciese con nuevas competencias y edificios, y el propio para Pio X concedió al centro la capacidad para graduar en Filosofía, Teología y Derecho Canónico.

El edificio principal fue diseñado por Lluís Domènech i Montaner y se trata de una poderosa construcción modernista, en piedra y ladrillo, cuya mole rojiza domina una de las colinas de la villa.

En los años sesenta, la Universidad Pontificia pasó a Madrid y el centro acabó siendo transferido a una fundación cultural impulsada por el Gobierno de Cantabria.

Iglesia de San Cristóbal

El templo mayor de Comillas tiene en su exterior una apariencia austera, rota por la poderosa torre, de unos 30 metros de altura.



Imagen de la parte occidental de la iglesia, con su elevada torre. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Esta torre, coronada con un capital, es en realidad una reconstrucción de la anterior, dinamitada durante la Guerra Civil española, época en la que también se quemaron los retablos.

Su construcción se inició en el siglo XVII, después de que surgiese un problema por el que los vecinos juraron no volver a la antigua parroquia.

El interior es austero y amplio. Tiene tres naves cubiertas con bóvedas de estilo gótico. En la obra hay alguna parte obra del arquitecto Joan Martorell, encargada por el primer Marqués de Comillas.

Otros elementos urbanos

En la población de Comillas, en medio de una agradable teoría de edificios tradicionales aparecen numerosas casas blasonadas y de aspecto señorial.



El palacio de los Duques de Almodóvar del Río. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Calles y plazas poseen bellos rincones y casonas de sabor tradicional. Alguna de las plazas recibe el nombre de corros porque antaño eran lugares en los que jugaba a los bolos. Así el Corro de San Pedro, por ejemplo, perviven edificaciones antiguas como la casa Cueto, con gran balconada y escudo, al lado de la casa de los Balbás, también blasonada, y antiguo parador.

En el casco urbano pervive una torre, resto de la casa fortaleza edificada por Garcilaso de la Vega, uno de los señores de la llamada Asturias de Santillana. Otro edificio importante es el antiguo ayuntamiento, del siglo XVIII, con sus características arcadas del soportal y un gran balcón corrido, sobre el que lucen una serie de escudos de dignatarios episcopales.

Torre de la Vega, medieval, en medio de bellas edificaciones tradicionales. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Otro de los grandes edificios es el del centro cultural de El Espolón, con aire herreriano, del siglo XVIII, mandado construir por un arzobispo de Lima nacido en el lugar.

Pero también se ve en la villa abundante construcción de la época modernista. Una de las joyas –aparte de las citadas en otros capítulos- se debe al arquitecto andaluz Francisco Hernández Rubio, autor del bello palacio de los Duques de Almodóvar del Río, ubicado en un alto del lugar, desde donde luce espléndidamente un estilo propio, un modernismo con influencias inglesas. 

Aún hay otras edificaciones de interés de esta época, como casa Ocejo, La Coteruca, e incluso otras pequeñas edificaciones que sin aparecer en las guías revelan un delicado gusto modernista, y –en algunos casos- demandan una restauración y puesta en valor... 

Monumento en honor a Antonio López y López, marqués de Comillas. Imagen de José Manuel Fernández Miranda, para Guiarte.com

Y no faltan los elementos de ornato, con abundantes estatuas, desde la pescadera, que se halla cerca de la playa a la delicada obra del Ángel, en la plaza del mismo nombre, evidentemente mucho más dulce que la del Ángel justiciero que se alza en los muros del cementerio.

Entre los monumentos, el que en 1890 se levantó en honor a Antonio López y López, a quien Alfonso XII nombró primer Marqués de Comillas. Es una obra que sigue el diseño de Domènech i Montaner, y consiste en una especie de mástil que se alza sobre la proa de un navío, coronado por la estatua del prócer. En ese conjunto se hallaban también sendas estatuas de Filipinas y las Antillas, destrozadas durante la Guerra Civil.

También es de Lluís Domènech i Montaner la fuente de los Tres Caños, ornato impulsado por Joaquín del Piélago, socio del Marqués, con motivo de la traída de aguas a Comillas.


Volver a la Guía de Comillas